Los derechos humanos en México ¿realidad o fantasía?

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El 10 de diciembre de 1948, bajo el liderazgo de Eleanor Roosevelt, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, primer documento internacional que reconocía, sin distinción, los derechos inherentes de todas las personas. Llegar a este momento de la historia tomó siglos; miles de luchas, protestas y muertes estuvieron detrás de este hito.

Actualmente, cada 10 de diciembre, se conmemora en todo el mundo el Día de los Derechos Humanos. México no es la excepción, en días como hoy los Gobiernos municipales, estatales y el federal, llenan de mensajes, infografías y estadísticas las redes sociales, los programas de radio y las entrevistas en televisión. Pero, ¿realmente nuestro país está tan bien como dicen nuestras autoridades?

De acuerdo con el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2016), desde hace varios años México atraviesa por una grave crisis de violencia y de seguridad. La Comisión encontró asuntos preocupantes, como las ejecuciones extrajudiciales, la tortura, las desapariciones, la impunidad y los problemas para el acceso a la justicia. Situaciones que afectan principalmente a ciertos grupos de la población, entre ellos las mujeres; niños, niñas y adolescente; comunidades indígenas; personas LGBTI+, en situación de migración, con discapacidad y privadas de la libertad.

A partir de ese informe se han hecho cosas importantes (1), sin embargo, no han sido suficientes, la situación de derechos humanos continúa siendo grave en México. Justamente hace unas semanas el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas evaluó también el cumplimiento de nuestro país en cuanto a sus obligaciones en materia de derechos humanos y el resultado no fue tan diferente.

El  aumento en el número de feminicidios; el alto índice de asesinatos motivados por la orientación sexual o la identidad de género; las altas y crecientes tasas de homicidios; la preocupante impunidad de los agentes del Estado en relación con la comisión de graves violaciones de derechos humanos, incluyendo ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y tortura; el uso generalizado de la tortura, malos tratos y el uso excesivo de la fuerza por parte de los cuerpos de policía, fuerzas armadas y otros funcionarios públicos, en particular durante el arresto y las primeras etapas de la detención; sin mencionar que nuestro país es una de las naciones con mayor número de personas desaparecidas en el continente, son algunos de los graves problemas detectados por Naciones Unidas.

Como consecuencia, todos los días las mexicanas y los mexicanos respiramos un ambiente de temor, de inseguridad. El hecho que, aproximadamente, un 99% (3) de los delitos y violaciones de derechos cometidas en México no son castigadas genera un contexto sombrío en un país con heridas históricas que aún no cierran.

Los síntomas de estos problemas los vemos todos los días; las protestas, totalmente legítimas, hacen eco en las calles de un México que durante décadas ha buscado la democracia, el Estado de derecho y la seguridad, con algunos resultados positivos, pero con muchas áreas de oportunidad.

Ante este preocupante contexto, es necesario poder dimensionar el tamaño del problema para que, coordinadamente, Estado y sociedad continuemos emprendiendo las acciones necesarias para solucionar dichos problemas. Ningún cambio será permanente sin la concurrencia de voluntades.

El fortalecimiento del Estado de derecho y la promoción de los derechos humanos es fundamental en este proceso. Nos toca, como diría Eleanor Roosevelt, empezar con cambios en lo más íntimo de nuestras comunidades para continuar afrontando los problemas de un país que exige unidad, coordinación y sensibilidad.

¿Todo está perdido? Claro que no, pero si queremos que los derechos humanos dejen de ser una fantasía y se conviertan en una realidad, nos corresponde no claudicar. No es momento de callar, es momento de exigir, proponer y trabajar por un México mejor.

(1) Por ejemplo, se promulgaron dos leyes muy importantes: la Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, y la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, Desaparición Cometida por Particulares y del Sistema Nacional de Búsqueda. Lamentablemente ninguna de las dos ha sido implementada completamente.

(2) Varias instituciones han coincidido con este número: la Secretaría de Seguridad Ciudadana (2019); el Índice Global de Impunidad en México (2018) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (98% de impunidad) en 2016.

 

Presenta Jorge Blanco iniciativa de ley para desaparición forzada

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El Coordinador del Grupo Legislativo Independiente, el Diputado Jorge Blanco Durán, presentó una iniciativa de reforma al Código Penal para el Estado de Nuevo León en materia de Desaparición Forzada, en la Oficialía de Partes del Congreso del Estado.

“Hoy en día con esta reforma a nivel federal ya se aplica para todos los estados y lo que estamos haciendo es sugerir que se quite de nuestro Código Penal debido a que ya le compete al Código Penal federal. Modificar lo referente a desaparición forzada en nuestro Código Penal del estado y que quede el mandato a nivel federal”, explicó Blanco Durán.

La iniciativa trata de modificar los artículos 16 y 140 de la normativa, referente al catálogo de delitos graves, así como la imprescriptibilidad del delito.

“La relevancia de esta reforma es que al hacerlo ya un delito federal en cualquier estado opera. Teníamos una complicación en los delitos, si había un secuestro en el estado de Nuevo León y llevaban a la víctima a los lugares donde no estaba tipificado el delito, no se podía procesar al delincuente”, enfatizó el Diputado de la bancada Independiente.

De acuerdo a la Ley General En Materia De Desaparición Forzada De Personas, Desaparición Cometida Por Particulares Y Del Sistema Nacional De Búsqueda De Personas, la desaparición forzada se considera un delito de lesa humanidad, además de que viola los derechos humanos fundamentales de las personas.