LA CULTURA DE LA IMAGEN CORPORAL 2ª. PARTE

Como revisamos en el artículo anterior, la obesidad es causada por muchos factores (genética, neuroquímica, hormonal, metabólica, celular, psicológica, social y cultural). Revisamos también la importancia de abordar el problema de una manera completa, y no sólo enfocarnos en el manejo del sobrepeso. Como se mencionó anteriormente, las dietas enfocadas en el peso, en restringir las calorías, son dietas con un alto porcentaje de falla y provocan un desequilibrio metabólico con severas consecuencias para la salud de las personas que se someten a ellas.

La obesidad constituye uno de los principales “estigmas sociales” de la actualidad con una marcada repercusión a nivel psicológico individual. Si bien la obesidad no es, en sí misma, un trastorno psiquiátrico, si es una condición que se acompaña en muchas ocasiones de trastornos psicológicos muy importantes.

Los principales trastornos psicológicos que acompañan a la obesidad son el estrés crónico, la ansiedad y la depresión; sin embargo, no son los únicos ni es sencillo su abordaje. La “estigmatización” de las personas con sobrepeso les reduce sus oportunidades de empleo y educación, esta discriminación de la que son objeto tiene un fuerte impacto en su autoestima.

Esta “cultura de la imagen corporal”, sin embargo, nos envía muchos mensajes contradictorios entre sí; por un lado nos dice que debemos cuidar nuestro cuerpo y por el otro nos envía el mensaje de que nuestro cuerpo es nuestro enemigo, y que debemos controlarlo a toda costa para mantener ciertos parámetros de tallas, volumen y peso.

Desde principios del siglo XX se “institucionalizó” la cultura del cuerpo bello, inicialmente en los Estados Unidos, y posteriormente en la mayor parte del planeta. Esta “cultura de la imagen corporal”, sin embargo, nos envía muchos mensajes contradictorios entre sí; por un lado nos dice que debemos cuidar nuestro cuerpo y por el otro nos envía el mensaje de que nuestro cuerpo es nuestro enemigo, y que debemos controlarlo a toda costa para mantener ciertos parámetros de tallas, volumen y peso.

Esta frase tan común nos revela mucho de la realidad que enfrentan día a día las personas que padecen el sobrepeso, describe un trastorno psicológico llamado hiperfagia al estrés: la ingesta excesiva de alimentos no relacionada con el hambre.

Esta ambivalencia de información tiene un grave impacto social. Las personas se sienten culpables cuando sus medidas y peso se encuentran fuera de los parámetros establecidos. Existen un sinfín de anécdotas de personas que dicen: “Yo sé que comer tanto dulce me hace daño, pero no puedo dejar de comerlo porque me hace sentir bien”. Esta frase tan común nos revela mucho de la realidad que enfrentan día a día las personas que padecen el sobrepeso, describe un trastorno psicológico llamado hiperfagia al estrés: la ingesta excesiva de alimentos no relacionada con el hambre. La hiperfagia al estrés es una conducta común de las personas con obesidad, y es derivada de esta cultura contradictoria de la que hablamos. Por un lado las personas viven angustiadas por padecer el sobrepeso, y su vía de escape es ingerir más calorías para buscar aliviar su ansiedad, volviendo de esta manera la acción de comer en un “autocastigo” a su propio cuerpo.

Los padres de familia que tienen hijos con este problema sufren una gran ansiedad por sentirse con la responsabilidad de la salud de sus hijos, y frecuentemente se equivocan en la estrategia que toman para que sus hijos mantengan un peso saludable. Al intentar mantener delgados a sus hijos se enfocan en restringirles los alimentos y, muy comúnmente, culparlos por su sobrepeso. Lo único que logramos al intentar poner “mano dura” o “disciplina” de esta manera es generarles más ansiedad a niños o adolescentes que seguramente están padeciendo ya mucha ansiedad. El exceso de disciplina puede complicar mucho a los menores el salir de su problema de salud, e incluso llevarlos a padecer severos “trastornos alimenticios” que son muchas veces de más graves consecuencias para la salud que el mismo sobrepeso.

Lo único que logramos al intentar poner “mano dura” o “disciplina” de esta manera es generarles más ansiedad a niños o adolescentes que seguramente están padeciendo ya mucha ansiedad.

En el manejo del sobrepeso los criterios de éxito deben contemplar no sólo la reducción de peso como producto final, sino que como un proceso continuo con resultados positivos en la calidad de vida, estilo de vida menos sedentario, integrando activamente el ejercicio, una mayor aceptación de su imagen corporal y un cambio de hábitos de alimentación, junto con una conciencia de enfermedad que conduzca a una evitar las recaídas, tan frecuentes en este proceso, pero que no significan obligatoriamente un fracaso absoluto del tratamiento.

El próximo viernes trataremos, es este espacio, más ampliamente los “trastornos alimenticos”, su gravedad y su impacto en nuestra sociedad.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

LA CULTURA DE LA IMAGEN CORPORAL

Vivimos dentro de una sociedad cada vez más “globalizada”, en la cual la información fluye a una velocidad que, en muchas ocasiones, nos es difícil de alcanzar. Este acceso, fácil y rápido, a una gran cantidad de información puede ser un gran problema cuando buscamos integrar el conocimiento de un determinado problema. Debemos ser muy selectivos en los criterios de investigación, si no queremos terminar confundiéndonos con tanta información disponible, la cual muchas veces es muy contradictoria.

Uno de los temas en salud que más frecuentemente se abordan es, sin duda, el control de nuestro peso. La obesidad es una condición a la cual se le atribuye ser una de las causas más importantes en el desarrollo de muchas enfermedades de las llamadas crónico-degenerativas. Desde el siglo pasado se ha hecho mucho énfasis en la necesidad de mantener nuestro peso corporal bajo control, y el mantener una actividad física adecuada para prevenir enfermedades y complicaciones a nuestro estado de salud.

Existe una gran cantidad de dietas, medicamentos, métodos y suplementos en el mercado para ayudar a perder peso. Cada vez más personas modifican sus hábitos alimenticios y los de sus familias buscando acercarse al peso ideal.

Este conocimiento ha generado una cultura de rechazo hacia la condición de obesidad en las personas. Se ha generalizado una conciencia colectiva en favor de una “alimentación sana” y una actividad física vigorosa, como los ideales a perseguir por nuestra sociedad. Existe una gran cantidad de dietas, medicamentos, métodos y suplementos en el mercado para ayudar a perder peso. Cada vez más personas modifican sus hábitos alimenticios y los de sus familias buscando acercarse al peso ideal. En particular se ha hecho mucho énfasis en evitar el sobrepeso tanto en niños como en los adolescentes para evitar que se conviertan en adultos obesos.

Aunque es un hecho comprobado el impacto que tiene el sobrepeso sobre nuestra salud, vale la pena analizar toda la información con cautela, para evitar caer en errores que puedan afectar nuestra salud.

Las personas con mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y metabólicas son las personas que se han sometido constantemente a dietas que las hace perder peso para luego volver a aumentar ese peso. La variación intermitente de peso es más riesgosa para nuestra salud que el sobrepeso.

En su artículo de revisión, la Dra. Linda Bacon (Nutrition Journal. 2011, Vol. 10 Issue 1, p 9-21), nos compartió información muy importante y esclarecedora. En este artículo se demuestra que la longevidad en las personas con sobrepeso ligero es igual o mayor que en las personas delgadas, también se demostró que las personas con mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y metabólicas son las personas que se han sometido constantemente a dietas que las hace perder peso para luego volver a aumentar ese peso. La variación intermitente de peso es más riesgosa para nuestra salud que el sobrepeso.

Las conclusiones de este artículo son muy claras: recomienda modificar los hábitos higiénico-dietéticos de manera gradual y sin enfocarse en el peso del paciente. Las dietas enfocadas en reducir de peso a los pacientes son la que con mayor frecuencia fallan, provocando que el paciente sufra los llamados “rebotes” (ciclos de pérdida de peso con recuperación rápida del mismo o mayor peso). No sólo provocan estas variaciones, sino que también son responsables de otros daños a la salud, como son la depresión causada por la frustración de haber fallado en sus metas, la baja autoestima en los pacientes, los trastornos alimentarios graves y la estigmatización y discriminación de los pacientes.

Nos vemos constantemente bombardeados por publicidad que nos intenta convencer que un cuerpo delgado es un cuerpo saludable.

Las ganancias que reporta “la industria de la pérdida de peso” en los Estados Unidos son de 58,600 millones de dólares anuales. Es por eso que nos vemos constantemente bombardeados por publicidad que nos intenta convencer que un cuerpo delgado es un cuerpo saludable. El impacto social de este fenómeno es muy costoso en términos económicos y de salud. El someterse a dietas constantemente, las cuales tienen efectos temporales y posteriormente volver a padecer el sobrepeso, es extremadamente dañino en términos del metabolismo. En términos psicológicos el impacto es aún mayor, los pacientes con sobrepeso son muy susceptibles de padecer trastornos emocionales, el “bullyng” hacia los niños y adolescentes con sobrepeso es una conducta común en escuelas y grupos sociales. Incluso muchos niños con sobrepeso sufren de maltrato familiar con el consecuente daño a su autoestima. El próximo viernes, en este mismo espacio, comentaremos más ampliamente el impacto psicológico del sobrepeso.

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