¿Qué dijo el Presidente de la (in)seguridad a un año de gobierno?

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“Al poder se le revisa, no se le aplaude”

-Brozo

Ante un zócalo abarrotado, el Presidente Andrés Manual López Obrador, dirigió su mensaje dominical a sus bases de seguidores, en el marco de la “Celebración del Primer Año de Gobierno”. En este sentido, es necesario preguntarnos si lo que dijo y cómo lo dijo es consistente con el tono triunfalista de su discurso.

Lo que más debe preocuparnos, es que el Presidente no haya aprovechado esta ocasión para reconocer la necesidad de hacer ajustes a su estrategia de seguridad. Tampoco hubo precisión en sus dichos en el zócalo, entre los cuales hay que destacar los siguientes:

– La creación de la Guardia Nacional

Otra vez, presentó a la nueva corporación como el principal elemento en la “solución” al problema de la inseguridad. No hizo algún comentario sobre las policías estatales y municipales, ni sobre la forma en que habrá de buscar su fortalecimiento para garantizar la integridad de la población.

– El consumo de drogas y la violencia

El Presidente aseguró que si se reduce el consumo de drogas se va “a poder resolver el grave problema de la inseguridad y la violencia”, lo cual es totalmente falso. Como lo he explicado anteriormente en Altavoz MX (aquí: http://bit.ly/2Bq3fdm), no existe evidencia robusta que indique que, incluso en condiciones legales, un menor consumo de drogas conduzca a una reducción de crímenes violentos. No solo eso, sino que las organizaciones criminales han diversificado sus negocios ilícitos. La violencia no está asociada solamente al control de mercados de venta de droga, sino también de tráfico de personas, pornografía infantil, venta de productos pirata, robo y venta ilegal de combustibles, entre otras actividades ilegales.

– Las señales de éxito de su estrategia

Este es el dicho más preocupante de su discurso. El Presidente destacó que se ha reducido significativamente el nivel de letalidad en los enfrentamientos entre presuntos delincuentes y fuerzas de seguridad. Citó cifras oficiales para destacar que, en lo que va de su administración solo han perdido la vida 15 miembros de las fuerzas armadas. En cambio, señaló que, hacia el final del sexenio de Felipe Calderón -entre 2010 y 2011-, perdieron la vida 154 elementos de las fuerzas armadas. Al margen de que los periodos temporales que citó no son comparables, su argumento es consistente con las cifras reportadas por la Policía Federal, la Secretaría de la Defensa y la Secretaría de Marina para el mismo periodo de 2018 y 2019. Tan solo entre enero y septiembre de este año, la actual administración reportó 17 bajas de presuntos criminales y 12 de los elementos de seguridad, mientras que en 2018 las cifras fueron de 792 civiles armados y 28 elementos federales.

Al respecto, son necesarias dos precisiones. Primero, es verdad que, al haber menos enfrentamientos, es más probable que el número de muertes de ambos lados tienda a disminuir. Sin embargo, también es cierto que el número de homicidios dolosos ha mostrado una tendencia al alza. Hasta septiembre de este año, se habían registrado 2,916 víctimas mortales. El Presidente no lo mencionó, ni tampoco que el inicio de su sexenio es el más violento del que se tenga registro. De esta forma evitó evidenciar que los datos indican la franca vulnerabilidad en que se ha dejado a la población civil frente a los delincuentes.

Segundo, las estadísticas oficiales se refieren únicamente a los decesos de elementos federales, pero no a los de policías estatales y municipales. Solo en octubre de este año, 14 policías estatales de Michoacán perdieron la vida en una emboscada a manos de una organización criminal. Es decir, en un día y en un solo lugar murieron prácticamente el mismo número de elementos estatales que el total de elementos federales en un año. Las cifras que el Presidente citó solo enmascaran el fracaso del “abrazos, no balazos”.

Es verdad que hay un cierto consenso sobre el fracaso de la estrategia de enfrentamientos generalizados entre las fuerzas armadas y las organizaciones criminales. Los resultados han dejado más violencia y más muertes. Aunque si se focalizan los golpes, y con inteligencia de por medio, estos pueden servir para contener el avance e intensidad de violencia con que actúan dichas organizaciones en ciertos lugares del país. Este debería ser uno de los pilares de la estrategia de seguridad. A la actual administración le brindaría la cobertura que necesita para acceder con sus programas sociales y preventivos a los sectores de la población en riesgo de ser cooptados por el crimen organizado.

En dicha estrategia es fundamental la participación de las policías locales, al menos de las estatales. Son estas las que tienen el conocimiento local y contacto de primera mano con la población. Por eso, se les debe fortalecer, través de capacitación, adiestramiento especializado y equipamiento. Hasta entonces, la 4T continuará perpetuando la contradicción de sus objetivos. Por un lado, atiende a las víctimas y apoya la búsqueda de desaparecidos, y por el otro propicia la victimización a manos de los delincuentes.

Dicho lo anterior, deseo que el 2020 nos depare un mejor México.