Reflexiones sobre el trabajo social

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Se ha contado ya miles de veces la misma historia. Llega un extranjero benevolente, y pone su granito de arena para ayudar a una causa social. Este extranjero no necesariamente es una persona física, puede ser una organización, un grupo religioso, un país, una agencia de la ONU, incluso un turista. 

En las dinámicas internacionales, occidente es que tiene la agenda caritativa. Los países europeos o de Norteamérica son los que proveen con fondos y dádivas a aquellos menos afortunados.  

Las diferencias de poder económico y político repercuten directamente en las dinámicas e interacciones entre los Estados. Y afectan principalmente a los que han recibido ya distintos motes: los del Sur global, los subdesarrollados, el tercer mundo, los que están en vías de desarrollo, incluyendo alguno que otro incluso denominado como “Estado fallido”. 

La pregunta para muchos es ¿por qué? ¿por qué la mayoría de los Estados del continente africano no ha podido salir de los ciclos de pobreza, enfermedades, desastres?, ¿por qué Latinoamérica, a pesar de las particularidades regionales, parece compartir un presente y futuro similar, tan distinto al de nuestros prósperos vecinos del Norte? ¿cómo es que en Asia están algunas de las máximas potencias económicas, y a la vez regiones enteras de escasez e incumplimiento de necesidades básicas?

Junto con otros autores que han compartido la postura, lo probó Dambisa Moyo en su libro Dead Aid. Con un ejemplo muy sencillo, explica cómo diversas empresas quiebran después de que una ONG (benevolente, pero sin un diagnóstico preciso) llega y comienza a repartir matamoscas gratuitos. Y este es solo un ejemplo de cómo la caridad internacional en África, a pesar de tener las mejores intenciones, entra con un disfraz de cura, pero actuando en realidad como veneno. Con esta lógica, la misma caridad es la que ha subyugado a África a este estado de pobreza.

A nivel nacional y regional, se genera una dinámica similar. Los altruistas o emprendedores, con buenas intenciones, llegan a comunidades remotas, rurales, a los polígonos de pobreza en las urbes, y aplican actividades cual sacadas de un recetario. Implementan proyectos de snapshot, que funcionaron en algún otro lugar en alguna época en específico, pero que no toman en cuenta la especificidad de la nueva comunidad. 

Hay mucho documentado en este tema, y vale la pena reflexionar con esta información. Se han concebido conceptos como la pornografía de la pobreza, en los que se remarca la asimetría y hasta cinismo con la que se realizan algunas acciones con fines sociales. Esto, no solo en la sociedad civil, pero también en las políticas públicas. Los programas sociales muchas ocasiones carecen de un diagnóstico preciso y de una metodología que los pueda probar efectivos. 

Pero… es importante precisar: no es regla o una generalización absoluta. Se está haciendo mucha consciencia sobre prácticas asistencialistas, y hay muchos proyectos que están aplicando métodos diferentes con resultados que vale la pena voltear a ver. Pero aquí está la clave: la profesionalización. 

Y no es que la filantropía, la caridad, el gobierno o los grupos misioneros, estén equivocados. Pero sí que muchas veces han tenido un enfoque equivocado. Porque en el trabajo social, las buenas intenciones no son suficientes. La profesionalización, traducida en el uso de metodología y de respaldos teóricos, es clave en el éxito de aquellos que quieran identificarse en alguna causa social.

Reflexionar sobre el tema no es un regaño o una mala calificación. Pero es un recordatorio de que no hay que dejarnos llevar por la necesidad de ver resultados inmediatos. En las Relaciones Internacionales, en la política pública, sector privado o sociedad civil. Hay que invitar a cimentar los proyectos sociales en una metodología diseñada cautelosamente, en un proceso participativo y específico para cada proyecto. Fomentemos el diseño de programas analíticos, críticos y de largo plazo. 

RECUPERACIÓN DE ESPACIOS

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A inicios de esta semana, el actual gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez alias “El Bronco”, visitó el Mercado Fundadores ubicado sobre la calle Cuauhtémoc el centro de Monterrey, con el fin de reforzar la transformación que se ha vivido en el área en las últimas semanas.

Es importante aquí resaltar que el Mercado Fundadores había sido motivo de noticias importantes en los últimos años, ya que gracias a la delincuencia organizada, negocios ilícitos, y actos de corrupción, la zona se presentaba como un área insegura al haber presenciado varios incidentes violentos.

Sin embargo, gracias a una inversión de 1.5 millones de pesos, la cual se recaudó mediante las cuotas de estacionamiento, rentas de espacio y aportaciones de los mismos comerciantes, se ha podido recuperar de manera transitoria el espacio antes perdido.

Además de la fuerte inversión realizada, el gobierno ha diseñado un plan para fortalecer y transformar la zona en el largo plazo.

Además de la fuerte inversión realizada, el gobierno ha diseñado un plan para fortalecer y transformar la zona en el largo plazo. Parte de este plan abarca la impartición de cursos desde computación hasta mercadotecnia, a fin de que los comerciantes puedan hacer crecer su negocio.

Iniciativas así son las que se necesitan para mantener proyectos de forma sostenible. No se trata de reforzar programas asistencialistas, sino que es a base del mismo trabajo, involucramiento y esfuerzo de la propia comunidad, que la sociedad puede salir adelante.

El proyecto fortalece el empoderamiento de sus residentes. Ejemplo de ello es el haber recaudado la inversión a partir de mismas actividades de la zona.

Cuando un programa involucra a la misma comunidad en su transformación, está generando en ella capacidades que tal vez antes no concebía. Así mismo, el proyecto fortalece el empoderamiento de sus residentes. Ejemplo de ello es el haber recaudado la inversión a partir de mismas actividades de la zona.

Proyectos sociales que surgen de la misma comunidad generan corresponsabilidad, mantienen la sostenibilidad de las mismas iniciativas, promueven la democracia, y al mismo tiempo generan ciudadanía y capital social.

No se trata de que el gobierno intervenga de forma unilateral y otorgue dinero a los comerciantes sin un plan realmente estructurado, ya que en este sentido solamente satisface las necesidades del momento, promueve el paternalismo y crea independencia. En cambio, proyectos sociales que surgen de la misma comunidad generan corresponsabilidad, mantienen la sostenibilidad de las mismas iniciativas, promueven la democracia, y al mismo tiempo generan ciudadanía y capital social.
Este último, el capital social, es sumamente importante cuando se trata de proyectos de recuperación de espacios, ya que es a partir de la identificación de los actores clave que la gestión se pueden dar de forma natural. En este sentido, los mismos comerciantes forman parte de este capital en esta zona tan relevante de actividad comercial.

Si bien este proyecto es pensado en el largo plazo, y en estos momentos pueden surgir dudas respecto a su cumplimiento y resultados, considero transcendente impulsar iniciativas como éstas, y promoverlas en otras comunidades de la zona metropolitana de Monterrey. Espero podamos aprender de las mejores prácticas de casos similares, y hacer especial énfasis en que no se trata de una formula universal, pero sí de una motivación para promover iniciativas que se impulsen desde la propia comunidad.

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