LA PALABRA EN LA POLÍTICA

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Un hombre, se decía antes de las complicaciones de género, lo cual significaba indistintamente hombre o mujer, es decir, del género humano, se decía, repito: un hombre debe honrar su palabra. Esa frase fue, durante siglos, una verdad absoluta.

Hay de aquel que por alguna razón, o sin ella, faltara a su palabra. Se hacía merecedor de la burla, el escarnio y todo tipo de desprecios de una sociedad rigurosa y cuidadosa de conservar, para beneficio de todos, la obligación de hacer honor a la palabra.

Hoy, bajo el amparo de la comodidad que brinda la modernidad, (recuerde el lector que para muchos lo moderno significa batallar menos) mucha gente, y en este caso mucha gente significa una abrumadora mayoría, pasa por alto ese antiguo valor, ya casi en desuso, de hacer honor a la palabra.

Hoy, bajo el amparo de la comodidad que brinda la modernidad, (recuerde el lector que para muchos lo moderno significa batallar menos) mucha gente, y en este caso mucha gente significa una abrumadora mayoría, pasa por alto ese antiguo valor, ya casi en desuso, de hacer honor a la palabra.

Hoy, hablar de honor y de cumplir la palabra es cosa de anticuados, es cosa que sólo los viejos podemos defender con vehemencia.

Incluso en el deporte, que se supone una de las actividades más limpias y sanas de la sociedad moderna, se presentan casos de corrupción que van desde la FIFA hasta los equipos amateurs que se dejan ganar por tal o cual beneficio que obtendrán después, esto en el fútbol.

Lo vemos en todas partes, incluso en el deporte, que se supone una de las actividades más limpias y sanas de la sociedad moderna, se presentan casos de corrupción que van desde la FIFA hasta los equipos amateurs que se dejan ganar por tal o cual beneficio que obtendrán después, esto en el futbol. Del box ya ni hablamos, es de todos sabido que la mayoría de sus aficionados conocen o dudan acerca de la legitimidad de las peleas. No hay palabra, no hay honor y los aficionados no importan, importa el negocio.

La política no podría estar exenta de este mal de la modernidad. Es ya tan frecuente que la mayoría de los políticos digan una cosa y hagan otra, que ya la gente lo acepta como un mal generalizado y por ello deja de ser relevante.

Es ya tan frecuente que la mayoría de los políticos digan una cosa y hagan otra, que ya la gente lo acepta como un mal generalizado y por ello deja de ser relevante.

Recuerdo la toma de posesión de Mauricio Fernández como Presidente Municipal de San Pedro en la administración anterior, antes de Ugo (sin hache). Le toman la protesta de ley y le dicen: ¿protesta usted cumplir y hacer cumplir la ley, etc, etc, etc. Pues resulta que luego de haber dicho “Sí Protesto”, con toda energía, cinco minutos después dijo, palabras más palabras menos, pues yo me voy a brincar las trancas, refiriéndose a que lucharía contra el crimen organizado.

Es decir, Mauricio nos avisó a todos, que en este tema violaría la Ley, que iría más allá de las atribuciones que la ley otorga a los municipios en México en materia de seguridad. Nadie se sorprendió, todo mundo aplaudió, quiero suponer que aplaudieron el valor con el que se dijo la frase, y no su verdadero contenido.

Ejemplos sobran, podría escribirse un libro con varios tomos si se recopilaran frases como esa, o promesas de campaña que no se cumplieron y acabaron siendo sólo eso: promesas que se hacen a los votantes para ganar una elección.

Al escribir este texto, el Congreso del Estado de Nuevo León debate si se debe o no retirar el cobro de la tenencia vehicular para 2016, el cual fue creado para obtener recursos y organizar una competencia deportiva, y la primera mentira sobre la tenencia fue que sería cobrada por única vez. Hace ya varias décadas de eso.

Rodrigo Medina prometió eliminar el cobro de la tenencia en Nuevo León y no cumplió, es decir, faltó a su palabra y la sociedad pareció disculparle ante la frase de “todos nos dicen mentiras para ganar”. Borrón y cuenta nueva. Pues hoy, de nueva cuenta, estamos ante ese dilema y todo parece indicar que el congreso determinará que la tenencia se elimine y el Bronco, que de nuevo utilizó ese tema como estrategia de campaña, podrá vetar esa resolución aunque podrá no ser esa la última palabra (a propósito de palabras).

Hoy se dice que eliminar la tenencia significaría un gran riesgo para la economía estatal por la falta de recursos. ¿Acaso el equipo del entonces candidato y hoy gobernador no había analizado la situación económica y el monto de lo que se dejaría de percibir al prometer y cumplir la eliminación de la tenencia? ¿Fue falta de capacidad de análisis o una mentira deliberada? Usted tiene la palabra.

Prometió enviar a la cárcel al gobernador que recientemente concluyó su gestión y a alguno de sus familiares. ¿Cumplirá su palabra? ¿La sociedad podrá hacer algo?

Junto con esa hay otras promesas de campaña que generarán nuevos debates ante una sociedad cada vez más participativa. Prometió enviar a la cárcel al gobernador que recientemente concluyó su gestión y a alguno de sus familiares. ¿Cumplirá su palabra? ¿La sociedad podrá hacer algo?

En fin, en más de 21 años de experiencia como consultor me queda claro que ganar las campañas no es sencillo. Sin embargo, me queda claro también, que ganarlas con mentiras es un enorme riesgo.

En Nuevo León yo espero dos cosas: primera, que el Bronco, apoyado por todo su equipo, pueda cumplir sus promesas y de, a quienes votaron por él, la certeza de que tuvieron la razón y, segunda, que los ciudadanos participemos más en este acto de gobernanza que a todos interesa, recuperando por el bien de todos, el respeto al honor y a la palabra.

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