Decía mi abuelo…

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Decía mi abuelo que “lo más sagrado que tiene un hombre es su palabra.”

Lo conocí poco, pero me cuentan que era una persona de carácter fuerte, de convicciones férreas y con sus prioridades bien definidas, la primera de ellas, la familia.

Hoy en día, es difícil encontrar a esos hombres de “antes”, aquellos a quiénes no les hacía falta la firma de un papel para cumplir las cosas, sino la palabra misma.

Actualmente, vivimos una crisis de credibilidad en la política mexicana, vemos a candidatos que prometen cosas, muchas de ellas firmadas ante notario público, y aún así, no las cumplen.

A nivel nacional, fuimos testigos de una campaña de contrastes; lo que es, contra lo que debiera ser, frases cortas que cumplían objetivos meramente electorales, la mayoría de ellas sin viabilidad económica o política. Hoy, a unos meses después del 1 de julio las cosas son diferentes, aquellas propuestas revolucionarias y de transformación -ya se nos está avisando-, no se podrán cumplir porque lo que se dijo, no es tan sencillo.

Quizá, la clase política ha encontrado en las propuestas una opción para “encantar” a sus electores y utilizarlos a su gusto ó quizá nosotros como ciudadanos, no hemos sido capaces de exigir que las promesas se cumplan. O tal vez, debemos de revalorar nuestra palabra ya que esto nos fortalecía como sociedad.

Mi abuelo fue maestro rural y me cuentan que caminaba largas distancias para llegar a dar clases, no le importaba nada más que cumplir.

Él decía: “la responsabilidad, es la responsabilidad.”

Se vale debatir…

#EspacioPúblico: “2018, año de propósitos y promesas de campaña”

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Empieza un año y seguramente iniciaremos con los habituales propósitos que muy pronto dejaremos de cumplir.  También empieza un año electoral lleno de promesas de campaña que si tomamos malas decisiones  tampoco se lograrán.

¿Qué tienen en común estos dos casos? 

Que pasados unos meses y pasadas las elecciones todo queda en el tintero por una sencilla razón: las metas no son realistas.

Podemos hacer que el 2018 pinte distinto si ponemos metas realistas a nuestros propósitos personales y será distinto para la ciudad si escuchamos con atención las promesas de candidatos y elegimos las que realmente se puedan lograr.

Recordar el resultado de propósitos poco realistas nos ayuda a no emprender de nuevo acciones atractivas que no cumpliremos.

Entender los resultados de promesas de campaña de años anteriores nos ayuda a eliminar definitivamente a candidatos que proponen lo mismo y dar la oportunidad a nuevos aspirantes y nuevas propuestas.

El tema urbano está tomando gran importancia en las promesas de campaña y es aquí donde debemos saber escuchar y analizar nuestro voto.

Seguramente todos los candidatos prometerán ‘mejores vialidades’ y la gran mayoría hablará de más avenidas, segundos pisos, más pasos a desnivel y más vías rápidas.  Por años esa ha sido la promesa y el resultado ha sido calles nuevamente congestionadas, mal servicio de transporte público y calidad de infraestructura peatonal en constante deterioro.  ¿No parece que ya deberíamos dejar de creer en esa promesa? ¿Por qué seguir creyendo en algo que con hechos ha demostrado que solo empeora la calidad de vida de la ciudad? 

Y seguro estará quien ‘comprometido con el peatón’ prometa más puentes (anti)peatonales cuando el resultado serán zonas segregadas por avenidas que promueven más velocidad, reducen banquetas, generan más hechos de tránsito mortales, dejan en el olvido a personas con discapacidad y son solo  grandes negocios publicitarios que contaminan visualmente la ciudad.  ¿Queremos seguir entregando nuestro espacio público para beneficio privado? 

También seguramente habrá quien prometa eliminar incómodas sanciones de tránsito como las fotomultas sin incluir en sus argumentos el número de muertes que se evitan al reducir la velocidad.  Al parece prometer impunidad genera votos; y muertes en las calles. ¿Queremos calles inseguras que privilegian solo al que va en un auto a exceso de velocidad? 

Estamos en el mejor momento de escuchar a aspirantes a puestos de elección popular con propuestas distintas. Necesitamos escuchar propuestas realistas que apuesten por una ciudad con visión metropolitana que integre un mejor transporte público, una eficiente y segura movilidad peatonal y ofrezca alternativas de movilidad sostenibles. 

Pero todo con cuidado, hay que cuestionar las promesas y conocer la solvencia profesional y moral de las y los candidatos; siempre hay falsos profetas que con o sin partido político, buscan alimentar su ego y aprovechan el discurso sin entender el fondo ni tener la capacidad para cumplir lo que ofrecen.

Que nuestro propósito colectivo del 2018 sea tener mejores gobernantes y legisladores. Siendo críticos, analíticos y participativos será una meta alcanzable.

Feliz 2018.