Lo que no te contaron de José María Aznar

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El pasado 11 de junio, el expresidente del gobierno español José María Aznar, formó parte de la ceremonia del Commencement de la Universidad de Monterrey. Fue invitado como orador para dar un mensaje a los graduados en el cual, además de oscilar entre muchísimos temas relacionados el desarrollo tecnológico y la importancia de la economía, habló de lo preocupante que es el surgimiento de figuras y gobiernos neoautoritarios y populistas, además de los efectos que podrían tener en el orden global las tensiones entre China y EEUU.

Seguramente algunos de los presentes ya tenían conocimiento de la trayectoria del invitado (te hablo a ti, Escuela de Derecho y Ciencias Sociales) y otros no, pero lo realmente importante no es cuántas personas habían escuchado por primera vez su nombre, sino conocer lo que hace que este personaje sea especialmente relevante en la historia política de España. Te cuento un poco de lo que seguramente no te quisieron decir.

Aznar es todavía uno de los mayores referentes -aunque él mismo dice que ya está fuera de la política- del llamado Partido Popular (PP), cuyo nombre originalmente fue Alianza Popular (AP), el partido heredero del franquismo tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975. Fue uno de los principales impulsores de la reforma de AP a finales de los ochenta, pues por aquél entonces (entre 1982 y 1996) el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) gobernaba con amplio margen en la mayoría de las comunidades del país y mantenía la presidencia del gobierno. De cara a la renovación, la figura de Aznar era más bien concebida como un puente que uniría al franquismo y los valores tradicionales españoles con aquellos que apostaban por la modernidad y el libre mercado.

Durante sus dos administraciones (1996-2000 y 2000-2004), la economía fue una de sus principales preocupaciones. Fue el presidente que recibió al euro y que, de la mano de privatizaciones, buscó la estabilizar la economía española. Fue muy contundente en sus esfuerzos por frenar los avances de ETA (organización terrorista pro-nacionalista vasca) y cooperó junto con Estados Unidos para invadir Irak en 2003, alegando que la decisión correspondía a los objetivos de su membresía en la OTAN; permanencia que había sido sometida a referéndum ya en los años ochenta.

Secundar la invasión le llevó a cometer uno de los errores más importantes de la historia contemporánea de la política española. Cuando ocurrieron los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid (11M) (a pocos días de las elecciones, por cierto) en lugar de admitir públicamente que los ataques habían sido perpetuados por miembros Al Qaeda, Aznar y el PP se empeñaron en mantener la tesis de que se trataba de un ataque más de los terroristas vascos, aún y cuando ya habían circulado pruebas contundentes que indicaban lo contrario. ¿Por qué mantener una mentira? Porque de esta manera el ataque no parecía ser una represalia por el apoyo a la invasión estadounidense de 2003, sino una acción más de los etarras, lo cual justificaría la necesidad de que el PP continuara presidiendo el gobierno.

El partido que Aznar ayudó a construir hoy atraviesa una de las peores crisis de su historia. A nivel nacional, el PP ha perdido aproximadamente la mitad de los apoyos con los que tradicionalmente contaba y le surgieron dos competidores que curiosamente defienden aquello que Aznar logró unir en un único partido: el ultranacionalismo español y la apuesta por el libre mercado (Vox y Ciudadanos, respectivamente). Hoy, lejos de representar apuesta de futuro y modernidad, Aznar representa la cara más dura del conservadurismo tradicional. “A mí nadie me dice a la cara ‘derechita cobarde'”, fue una de las frases que pronunció en un acto de campaña para las elecciones generales del pasado mes de abril.

¿Fue esta la mejor elección para una ceremonia como el Commencement? Para no desentonar con la realidad actual nacional, respondo: “soy dueño de mi silencio”.