La Taquería

Reflexiones tras la marcha climática más grande de la historia

El día de ayer, domingo, se celebró una marcha a nivel mundial a favor del clima en nuestro planeta. Más de 130 organizaciones de la sociedad civil conforman la Coalition Climat 21, alianza que convocó a más de medio millón de personas en 175 países, a marchar para exigir a nuestros gobernantes que se reúnen a partir de hoy en la COP21[1] en Francia que se comprometan, con más vigor que nunca, a garantizar una rápida transición de los combustibles fósiles a las energías renovables, para preservar el clima como lo conocemos y mitigar el calentamiento global.

Lo importante es que ésta califica como la marcha más grande de la historia en nombre del clima, ha roto todos los records y por ello hará eco en los discursos y compromisos de los países más influyentes en la cumbre de cambio climático.

La marcha tuvo muchos nombres, Marcha por la Justicia Climática, la Marcha de la Gente por el Clima, Marcha Mundial por el Clima, entre otros. Lo importante es que ésta califica como la marcha más grande de la historia en nombre del clima, ha roto todos los records y por ello hará eco en los discursos y compromisos de los países más influyentes en la cumbre de cambio climático.

En una plaza pública de París, se colocaron simbólicamente miles de pares de zapatos donados para visualizar la voluntad del pueblo francés ante la cumbre.

Ha sido terrible ver que uno de los países que más ha hecho por aumentar la conciencia climática, Francia, haya estado limitado para marchar el día de ayer. El gobierno francés, en su estado de alerta nacional tras los ataques terroristas del 13 de noviembre, prohibió las demostraciones públicas y las protestas en masa. De acuerdo a los números de avaaz.org, la principal convocante de este movimiento global, unos 400,000 parisinos hubieran marchado en vísperas de la COP. Las tecnologías de información, sin embargo, llegaron de nuevo a esperanzarnos, y fue gracias a ellas que muchas personas alrededor del mundo pudieron conectar con quienes no pudieron marchar a través de una iniciativa llamada #March4Me (marcha por mí), y llevar sus nombres en la marcha. Asimismo, en una plaza pública de París, se colocaron simbólicamente miles de pares de zapatos donados para visualizar la voluntad del pueblo francés ante la cumbre.

Aquí en Monterrey también se celebró la marcha, pero como era de esperarse, fue muy pequeña y su mensaje fue extremadamente disperso. Los voceros hablaban de la conservación de las especies y la contaminación en los mares, otros del uso excesivo de pesticidas, otros más del campo y las sequías, pero parecía que nadie comprendía la verdadera razón por la cual el mundo se levantó, y es para exigir justicia climática y ejercer presión.

Se marcha por la justicia climática, porque los países industrializados, los culpables históricos del aumento de las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera y el consecuente aumento de las temperaturas globales, son quienes menos sufren los efectos del cambio climático e, irónicamente, son quienes están más preparados (en recursos económicos, en tecnologías y en conocimiento) para adaptarse a los mismos. Al mismo tiempo, son los países menos desarrollados, los que no han contribuido casi nada en las emisiones de CO2, los peores golpeados y los menos capaces de adaptarse.

El protocolo impuso metas de reducción de emisiones sólo a los países desarrollados, dando a las naciones en desarrollo como China, India y Brasil un pase libre.

Se marcha para ejercer presión a los gobiernos, pues el Protocolo de Kyoto, tratado histórico de reducción de GEI originado en la conferencia de Rio de Janeiro de 1992 y que terminó en 2012, fracasó. El protocolo impuso metas de reducción de emisiones sólo a los países desarrollados, dando a las naciones en desarrollo como China, India y Brasil un pase libre. En los últimos años, a estos países los ha caracterizado un crecimiento muy acelerado de industrias basadas en los combustibles fósiles. Y también se marcha porque la última conferencia global en donde se trató de imponer un nuevo acuerdo, Copenhague en 2009, la discrepancia entre países fue casi derrotadora.

Hasta el momento, más de 170 países, que representan más del 90 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero han presentado sus compromisos y aún más pueden surgir estas semanas en París.

Reitero mi entusiasmo sobre la COP21 en París, porque sé que los organizadores han aprendido mucho de los errores del pasado. En lugar de volver a perseguir un acuerdo con el enfoque de “arriba hacia abajo” (top-down approach) con objetivos fijos, esta vez han pedido a todos los países a presentar un plan nacional que establezca cómo y por cuánto planean reducir sus emisiones en los próximos años. Hasta el momento, más de 170 países, que representan más del 90 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero han presentado sus compromisos y aún más pueden surgir estas semanas en París.

También es éste el momento en que tres elementos cruciales para las negociaciones conjugan ahora y no lo hacían antes: 1) una mayor conciencia global sobre el problema, 2) las tecnologías y las energías renovables son más accesibles que nunca, y 3) una voluntad política fuerte, sobre todo de dos de los jugadores más importantes, China y los Estados Unidos.

La preservación del clima como lo conocemos hoy es un derecho humano por el cual se debe luchar. El cambio climático tiene todo que ver con el futuro de nuestra seguridad alimentaria, con la oferta de empleos de calidad, con las diferentes fuentes de energía y con la erradicación de la pobreza. El tema del cambio climático es uno de los más intersectoriales que existen. Quizás sea por ello, por la complejidad del tema, que no se pudo articular un mensaje claro en la marcha en Monterrey. Me aseguraré de seguir luchando por esclarecer la importancia del tema.

En efecto, este ha sido otro caso en el que, como entusiasta de las conferencias de este tipo, fui retada con alegaciones como “no va a servir para nada”, o “no creo que una marcha haga nada”. Y aunque mis conocidos y amigos sí tuvieron razón sobre la marcha en Monterrey, es decir, se comprueba que un evento que resuena con mucha fuerza en muchísimas otras ciudades parece un chiste en mi Monterrey, me emociona saber que no estuvimos solos.

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[1] 21º Coferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático (CMNUCC)

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