El ‘Doing Business’ debe importarnos

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Hace un tiempo escribía en estas páginas sobre los índices del bienestar de mayor relevancia como el Índice de Desarrollo Humano, el Índice de Progreso Social o incluso el Producto Interno Bruto (relevante para la toma de decisiones en política económica). En esta ocasión toca un índice que pasa por alto muchas veces en la academia, mas no así en el mundo de los negocios, vital dentro del marco de la globalización.

El Doing Business, uno de los informes anuales más importantes que realiza el Banco Mundial. Tal como su nombre lo dice, trata de medir la facilidad con la que se hacen negocios en un país (entre 190) y en determinadas ciudades.  Está basado en leyes y reglamentos que existen en cada uno de los países y mide las regulaciones que afectan directamente a las empresas, aunque deja de lado cuestiones generales como la infraestructura, proximidad a grandes mercados, la delincuencia o la inflación. 

La clasificación de los países en el DB va del 1 al 190, siendo que más próxima a 1 las regulaciones en dicho país facilitan la apertura de negocios y sus actividades. 

Está compuesto por diez subindicadores: Apertura de un negocio, manejo de permisos de construcción, obtención de electricidad, registro de propiedades, obtención de crédito, protección de los inversionistas minoritarios, pago de impuestos, comercio transfronterizo, cumplimiento de contratos, resolución de insolvencia.

Al título de este texto ¿Por qué es importante? 

Una vez superado el discurso del Estado como principal generador de empleos, entendemos la virtud de la iniciativa privada. Los negocios proporcionan empleos, generan ingresos para el gobierno, crean población capacitada para atender las necesidades del mercado e inclusión financiera. 

La facilidad para hacer negocios no solo se da para los productores nacionales, si no también para los extranjeros. El DB suele ser el indicador principal al evaluar la posibilidad de invertir en México. Esta facilidad dinamiza la captura de inversión extranjera. Además de los beneficios antes mencionados, las empresas extranjeras traen consigo nuevas tecnologías en los sectores que invierten. 

Además para la economía, cuando los sistemas, procesos, normas y regulaciones son amigables para los negocios, la creación de estos se hace más fácil no solo para las grandes empresas sino también para las más pequeñas que tienen menos capital y recursos a su disposición. Uno de los objetivos del DB es ese, estimular la reducción de regulaciones para dinamizar entornos locales. Al crear un entorno económico abierto y justo, la facilidad para hacer negocios puede beneficiar a las empresas y a los ciudadanos locales de la siguiente manera:

Con menos corrupción 

Aquellos lugares donde la regulación es más estricta suelen tener altos índices de corrupción. Pequeños negocios recurren a la informalidad para llevar a cabo sus operaciones, con menor protección a las condiciones laborales y mayor vulnerabilidad a las crisis económicas. Los canales oficiales también enfrentan vulnerabilidad a la corrupción. La simplificación del proceso para las empresas beneficia en este sentido tanto al sector privado como al público. 

Con acceso a oportunidades económicas 

Las pequeñas y nuevas empresas ven más fácil lidiar con permisos de construcción, electricidad, registros de propiedad, créditos, impuestos, contratos, etc. Quitar la mayor burocracia posible evita obstáculos que suelen impedir el avance de estos negocios o en últimas instancias el cierre de estos perjudicando a las economías locales.

Con costos de transacción más bajos 

Menos pasos en el proceso de establecer un negocio puede ayudar a las pequeñas y medianas empresas a administrar sus recursos financieros y crédito, así como en las operaciones del negocio ya establecido. 

Es necesario continuar con esta cultura del emprendimiento, común en el norte de México y las zonas metropolitanas, pero muy atrasada en el sur del país y algunos lugares del centro.  La pregunta clave es ¿Cómo transmitimos esto a la mayor parte de la población? 

Si tomamos en cuenta que México se encuentra en el lugar 54 del DB, Canadá en el 22 y Estados Unidos en el 8. Debemos tener como meta avanzar lo más posible en los próximos años y ponernos a la altura de la competitividad en la región norteamericana.

Dato: El Top Ten del Doing Business lo conforman Nueva Zelanda, Singapur, Dinamarca, Hong Kong, Corea del Sur, Georgia, Noruega, Estados Unidos, Reino Unido y Macedonia.

Terror y temblor

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El terror se hizo presente el sábado pasado en El Paso, Texas, dentro de un establecimiento comercial. El 3 de agosto de 2019 será recordado como la fecha en que ocurrió uno de los actos más viles contra la población mexicana en los Estados Unidos. 

Patrick Wood Crusius, un joven de 21 años armado con un AK47 abrió fuego contra los presentes en aquella tienda con una cosa en mente: Matar a la mayor cantidad de mexicanos posible. El joven universitario condujo su automóvil durante 9 horas desde Dallas para materializar lo que una mente enferma trazaba en sus pensamientos, y al momento de escribir, 8 ciudadanos mexicanos han perdido la vida a consecuencia del acto. 

Crusius señalaba en una publicación hecha minutos antes, que se trataba de un acto contra la invasión hispana en los Estados Unidos (¿sabía que el suelo que pisaba fue territorio hispano?), que se oponía al ‘reemplazo étnico y cultural’ y que debía salvar el estilo de vida americano, entre otras cosas.

Los motivos de Crusius tenían también profundas implicaciones políticas, acusaba que los demócratas pretenden acelerar la ciudadanización de los hispanos para captar esos votos y así, hacerse de Texas y ganar todas las elecciones presidenciales venideras. 

El asesino manifestó también que era un incentivo para que los hispanos regresaran a sus países de origen y esto, a su vez, podría afectar fuertemente a las ciudades fronterizas del sur de los Estados Unidos. 

Es verdad, ¿cuántos de nosotros viajaremos a Texas con este suceso en mente o dudaremos en hacerlo? Buena parte de la economía de estas ciudades se da por el turismo y la compra de bienes y servicios de los ciudadanos del norte de México en aquel territorio y esto lo saben bien los comerciantes y autoridades, por ejemplo, ¿Quién no ha visto los anuncios sobre visitar y hacer compras en Laredo o McAllen?

Lo ocurrido representa también un reto a la cancillería, desde el grupo de apoyo formado por los consulados cercanos a El Paso, que no han descansado desde el evento hasta el efecto que pueda tener en la relación con Washington.

El temblor se sintió en la Casa Blanca, moviendo el tapete de la estrategia de cara a las elecciones presidenciales de 2020. La matanza en El Paso no fue la única durante el fin de semana, en Dayton, Ohio ocurrió otro suceso donde al menos nueve personas han muerto, en su mayoría afroamericanos. 

La gente en redes ya atribuye como principal detonante el discurso incendiario de Donald Trump que en su momento lo llevó a la máxima silla del poder ejecutivo estadounidense y su posicionamiento a favor de mantener intacta la Segunda Enmienda que otorga el derecho de poseer y portar armas. 

Los hechos son incluso tan contraproducentes para la causa republicana (uno de los motivos expresos de Crusius en Texas) que el mismo Donald Trump declaró en la Casa Blanca que el país debe condenar “a una sola voz el racismo, el fanatismo y el supremacismo blanco”, eso sí, sin hablar del muro o el tema de las armas. En contraste, personajes que buscan la candidatura presidencial demócrata se han manifestado para cambiar la Segunda Enmienda, como el originario de El Paso, Beto O’Rourke quien califica a Trump de nacionalista blanco. 

La Cancillería de Ebrard

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El piso 22 de Relaciones Exteriores se encuentra más activo que en otras épocas. Ante el poco interés que el Presidente Andres Manuel le ha dado a los asuntos internacionales, Marcelo Ebrard se ha convertido en una especie de Primer Ministro, la cara visible del gobierno mexicano en el exterior, asistiendo a los eventos internacionales más importantes como el G20, las Cumbres de Alianza del Pacífico, entre otros. 

Empujando la agenda de México en las mesas de negociaciones, tomando liderazgo a nivel sub Contintente, a tal grado que recientemente los países latinoamericanos han aprobado la candidatura de nuestro país para formar parte del próximo período 2020-2021 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el más importante de dicho organismo (Si no es que el único relevante?) encargado expresamente de la paz mundial.

Algunos decían que Relaciones Exteriores en este sexenio no sería un reflector, precisamente por el idealismo tan profundo de AMLO en la política social dentro del país y que los asuntos internacionales se veían relegados a segundo plano. Pero Ebrard ha sabido darle brillo, producto precisamente de ese rol al que se ha visto ‘obligado’ a tomar y en buena medida a la próxima campaña presidencial en los Estados Unidos que lo ha puesto a trabajar intensamente.

Y es que la amenaza de los aranceles y el tema migratorio (partes del discurso electoral de Trump) son al momento los temas más importantes con las que el Canciller ha tenido que lidiar.  No es para menos, lo primero puede trabar las buenas relaciones comerciales que han dinamizado al norte del país, así como retrasar o complicar la ratificación del T-MEC en los legislativos, lo segundo, un tema humanitario que tiene impactos económicos, sociales, culturales y por supuesto, políticos. 

Recién el fin de semana pasado, Mike Pompeo, Secretario de Estado norteamericano se reunió con Ebrard para dar cuenta de los resultados a los que el gobierno mexicano se había comprometido, una reducción de más del 40% en el flujo migratorio a territorio estadounidense, a fin de no recibir las sanciones que señalaba Trump. 

El resultado: Prueba pasada por Ebrard y compañía, no solo se llegó a dicho porcentaje, si no que Ebrard logró separar el tema comercial del migratorio, se dice, en la reunión no se dijo ni pío de los aranceles. Se descartó la posibilidad de convertirnos en ‘tercer país seguro’ y además Washington se ha comprometido a reducir el tráfico de armas con operativos en su frontera sur. 

El Canciller mexicano también puso sobre la mesa el tema del Chapo, en concreto, el destino de su fortuna, se acordó que esta se dividirá para ambos países. Curioso, pues mientras un país pone el consumo y las armas, el otro la producción y los muertos. 

Un último aplauso a Marcelo, por fin un alto funcionario hablo del daño a la imagen, la cultura y la sociedad mexicana que producen las Narcoseries. Bravo. 

Dato: Salvador García Soto ventiló que Ebrard suena para la Secretaria de Gobernación, se dice que la poca capacidad operativa de Sánchez Cordero ha puesto a AMLO a pensar en un sustituto para finales de año. De ser así, ¿Será que Ebrard dejará el brillo internacional por la operación política nacional?, ¿Cuál será la mejor posición para la sucesión?… estará pensando. 

Análisis del acuerdo Mercosur-Europa

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Después de años de estancamiento el Mercosur ha revivido, el bloque comercial integrado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela (actualmente suspendido) llegó a un histórico acuerdo con la Unión Europea durante la Cumbre del G-20 en Japón. 

Lo de revivir no es para menos, tras la caída de la marea rosa en Sudamérica y la incertidumbre de los mercados financieros, el Mercosur experimento una debacle que llevo a que los propios países miembros redujeran las transacciones entre ellos mismos, así como la penosa suspensión de Venezuela tras el desastre del proyecto bolivariano que obligó a Uruguay a no cederle la presidencia pro témpore. El Mercosur estaba, decían, próxima a su resquebrajamiento.

Pero el nuevo acuerdo le da nuevo aire al proyecto de integración, el hecho de contar ahora con un tratado comercial con su símil europeo muestra una imagen renovada, da el mensaje que la integración sigue siendo viable y traerá beneficios para estos países no solo en el terreno económico-comercial, también en el político (para los jefes de Estado en turno y sus partidos).

Respecto a lo primero, la evidencia internacional demuestra que cuando un país en desarrollo firma un acuerdo con la Unión Europea, en el período posterior se registra un fuerte incremento en los flujos de inversión extranjera directa, como fue el caso de México tras la aprobación del TLCUEM. En este caso, la creación de un mercado de 770 millones de personas que conforman los países de ambos bloques crea una alta expectativa para los inversores sobre tierras sudamericanas. 

Así mismo, tanto argentinos, brasileños, paraguayos y uruguayos verán beneficiadas sus exportaciones minerales y del sector agropecuario, principales productos de la región para el mercado europeo, haciendo hincapié en el cárnico. 

Por el lado político, Argentina y Uruguay vivirán procesos electorales para la presidencia en este año y la bandera del acuerdo será ondeada por los negociadores durante toda la campaña.

Macri, presidente de Argentina y actual presidente pro temporé del Mercosur venderá al máximo su liderazgo internacional en la negociación, el mensaje del liberalismo económico logrado con el acuerdo y las posibilidades que tendrá la población con este, en contraste al pasado cerrado y localista del kirchnerismo. 

En Uruguay, Tabaré Vásquez no disfrutaría beneficio político salvo para alguna medición de popularidad, pues se auto descartó para una eventual reelección, sin embargo, a su partido el Frente Amplio le viene bien este suceso histórico para sacudirse el desgaste de 14 años en el gobierno y presentar una imagen de apertura al mundo (una demanda que ha ganado terreno sobre todo en los jóvenes), internamente los moderados se verán beneficiados y podrían tener mano para elegir candidato oficial. 

Para Brasil es una muestra de que Bolsonaro va fuerte en su proyecto de reformar todo lo que hizo el PT durante su estadía en el Palacio del Altiplano, sobretodo en el modelo económico, apostando a una mayor exposición al libre mercado. 

Cabe destacar que si bien el acuerdo ha sido firmado por las partes, aún falta la aprobación legislativa en cada país involucrado, los resultados políticos serán inmediatos, los económicos podrían tardar un tiempo.

El caso Venezuela

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A nadie que sigue los sucesos políticos internacionales le ha tomado por sorpresa los recientes acontecimientos en Venezuela, se veía venir. Lo único que faltaba era la aparición de un líder opositor que aglutinara esas fuerzas en un camino común y ese liderazgo encarnó en Juan Guaidó, Presidente de la Asamblea Nacional.  

Sin embargo surgió el debate sobre quién tenía legitimidad del ejecutivo venezolano, si Guaidó o Maduro. En el caso del primero, las potencias occidentales ya lo han respaldado, incluso dándole el acceso a las cuentas financieras de Venezuela en sus países. Por su parte, Maduro quien aún cuenta con todo el poder de facto en su territorio así como el control sobre los cuerpos militares, es respaldado por China, Rusia y los restos de la ‘marea rosa’ en Latinoamérica.  

Pero aquí hay que dejar algo claro, los países que apoyan a una u otra de las facciones actúan bajo sus propios intereses más allá de si es verdad o no su preocupación por la democracia y los derechos humanos o la vulneración de la soberanía venezolana. 

Usted dirá que soy un insensible con los miles de venezolanos que están sufriendo en su país con el hambre y la violencia o los exiliados que en tierras lejanas no encuentran más que desempleo y racismo. Que debemos unirnos todos a apoyar a Guaidó en su lucha contra la dictadura. Pero la crítica la dirijo a ambos bandos. 

Regreso a mi argumento anterior.

Los Estados Unidos, de la mano de Trump ya han amenazado a Maduro con la intervención militar. Esto no sería una sorpresa pues los norteamericanos tienen en su haber 37 intervenciones en la región desde inicios del siglo pasado. Incluyendo el financiamiento del Golpe de Estado a Chávez en 2002, sin que por aquel entonces hubiera crisis humanitaria, pero si un incremento en el precio mundial del petróleo.

Así mismo, los países sudamericanos que han apoyado a Juan Guaidó tienen en mente más que la situación humanitaria en su vecino, la situación política dentro de su territorio, sobre todo en lo relacionado con el éxodo de venezolanos. Estar a favor de Maduro los golpearía en su índice de aprobación y futuras elecciones, porque tiene un impacto importante en la seguridad y el empleo, entre otras cosas. Como ejemplo, de acuerdo a las Naciones Unidas 600,000 venezolanos han llegado a Colombia, 120,000 a Chile, 57,000 a Argentina, 39,000 a Ecuador, 36,000 a Panamá, 35,000 a Brasil y 26,000 al Perú. Por experiencia personal, en mis viajes de estudio y trabajo a Chile y Uruguay respectivamente, me tocó ver a mucha población venezolana. 

Por otro lado el apoyo de China a Nicolás Maduro corresponde en mayor medida a la protección de sus intereses económicos, el crédito que han otorgado de 50,000 millones de dólares a cambio de reservas de crudo y participación en los proyectos de infraestructura estarían en jaque si un gobierno opositor pro Occidente llega al Palacio de Miraflores.

Para Rusia también es fundamental la continuidad de la Revolución Bolivariana, es uno de los principales proveedores de armamento al régimen y han hecho grandes inversiones en este país, siguiendo la misma lógica que los chinos. 

Del mismo modo, la neutralidad de Uruguay responde una estrategia de gobierno con miras a las elecciones presidenciales de octubre, el Frente Amplio (conjunto de partidos de izquierda en el gobierno) se encuentra dividido entre los que apoyan el régimen venezolano y aquellos que apuestan por cortar sus vínculos con Maduro (fueron los que presionaron para que la presidencia del Mercosur que dejaba Uruguay no se entregara a Venezuela). En orden de mantener la unión con miras al proceso electoral, lo más coherente era optar por la neutralidad.

Ahora bien, en este contexto, con las grandes potencias involucradas, no es descabellado pensar que ocurra una guerra civil. Si bien se ‘destapó’ que los estadounidenses enviaran 5,000 efectivos a Colombia para el inicio de una eventual intervención y apoyo a la oposición, hay que recordar que las Fuerzas Armadas Bolivarianas cuentan con 500,000 hombres, muchos de ellos completamente leales al régimen, pues este se ha encargado de otorgarles muchos privilegios, mismos que no estarían dispuestos a perder de la noche a la mañana. Así mismo, Maduro ha declarado que está organizando a los civiles en ‘Unidades Populares de Defensa’, con la esperanza de movilizar a 2 millones de ciudadanos si ocurre un conflicto armado. 

Dirán que me olvido de la posición de México, pero dejaba esto para el final. Es cierto, el gobierno hace lo correcto al hacer uso de sus principios constitucionales, uniéndose a las Naciones Unidas y Uruguay. Esto le permite un rol protagónico en la mediación del conflicto, pues es la única potencia latinoamericana que ha tomado posición neutral. Cualquiera que sea el resultado final pondría a México y la Cancillería con un liderazgo regional para negociaciones futuras entre latinoamericanos. 

Así mismo, es muy probable que con el desgaste de la Revolución Bolivariana y el fin del Foro de Sao Paulo anunciado por Bolsonaro, la izquierda latinoamericana encuentre en México el refugio para fortalecerse con miras a una segunda marea rosa en la región. 

Apuntes sobre los indicadores del bienestar

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Los gobiernos alrededor del globo suelen competir acorde a una serie de indicadores que muestran el rendimiento que ha tenido su país en los últimos años, de esta forma se demuestra músculo ante los demás actores del escenario internacional o incluso compiten internamente con las administraciones anteriores para demostrar desde una óptica político electoral, que se vive mejor bajo su mandato.

Producto Interno Bruto

El indicador más común suele ser el Producto Interno Bruto (PIB), introducido por el economista Simon Kusnetz en 1934 en el reporte titulado “National Income 1929-1932”, mismo que entregaría al Congreso de los Estados Unidos durante la época de la Gran Depresión (1929-1939). El PIB tomaría la relevancia que tiene actualmente debido a que la medición sobre la productividad que ofrece, permitió que en ese entonces el gobierno de los Estados Unidos pudiera tomar decisiones que favorecieran precisamente la productividad y el empleo. Siendo una manera de ligar la economía con el bienestar es que se convirtió en el indicador por excelencia, pero a pesar de la necesaria información que nos revela, es insuficiente, pues se limita solo al terreno económico dejando a un lado aspectos de desarrollo social, medio ambientales o de calidad de vida.

Para el año 2017, estos fueron los 10 países (incluyendo a la Zona Euro) con mayor PIB:

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Comparativa del PIB anual a nivel mundial para el año 2017. Expansión / Datos Macro.

Por otro lado, el PIB per cápita nos da una noción de la distribución de esa productividad entre los habitantes de la población, de este modo damos cuenta del ingreso del habitante promedio en dicho país. Lo que supondría que al tener mayor renta, el habitante accede a mejores servicios y bienes que lo llevan al bienestar. La siguiente tabla nos muestra los diez primeros países en esta variable en el año 2017: 

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Comparativa del PIB per cápita anual a nivel mundial para el año 2017. Expansión / Datos Macro.

Índice de Desarrollo Humano

En lo que representa un paso hacia adelante con respecto a la medición del bienestar, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) mediante el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) elabora desde el año 1990 lo que se conoce como Índice de Desarrollo Humano. 

Basado en las ideas de los economistas Amartya Sen y Mahbub ul Haq, este indicador nos presenta tres dimensiones fundamentales en la vida de todo ser humano: Salud, Educación y Riqueza.

La dimensión de la salud se calcula en base a la esperanza de vida al nacer, la dimensión de la educación se calcula de acuerdo a la tasa de alfabetización de adultos y la tasa bruta combinada de matriculación en educación primaria, secundaria y superior, así como los años de duración de la educación obligatoria y finalmente, la dimensión de la riqueza se mide conforme al PIB per cápita y la paridad de poder adquisitivo (PPA).

La siguiente tabla nos muestra a los primeros diez países en el IDH para el año 2016 (último año de medición): 

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Índice de Desarrollo Humano 2016. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

En esta tabla podemos ver que sólo 3 países que figuraban entre los primeros diez en la lista del PIB mundial aparecen entre los primeros diez del IDH: Estados Unidos, Alemania y Australia. 

Índice de Progreso Social

Ahora bien, estamos de acuerdo en que el IDH representa un mejor indicador de bienestar que solamente el PIB y a lo largo de los últimos años se ha convertido en un indicador esencial en el mundo como para los países, pero sigue dejando fuera elementos esenciales que permitirían visualizar la situación social de manera más objetiva. Por ejemplo, viendo la posición de México (77) en el IDH nos damos cuenta de que Cuba (68) y Venezuela (71), países que no son un precisamente un ejemplo en cuanto a desarrollo, están por encima de nosotros. De hecho, en octubre de 2015 tuve la oportunidad, junto a otros estudiantes, de dialogar con Amartya Sen, premio Nobel de Economía y uno de los principales ideólogos del IDH, le pregunté que si para el este indicador podía ser considerado como el definitivo a lo que respondió que no, era sólo una medición, que era necesario ir más allá. 

De este modo, llegamos al Índice de Progreso Social, un indicador que realiza la organización Social Progress Imperative, que si bien deja un lado el rol central de los aspectos económicos evalúa condiciones necesarias para el desarrollo individual y social de las personas. Este indicador utiliza tres dimensiones: Necesidades humanas básicas (NHB), Principios del Bienestar (PDB) y Oportunidades (O). En cuanto a NHB mide el acceso a la nutrición y cuidados médicos, acceso a agua y saniamiento y seguridad personal; PDB mide acceso a educación básica, acceso a información y comunicaciones, salud, ecosistema y sostenibilidad; Oportunidades mide derechos personales, libertad y elecciones personales, tolerancia e inclusión y acceso a educación superior.

La siguiente tabla nos muestra a los países más altos con respecto al IPS 2017:

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Países que figuran con Muy Alto Progreso Social en el IPS 2017.

En este sentido, el IPS pretende ser el indicador por excelencia para señalar el desarrollo tanto humano como social de las naciones del mundo y vaya que es un indicador muy completo. Pero el hecho de dejar de lado las variables económicas le restan peso al momento de ser utilizado para la comparación entre gobiernos. 

En el caso de México, nuestro país figura en los puestos 77 y 48 con respecto al IDH y al IPS respectivamente. Muy alejados de nuestros vecinos del norte, Estados Unidos en los puestos 11 y 18 y Canadá en los puestos 10 y 6, lo que explica en parte la migración de nuestros connacionales a estos países, donde se vive un mejor bienestar, plasmado en dichos indicadores.

Dejo el debate abierto, ¿Ustedes creen que estos indicadores son los adecuados para medir el bienestar?, ¿Qué otros utilizarían? ¿Realmente reflejan la realidad?

Referencias

  1. Datos del PIB mundial para 2017. Tomado de: https://datosmacro.expansion.com/pib 
  2. Datos del PIB per cápita mundial para 2017. Tomado de: https://datosmacro.expansion.com/pib 
  3. Página Oficial del PNUD sobre el Índice de Desarrollo Humano 2016. Tomado de: http://hdr.undp.org/en/2016-report 
  4. Resultados del Índice de Progreso Social 2017. Tomado de: http://www.socialprogressindex.com/results 

Los BRICS y el deporte como soft power

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Nacido por allá del 2009 como un bloque económico contrahegemónico, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) tuvieron un auge importante durante los primeros años de esta década, siendo sus integrantes países emergentes, con un mercado del 40% de la población, solidez política interna e incluso llegando a crear su propio banco de desarrollo como respuesta al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. 

A pesar de que en los últimos años la desaceleración de China, la crisis política en Brasil, la participación de Rusia en la coyuntura siria, entre otros sucesos, han hecho que el bloque como tal haya perdido fuerza en la arena internacional, el deporte ha ayudado a estos países a mantener y consolidar su presencia en el consciente público y sobre todo en la chequera de los turistas e inversionistas, como organizadores de competencias internacionales.

Basta recordar que China organizó los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, Sudáfrica la Copa del Mundo en 2010, Brasil la Copa del Mundo en 2014, Rusia los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi en 2014, Brasil los Juegos Olímpicos de Río en 2016, Rusia recién termina la Copa del Mundo 2018 y China organizará los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022.

De acuerdo al académico y geopolítico Joseph Nye, el soft power es una herramienta que utilizan los gobiernos con el fin de coaccionar de manera sutil a otros para lograr sus propósitos o posicionarse en el tablero internacional como un actor clave para la toma de decisiones. Una de las mejores maneras de ponerlo en práctica es mediante el deporte, entendido tanto el impacto que genera ganar una competición (ya sea un campeonato o medallas olímpicas) o la organización de un mega evento.

La ventana que ofrecen estas competiciones, ha servido para impresionar al mundo con la infraestructura que desarrollan, la logística precisa para la organización, mostrar la cultura, las ciudades y los paisajes nacionales, así como para proyectarse como un país fuerte, sólido económicamente, con una sociedad integrada, insertada en las dinámicas internacionales, el pujante desarrollo a futuro y finalmente como el foco de atención por cerca de más o menos un mes.

En conjunto, y mencionado con anterioridad, estos elementos elevan a los países organizadores como ejes del consciente público. Gracias a ello, se abre una serie de oportunidades valiosas para su posicionamiento a futuro que dependerá del gobierno en turno y los sucesores consolidar.

Venezuela y su rentabilidad electoral

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Hace no muchos años Venezuela era un país próspero, que mostraba resultados interesantes en cuanto al crecimiento económico, reduciendo la pobreza, acabando con el analfabetismo, creando universidades, ampliando los programas de vivienda y salud e invirtiendo como nunca antes en tecnología. Vaya, que a pesar de las críticas, se convirtió en un modelo que otros países sudamericanos esperaban emular, con sus propias particularidades.

Sin embargo, dos sucesos fueron determinantes para que todo eso cambiara, uno con impacto político, otro con impacto económico. En el primer caso, la muerte del presidente Hugo Chávez, permitió que la oposición resurgiera con dientes afilados frente a un liderazgo en principio débil de Nicolás Maduro. En el segundo caso, la caída del precio del petróleo entre 2013 y 2014, supuso una enorme pérdida de ingresos para sostener el modelo, ello, aunado a lo poco atractivo de invertir en el país era la receta para el caos social que ya estaba en marcha. 

Ahora, los medios nos presentan casi a diario situaciones extremas donde la realidad supera a la ficción. Enfrentamientos continuos entre ciudadanos y policías, enormes filas para conseguir alimento, mercados vacíos, precios estratosféricos, represión, desnutrición, y un largo etcétera.

Se ha convertido en el ejemplo del “desastre” y es utilizado en hispanoamérica durante los procesos electorales (o incluso propaganda perpetua) como un argumento fuerte contra todo movimiento o partido de izquierda que pretenda llegar al poder, aún que este no se acerque en lo económico o ideológico al proyecto de Chávez, ni al contexto ni características de Venezuela. 

Ejemplos sobran, en México, al candidato presidencial Andres Manuel López Obrador, vienen adjudicándole una amistad nunca comprobada con Hugo Chávez desde su primera candidatura en 2006, advirtiendo del peligro que representa el proyecto del tabasqueño. 

En el actual proceso electoral de Colombia también acusan frecuentemente a Gustavo Petro del Movimiento Progresistas y Sergio Fajardo, independiente, de tener cercanía con el régimen de Nicolás Maduro. En Ecuador, al actual presidente Lenin Moreno, de Alianza País, lo acusaban de chavista bolivariano. Lo mismo a Pepe Mujica y Tabaré Vásquez, ambos mandatarios uruguayos, aunque los doce años del Frente Amplio han demostrado resultados positivos de una izquierda diferente a la venezolana. También en España, al partido Podemos, encabezado por Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, lo han tratado de ligar constantemente al país sudamericano para desacreditarlo.

En Chile, me tocó vivir las elecciones presidenciales de diciembre del año pasado y el famoso ‘Chilezuela’ fue una losa muy pesada para el candidato oficial Alejandro Guillier de la Nueva Mayoría, lo que llevó a Sebastián Piñera a ganar la presidencia por segunda ocasión. 

Así pues, en una especie de soft power invertido, mientras Venezuela no se reponga de la crisis en la que se ha sumergido, su trágico ejemplo seguirá teniendo impacto internacional, utilizándose como advertencia del apocalipsis y evitando que las opciones de izquierda o centroizquierda lleguen al poder. 

Zarismo 2.0

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Si creíamos que la época imperial había terminado el siglo pasado, Rusia nos pone otro ejemplo de que estábamos equivocados, aunque con nuevos matices donde el capitalismo, el nacionalismo y la democracia reafirman un modelo autoritario, pero eficiente. 

El domingo pasado Vladimir Vladímirovich Putin fue reelecto con el 76.66% de los votos, seguido por el candidato del Partido Comunista, Pavel Grudinin, quedando considerablemente lejos del puntero al obtener sólo el 11,77% y un tercer sitio para Vladimir Zhirinovsky del Democrático Liberal.

Putin superó el porcentaje de votos en sus elecciones anteriores y éste será su cuarto mandato, con el que extiende su poder al 2024. Espacio de tiempo suficiente para modificar la ley y presentarse para un quinto mandato dentro de seis años.

Si regresamos a los números de la elección, podemos identificar un elemento importante del país más grande del planeta. 88% de los ciudadanos rusos prefieren vivir en un sistema autoritario, es decir, 9 de cada 10 personas consideran que la democracia liberal no tiene cabida en esta región. Con la experiencia entre la época zarista, el régimen soviético que los colocó como potencia mundial, seguido por el triste desempeño de Yeltsin en los noventa y el ‘Putinato’ que ha puesto a Rusia en los grandes planos, los rusos parecen estar cómodos con el orden que establece el autoritarismo, ceden la plena libertad por la seguridad y la estabilidad. 

Con ello podemos esperar que Vladimir Putin no sólo llegue a 2024 como uno de los líderes más poderosos del planeta, si no que extienda su mandato impulsado por la ‘voluntad’ de la mayoría de los rusos. El Zarismo 2.0 parece haber regresado a las tierras de Pedro el Grande.