La Taquería

#ElTalónDeAquiles: “Delirios de poder”

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El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Esta ilustre frase de Lord Acton es oportuna para abordar el grado de extravagancia al que puede llegar el dirigente adicto al poder. Olvídese a Maduro y su parodia revolucionaria. Quedará Venezuela por siempre en la penumbra, víctima de un ficticio complot. El país con las mayores reservas petroleras del mundo ni siquiera es capaz de generar con fiabilidad la electricidad que consume. Ignoremos también a Ortega, quien después de doce años en el poder, está dispuesto a retornar Nicaragua a la época de Somoza en una espiral de represión que no tiene fin. 

América Latina no es la única región en donde la fantasía a veces supera la realidad. El presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika nos regaló recientemente una joya que entrará en los anales del sinsentido político. El hombre de 82 años, electo por primera vez en 1999, en silla de ruedas desde 2013 (accidente cardiovascular), y quien no se expresa en público desde ese entonces, hizo saber en febrero que se presentaría por quita vez a las elecciones, cuya primera vuelta está prevista para el 18 de abril de 2019. Cualquier parecido con Joaquín Balaguer, quien obtuvo un quinto mandato al ganar las elecciones de República Dominicana en 1994, a sus 88 años, completamente ciego, es mera coincidencia.

Adelantándose a las críticas, Bouteflika prometió invitar a las fuerzas políticas, económicas, y sociales del país a una conferencia nacional. El presidente argelino puede ser el arquitecto de la paz que goza el país luego del fin de la cruenta guerra civil (1991-2002), pero el desempleo es alto, el poder de los militares importante, y las percepciones de corrupción, altas. Argelia ocupa el lugar 105 (sobre 180) en la edición 2018 del ranking de Transparencia Internacional. 

Pero el desconcierto se convirtió en enojo, y velozmente en revuelta, cuando el político viajó a Suiza para exámenes médicos. Fue entonces evidente que no es apto para gobernar. Inició así un ciclo de manifestaciones que no tiene fin. 

Ante la creciente oposición, el dirigente prometió que dejaría el poder en un año. O sea, su principal promesa de campaña fue… la de dejar del poder si es electo, por medio de la organización de elecciones anticipadas. Esto permitiría una transición ordenada y convocar un referéndum para aprobar una nueva constitución. De poco sirvieron las advertencias sobre el peligro de caos, ni el haber adelantado las vacaciones para evitar así el agrupamiento de estudiantes, una de las principales fuerzas movilizadoras. 

Para el domingo 9 de marzo, cuando Bouteflika regresó a Argelia, las manifestaciones se multiplicaban en la capital, Alger, así como en Annaba, Béhaïa, Oran, Tizi-Ouzou. Se produjo entonces otro regateo: prometió cambios significativos, empezando por la designación de un nuevo Primer Ministro encargado de dirigir un gobierno de transición. Comunicó también su intención de no solicitar un quinto mandato, pero postergó la elección de abril. Los manifestantes celebraron este triunfo en un inicio, pero la reivindicación de evitar un quinto mandato se convirtió pronto en la exigencia de impedir la prolongación del cuarto.

Personajes como Maduro, Ortega, y Bouteflika sufren delirios de poder. En el caso del presidente argelino, su paupérrimo estado de salud podría haberlo expuesto a la manipulación de su entorno, quien escribiría sus comunicados y decidiría sus acciones. No es esta una excusa para prolongar un gobierno que, a todas luces, perdió su legitimidad social, pero es el racionamiento detrás de una solicitud presentada en Suiza por la ONG Abogados sin Fronteras, que insta a ponerlo, como adulto mayor que es, bajo protección. 

Las manifestaciones en Argelia son inéditas en la historia del país y muestran que la democracia sigue siendo una reivindicación progresista ante autoritarismos que se encuentran a la deriva debido a los delirios de poder de dirigentes que viven en mundos desconectados de las necesidades y aspiraciones de sus naciones. En definitiva, el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente.

Fernando A. Chinchilla

Kinshasa (República Democrática de Congo), marzo de 2019