¿Debería ser Ilegal no Vacunar a tus Hijos?

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En las últimas décadas los avances en la medicina han aumentado la expectativa de vida de los mexicanos a 75 años y han disminuido en gran medida casi hasta la desaparición enfermedades como el sarampión, difteria, tos ferina, paperas y tétanos. Curiosamente en algunos países de Europa y en Estados Unidos han surgido movimientos denominados “antivacunas” que, promueven a los padres la no vacunación de sus hijos basados en supuesta evidencia científica que se ha demostrado es errónea, como decir que las vacunas contienen sustancias peligrosas como aluminio y mercurio, que pueden sobrecargar el sistema inmune del niño, que la protección natural es mejor inducida que la vacuna y que las vacunas son responsables de alergias, asma y enfermedades autoinmunes; inclusive han llegado a colarse teorías de paranoicos que dicen que el gobierno busca controlar la natalidad de la población y que las farmacéuticas buscan debilitarnos para consumir sus productos, todas las teorías con poco sustento y tinte amarillista.

En México no existe registro de movimientos organizados antivacuna, la mayoría de la falta de cobertura se debe a costumbres religiosas o al desconocimiento que genera la no demanda de las mismas por parte de los padres, pero debido a las redes sociales ya hay señales de personas que comparten estas ideas y teorías que podrían traer consecuencias desastrosas en términos de salud pública. Desde 1996 no se tenía registro de brotes de sarampión en México, dado que  la gran mayoría de la población ya contamos con anticuerpos que se han desarrollado gracias a varias generaciones de aplicarse la vacuna. 

En México la Ley General de Salud establece que la vacunación puede ser obligatoria en una situación de emergencia como una epidemia para todos aquellos susceptibles de contagio, fuera de ahí es decisión de los padres si vacunan o no a sus hijos, aunque desde que nacen la mayoría de los hospitales aplican las primeras vacunas. 

¿Debería ser ilegal no vacunar a tus hijos? Yo creo que si, al final todo se reduce a una situación de un derecho individual contra otro individual y/o colectivo. Si bien es cierto que todos tenemos derecho a la libertad religiosa y de decisión, también es una realidad que al no vacunar a nuestros hijos ponemos en riesgo la salud de los demás, vulnerando el derecho de los demás a la salud aumentando el riesgo de esparcir enfermedades que se creían problema del pasado. Ya hay países donde la vacunación es obligatoria y en México existe un antecedente de cómo la salud del niño se sobrepone a otros derechos, como lo es el tema de las transfusiones de sangre que se realizan a niños aún en contra de la voluntad de los padres, por temas religiosos o de otra índole para salvarlos en situaciones de riesgo, y si consideramos que el tema de las vacunas es aún más grave porque el no tenerla vulnera a los demás, pues entonces deberíamos plantearnos como instrumentar la obligatoriedad de las mismas. 

Vacunar no es cuestión de creencias

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Guanábana, bicarbonato de sodio, pensamiento positivo, alimentos orgánicos, acupuntura, dietas paleolíticas. Múltiples alternativas han sido invocadas como sustitutas a la medicina tradicional, la cual, a decir de los conspiratistas, ha sido secuestrada por una industria farmacéutica con comportamientos indolentes, carniceros y mafiosos.

Desde quienes negaron la existencia de la influenza en 2009, hasta Jaime Maussan publicando un vídeo en el que se asegura que el cáncer es un hongo curable con bicarbonato, sin olvidar a las celebridades de Hollywood que se posicionan en contra de las vacunas o, por supuesto, a quienes hicieron de la venta de remedios alternativos su sustento económico, la medicina es retratada como la ciencia más fraudulenta de la historia, un engaño que consiste en lucrar con la enfermedad en lugar de buscar la cura.

Al mismo tiempo, los remedios alternativos han logrado convencer a múltiples personas alrededor del planeta. Quizá por ser naturales, ancestrales o por no contribuir al lucro de la industria farmacéutica (pero sí a la industrial alternativa), lo cierto es que, con un burdo maniqueísmo, se presenta a lo oriental, antiguo y natural como el opuesto correcto respecto a lo occidental, moderno y capitalista.

…los remedios alternativos han logrado convencer a múltiples personas alrededor del planeta. Quizá por ser naturales, ancestrales o por no contribuir al lucro de la industria farmacéutica (pero sí a la industrial alternativa), lo cierto es que, con un burdo maniqueísmo, se presenta a lo oriental, antiguo y natural como el opuesto correcto respecto a lo occidental, moderno y capitalista.

De pronto, hay quienes aseguran que las plantas son mejores remedios por no estar procesadas. Desconocen, sin embargo, que quien receta plantas en ocasiones ignora el principio activo que proporciona la solución buscada y por lo tanto no se estandariza la concentración de éste ni mucho menos realiza una separación de moléculas lo que tiene como consecuencia que consumir una planta resulte en estar consumiendo cosas que tu cuerpo no necesita, sin dejar de lado que constitución de las plantas puede variar drásticamente de acuerdo a las condiciones en que haya sido cultivada: una planta en el Congo puede no presentar las concentraciones que una plantada en Campeche.

Por su parte, los medicamentos, aunque no son infalibles, se basan en estudios clínicos y no sólo en observación simple. Sólo deben recetarse de acuerdo a variables que el médico necesita conocer, tales como tus síntomas, edad, género, resultado anhelado, etcétera.

¿Por qué ocurre esto? Los factores involucrados son muchos. La dificultad de los pacientes de lidiar con la desesperanza, la promesa de resultados milagrosos por parte de los remedios alternativos, el trato a veces frío de los profesionales de la medicina en comparación con la calidez y mayor cercanía que brindan algunos alternativos o casos lamentables como el del despreciable Martin Shkreli, dueño de los laboratorios Daraprim al comprar un medicamento para tratar el SIDA y aumentar exageradamente su precio.

Aunque considero que quienes lucran con la ignorancia o la desesperación deberían de ser sancionados, también creo que las personas adultas son libres de elegir el tratamiento que quieran, tenga o no sustento científico.

Sin embargo, en relación con los menores de edad, estos movimientos han tenido consecuencias muy lamentables. Recientemente, un bebé canadiense de 19 meses falleció de meningitis debido a que sus padres, David y Collet Stephan, no creían en las vacunas. Asimismo, los rebrotes de enfermedades como la tos ferina, el sarampión, paperas, difteria, varicela, rubéola y hasta polio, reflejados en un deprimente mapa publicado por la Council on Foreign Relations, inevitablemente nos hacen cuestionar a este tipo de movimientos.

…en relación con los menores de edad, estos movimientos han tenido consecuencias muy lamentables. Recientemente, un bebé canadiense de 19 meses falleció de meningitis debido a que sus padres, David y Collet Stephan, no creían en las vacunas.

Ya en 2012, la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina, en una interesante sentencia, obligó a unos padres a vacunar a su hijo. Dentro de los argumentos expuestos, señaló que “La vacunación no alcanza sólo al individuo que la recibe, sino que excede dicho ámbito personal para incidir directamente en la salud pública, siendo uno de sus objetivos primordiales el de reducir y/o erradicar los contagios en la población”, anteriormente, la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires había indicado que: “Cuando colisionan y no se pueden armonizar los derechos de los niños con los de los adultos, deben priorizarse los primeros” y respecto a la patria potestad concluyó: “El límite a la libertad parental en lo que atañe al cuidado de la salud de sus vástagos es su propio beneficio. No exponer a los hijos a sufrir daños que la ciencia ha logrado prevenir. La patria potestad se otorga únicamente para cumplir los deberes que la misma impone”.

Los argumentos son interesantes, debido a que la patria potestad no es absoluta y aunque existe una libertad de los padres para elegir la forma de educar a sus hijos, el acceso a la salud no es discutible ni por creencias religiosas o posturas personales.

Negar el acceso a la salud por aversión a soluciones respaldadas por el método científico, es un acto ciertamente negligente y las consecuencias de ello no sólo pueden afectar gravemente a los menores en cuestión sino a la población en general. El tema no es de fe o de elegir creer sino de evidencia.

La pregunta obligatoria es si debemos establecer sanciones para quienes nieguen este acceso y cuáles deben ser esas sanciones.

La vacunación obligatoria, sanciones económicas o incluso la pérdida de la patria potestad.

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