Cambio de Paradigma

Comparte este artículo:

Si buscas resultados diferentes no hagas siempre lo mismo.
Albert Einstein
 

Es natural cuestionar lo desconocido, indagar en lo que no estamos acostumbrados, e incluso demeritarlo; ello radica en la costumbre y en la tradición de haber visto las cosas de la misma manera por décadas. 

Los cambios administrativos que se avecinan están en boca de todos. Los jerarcas de este país no conciben que las cosas se pueden hacer de manera distinta. La opinión pública, que ha demostrado velar por intereses particulares y ser aparato del Estado, no quiere entender que se acabó un modelo. La actual tesitura ha tocado fibras importantes y ha puesto en la agenda debates como la estrategia de seguridad pública y la continuidad de los altos salarios de funcionarios de primer nivel. La realidad es que el grueso de la población vive sumido en la inseguridad y con un ápice de esas cantidades estratosféricas. 

En la vida como en la política, la congruencia es un arma poderosa que avala futuras acciones. Las condiciones a los que nos llevaron pasadas administraciones y pasados paradigmas, fueron la principal causa para que AMLO obtuviera el bono democrático. Sin duda, predicar con el ejemplo es la estrategia pedagógica más acertada y acorde a las condiciones sociales y políticas que vive el país. 

Algunos tachan de intolerantes al electorado que favoreció al presidente electo, aseveran que el motor de cambio fue el odio y la intolerancia. Otros pensamos totalmente lo opuesto; la esperanza, el hartazgo y un proyecto cobijado por personas capaces, hicieron que el pasado 1 de Julio se lograra una victoria histórica; por primera vez la izquierda mexicana ganó la presidencia de la República y hoy tiene la oportunidad de seguir forjando nuevos derroteros. 

Los problemas apenas empiezan para un proyecto que ha marcado diferencia desde las campañas. La capacidad del futuro presidente y de su equipo se pondrán a prueba día con día frente a las olas de críticas que seguirán llegando. Finalmente, la voluntad es fundamental para encausar un programa de trabajo, que si se combina con buenos diagnósticos y con personas capaces se pueden lograr muchas cosas. El futuro nos dirá si nos equivocamos o no, sin embargo, ya hay un gran mensaje en todo esto; hemos ganado en materia institucional e histórica, y las señales previas a la toma de posesión vaticinan aires favorables para los mexicanos.

Amnesia Colectiva

Comparte este artículo:

El transcurso de la vida política nacional debería ser una reflexión histórica; un aprendizaje constante. No se puede saber qué pasará en el futuro, pero sí conocemos los sucesos del pasado. El futuro es impredecible; sin embargo, se puede construir, se puede tener una noción de él. Por ello, la responsabilidad de aprender de los errores recae en nosotros; sólo así no estaremos condenados a repetirlos.

No es necesaria la retórica tradicional para entender que las cosas pueden estar mejor, no son necesarios los tecnicismos en los discursos para comprender que el futuro le pertenece a la juventud mexicana.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional Electoral con fecha al 16 de marzo del presente año, la lista nominal (ciudadanos ya con su credencial de elector en mano) de jóvenes de 18 a 34 años engloba 35, 977, 402 millones de personas, es decir, el 40% de los electores son jóvenes y pueden definir la elección.  

Vivimos tiempos de incertidumbre. El inicio de las campañas electorales representa un ciclo de redefinición; la oportunidad de modificar los errores del pasado.

Hemos sido víctimas y testigos de la amnesia colectiva: Retrasamos el reloj años, consecuencia de una maquinaria imbatible, del despilfarro de dinero y de la lucha por el poder a expensas de todo. Ahora, el panorama resulta esperanzador. La desilusión, resultado del sexenio en curso, es el mayor dique del partido en el poder.

No podemos darnos el lujo de equivocarnos otra vez. El sentir colectivo se percibe, late con fuerza, se adentra en todos los estratos. Los jóvenes decidiremos la elección y tomaremos el futuro en nuestras manos.

El pueblo se ha equivocado, pero también ya se cansó. Tengo fe en que hemos aprendido de los tropiezos del pasado. Hoy me atrevo a decir que tenemos memoria colectiva.

Banalidad Millennial

Comparte este artículo:

A medida que nos relacionamos de manera abstracta, más nos alejamos del corazón de las cosas y una indiferencia metafísica se adueña de nosotros mientras toman poder entidades sin sangre ni nombres propios. Trágicamente, el hombre está perdiendo el dialogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida. 

Ernesto Sabato 

Existe una idea generalizada de que el éxito es cuantificable. Por el contrario, el éxito es personal, no es mercantil, es relativo; responde a la realización de objetivos individuales orientados por nuestras pasiones. Basta con ver el imperio de las redes sociales para entender el constructo social de la juventud.

No estamos exentos de los avances ocasionados por la globalización. En un marco de predominancia de las redes sociales y en donde la mercadotecnia juega un rol fundamental en la sociedad, es inevitable caer en la concepción equivoca del éxito. Sin embargo, el concepto que se tiene del éxito permite hacer una radiografía de la sociedad actual: En la juventud permea el miedo sobre la vocación; el individualismo sobre la fraternidad; el egoísmo sobre la solidaridad. 

Es sumamente complicado no caer en esa lógica. La hegemonía del mercado, que impone la necesidad de consumo es reflejo de ello. En tiempos de globalización desmesurada, los jóvenes somos los más vulnerables a seguir lineamientos impuestos por una sociedad de consumo; todo ello por pertenecer.

El sentido de pertenencia nos aleja de nuestra realidad personal. La visión de una vida feliz se resume a la adquisición de bienes materiales y a la aceptación de otros.

La banalidad millenial no es perenne. A pesar del panorama anteriormente expuesto, los avances tecnológicos y el constante flujo de información iluminan un futuro más equitativo. En política, por ejemplo, se respiran aires de cambio emanados de una juventud que aspira a mejores condiciones de vida y que poco a poco ha ido entendiendo que la colectividad, la otredad y la justicia deben imponerse en este México amorfo. Las formas de comportamiento se agotan cuando llega la decepción de la realidad.

AMLO y el neoliberalismo

Comparte este artículo:

Somos una juventud muy distinta a la de hace cincuenta años. Las condiciones globales han mostrado grandes avances. No hay parangón.

Nos rodean paradojas: con un clic estamos conectados con el mundo, pero a la vez atomizados en la sociedad; la tecnología politiza virtualmente, pero exenta a muchos de la organización popular presencial; hay abundancia de información, pero no toda es fidedigna.

Los jóvenes somos los que definiremos el futuro del país y este año es trascendental para ello. 

Dentro de la izquierda contemporánea es difícil situar proyectos o partidos en el espectro político. Las aspiraciones de las organizaciones de avanzada – dentro del escenario internacional actual – ya no son el socialismo ni el comunismo, salvo contadas excepciones. El contexto exige una lucha más tangible: disminuir la brecha de la desigualdad.

Lo que es un hecho – y para muchos una aberración – es que la importación del neoliberalismo en México en los ochentas, ha agudizado la situación de las mayorías y ha propiciado la corrupción. Basta con ver estadísticas del CONEVAL y el INEGI para corroborarlo. Ello se ve reflejado en los ánimos de los votantes y en las encuestas realizadas en la precampaña. La posición de AMLO como líder en esos ejercicios, responde al hartazgo de diferentes sectores de la población y al despertar de otros. Lo dijo Antonio Solá, el precursor de la campaña de un peligro para México: una gran parte del electorado votará con el estómago, respondiendo a sus emociones derivadas de la situación nacional. 

La pobreza y la corrupción son los grandes problemas de México. Hoy, los tres candidatos presidenciales plantean erradicarlos. La gran virtud de Andrés Manuel ha sido obligar a sus adversarios a poner en la agenda – con cifras – el costo y el combate a la corrupción. Cada quien plantea sus formas y, en todo caso, eso lo veremos en años posteriores, de acuerdo al resultado de los comicios.

Octavio Rodríguez Araujo cierra su libro Las izquierdas en México, planteando que la lucha de MORENA y Andrés Manuel es en contra del neoliberalismo y no más. Parece poco, pero será una ardua tarea para realizar si llegara a consagrarse como presidente electo.

La coyuntura es sumamente favorable para López Obrador, ya que no sólo involucra el resquebrajamiento del sistema político y económico mexicano sino un cambio de roles en los actores que antes eran fundamentales y que tanto lo dañaron en procesos pasados. El ejemplo más claro es la modificación que se ha dado en el impacto de los medios de comunicación tradicionales en años recientes – ya no penetran en el consciente de la población -. Por lo tanto, las redes sociales son el instrumento que puede definir el proceso electoral venidero.

Su reto está en canalizar la inconformidad generalizada y orientarla para conseguir adeptos: principalmente a la juventud que será el motor de transformación del país. Si lo logra, muy probablemente sea el próximo presidente de México.

Encuestas: Camino a las presidenciales

Comparte este artículo:

Está claro que el enemigo a vencer en las elecciones presidenciales es Andrés Manuel López Obrador. Ricardo Anaya y José Antonio Meade se juegan el segundo lugar para después plantear una estrategia que atraiga a los que pueden definir la elección: los indecisos.

Las encuestas presidenciales siempre dan de qué hablar. Es importante, antes de valorar sus resultados, escarbar un poco más; ver quién está detrás de ellas. Las experiencias de comicios previos han demostrado que cada candidato las utiliza para su beneficio, con fines estratégicos, ya que las encuestan repercuten en el ánimo y la percepción del electorado. Sin duda, son instrumentos que permiten orientar el voto de los indefinidos y que pronostican futuros escenarios. Sin embargo, el que paga la realización de las encuestas generalmente se ve favorecido.

De acuerdo a las encuestas realizadas el mes de enero del presente año, la intención del voto varía según empresa encuestadora. Por ejemplo, para Buendía y Laredo, Anaya prácticamente le pisa los talones a Andrés Manuel, mientras que Meade se sitúa en el tercer puesto. Para Suasor Consultores existe un empate técnico entre AMLO y Meade. Finalmente, Arias Consultores, quienes utilizaron una metodología diferente – se encuestó en redes sociales y se excluyó a quienes son partidarios de Andrés Manuel y Morena – posiciona a López Obrador en la cúspide con una ventaja muy amplia sobre Meade que aparece en la segunda posición.

Bajo este panorama, ¿Qué hará la derecha? Las estrategias Goebbelianas están caducas. El cambio en el discurso, el hartazgo generalizado, las gestiones grises de ambos partidos en el gobierno y la apertura e inclusión de elementos de diferentes corrientes ideológicas, han fortalecido más la figura del tabasqueño.

La verdadera disputa es por el segundo lugar. El que logre sacar una ventaja considerable del otro, será el que buscará atraer el voto de los indecisos para poder competirle al puntero. Una vez definido el segundo lugar, la derecha tendrá que revalorar sus estrategias si quieren preservar el poder. ¿Unirse? En este México kafkiano es difícil predecir los acontecimientos futuros.

Encuestas:

Suasor Consultores

http://www.suasor.com.mx/encuestas.php

Buendía y Laredo

http://www.buendiaylaredo.com/publicaciones/438/180126_EL_UNIVERSAL_B_L_REPORTE_ELECTORAL.pdf

Arias Consultores

https://www.youtube.com/watch?v=Fa-XKRR2XbM

Las elecciones presidenciales y los independientes

Comparte este artículo:

La política nos compete a todos. El hartazgo que se huele, que se percibe, deriva de haber dejado la toma de decisiones en manos de grupúsculos, por décadas. En consecuencia, se ha generado una serie de cambios políticos y electorales a nivel nacional que fomentan la integración del ciudadano común en la participación política.  

No se puede obviar la trascendencia histórica del partido. A inicios del siglo pasado y durante su transcurso, no se visualizaba aspirar a un cargo de elección popular desde alguna otra plataforma. En la actualidad, esa figura se ha ido degradando.

En escenarios como el mexicano, donde la política ha sido mayormente tema de unos cuantos y en el cual día con día se desvirtúa esa vocación, el partido es un elemento agotado por la misma historia.  Tras una vida política basada en un partido predominante, pareciera difícil vislumbrar un ejercicio electoral sin dichas organizaciones.

La conformación de MORENA, por ejemplo, resulta anacrónica; sin embargo, la realidad es que para formar una estructura con oportunidades concretas de gobernar aún se requiere del apoyo del partido.

Las intenciones ciudadanas por participar se incrementan junto con el descontento hacia los partidos y los políticos tradicionales. Las experiencias del “Bronco” y de Pedro Kumamoto, por mencionar algunas, permiten generar un micro diagnóstico de lo que ha sido esta travesía.

El papel de Jaime Heliodoro Rodríguez, como gobernador de Nuevo León, se ha catalogado por muchos como gris, contraria a la actuación de Kumamoto. La relatividad de los resultados radica en las dimensiones de los campos de acción y en la voluntad del funcionario. Desde mi parecer son más factibles las candidaturas independientes en el ámbito local, ya que es ahí donde hemos visto sus expresiones. Empero, las figuras ciudadanas aparecerán en las boletas para la presidencia del país.

Actualmente los partidos están agregando a sus filas a “ciudadanos” para entrar en la dinámica que el mercado electoral requiere. Lo curioso es que la mayoría de los candidatos de ese corte, tienen experiencias partidistas previas.

El caso más simbólico es el de José Antonio Meade Kuribreña quien encabeza el proyecto político del Partido Revolucionario Institucional y la coalición “Meade ciudadano por México”; es verdad que el “señoritingo” como lo llamó Andrés Manuel López Obrador, no tiene afiliación partidista, lo cual reafirma que es el candidato de la continuidad del proyecto neoliberal y no propiamente de la tradición priista.

Ante la desesperanza y los desoladores posicionamientos en diferentes encuestas, gracias a su gestión federal, el PRI optó por “ciudadanizar” a su representante en aras de levantar los ánimos nacionales. No obstante, los resultados han sido magros; Meade no levanta y según algunos no levantará. Es un hecho que no se puede menospreciar a un partido con tanta experiencia en la parafernalia electoral, por ello las cúpulas priistas apuestan a su voto duro y al surgimiento de candidatos independientes que dividan el voto del Frente Amplio Democrático y de AMLO; es decir, a la fracturación del voto.

Otro ejemplo relevante es el de Margarita Zavala, quien, tras 20 años de militancia en el Partido Acción Nacional, busca la obtención de firmas requeridas por el INE para inmiscuirse en la contienda presidencial. Habría que pecar de ingenuidad para pensar que dichos “candidatos” representan verdaderamente una candidatura independiente.

Finalmente, para votar en los próximos comicios es necesario valorar la historia nacional, analizar cuidadosamente los perfiles de los candidatos, pensar en las futuras generaciones y no dejarse llevar del todo por el fervor de las candidaturas independientes. Todavía quedan hombres de valía dentro de los diversos partidos políticos y hasta hoy, en esta creciente era de participación, los perfiles ciudadanos no han sido la panacea. Creo, falta camino por recorrer en esa área.