Las nuevas Juanitas

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El proceso electoral 2017-2018 puede ser denominado como histórico por un sinfín de razones. Para empezar, ha sido el más grande y, por ende, complejo de la historia contemporánea de México. También ha traído consigo grandes triunfos para la democracia en el país, como el número récord de mujeres que arribaron a los parlamentos, tanto a nivel nacional como local, logrando la paridad en algunos casos. 

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, pues el proceso se encuentra marcado también por claros retrocesos a los derechos político electorales de las mujeres, como lo es el preocupante caso de la renuncia de más de 40 mujeres a los cargos para los que fueron electas el pasado 1 de julio en el estado de Chiapas. 

La lucha de las mujeres no ha sido fácil, apenas hace 65 años se reconoció nuestro derecho a votar y ser votadas y a partir de ello las mexicanas se han enfrentado a numerosos obstáculos en sus carreras políticas, desde no tener oportunidades reales para ser postuladas, hasta convertirse en candidatas relegadas a aquellos espacios en donde el partido político ha perdido históricamente. Otro de los casos negros de nuestra historia fue aquel de las mujeres denominadas “Juanitas”, quienes inmediatamente después de tomar protesta para sus respectivos cargos, emitían su renuncia para ceder su lugar a su suplente masculino. Este suceso fue contrarrestado por la icónica sentencia 12624 en la que se dicta que las fórmulas para diputaciones debían ser homogéneas, es decir, cuando la persona que ocupara la candidatura propietaria fuera mujer, la suplente también debía serlo. 

Fue y ha sido así como las mujeres mexicanas, sin importar colores ni ideologías, han construido y fortalecido el camino para que las mujeres que aspiran a un puesto de elección popular tengan oportunidades reales de ocuparlo. A pulso de sentencias y de acciones afirmativas se ha forjado este camino. Hoy, con mucha tristeza observamos que la paridad de género ha traído consigo mucha resistencia, resistencia que ha tomado la forma de distintas expresiones de violencia política en razón de género. 

En el caso chiapaneco, aunque las renuncias aparentan ser voluntarias, es la masividad y su componente de género lo que las delata: las mujeres en 2018 aún no tenemos las mismas oportunidades que los hombres para gobernar, aún se piensa de la política como un espacio masculinizado, aún se tienen resistencias cuando se trata de la inclusión de nuestro género. Estos 40 espacios conquistados a pulso por mujeres no pueden ni deben convertirse en otro caso más al estilo de las “Juanitas”. No permitamos que el caso chiapaneco sea otra forma de simulación de la paridad en candidaturas y exijamos un cambio real para el alcance de una igualdad sustantiva entre hombres y mujeres en la política.