El peso del pasado vs. las promesas del futuro

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En forma por demás inútil y prepotente, AMLO volvió a remover el lodazal de Ayotzinapa. Tiene que defender a sus protegidos, José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda de Abarca. Cuando la prudencia recomendaba dejar silencio sobre la “verdad histórica” que dejó establecida el régimen anterior por boca de Jesús Murillo Karam, volvió a levantar las aguas nauseabundas de un crimen de estado en el cual quedó involucrado el Estado, con el Ejercito  y lo más asqueroso de las fuerzas del narcotráfico.

¿Por qué AMLO volvió a remover un asunto que constituye una mancha vergonzosa de encubrimiento y de evidencias que podría haber achacado al régimen anterior? ¿Será que la perennidad del  narco sobre lo político constituye una realidad a la cual no puede (¿no sabe?) cómo escapar?

En lugar de quedarse tranquilamente a disfrutar del fin de semana en familia, el presidente no puede evitar poner los pies en el lodazal, semana tras semana. Después de enfrentar mestizos e indígenas en Nayarit el fin de semana pasado, tiene que volver a levantar los miasmas malolientes de Ayotzinapa.

¿Su camino al enfrentamiento entre mexicanos, debe a fuerza estar pisando las heces del pasado reciente? ¿Cuándo empezará a anunciarnos las bondades de sus dádivas en lugar de levantar malos olores del pasado? ¿No tiene nada positivo que anunciar? ¿A fuerza tiene que pisar lodazal del pasado? ¿Cuánto tiempo más?

Parece que el camino al 2021 estará pavimentado de rechazos al pasado en lugar de promesas hacía un futuro socialista brillante. ¿Será que todavía no se puede vislumbrar este futuro socialista brillante? ¿Será que para establecer este futuro socialista se requiere pisar más desechos del pasado reciente?

¿Será que el socialismo totalitario del Grupo de Puebla no se puede establecer sin las bases del narco gobierno que está pintando América Latina? ¿Será que AMLO navega en forma independiente, o que está sujeto a una “narco mafia” que lo tiene bien controlado?