“Si no te gusta, te puedes ir”: Trump

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Niños, mujeres y hombres que llevan semanas en jaulas, sin colchones para dormir, sin agua, sin poder siquiera sentarse en el suelo para descansar ni poder lavarse los dientes. Encerrados, soportando los maltratos y el hambre, esperando a ser enviados de regreso a sus países y con la incertidumbre de que dejan a familiares desamparados o en situación de dificultad. Ni las denuncias, ni las fotos, ni la carta redactada por Joshua Dawsey, quien viajó con Mike Pence (vicepresidente de EEUU) al centro de detención en McAllen -sí, en McAllen- son suficientes para moderar el discurso respecto a la migración del presidente Donald Trump.

Tras la celebración de la tercera edición del “Made in America” Product Showcase en la Casa Blanca -evento para impulsar la producción de bienes 100% manufacturados en el país- el presidente lanzó varias declaraciones en contra de congresistas demócratas aludiendo a que, si el país no les gusta, pues que se vayan. ¿Un error del presidente? Según la óptica con la que se vea: para aquellos del ala progresista, las declaraciones representan el supremacismo blanco en su máxima expresión. En cambio, para quienes forman parte del grupo más conservador de EEUU, el reclamo hecho por el presidente es claro y congruente con lo que desean para el país.

Cuando Alexandria Ocasio-Cortez, una de las aludidas por los comentarios de Trump, dice que el presidente las insulta con el único objetivo de distraer, tiene toda la razón: lo que él está tratando de hacer es tocar las fibras más profundas de los nacionalistas blancos, de aquellos que viven fuera de las grandes ciudades y que son sus principales votantes. No hace falta más que mirar el mapa por distrito de las elecciones de 2016 para darse cuenta de que, con excepción de las metrópolis, el resto del país se pintó completamente de rojo, especialmente en entidades asociadas con la cultura rural y conservadora que defiende los valores más tradicionales del país.

La obsesión del presidente con el tema de los orígenes es el reflejo del racismo endémico de los Estados Unidos. Es común que un ciudadano estadounidense opte por primero identificarse a sí mismo según el estado al que pertenece, o bien mencione su origen étnico o el de sus familiares. Es común ver en programas de televisión y cine discusiones al respecto: no importa que los personajes hayan nacido en el país y tampoco importa la cantidad o el tipo de logros que tengan. Lo importante -y lo que siempre sale a relucir- es el origen de los antepasados y cómo esto puede distinguir a priori las cualidades de unos respecto a las de los otros.

“Juro solemnemente que apoyaré y defenderé la constitución de los Estados Unidos de todos los enemigos, extranjeros o domésticos […] y que obedeceré las órdenes del presidente y de mis oficiales superiores”, declaran todos los que se enlistan en las fuerzas armadas. Para Trump, el enemigo es el migrante; el migrante que cosecha los alimentos, el que trabaja en las maquiladoras y el que se encarga de que muchos de los servicios del país funcionen. Ve como potenciales enemigos a los migrantes que se asentaron en el país porque, según sus palabras, ellos son la puerta de entrada a drogas, crimen y violadores, como alguna vez lo dijo de nosotros los mexicanos. El enemigo es aquél que duda de su autoridad como presidente y que desafía el statu quo.

No importa si el migrante toma un arma y representa los intereses de una nación que se niega a reconocerle como hijo suyo. Lo que importa -tal como lo dijo el presidente- es que sepa que, si no es feliz, se puede ir. Que sepa que está bien si nunca vuelve y que nadie lo va a extrañar

Concuerdo con Ocasio: “usted tiene una mente racista en su cabeza y un corazón racista en su pecho”, señor Trump.

Grupo Secreto de la Border Patrol en Facebook tenía burlas y amenazas contra inmigrantes, congresistas

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La Casa Blanca y su política migratoria se encuentran en apuros una vez más, esta vez con duras críticas por parte de los demócratas.

Una investigación dio a conocer que oficiales de la policía migratoria (Border Patrol) estadounidense tenían un grupo secreto en Facebook, donde estos compartían chistes, memes y más sobre los peligros que viven los inmigrantes que cruzan a diario la frontera sur de los EE.UU. Así mismo, incluían en los chistes (y llegaban hasta a amenazar) a miembros demócratas del Congreso norteamericano, sobre todo a aquellos que más han criticado la situación en la frontera.

Una de las amenazas más concretas fue la de “arrojar burritos” a los congresistas demócratas que harían una inspección de las facilidades fronterizas en El Paso y Clint, Tejas. Finalmente, el contenido más controversial era una imagen sexualmente vulgar contra la diputada del Bronx, Alexandria Ocasio-Cortez, que hizo público su sentir en Twitter al llamar a las fuerzas fronterizas “una agencia deshonesta.”

En una de las conversaciones del grupo, los miembros del grupo se burlaban, indiferentes, de la noticia de un joven guatemalteco de 16 años que murió custodiado en Weslaco, Tejas. A esto se le unieron comentarios hechos por los demócratas acerca de un testimonio de un inmigrante que se vio forzado a beber agua de un inodoro.

La jefa del Border Patrol, Carla Provost, ya declaró públicamente que cualquier integrante identificado en ese grupo sería hecho responsable. Afirmó que “no hay absolutamente ninguna excusa para este tipo de comportamiento inapropiado.”

Éste es un caso más de miembros de los cuerpos policiales, sean retirados o activos, tomando parte de grupos con contenido xenófobo y sexista. Una investigación anterior reveló que cientos de estos elementos se mueven constantemente en grupos turbios en línea, inclusive aquellos relacionados con movimientos de supremacía blanca.

(Fuentes: New York Times y ProPublica)

Cine político: la nueva tendencia

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Si antes decían que a las personas no les interesaba la política o que se les hacía aburrida, hoy podríamos decir que es todo lo contrario. La política, además de tratarse de todo lo relativo a la actividad entre individuos, la gestión de los recursos y la administración de los servicios y bienes públicos, ahora cada vez más se está convirtiendo en un producto. Y vende mucho y gusta y entretiene y la gente sigue pidiendo más.

Hace unas semanas se estrenó en Netflix el documental Knock Down the House cuya principal protagonista es Alexandria Ocasio-Cortez. En él se exhiben fragmentos del recorrido que atravesó la demócrata para vencer en las primarias de 2018 a Joseph Crowley, uno de los candidatos con más peso dentro del partido. En él también se muestran las historias de Amy Vilela, Cori Bush, y Paula Jean Swearengin, quienes de igual manera son del ala más progresista de los azules.

Otro de los más recientes es el documental The Brink (Steve Bannon, el Gran Manipulador) que hace un recorrido por la reciente carrera política del asesor y ha causado muchísima controversia, pues hoy día Bannon es considerado uno de los principales artífices del resurgimiento de la extrema derecha tanto en Estados Unidos como en Europa, donde incluso ha asesorado proyectos y partidos políticos con bases neofascistas.

Y así como éstas existen muchas otras que seguramente nos son familiares (Vice, Brexit: The Uncivil War, House of Cards, Game Change, The West Wing, No). Todas estas películas, documentales y series nos hacen sentir como si estuviéramos ahí y nos enseñan una realidad que poco a poco nos estamos atreviendo a conocer: la política detrás de los discursos, de las reuniones, de la prensa; las formas que construyen a la política misma. ¿Y por qué es que nos llama tanto la atención?

Considero que parte importante de que las grandes productoras sigan apostando por mostrar este tipo de contenido sobre política tiene que ver con la facilidad de acceso a la información. A través de Internet tenemos acceso a todos los conocimientos básicos (fechas, lugares, etc.) y ello nos ha hecho evolucionar e interesarnos en los procesos: nos preguntamos cada vez más los porqués de las cosas y estamos dispuestos a indagar un poco más, ya sea por conocimiento propio o por tener un tema de conversación en alguna reunión. A la gente ya no le interesa sólo conocer los hechos, sino que quiere saber hasta el más mínimo detalle de las personas que estuvieron involucradas en todos estos acontecimientos.

La presencia de temas políticos en el cine no es para nada un fenómeno reciente, pero la estrategia para comunicarla es distinta a la de antes. En nuestro país, películas como La Ley de Herodes o El Infierno retrataban una realidad política adaptada a manera de sátira y con el propósito de generar incomodidad en la audiencia. En cambio, series como Historia de un Crimen: Colosio presentan a los individuos como si fueran personas comunes que también sufren las consecuencias de la vorágine de eventos alrededor suyo y que, sin saberlo, se convierten en protagonistas de la historia misma.

Siempre encontrando como positivo que el cine no sea visto sólo como un medio más de entretenimiento, me complace saber que hay interés en general por cuando menos conocer sobre este otro lado de la política del que usualmente no se conoce tanto. Pienso que, dentro de unos años, no nos debería sorprender si en el cine llegara a salir un documental protagonizado por Andrés Manuel, Tatiana Clouthier, Ricardo Monreal y compañía sobre la campaña de 2018. Más allá de si simpatizan o no con el Presidente, ¿a poco no les suena que después en Netflix les salga como sugerencia de contenido? ¿O anunciada en el cine a nivel nacional? Cuando salga, no se olviden de invitar a su servidor a verla.