#ElTalónDeAquiles: “Parteaguas electorales”

Comparte este artículo:

Durante años, se han analizado las olas de cambio político que dibujaron y redibujaron América Latina. Al populismo de primera parte del siglo XX, el de Perón (Argentina) y Vargas (Brasil), siguieron líderes autoritaros: Pinochet (Chile), Stroessner (Paraguay), y Videla (Argentina), entre otros. La década 1980, sin embargo, trajo cambios. Por un lado, una ola de democratización barrió la región. Por el otro, la izquierda radical, sobre todo la centroamericana, se organizó en frentes guerrilleros. Ambos bandos prometieron justicia y bienestar, pero ambos quedaron debiendo. En el primer caso, el neoliberalismo, que nos habrá tal vez sacado de la crisis económica, disipó los beneficios que eventualmente podían resultar del nuevo marco democrático. De hecho, la centro-izquierda de Duarte (El Salvador), Alwyin, Frei, y Lagos (Chile), terminó siendo también victima del neoliberalismo, confundiénsose con la centro-derecha de Menem (Argentina), Arias, Calderón, Figueres, Rodríguez, Pacheco, y Chinchilla (Costa Rica), y Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, y Peña-Nieto. En el segundo caso, mucha de la izquierda radical impulsó luego el llamado “socialismo del siglo XXI”, que llevó al poder a Chavez (Venezuela), Morales (Bolivia), Correa (Ecuador), los Kishner (Argentina), Lula (Brasil), Lugo (Paraguay) y Zelaya (Honduras), pero cuyos resultados en materia de calidad de vida de las poblaciones, siguen siendo, con la plausible excepción de Brasil y de Ecuador, debatibles.

Estudiar el cambio en el mapa político latinoamericano que acontece en 2018 amputado de este marco histórico es incapacitante pues sin él, es imposible identificar las diferencias entre las elecciones en donde hay procesos de inercia, de aquellas con potencial de convertirse en parteaguas. Por ejemplo, fuimos testigos en abril de la asención al poder de Miguel Díaz Canel en Cuba. Es refrescante ver, por primera vez desde 1959, a un no-Castro al frente de la isla. Pero más allá del simbolismo, el nuevo presidente ha multiplicado sus declaraciones a favor del sistema de partido único. Además, Raúl Castro sigue siendo jefe del Partido Comunista. También en abril, en Paraguay, el Partido Colorado, bajo el liderazgo de Mario Abdo (hijo del exsecretario privado de Stroessner), triunfó sobre la alianza de centroizquierda GANAR (Gran Alianza Nacional Renovada) de Efraín Alegre. Abdo se declaró contra el matrimonio homosexual y el aborto. Hoy, en Brasil, Lula está en la cárcel, y Jair Bolsonaro, un exmilitar, homofóbico, favorable a la tortura, puede ganar. ¿Y qué decir de las elecciones en Venezuela? En este caso, quien vaticine el triunfo opositor, demuestra las virtudes y excesos de la imaginación. 

Ahora, otros procesos electorales, que también acontecen actualmente en la región, sí tienen potencial de inyectar nuevas formas de hacer política. En Costa Rica, el oficialismo consolidó una ruptura casi milagrosa con el bipartidismo tradicional. Con una minoría parlamentaria y un sistema multipartidista que no termina de consolidarse, el nuevo presidente debió formar un gabinete multipartidista llamado a generar gobernabilidad. El cambio es vulnerable, pero prometedor. En Colombia, de los resultados de la elección de mayo depende el futuro del proceso de paz, el cual está a medias en la tarea de acabar con un conflicto armado que duró más de medio siglo, y que a duras penas avanza con el Ejército de Liberacion Nacional (ELN). Le toca a Gustavo Petro, exmilitante del M-19 y líder de la coalición “Colombia Humana”, la misión de derrotar a Ivan Duque, candidato uribista, quien dirige la alianza “Gran consulta por Colombia”, y que defiende esa forma de ver y de hacer la política que eternizó el conflicto en ese país por décadas. El legado de Juan Manuel Santos es frágil. En fin, México está poniendo término al gobierno de Enrique Peña Nieto. Si el candidato de la “Coalición Juntos haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), logra llegar a Los Pinos, existe potencial, por lo menos más que si llega Anaya (PAN) o Maede (PRI), de que suceda algo diferente a lo que ha sido la historia de ese país desde 1982. De lo contrario, para bien o para mal, será más de lo mismo. 

Hoy, América Latina se debate entre regresar al pasado o aventurarse en el siglo XXI. No hay más olas: la región se parte en trayectorias diversas. El regreso al pasado, o la defensa de lo existente, es propuesto en algunos países con fuerza, sin complejos. Y en aquellos casos en donde progreso hay, el mismo es endeble, no solo porque la derecha es experta en recordar las catástrofes de la izquierda radical y en matizar los éxitos de la izquierda democrática, sino también porque a pocos les gusta salirse de su zona de confort. Y sin embargo, la aspiración por justicia social, el desencanto con élites políticas poco creativas, a menudo corruptas, e insensiblemente tecnocráticas, nutren un voto que penaliza más de lo mismo ante un pasado en el cual todos quedaron debiendo. 

La lucha ya no es hoy ni entre izquierda y derecha, ni entre populismo y tecnocracia, sino entre conservadurismo y progresismo. Conservador es quien objeta el cambio, sea este de izquierda o de derecha; progresista es quien cree que el cambio tiene el potencial de ser positivo, sobre todo cuando las recetas probadas y reprobadas del pasado, han dado suficientes muestras de no satisfacer las expectativas sociales. Y entonces yo me pregunto: ¿Si insatisfacción hay, cómo esperar resultados diferentes eligiendo siempre a los mismos?

Fernando A. Chinchilla

Montreal (Canadá), mayo de 2018

La terrible historia del peso y el dólar

Comparte este artículo:

En los últimos días hemos visto cómo el peso se deprecia frente al dólar, y el mensaje que constantemente transmiten los medios de comunicación comienza a manejar un poco los temas del miedo, la indignación y la preocupación por lo que podría suceder con nuestra divisa en un futuro cercano. Hay quienes consideran que un episodio como el de 1994 podría repetirse y pronostican que la economía mexicana podría afrontar un reajuste negativo para intentar mitigar los estragos que ocasionaría el alza del valor del dólar. Desafortunadamente, el plan no es muy prometedor: en pocas palabras, se piensa nuevamente en una devaluación.

Hay quienes consideran que un episodio como el de 1994 podría repetirse y pronostican que la economía mexicana podría afrontar un reajuste negativo para intentar mitigar los estragos que ocasionaría el alza del valor del dólar.

El 3 de diciembre de 2012, oficialmente el primer día laborable de nuestro presidente Enrique Peña Nieto; y según información del Banco de México, el dólar se cotizaba en $12.93. El día de ayer, martes 19 de enero, el valor registrado fue de $18.19 pesos por dólar, lo que representa un incremento de aproximadamente $5 pesos en poco más de tres años. Podría no sonar tan alarmante, pero si ajustamos el dato, descubrimos parte de la realidad: el dólar se ha encarecido aproximadamente un 40% respecto al inicio del presente sexenio.

El dólar se ha encarecido aproximadamente un 40% respecto al inicio del presente sexenio.

Echando una rápida hojeada a los números nos encontramos con tres datos interesantes: al cierre de la administración de Ernesto Zedillo (1994-2000), el dólar se cotizaba en $9.42. Al final del mandato de Vicente Fox (2000-2006), los billetes verdes valían $10.99 pesos, y para el cierre de labores de Felipe Calderón (2006-2012), el valor era de $12.92 pesos por dólar. Si hacemos las cuentas nos encontramos con que, durante los sexenios panistas, el dólar aumentó aproximadamente $3.5 pesos, lo que equivaldría a un incremento del 37% en doce años de gobierno. Lector, si para este punto consideras que mi intención es decirte que “los panistas juegan mejor a la economía que los del PRI”, déjame decirte que no es así.

Sí, probablemente el precio del dólar tuvo una variación similar a la que Peña Nieto ha presentado en tan sólo tres años, pero naturalmente estas cifras no contemplan los incrementos pronunciados que se registraron a lo largo de estos sexenios donde el dólar alcanzó niveles por encima de los catorce pesos. Además, esta información no es relevante para hablar de los otros tantos temas que aquejaron al país durante este tiempo, tales como la crisis de seguridad, la de derechos humanos, las terribles fallas en política exterior, el incremento de los índices de pobreza a nivel nacional, entre otros. Sobre esto último, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política (CONEVAL) indicó que respecto a la cifra de 2006, en México existen 20 millones más de personas que viven en pobreza (2012), lo que equivale a un poco más del 50% de la población de nuestro país.

Volviendo al tema, y nuevamente verificando algunas cifras, nos encontramos con algunos cambios muy pronunciados. Si hacemos un poco de memoria —y consultamos algunas estadísticas, por qué no— nos encontramos con la sorpresa de que el día 2 de diciembre de 1994 (primer día de trabajo de Zedillo), el valor del dólar era de apenas $3.44 pesos. No obstante, los estragos del mes de diciembre provocaron que rápidamente el valor de la divisa estadounidense aumentara y que incluso llegara a cotizarse en $7.59 pesos para marzo de 1995. Es decir, el valor del dólar se incrementó en un 120% en tan sólo cuatro meses.

¿Crees que esto es preocupante? No hay que olvidar un par de detalles. Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortiari, y con el fin de contrarrestar la monstruosa devaluación del 1442.92% que sufrió el peso mexicano durante el sexenio de José López Portillo, se realizaron reformas estructurales —un término que probablemente nos suena muy familiar hoy en día— y se introdujo la política del ‘nuevo peso’, que en la jerga del ciudadano común, no significa otra cosa más que “quitarle tres ceros al peso” y así, en lugar de decir que algo valía diez mil pesos, ahora sólo costaba diez.

Para evitar confusiones, el circulante mexicano llevaba grabada una letra ‘N’ para indicar que se trataba de esta nueva política económica, y así fue como las monedas de cien y doscientos pesos fueron desapareciendo para darle lugar a las de N$1, N$2, N$5 y sus derivaciones en centavos. Sin embargo, el 1º de enero de 1996, el nombre ‘nuevo peso’ fue eliminado para retomar el viejo nombre de ‘peso’, así “a secas”. ¿Por qué es esto importante? Porque si quisiéramos medir el valor del dólar respecto a nuestra moneda de manera histórica, realmente necesitaríamos pagar aproximadamente $18,000.00 pesos por dólar, lo cual de ninguna forma es equiparable con los $2291.24 que se pagaban en 1988.

La pregunta clave: ¿podría nuevamente devaluarse el peso mexicano? La respuesta: en este país pareciera ser que cada 20 años es lo que sucede.

Nuevamente, lector —y antes de que te alarmes— recuerda que la economía ha sufrido muchos cambios y que en 20 años pueden suceder muchas cosas. La pregunta clave: ¿podría nuevamente devaluarse el peso mexicano? La respuesta: en este país pareciera ser que cada 20 años es lo que sucede. A mediados de los setenta, sufrimos una primera devaluación; a mediados de los noventa, se repite la historia, y ahora a mediados de los 2010, parece que la cosa no pinta diferente.

“Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo” –Jorge Santayana.

______________________________
– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Dimes y Diretes: “Todos son ‘el Chapo'”

Comparte este artículo:

Se que con esta columna me voy a echar encima a más de una persona. Pero, como siempre, todos tienen el derecho a no estar de acuerdo con lo que aquí se dice. Con todo esto de la recaptura de Joaquín “el Chapo” Guzmán, me he puesto a reflexionar sobre la situación. ¿Y es en verdad “el Chapo” el delincuente más importante de México?

¿Es en verdad “el Chapo” el delincuente más importante de México?

Tras el anuncio de “misión cumplida” de Peña Nieto, no se dejaron esperar las felicitaciones al Presidente de la República, a Osorio Chong y a todo el gabinete de seguridad de Presidencia. Pero digo yo, ¿qué tan delincuente es “el Chapo” a comparación de estos personajes?

¿Es “el Chapo” un delincuente? Sí, si lo es, pero también es una víctima del sistema político, social y económico de México.

En su controversial entrevista con la revista Rolling Stone, Joaquín dice que empezó desde muy joven en un rancho en Sinaloa, donde no había oportunidades de trabajo y que aún hoy no existen. ¿Es “el Chapo” un delincuente? Sí, si lo es, pero también es una víctima del sistema político, social y económico de México. La gente que aplaude su recaptura, la gente que se felicitan de unos a otros son IGUAL DE DELINCUENTES.

Díaz Ordaz, Luis Echeverría, Portillo, de la Madrid, Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Enrique Peña Nieto, todo y cada uno de ellos han robado a su modo al país entero. Muchos se persinan de que son inocentes, pero sabemos todos los mexicanos que son igual de delincuentes, pero delincuentes de cuello blanco (con fuero).

Que decir de aquí en Nuevo León, ¿a poco Margarita Arrellanes o Rodrigo Medina no son delincuentes? CLARO QUE LO SON, igual e incluso puede que peor que “el Chapo” Guzmán, pues al final del día no TRAFICAN CON DROGA pero sí con NUESTRO DINERO.

Pero bueno el punto es que no justifico a Joaquín en lo más mínimo, es un delincuente, trafica con drogas, lo cual hasta el día de hoy es un delito grave en nuestro país, no sabemos si en un futuro siga siendo de esta manera.

¡A NOSOTROS LOS MEXICANOS LO QUE NOS QUEDA ES CHAMBEAR Y SACAR CON NUESTRAS PROPIAS UÑAS ADELANTE A MÉXICO!

______________________________
– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”