#HojaDeRuta: “Articular el progresismo”

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Fuera máscaras: bienvenido sea el conflicto. Ante el flagrante atentado a los derechos que ha significado la penalización del aborto y la resistencia al matrimonio igualitario en Nuevo León, es preciso desnudar la postura política de cada cual.

Esta ofensiva oscurantista ha dejado en claro lo desarticulado que se encuentra el progresismo en la entidad: no está el discurso, no están los liderazgos, no están los espacios y, ciertamente, no está la representación política. Sin embargo, hay vitalidad que motiva: más de 3 mil mujeres tomaron el espacio público para defender sus derechos; las parejas homosexuales han conquistado su derecho al matrimonio y celebrado su primera boda con todas las de la ley. A pesar de las adversidades, la máxima de Galileo aparece: “Y sin embargo, se mueve”.

El filósofo esloveno Slavoj Zizek ha dicho que “la idea liberal de tolerancia es cada vez más un tipo de intolerancia. Tolerancia significa no me acoses. No me acoses significa no te me acerques. Tolerancia significa precisamente no tolero tenerte cerca”. 

En el machismo, racismo y autoritarismo detrás de estas posturas no hay un problema de “tolerancia”, sino un problema de estructuras de poder que ven amenazada su dominación. Es un problema de conservadurismo precisamente porque hay resistencia a perder los privilegios por largo tiempo acumulados. Pero los privilegios de unos son, por naturaleza, la opresión de otros y otras.

Por eso no les creo a quienes dicen que no tienen nada contra las parejas del mismo sexo, pero quieren que el matrimonio sea solo entre hombre y mujer. No les creo a quienes dicen proteger “la vida”, pero esclavizan y privan de derechos a las mujeres. No les creo a quienes dicen tratar a las y los demás como iguales, pero desprecian a quienes son pobres y/o tienen piel oscura. No les creo.

Continúa Zizek: “¿Por qué actualmente muchos de los problemas son percibidos como problemas de intolerancia, no problemas de desigualdad, explotación, injusticia? ¿Por qué el remedio propuesto es la tolerancia, no la emancipación, la lucha política, incluso el conflicto armado? La respuesta inmediata es la operación básica del multiculturalismo liberal: la culturización de la política, es decir, las diferencias políticas condicionadas por desigualdad política o explotación económica son naturalizadas/neutralizadas a diferencias “culturales”, diferentes “formas de vida” que son algo dado, algo que no puede superarse, sino meramente “tolerarse”.

De poco sirve decir que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación identifica a Monterrey como la ciudad que más discrimina en el país, si los datos (aún siendo metodológicamente obtenidos y validados por un organismo serio) chocan contra una visión moral, muchas veces inconsciente. 

Entonces, como lo afirma George Lakoff, es hora de empezar a poner los hechos y cifras con base a su importancia y dimensión moral desde la perspectiva progresista, acción que necesariamente pasa por la construcción del discurso político o “encuadre”. 

En este sentido, enlisto algunos postulados morales básicos desde una perspectiva progresista: -Todas las personas merecen todos los derechos. -Hombres y mujeres tienen los mismos derechos y merecen el mismo trato y las mismas oportunidades. -Debe respetarse la libertad religiosa, al igual que la libertad de amar a quien se elija. -Todas las personas merecen ser tratadas con dignidad y justicia. -Toda mujer es dueña de su cuerpo y de sus decisiones de vida. -La desigualdad no es natural, sino producto de las relaciones de poder, por tanto, puede revertirse. -La búsqueda de la igualdad no se trata de que todos seamos iguales literalmente, sino que contemos con los mismos derechos, oportunidades y líneas de bienestar mínimas, sin importar nuestro origen, rasgos o preferencias. -La solidaridad hacia las personas oprimidas es un rasgo básico de humanidad. -El bienestar colectivo (lo público) está por encima de intereses de grupos o particulares. 

Si bien la realidad política está generando una situación adversa, también presenta una oportunidad de una activación política progresista que trascienda la superficial noción de tolerancia y comience a ir a la raíz de los problemas: desigualdades económicas; machismo destructivo; racismo; privilegios de elites; intentona de imponer visiones religiosas. 

Para las posturas progresistas la urgencia es articular. Por un lado, articular un discurso bien cimentado en valores y “encuadres” progresistas, que conecte e inspire con las personas que comparten este pensamiento. Por otro, articular espacios de reflexión y acción política desde la visión progresista, capaces de movilizar, presionar, influir la política pública y ganar espacios de representación política. Ahí está el reto.

#HojaDeRuta: “Así Vamos 2018: una ventana a nuestras desigualdades”

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Fui invitado por Cómo Vamos Nuevo León a presentar la encuesta Así Vamos 2018, instrumento para conocer qué piensa la ciudadanía sobre Monterrey y su área metropolitana. 

Tras reflexionar los resultados, una conclusión vino a la mente: la encuesta es una ventana a nuestras desigualdades. Esta idea se expresa de múltiples ángulos: el bolsillo, por lo dispares que somos en lo que ganamos. El movimiento, por la enorme diferencia de tiempo que hay entre viajar en transporte público y privado. En el trato, porque pertenecer a una minoría es casi garantía de sufrir discriminación.

Desdoblé mi intervención en tres ideas fuerza: la desigualdad como una constante en la ciudad; la desmovilización política de nuestra ciudadanía y una conformidad aparente a las múltiples problemáticas e injusticias. Énfasis en aparente.

1. La desigualdad como una constante: más del 60% de la población del área metropolitana gana apenas 3 salarios mínimos, y para el 25% el ingreso no es suficiente. Un dato adicional: apenas el 11% de la población puede ahorrar. Digiramos lentamente esa última cifra: en esta, la ciudad de los negocios y las oportunidades, apenas 1 de cada 10 personas tiene ahorro.

A lo anterior hay que sumar la pérdida de poder adquisitivo del salario, que ha caído 80% en los últimos 30 años, de acuerdo a un estudio reciente de la Facultad de Economía de la UNAM.

Desigualdad al moverse, porque viajar en transporte público significa casi el doble de tiempo que hacerlo en auto (103 vs. 53 minutos, en promedio). Lo mismo al caminar: apenas 27% considera que hay banquetas suficientes para llegar a su destino, y un 75% que están dañadas y llenas de obstáculos.

Desigualdad a través de la discriminación. Estudios del CONAPRED han señalado a Monterrey como la ciudad que más discrimina en México, y el Así Vamos 2018 lo confirma: entre el 40 y 50% de la ciudadanía considera que aquí se discrimina por ser indígena; por el color de piel; por la preferencia sexual; por ser pobre. Y en todas las categorías las mujeres lo perciben más que los hombres.

2. Desmovilización ciudadana ante lo público. El 55% de las personas encuestadas no sabe qué hacen su alcalde ni el gobernador. 30% dijo que simple y llanamente no le interesa, otro 30% que no tiene tiempo. 

Aparece además uno de los principales males de la democracia: la desconfianza, pues casi el 40% de la ciudadanía cree que no tiene nada de influencia en las decisiones de gobierno. Esa cifra casi se duplicó en comparación a 2016.

La falta de politización, y por ende, de espacios de organización y presión, es una realidad en Monterrey ¿Por qué el trienio pasado la y los alcaldes podían darse el lujo de poner en entredicho su participación en la plataforma Alcalde Cómo Vamos? Sencillo: el costo político de hacerlo era bajo.

3. La conformidad aparente de la ciudadanía. Este punto resalta contradicciones que requieren análisis. Por ejemplo, a pesar de las dificultades económicas, hay gran optimismo: el 80% cree que le irá igual de bien o mejor. Otro: aunque para el 60% de la ciudadanía ir al trabajo es su principal motivo de viaje, solo el 4% se mudaría para estar más cerca de él ¿Qué es lo que consideramos deseable y valioso del lugar donde vivimos?

Estremece que solo el 8% de la ciudadanía considere la violencia familiar como el principal problema público, cuando Nuevo León fue el tercer lugar en feminicidios durante el 2018, el delito de violencia familiar es el más denunciado en el Estado y está activa la Alerta de Violencia de Género para 5 municipios.

Apilo conclusiones por falta de espacio: a) Aunque la desigualdad es evidente desde múltiples ángulos, combatirla no parece estar en la agenda pública como prioridad. b) Una lectura superficial de los datos nos haría suponer que buena parte de la población está feliz, o cuando menos conforme. Mi tesis es contraria: creo que estamos adormecidos políticamente. Se une la decepción hacia lo público con la “cultura” de la solución del trabajo y los problemas en el fuero individual (el mantra de “la solución está en uno mismo” como gran desarticulador). c) Si se tiene una población desinteresada y desmovilizada, la clase política confía en que el costo de fallar es barato. d) El reto desde la sociedad civil está en generar espacios constantes de activación, reflexión y movilización política, que mantengan constancia y sobre todo, que lleguen a todos los estratos sociales.

Mi propuesta inicial es sencilla: así como se habla de urbanismo táctico, esas pequeñas intervenciones para tomar y visibilizar el espacio público, hay que hacer politización táctica. Tomar el espacio público, abrir conversaciones, generar encuentros. Ir a la base. No temer generar organización popular genuina, ahí donde los partidos han copado lo que llaman “tierra”, que no es otra cosa que la compra y control de la movilización política en los espacios más vulnerables. 

Finalicé mi intervención con esta cita de Slavoj Zizek: “Lo fantástico de nuestra tradición democrática es que la imperfección está dentro del sistema. Forma parte  de la capacidad de la democracia para ser crítica consigo misma”. Aunque evidentemente nuestra tradición democrática es débil, el futuro no está escrito: hay que movilizarlo. 

#HojaDeRuta: “Combustible de psicosis”

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Hitchcock lo entendía perfectamente: pocas cosas tan aterradoras como perder conciencia de la realidad, y peor aún, elaborar una nueva construcción de ella. Este trastorno es conocido como psicosis. 

En su obra maestra de 1960, el cineasta explora el horror psicológico con una profundidad y estética hasta ese momento nunca vistas en el cine. Hace ya considerables calendarios, en turístico rondín por los Universal Studios de Los Ángeles, me tocó ver de cerca la infame casa Bates, apenas arriba de una colina sobre el falso motel que tantas pesadillas reales generó. Aún en medio de ese disfrute de lo imaginario que es un estudio de cine, la casa no deja de provocar escalofríos. 

En el documental “The Pervert’s Guide to Cinema” (La Guía del Cinematográfica del Pervertido), Slavoj Zizek interpeta la tenebrosa casa de los Bates y sus tres niveles (sótano, primer y segundo piso) como una alegoría a los tres niveles freudianos de la mente humana: el superego, el ego y el id. En el piso a nivel de calle (el ego), Norman Bates parece ser una persona no solo funcional, sino encantadora. Pero oscuros secretos se esconden en los otros niveles. 

La considerable histeria generada por la escasez de gasolinas en diversas ciudades del país me remontó a esta idea: ¿Qué tanto de la crisis, o mejor dicho, de la percepción de la crisis y sus consecuencias, está anclada en la realidad?

 Para la oposición al gobierno de AMLO, la coyuntura es magnífica, pues no solo se ha tenido un mal manejo comunicacional de la situación por parte de la autoridad federal (seguramente precedida por errores estratégicos en la operación), sino que puede extenderse a imaginar escenarios catastróficos: “si hoy falta la gasolina, mañana será el pan, pasado mañana la carne”, “Es el primer paso hacia el socialismo”, o mi favorita: “es el preludio de la guerra civil a la que nos va a llevar AMLO”. 

El gobierno federal merece toda clase de críticas y cuestionamientos ante las problemáticas generadas por el operativo para combatir el robo de combustible, pero es irresponsable sacar la situación de contexto, buscando hacer un “framing” de la situación con la ya gastada cantaleta venezolana o la versión del apocalipsis que mejor convenga ¿Cuánto del desabasto habrá sido generado por los errores en la operación federal, y cuánto por las compras de pánico, acabando por efectivamente provocar escasez? 

En un reciente estudio publicado por las universidades de Princeton y la Universidad de Nueva York, encontraron que las personas mayores de 65 años son desproporcionadamente más proclives a compartir fake news que usuarios más jóvenes, independientemente de variables como educación, sexo o ingreso. Otro hallazgo interesante fue que muchos más votantes republicanos (identificados con el pensamiento conservador) que demócratas (pensamiento liberal) compartieron noticias falsas, siendo la proporción mayor de 4 a 1. 

Esto podría brindar algo de luz a las herramientas y técnicas para no creer y compartir información falsa o engañosa, en particular para el segmento de población que podría ser más proclive a caer en ella: personas de mayor edad y pensamiento conservador. Independientemente de las creencias de cada cual, nada bueno puede surgir de basar una postura política en la psicosis. Si algo necesitamos en los tiempos que corren es un firme anclaje a la realidad y por tanto, debates basados en evidencia.