#HojaDeRuta: “Las historias de Tatiana”

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El auditorio estaba rebosante hasta las galerías. Una sala contigua tuvo que ser abierta porque el público no dejaba de llegar. Viejas amistades, estudiantes, profesores, periodistas y curiosos se daban cita para ver y escuchar la versión de una historia (la campaña victoriosa de López Obrador a la presidencia), y, sobre todo, a su peculiar narradora: Tatiana Clouthier.

Aunque oficialmente es Diputada Federal, su taza favorita tiene impresa la leyenda “Ciudadana de Tiempo Completo”, la misma con la que escuetamente se describe en sus redes sociales, espacio donde, quizá sin proponérselo, se convirtió en un referente. 

El reloj ya se acerca a la verticalidad total: están por dar las seis de la tarde. A ella, que lo mismo ha estado en cadena nacional que en mítines multitudinarios, se le ve nerviosa, pero contenta. Está por arrancar la primera presentación de su libro “Juntos Haremos Historia” en la Universidad de Monterrey.

No es fácil decidirse a hacer público el testimonio de una campaña presidencial, sobre todo si la consigna es ser veraz y brindar al público una mirada a la trastienda de uno de los procesos políticos más intensos que se pueden vivir en la democracia.

Esta tarde me toca “presentar” el libro junto a Azucena Uresti y Javier Risco, ejercicio que quizá tenga más sentido entender como “compartir”, pues un lector no puede ofrecer a otro su propia experiencia, sino el relato de ella, esperando contrastarla y entre las distintas miradas ir ensanchando el paisaje.

Tuve el privilegio de asesorar a Tatiana en manejo de medios durante la campaña presidencial junto a un talentoso grupo de colegas como Bárbara González y Juan Carlos Altamirano. Pero mucho antes que eso, fuimos amigos y compañeros de batallas. Perdimos muchas, ganamos un puñado, pero siempre nos encontramos.

En mi turno compartí algunas ideas que me provocó el texto. En primera instancia, reflexionar sobre la relevancia del texto en sí mismo: una mirada privilegiada de un momento histórico. Creo en eso que el Maestro Eric Hobsbawm llamaba “el pasado público”: aquellos hechos que marcan a una colectividad, y que es necesario conocer, reflexionar y debatir para comprender mejor nuestra realidad. Independientemente de la posición que se tenga, la elección de 2018 ya es uno de esos hechos.

Segundo: el inconmensurable valor de la autenticidad. En un mundo que vive una crisis de confianza hacia instituciones y liderazgos tradicionales, la frescura de decir lo que se piensa y actuar con naturalidad se nota. “La Tía Tatis” no nació en campaña, no es un personaje. Tatiana es la misma en una fiesta, repartiendo volantes en el metro o en el noticiero de Loret. Su forma de ser, que exuda franqueza en cada frase, se alineó a un momento político donde el principal sentimiento electoral era la rabia, y la necesidad de cambio era total.

Tercero: la campaña de AMLO fue la única que pudo hacer uso de la esperanza, el humor e, incluso, la ironía. El “Andrés Manuelovich” para desarmar la trama rusa o puntadas como el famoso “¿A quién propone?” que Tatiana puso en la quijada virtual de Meade a través de Twitter, fueron dando la nota a lo largo del proceso.

Cuarto: la receta de una campaña ha cambiado, pero no han desaparecido los ingredientes tradicionales. Tatiana lo relata con apertura: en tierra, tenían un candidato obsesionado con recorrer los 300 distritos electorales y mantener el contacto directo, además de coordinadores regionales de alta experiencia, como Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard. En aire, la consigna fue “ni un solo espacio vacío”, donde Tatiana se asumió como la principal vocera de la campaña, pero también como coordinadora de un equipo de vocerías que replicaba el mensaje del candidato. En redes, autenticidad y frescura para conseguir, más que likes, eso que llaman “engagement” o un público enganchado, con particular énfasis en jóvenes y mujeres. Y en relaciones públicas estratégicas, el gabinete propuesto teniendo reuniones temáticas con organizaciones de influencia por todo el país para explicar el proyecto de forma temática.

Terminamos y el público generó círculos concéntricos alrededor de la autora pidiéndole fotos y firmas del libro. Atendió a todos sonriente. Cuando yo me fui, aún quedaba una fila que cruzaba la mitad del vestíbulo. 

Ayer vi fotos de sus actividades en la Cámara. Llevaba una blusa blanca con la silueta de un corazón humano estampada en carmín en su lado izquierdo, y pensé: “al latir de Tatiana le quedan muchas historias por escribir”.