Encuestas: Camino a las presidenciales

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Está claro que el enemigo a vencer en las elecciones presidenciales es Andrés Manuel López Obrador. Ricardo Anaya y José Antonio Meade se juegan el segundo lugar para después plantear una estrategia que atraiga a los que pueden definir la elección: los indecisos.

Las encuestas presidenciales siempre dan de qué hablar. Es importante, antes de valorar sus resultados, escarbar un poco más; ver quién está detrás de ellas. Las experiencias de comicios previos han demostrado que cada candidato las utiliza para su beneficio, con fines estratégicos, ya que las encuestan repercuten en el ánimo y la percepción del electorado. Sin duda, son instrumentos que permiten orientar el voto de los indefinidos y que pronostican futuros escenarios. Sin embargo, el que paga la realización de las encuestas generalmente se ve favorecido.

De acuerdo a las encuestas realizadas el mes de enero del presente año, la intención del voto varía según empresa encuestadora. Por ejemplo, para Buendía y Laredo, Anaya prácticamente le pisa los talones a Andrés Manuel, mientras que Meade se sitúa en el tercer puesto. Para Suasor Consultores existe un empate técnico entre AMLO y Meade. Finalmente, Arias Consultores, quienes utilizaron una metodología diferente – se encuestó en redes sociales y se excluyó a quienes son partidarios de Andrés Manuel y Morena – posiciona a López Obrador en la cúspide con una ventaja muy amplia sobre Meade que aparece en la segunda posición.

Bajo este panorama, ¿Qué hará la derecha? Las estrategias Goebbelianas están caducas. El cambio en el discurso, el hartazgo generalizado, las gestiones grises de ambos partidos en el gobierno y la apertura e inclusión de elementos de diferentes corrientes ideológicas, han fortalecido más la figura del tabasqueño.

La verdadera disputa es por el segundo lugar. El que logre sacar una ventaja considerable del otro, será el que buscará atraer el voto de los indecisos para poder competirle al puntero. Una vez definido el segundo lugar, la derecha tendrá que revalorar sus estrategias si quieren preservar el poder. ¿Unirse? En este México kafkiano es difícil predecir los acontecimientos futuros.

Encuestas:

Suasor Consultores

http://www.suasor.com.mx/encuestas.php

Buendía y Laredo

http://www.buendiaylaredo.com/publicaciones/438/180126_EL_UNIVERSAL_B_L_REPORTE_ELECTORAL.pdf

Arias Consultores

https://www.youtube.com/watch?v=Fa-XKRR2XbM

Las elecciones presidenciales y los independientes

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La política nos compete a todos. El hartazgo que se huele, que se percibe, deriva de haber dejado la toma de decisiones en manos de grupúsculos, por décadas. En consecuencia, se ha generado una serie de cambios políticos y electorales a nivel nacional que fomentan la integración del ciudadano común en la participación política.  

No se puede obviar la trascendencia histórica del partido. A inicios del siglo pasado y durante su transcurso, no se visualizaba aspirar a un cargo de elección popular desde alguna otra plataforma. En la actualidad, esa figura se ha ido degradando.

En escenarios como el mexicano, donde la política ha sido mayormente tema de unos cuantos y en el cual día con día se desvirtúa esa vocación, el partido es un elemento agotado por la misma historia.  Tras una vida política basada en un partido predominante, pareciera difícil vislumbrar un ejercicio electoral sin dichas organizaciones.

La conformación de MORENA, por ejemplo, resulta anacrónica; sin embargo, la realidad es que para formar una estructura con oportunidades concretas de gobernar aún se requiere del apoyo del partido.

Las intenciones ciudadanas por participar se incrementan junto con el descontento hacia los partidos y los políticos tradicionales. Las experiencias del “Bronco” y de Pedro Kumamoto, por mencionar algunas, permiten generar un micro diagnóstico de lo que ha sido esta travesía.

El papel de Jaime Heliodoro Rodríguez, como gobernador de Nuevo León, se ha catalogado por muchos como gris, contraria a la actuación de Kumamoto. La relatividad de los resultados radica en las dimensiones de los campos de acción y en la voluntad del funcionario. Desde mi parecer son más factibles las candidaturas independientes en el ámbito local, ya que es ahí donde hemos visto sus expresiones. Empero, las figuras ciudadanas aparecerán en las boletas para la presidencia del país.

Actualmente los partidos están agregando a sus filas a “ciudadanos” para entrar en la dinámica que el mercado electoral requiere. Lo curioso es que la mayoría de los candidatos de ese corte, tienen experiencias partidistas previas.

El caso más simbólico es el de José Antonio Meade Kuribreña quien encabeza el proyecto político del Partido Revolucionario Institucional y la coalición “Meade ciudadano por México”; es verdad que el “señoritingo” como lo llamó Andrés Manuel López Obrador, no tiene afiliación partidista, lo cual reafirma que es el candidato de la continuidad del proyecto neoliberal y no propiamente de la tradición priista.

Ante la desesperanza y los desoladores posicionamientos en diferentes encuestas, gracias a su gestión federal, el PRI optó por “ciudadanizar” a su representante en aras de levantar los ánimos nacionales. No obstante, los resultados han sido magros; Meade no levanta y según algunos no levantará. Es un hecho que no se puede menospreciar a un partido con tanta experiencia en la parafernalia electoral, por ello las cúpulas priistas apuestan a su voto duro y al surgimiento de candidatos independientes que dividan el voto del Frente Amplio Democrático y de AMLO; es decir, a la fracturación del voto.

Otro ejemplo relevante es el de Margarita Zavala, quien, tras 20 años de militancia en el Partido Acción Nacional, busca la obtención de firmas requeridas por el INE para inmiscuirse en la contienda presidencial. Habría que pecar de ingenuidad para pensar que dichos “candidatos” representan verdaderamente una candidatura independiente.

Finalmente, para votar en los próximos comicios es necesario valorar la historia nacional, analizar cuidadosamente los perfiles de los candidatos, pensar en las futuras generaciones y no dejarse llevar del todo por el fervor de las candidaturas independientes. Todavía quedan hombres de valía dentro de los diversos partidos políticos y hasta hoy, en esta creciente era de participación, los perfiles ciudadanos no han sido la panacea. Creo, falta camino por recorrer en esa área.