NAICM: Un cómic para AMLO

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Imagina que después de tantos años, por fin logras asistir a la universidad al conseguir una beca académica, una de transporte y otra para comprar tus útiles escolares. Parece que todo marcha bien y ahora podrás salir de la situación económica en la que creciste en donde tus padres o tutores no pudieron darte una buena calidad de vida ni estudios universitarios. De pronto, llega un nuevo rector a tu universidad y decide que ya no tendrás tu beca porque dice que no la necesitas, además de que la obtuviste por medios sospechosos. ¿Qué pasaría contigo? ¿A dónde ser irían todos tus esfuerzos? Pues eso mismo le pasaría a México si AMLO llegará a la presidencia y tomará la decisión de cancelar los trabajos del NAICM.

La continuidad del NAICM es un tema que no debería discutirse si se cancela o no por parte de los candidatos a la presidencia en México, pero sí debería de estar en su agenda para fortalecerlo con inversiones y auditorías que ayuden a evitar prácticas de corrupción. AMLO y quienes lo quieren pausar, tuvieron en su momento el derecho como ciudadanos y servidores públicos de interponer toda acción legal para garantizar mayor transparencia de la que hoy se tiene para el proyecto.

El NACIM es para México, el proyecto más grande que ha tenido en su historia y está permitiendo desde ya, la creación de más de 50 mil empleos y grandes oportunidades de crecimiento técnico-profesional para las personas y empresas mexicanas que están participando en el proyecto. Cancelarlo, además de eliminar los beneficios que ya está ofreciendo a los mexicanos, sería sepultar los más de 450 mil puestos de trabajos que existirán una vez que entre en operación, perder los más de 120 mil millones de pesos de inversión y sobre costos generados por multas debido a la cancelación de contratos.

Cancelar el NACIM, no solo representaría perder lo que ya se invirtió. Cancelar el NACIM significaría para México seguir rezagando la eficiencia operativa y financiera de las aerolíneas que operan en el país por retrasos de vuelos, sumándole las perdidas que ya tienen millones de mexicanos y extranjeros que entran y salen del país debido a estas deficiencias. México ocupa hoy en día el lugar número 55 de infraestructura aeroportuaria y 57 de competitividad en el mundo, debido a que el actual AICM cuenta solo con dos pistas en operación no simultánea que reducen la calidad del servicio.

AMLO menciona que él no puede ser tolerante con la corrupción y que él considera que la construcción del aeropuerto es corrupción, y estoy de acuerdo con lo de no ser tolerante, pero si alguien que pretende ser presidente hace acusaciones debido a percepciones, ideologías o discrepancias con otros políticos, ¿qué podemos esperar de su gestión presidencial? Tal parece ser que AMLO está más empeñado en darle la contra a los gobiernos actuales y anteriores, que en ver por el crecimiento del país y sus ciudadanos. No defiendo a EPN, ni a Fox ni a Calderón, pero este es un proyecto que sobre pasa ideologías políticas y que es una necesidad real para el país.

Es cierto que el NACIM ha presentado irregularidades, pero también es cierto que es el proyecto con mayor transparencia que México ha tenido en su historia, incluso, es más transparente que cualquier proyecto que se haya gestado durante los gobiernos de AMLO. Recordemos que el NACIM de concluirse, será el primer aeropuerto del mundo en obtener la Certificación LEED Nivel Platino versión 4, que es la certificación para construcciones sustentables de mayor reconocimiento a nivel internacional, ya que te obliga a cumplir primero con todas las normativas locales, y después, a cumplir con los códigos de construcción y calidad más exigentes del mundo, además de llevar un proceso de auditoría bastante minucioso.

Insisto, el NAICM es un tema que no debería de discutirse si se cancela o no ahora que está en proceso de construcción, y la propuesta de AMLO para el aeropuerto en Santa Lucía es igual a la forma en la que presentó “lo que piensa”: un cómic.

Infraestructura en México; más allá de la política

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México se encuentra a tiempo para revertir los problemas que están afrontando sus ciudadanos, y tanto gobierno federal como gobiernos locales, tienen en sus manos la oportunidad de lograrlo. Ya no asombra que cada año, los registros meteorológicos y estudios ambientales registran eventos con récords máximos y mínimos de temperatura, altos niveles de contaminación en la atmósfera, eventos climatológicos que nunca se habían presentado en diferentes regiones del país, sequías, inundaciones, entre otros que están afectando a la economía los mexicanos.

Aunque pocas, gobiernos e iniciativa privada han presentado proyectos de infraestructura de carácter sustentable que si bien, son principalmente para obtener algún tipo de distintivo o reconocimiento personal, estas se están sumando para afrontar algunos de los problemas ambientales, sociales y económicos que atañen al país. A pesar de las constantes críticas hacia quienes lideran este tipo de proyectos, debemos recordar que en México sigue existiendo la necesidad de construir carreteras, puentes, presas, aeropuertos, redes para el abastecimiento de recursos energéticos, y sobre todo, ofrecer transporte público de calidad para sus ciudadanos.

Es cierto que la nueva forma de construir infraestructura en el mundo tiene requerimientos que los gobiernos mexicanos no han sabido traducir en acciones factibles y suficientes, pero vale la pena preguntarse en este año electoral: ¿qué vamos a hacer con los proyectos que están en marcha? ¿cómo podemos garantizar que los nuevos proyectos de infraestructura se adecúen a las necesidades de nuestro país? ¿qué tendrían que incluir los planes de infraestructura y desarrollo de cada región?

Si bien, el gobierno de México ha fungido durante décadas como “donante” de la infraestructura para que inversionistas nacionales y extranjeros puedan desarrollar sus proyectos en el país, también es cierto que el gobierno no puede cubrir por sí mismo todas las necesidades que existen y absorber todas las actividades de planeación, desarrollo y financiamiento, menos si las personas que están al frente de las tomas de decisiones no tienen el conocimiento técnico ni la capacidad para implementar este tipo de proyectos.

Desafortunadamente, hoy tenemos proyectos de gran importancia para la economía de México con retrasos, sobre costos y daños tras su inauguración como lo son: el Tren México-Toluca que en su último reporte presentó un incremento del 27% en su inversión requerida; la Línea 3 del Metro de Monterrey que vio congelado sus recursos en 2012 por actos de corrupción durante el gobierno de Rodrigo Medina y que ahora por fin se pudieron liberar durante el gobierno de Jaime Rodríguez, y; la carretera Cuernavaca-Acapulco que ha sido cerrada constantemente por los famosos “socavones”.

Afortunadamente, y aunque con ciertas irregularidades, en México también se están construyendo proyectos bajo normativas y certificaciones de gran exigencia a nivel internacional como: el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México que está en proceso de Certificación LEED, la certificación más exigente del mundo para construcciones sustentables y los Hospitales del IMSS en la ciudad de Nogales y en la ciudad de Querétaro, que también están en proceso de certificación.

Esto definitivamente representa un avance importante para la infraestructura en México. Tener una visión global de construcción y estrategias dirigidas hacia una más sustentable que aporte a su economía, sociedad y ecosistemas, son una oportunidad que debe comenzar a replicarse en todos su proyectos y que permitirán revertir los problemas que ahora nos acontecen.

Participación Ciudadana para el Desarrollo Urbano en CDMX

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El pasado 14 de marzo fue publicada una actualización del Reglamento de la Ley de Desarrollo Urbano en el Distrito Federal en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México después de 14 años. Según el titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) de la Ciudad de México, Felipe de Jesús Gutiérrez, esta actualización “es un procedimiento más comprensible, más ágil, que reconoce la posibilidad de una iniciativa ciudadana para hacer modificaciones de ciertos sectores de territorio”.

Lo anterior definitivamente puede convertirse en una ventaja para construir una ciudad que atienda las necesidades específicas que demanda la sociedad, ya que se estableció que el Programa de Desarrollo Urbano de la Ciudad de Mexico servirá como un instrumento de transición ante un nuevo sistema de planeación que deberá de estar regulado por el Programa General de Ordenamiento Ecológico.

Aunque aparentemente estos cambios migran hacia una política urbana más inclusiva que permitirá la participación ciudadana, esto no significa que los mecanismos y formas de participación garanticen el funcionamiento que cumpla con los objetivos definidos en esta actualización. ¿Quiénes serán los ciudadanos que podrán participar en esta iniciativa? ¿cuáles son los requerimientos mínimos que deben cumplir los ciudadanos para poder participar?.

Hace un par de semanas estuve en platicas con el Comité Vecinal Pro Defensa del Parque Ramón López Velarde que ha procurado evitar daños al espacio público que ellos defienden. Dentro de las gestiones para defenderlo y evitar la construcción de proyectos que dañaran al parque, la delegación solicitó al Comité Vecinal recabar las firmas de vecinos de todas las colonias aledañas con el propósito de imposibilitar su defensa. A pesar de los retos, el Comité lo logró gracias a que contaban con un equipo de abogados expertos que les ayudaron a atender los requerimientos impuestos, pero ¿qué hubiera pasado si no se hubiera tenido el conocimiento técnico ni las herramientas para lograrlo? ¿eso hubiera deslegitimizado los intereses y necesidades de los vecinos?

Definitivamente el tema central no es desmeritar las actualizaciones a las nuevos reglamentos de desarrollo urbano que buscan la participación ciudadana, sin embargo, es importante señalar que para garantizar el cumplimiento de este objetivo, es indispensable dotar a la ciudadanía de las herramientas necesarias para que puedan participar activa, técnica y eficientemente.

Hoy los organismos gubernamentales no sólo deben de crear objetivos románticos dentro de sus políticas, sino que deben garantizar que los instrumentos de participación sean claros, sencillos, ágiles y comprensibles para los ciudadanos, tal cuál lo mencionó el títulos de SEDUVI de la Ciudad de México.

El vagón rosa ¿solución o problema?

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Este jueves 8 de marzo arranca el programa “Vagón Rosa” en Monterrey. Durante los días pasados, la sociedad que reside en el área metropolitana de Monterrey -y no escribo usuarios del Metrorrey, porque gran parte de los opinólogos ni si quiera son usuarios- se ha dividido para expresar su sentir o pensar en torno a esta iniciativa que ahora se ha vuelto realidad.

Mis preguntas son: ¿qué postura tiene la razón? ¿por qué tenemos que llegar a estar circunstancias? ¿a caso es la única solución que tenemos para evitar el acoso hacia las mujeres? Si bien, el Vagón Rosa también podrá ser utilizado por personas con discapacidades y adultos de la tercera edad, hay que recordar que la iniciativa fue impulsada por parte de la organización civil Voces Femeninas de México y fue avalado por el Congreso de Nuevo León para evitar el acoso hacia las mujeres en el transporte público.

Quiero mencionar que durante varios años utilicé el sistema de Metrorrey mientras residía en Monterrey para diferentes traslados, a veces en hora pico y otras tantas en horas sin usuarios. Hace casi ocho meses que ahora resido en la Ciudad de México, y aunque vivo a tan solo un kilometro de mis oficinas, constantemente tengo que utilizar el transporte público de esta ciudad, siendo el metro, mi principal medio de movilidad.

Como saben, la iniciativa del Vagón Rosa en la Ciudad de México tiene ya un tiempo de haberse implementado como programa bajo la razón también de buscar la seguridad ante el acoso masculino, sin embargo, he conocido a mujeres con historias durante estos meses, en las cuáles, ellas han tenido que denunciar a otras mujeres debido al acoso que han vivido por sus acciones o actitudes. Al principio pensé que esto era poco habitual, sin embargo, con el paso del tiempo, las historias y denuncias han crecido constante. Lamentablemente, también he escuchado por parte de mujeres afectadas, que han preferido no denunciar para no perder el privilegio de tener un vagón exclusivo.

Estos hechos me hacen pensar en si esta es la mejor solución para combatir el problema del acoso hacia un sector de la población que es vulnerado, y si así fuera, esto implicaría no sólo crear espacios exclusivos para mujeres, sino también crearlos para cualquier grupo de personas que se sienta violentado y que representen una minoría en alguna ciudad de mundo. ¿Realmente necesitamos vagones o espacios exclusivos para ellos?¿esto es justo y equitativo? ¿esto es necesario? vuelvo a preguntar ¿a caso esta es la única solución? y, ¿realmente es una solución o sólo estamos evitando el problema?

Lamentablemente, las acciones en contra de las mujeres a lo largo de la historia de la humanidad, nos han obligado a crear seudo-soluciones como estas, pero esto no significa que vayamos erradicar estas problemáticas. Si estamos pensando en que esto es una solución definitiva, estoy seguro que esto solo creará más problemas. En la actualidad, en diferentes ciudades del mundo -incluyendo la Ciudad de México-, se están construyendo baños mixtos en oficinas o espacios públicos, pero el tema es que no podemos tener un transporte público en donde puedan convivir personas de cualquier genero o con cualquier ideología. Esto no me hace sentido, es como si creyéramos que el problema de la obesidad se resolverá comprándole a todos pantalones de una talla mayor. Estoy seguro que si queremos generar inclusión y seguridad para todos, la solución no es crear espacios exclusivos para cualquier grupo minoritario de la sociedad ¿o si?.

Espacios Deportivos como punto de Transformación

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Este año es fundamental para el rumbo del país, las propuestas por parte de todos los postulantes a presidente comenzarán a revelarse conforme pasen las semanas. Desafortunadamente, sexenio con sexenio, las propuestas en favor de los espacios deportivos y sobre todo, las acciones hacia estos espacios al momento de ser electos, terminan por pasar a segundo término. Y es que más que construir espacios deportivo de calidad, todos los tomadores de decisiones deben entender que un espacio deportivo también es una intervención educativa y de integración social.

El deporte se ha convertido en nuestros días en una forma muy particular de vida para quienes lo practican de una u otra forma, pero cuando no existen las condiciones o los espacios necesarios para poder llevarlas a cabo, la visión de niños, jóvenes y adultos, comienza a migrar hacia otras actividades o prioridades. ¿Un ejemplo? Que en México siempre estamos pelando los primeros lugares por tener los mayores índices de obesidad. ¿Otro ejemplo? Cuantas medallas de oro hemos logrado en los más recientes Juegos Olímpicos. Quienes han hecho deporte alguna vez en centros deportivos públicos podrán explicarlo mejor con base en su experiencia.

Implementar programas deportivos es mucho más que regalar balones u organizar eventos dominicales que incentiven la activación física. Por ello, es fundamental fomentar la apropiación de estos espacios en función de mejorar las relaciones y la seguridad de nuestras comunidades. Si bien, Nuevo León es uno de los estados en México que más invierte en infraestructura deportiva, el rezago se puede notar en los altos índices de actos delictivos por parte de menores de edad.

Los espacios deportivos son de gran importancia para el desarrollo social, pero si estos presentan carencias, daños, descuidos y un desprecio por alcaldes, gobernadores y presidentes, nuestros niños y jóvenes pensarán que estos espacios en realidad no son importantes y que todo lo que suceda allí dentro, es irrelevante para su formación personal y social. Afortunadamente, en México aún estamos en una etapa en donde podemos darle su debida importancia a los espacios deportivos, pero si continuamos bajo la misma línea, difícilmente podremos tener cambios que ayuden a mejorar las cosas en nuestro país.

Derecho a la Ciudad

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“Hacer el retrato de una ciudad es el trabajo de una vida y ninguna foto es suficiente, porque la ciudad está cambiando siempre. Todo lo que hay en la ciudad es parte de su historia: su cuerpo físico de ladrillo, piedra, acero, vidrio, madera, como su sangre vital de hombres y mujeres que viven y respiran. Las calles, los paisajes, la tragedia, la comedia, la pobreza, la riqueza.” (Berenice Abbott, 1989).

La forma en que han crecido las ciudades en el mundo, ha modificado la manera en que se produce la vida y todo lo que ello implica. Lamentablemente, no podemos esconder que se ha sacrificado la calidad de vida de las personas dentro de las ciudades por esta forma de construir ciudad. En 2011, la ONU anunció que habíamos alcanzamos la cifra de más de 7 mil milles de habitantes en el mundo y como consecuencia de ello, se estima que más de 828 millones de personas estén subsistiendo en barrios marginales carentes de servicios básicos como vivienda digna, agua, electricidad, salud, educación, empleo formal, entre otros servicios básicos. Lo más preocupante, es que se proyecta que el número de personas siga creciendo conforme pasen las décadas. Además, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) señala que en las próximas décadas, el crecimiento poblacional en zonas urbanas se incrementará en las regiones de África, Asia y América Latina, lo que podría convertirse en un problema mayor debido a las condiciones actuales de estas regiones. Además, en 2010 se registró que más del 80% de los habitantes ya vivía en ciudades en Latinoamérica, y se proyecta que para el año 2050, la cifra aumente a el 90% si estas dinámicas de hacer ciudad se mantienen igual.

Es fundamental para todos aquellos que están tomando decisiones en torno al desarrollo urbano de las ciudades, que la población deje de ser más que un simple número. Para hacer ciudad, es indispensable contemplar las funciones de la sociedad, los servicios que le brinda se les brinda, las actividades que realizan y entender como ellas se relacionan con el contexto urbano.  Este comportamiento en Latinoamérica y a nivel mundial ha prendido los focos de organismos de la sociedad civil como Hábitat International Coalition (HIC) que, en conjunto de profesionistas interdisciplinarios, han presionado a gobiernos locales y a la misma Organización de las Naciones Unidas (ONU), para que decreten derechos humanos emergentes enfocado en el “Derecho a la Ciudad”.

Ampliar las acciones y políticas en materia del Derecho a la Ciudad nos permitirá concretar soluciones de desarrollo sustentable a los problemas que tienen que enfrentar día con día las personas al vivir en una ciudad. Además, identificar mejoras en las políticas públicas ya existentes permitirán a cualquier región del mundo, explotar sustentablemente sus recursos para crear modelos en donde la equidad social se vuelva un factor fundamental y que sus economías puedan convertirse en economías sanas y saludables. Lewin (1964) afirma que, “es necesario considerar al individuo y el medio ambiente como una entidad única e inseparable” pues “así como el sujeto actúa sobre el medio ambiente, el medio ambiente también está en grado de afectar a la persona de manera profunda”, y un estado que no proteja a sus habitantes, será una sociedad que no proteja su economía, su seguridad y el medio ambiente con el que convive. Estamos aún a tiempo de revertir estos problemas y el Derecho a la Ciudad es una pieza clave para lograrlo.

Infraestructura Educativa: ¿el problema de la educación?

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En México existen mas de 207 mil planteles sólo de educación básica y especial. A ellos asisten más de 25 millones de alumnos y trabajan más de 2 millones de personas entre profesores y personal administrativo. Del total de número de planteles, el 86.4 % son escuelas públicas, es decir, alrededor de 179 mil.

Tal vez estos números no nos digan mucho, pero cuando eres arquitecto, investigador y pedagogo, visitas los planteles educativos y el INEGI revela que de esas 179 mil escuelas públicas, el 48.8 % de ellas no tienen drenaje, el 31 % no cuenta con suministro directo de agua, el 11.2 % carece de abastecimiento de energía eléctrica y el 12. 8% no tiene ni siquiera baños, entiendes por qué México es uno de los países de mayor rezago educativo en el mundo. Además, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, reveló que el 95 % de las escuelas no cuenta con todas las áreas necesarias para su enseñanza como: salones de cómputo, bibliotecas escolares, sala de profesores y salones para actividades culturales y artísticas. Según los últimos resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), México se ubicó en la posición 58 en conocimiento en ciencias, en la posición 56 en conocimiento matemático, y en la posición 55 en lectura. Sin embargo, un país que pretende ser mejor no debe compararse con los demás y debe de mejorarse así mismo año con año. Pero lo realmente preocupante no es que estemos ubicados en los últimos lugares de las evaluaciones a nivel mundial; lo preocupante es que estamos muy por debajo de los resultados mínimos.

Pero ¿qué tiene que ver el desempeño académico con la infraestructura? Dicen que cuando eres arquitecto, te conviertes en una de esas personas que quiere culpar a las condiciones espaciales por todo lo bueno y lo malo que nos sucede. Después de terminar mi carrera profesional y dedicarme por varios años a la arquitectura social, decidí hacer un posgrado para estudiar como se relaciona el espacio y el comportamiento de las personas. Aunado a esto, también decidí hacer otro posgrado en Educación para entender como funcionaba el sistema educativo en México. Los resultados que obtuve validaron mi pensamiento de arquitecto: la calidad de la infraestructura influye en el desempeño académico.

Hace unos años, el Banco Interamericano de Desarrollo advirtió que la infraestructura escolar podría ser una de las principales causas del rezago en aprendizaje de los estudiantes latinoamericanos, ya que las escuelas son el segundo lugar en donde los niños y los jóvenes pasan más tiempo después de casa. Las escuelas se han convertido para todos los que pasamos por allí alguna vez en nuestros espacios de convivencia, en espacios en donde nos expresamos, en espacios en donde aprendemos a afrontar situaciones problemáticas y en espacios en donde nos relacionamos con diferentes formas de pensamiento y hasta de cultura. A pesar de esto y de ser una de las tres prioridades según Enrique Peña Nieto para el país, el presupuesto para la Educación ha tenido recortes año con año. Tan solo del 2016 al 2017, la Secretaría de Educación tuvo un recorte de más 46 mil millones de pesos y la inflación en todos los servicios y materiales, ayuda poco.

Me pregunto ¿qué le vamos a exigir quienes pretenden ser presidentes este 2018? Programas sin pies ni cabeza como Escuelas al Cien que se jactan de ser los de mayor inversión en la historia de México pero que en realidad están llenos de demagogia, engaño y corrupción, sobran en este país ¿queremos un mejor país? Sabemos donde tenemos que invertir, la pregunta es ¿cómo se los vamos a exigir?

Mi vecino el corrupto

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Cualquier persona que culpe al gobierno de los problemas del país debería de primero mirarse al espejo y analizar todo lo que hace o deja de hacer para que esto continúe sexenio a sexenio. Esto no quiere decir que los gobernadores no sean responsables de los problemas que atañen al país, sin embargo, hay mucho por hacer desde nuestras actividades diarias que lamentablemente, omitimos por intereses personales. Pero claro, ¿cómo lo vamos a lograr si nuestros vecinos son unos corruptos e ignorantes que no tienen futuro?

Nosotros los vecinos creemos que sólo nosotros tenemos el derecho y la facultad para decidir que sí está bien y qué no, y que tenemos el conocimiento para juzgar y actuar de una u otra manara. Nosotros los vecinos creemos que construir 10 centímetros más allá de nuestra propiedad no afecta a nadie. Creemos que instalar ventanas en los límites de nuestra propiedad no afectan a nadie, al cabo el vecino es pobre y nunca va a construir en su propiedad. Creemos que tenemos el derecho de colocar botes en la calle para que nadie se estacione en nuestro lugar. Creemos que a nadie molesta si obstruimos la banqueta que está frente a nuestra casa con maceteros o nuestros coches, al cabo nadie tiene porque andar caminando frente a mi casa. Creemos que los vecinos tienen el honor de escucharnos a todo volumen en el karaoke porque nosotros si cantamos bonito, pero que no lo hagan ellos, porque ellos si cantan muy mal.

Nosotros los vecinos siempre tenemos la razón, por eso podemos andar hablando pestes del vecino que es homosexual y vive con su pareja. Creemos que podemos mirar con rechazo a la vecina que es madre soltera, claro, ella se lo ganó. Nosotros los vecinos creemos que podemos hablar de los vecinos religiosos que nunca faltan a misa, pero ahí andan siempre de borrachos. A nosotros los vecinos no nos duele nada. Nosotros tenemos dinero para pagar “por debajo del agua” cada vez que me pase un rojo, o vaya a exceso de velocidad en una zona escolar, o cuando me vean utilizando el celular mientras manejo ¿a quién afecto? es mi coche, mi dinero y mi vida. Nosotros los vecinos somos los “todo poderoso”, por eso podemos ir a la tienda de la esquina en auto, no importa que me haga 5 minutos caminando; que la gente se de cuenta que tengo con qué ir y para gastar la gasolina que yo necesite. Los pobres que vayan caminando y que no sean envidiosos, porque aquí en México es pobre el que quiere. Y es que si todos los vecinos fueran como yo y tuvieran lo que yo tengo, la colonia sería mejor; el estado sería mejor; el país sería mejor. Pero por eso el país está como está, entre la corrupción del gobierno y la ignorancia de mi vecino, ¿así cuándo vamos a ser un mejor país?

Y es que de verdad, cualquiera que culpe al gobierno y a los vecinos de los problemas del país, definitivamente tendría que auto evaluarse objetivamente para saber en qué posición se encuentra y si de verdad “es libre de pecado” para andar siempre “tirando la primera piedra”. El día que como sociedad dejemos de ver al vecino como “mi vecino el corrupto” y nos veamos como una sola sociedad que debe de trabajar en conjunto respetando las leyes mínimas, tal vez ese día podamos empezar a tener mejores gobernantes, y por consecuencia, un mejor país.

Bando 2: La Tragedia Social de CDMX

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El 5 de diciembre de 2000, Andrés Manuel López Obrador tomó posesión como jefe de Gobierno del entonces, Distrito Federal. Dos días después de su llegada, emitió la famosa política Bando Dos sin que mediara una consulta ciudadana o al menos, una consulta con expertos urbanistas que guiaran dicha implementación. Esta política ha traído al día de hoy la construcción de tan solo el 5 % del total de las nuevas viviendas en la ciudad de tipo de interés social bajo, mientras que el resto, han sido de nivel medio y alto. ¿Por qué y qué pasó con la población que no podía acceder a una vivienda que no fuera de nivel bajo?

Bando Dos se instrumentó bajo el cargo de Claudia Sheinbaum, entonces Secretaria de Medio Ambiente y de Laura Itzel, también entonces Secretaria de SEDUVI. Esta política consistía en estimular a través de un plan, la construcción de vivienda de interés social en la ciudad para cumplir su promesa de campaña “primero los pobres”, y que era aplicable a las cuatro delegaciones centrales de la ciudad: Benito Juárez, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza, buscando evitar expandir la mancha urbana en las demarcaciones periféricas, aprovechando la infraestructura existente y dotando de vivienda céntrica a habitantes que habían sido segregados por diferentes circunstancias. Aunque en un principio esta política comenzó a dar resultados, los datos actuales demuestran que este modelo urbano de crecimiento solo impulsó el desarrollo de edificios construidos fuera del marco legal, sin vigilancia y encareciendo los precios del mercado, contraponiendo el discurso inicial de esta política; basta con analizar el contexto de la mayoría de edificios que sufrieron daños tras el sismo de septiembre del 2017. Aunado a esto, al llegar Marcelo Ebrard a la jefatura de Gobierno de la ahora Ciudad de México, se tomó la decisión de modificar Bando Dos y expandirla al resto de las delegaciones de la ciudad. Esto significó la imposibilidad de planificar un mejor plan para el desarrollo de vivienda de interés social bajo, y brindar una mejor oportunidad a las personas que requerían de hacerse de una vivienda.

Definitivamente, tengo que decir que esta es una de las mayores tragedias sociales de la ciudad, ya que esta política convirtió el derecho a la vivienda y la promesa de “primero los pobres”, en un negocio para los desarrolladores inmobiliarios al tener todas las circunstancias sociales y económicas a su favor. Bando Dos terminó por expulsar a muchos jóvenes y nuevas familias a las periferias de la ciudad debido al encarecimiento de suelo sin permitirles tener la oportunidad de vivir cerca de sus centros de trabajo, de sus centros educativos, de sus centros de recreación y que, ofrecieran la calidad y la dignidad que todo ser humano merecemos, pero sobre todo, que están instituidos en los derechos humanos universales.

Cuando concentras los permisos de construcción y obligas a que se construya en solo cuatro delegaciones de una ciudad como la capital mexicana, la fórmula de la oferta y la demanda se encarga de poner el precio a la vivienda, y hoy en días, las consecuencias son más que claras. ¿Qué es lo más preocupante? La propuesta hecha mediante el Programa General de desarrollo Urbano de la Ciudad de México 2016-2030 no aborda un plan inteligente que permita a los más desfavorecidos que puedan adjudicarse una vivienda. Además, este programa exime de responsabilidades a los desarrolladores que violaron todos los marcos legales en los últimos años, alentando la corrupción y la impunidad, perjudicando “primero a los pobres”.

La Gran Deuda: Sismos y Corrupción en la Construcción en México

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El 19 de septiembre de 2017 parecía ser un día normal para la mayoría de los mexicanos. Algunos recordaban con tristeza la fecha por el trágico sismo de 1985 que sacudió la capital y otras ciudades del país, pero nadie se imaginaba lo que iba a pasar.  Alrededor de las 11 de la mañana, se había preparado un simulacro para conmemorar los 32 años de aquel fatídico día. En lo personal, nunca había presenciado un sismo o simulacro. Pensé que sería gracioso que temblara mientras sonaba la alarma durante el simulacro, no dije nada, sólo lo pensé y recordé lo impactante que fue para mí la primera vez que vi en televisión lo que había sucedido.

Mis actividades continuaron con normalidad después del simulacro. A las 13:06 horas, un par de compañeros del trabajo y yo emprendimos nuestro camino de regreso a la oficina caminando, estábamos solo a 10 minutos, sin embargo, no alcanzamos a llegar. A las 13:14 horas, un sismo con magnitud de 7.1 en la escala de Richter había comenzado a sacudir el centro y el sureste del país. En un principio, como no sonó la alarma previo al movimiento de placas, pensé que había tenido mareos por no haber desayunado, pero no, estaba viviendo mi primer sismo; me percaté de ello cuando comencé a ver gente correr y escuchar gente gritar. Mi gran experiencia en sismos ignoraron lo que en realidad estaba sucediendo.

Cuando dejó de moverse todo lo que había a mi alrededor, nos dirigimos a la oficina. Al llegar, nos alertaron que había sido algo grave, que fuéramos a nuestras casas a ver a nuestra familia. Empecé a correr hacia donde estaba mi familia (mi casa queda a tan solo 14 minutos caminando de la oficina y a 10 de la escuela de mi hijo mayor). En el camino, me percaté que una escuela presentaba grandes daños en su estructura mientras evacuaban a niños y jóvenes. Esa fue la primera vez que me asusté. Empecé a correr más rápido hacia la escuela en donde estaba mi hijo mientras veía más caos alrededor; fueron 5 minutos de camino pero parecieron horas. Afortunadamente su escuela no sufrió grandes daños y él estaba a salvo. Saliendo de allí, encontramos en el camino al resto de nuestra familia que lo habían vivido en nuestro departamento que está en un cuarto piso y en donde parecía que se habían metido a robar, pues muchos bienes materiales que había dentro habían quedado inservibles.

Pasaron 32 años y parece que como sociedad no aprendimos nada. Aunque el sismo del ’85 liberó 32 veces más de energía sísmica que el del 2017, torres de departamentos y viviendas que no tenían más de 10 años de antigüedad (incluso algunos que aún ni se terminaban de construir), dejaron daños mortales, materiales y morales para quienes lo vivimos. Mi primera experiencia de sismo lamentablemente (o afortunadamente) fue aquel trágico 19 de septiembre de 2017; no por lo que me quitó, sino porque entendí que después de 32 años, en materia de políticas públicas sobre edificación, parece ser que seguimos igual o peor que hace cuatro décadas, y aún después de lo ocurrido hace casi 4 meses, seguimos en la misma situación.

Es cierto que las normativas son claras para edificar de manera segura, saludable y sustentable para nuestros ciudadanos, pero también es cierto que son muy vulnerables ante las prácticas de corrupción que existen en diversos órganos que regulan este tema. Y es más lamentable, que la mayoría de las iniciativas de reconstrucción que fueron lideradas por el gremio arquitectónico del país como ReConstruir Mx, hayan fracasado ante las barreras políticas que no permiten edificar de manera como lo dictan las normas, y que solo apremian a aquellos que aceptan hacerlo a través de prácticas como la famosa “mordida”. La pregunta es, ¿qué vamos a exigir en estas elecciones de 2018? Las leyes son claras, pero los procesos aún dejan mucho que desear y definitivamente, aunque no podamos controlar a la naturaleza, ya no podemos volver a pasar algo así como sociedad.