Penales… Otra vez




En este espacio, un día antes del motín en Cadereyta se había escrito respecto a las malas condiciones penitenciarias del estado y las bombas de tiempo que se tenían, en ese momento me refería a que había que verse en el espejo de lo que pasaba en Culiacán y en los penales de Tamaulipas.

Ahora el Topo Chico vuelve a ser objeto de atención por un nuevo escándalo interno.

El Gobierno del Estado tiene que regresar a pedir recursos para la construcción de un nuevo penal. El penal del Topo Chico es un penal viejo, poco modernizado y con una infraestructura insuficiente.

Nuevo León tiene que brindar una atención de calidad a los internos y sus familias. Los medios en la ciudad se han encargado de sensacionalizar con las noticias y alterar a los familiares.

Por una cuestión de derechos humanos, el gobierno no puede dejar a su suerte la integridad de dichas personas. Además, no todo interno de los tres penales del Estado está sentenciado, existen personas en distintas condiciones debido al lento sistema judicial y fallas procesales.

Aldo Fasci y las dependencias a cargo deben presentar un plan estratégico para enfrentar esta problemática. No pueden seguir dejando en lo oscuro los arreglos con los internos pues esto fomenta la corrupción y el trato discrecional.

Hoy fue Topo Chico, mañana puede ser Cadereyta o Apodaca, tal parece que la mala organización interna, el deficiente diagnóstico de las condiciones de los penales y la poca importancia que parece tener el que reos de grupos rivales convivan son cosa de todos los días.

El gobierno estatal ha fracasado rotundamente en materia penitenciaria y por más cambios directivos que se hagan, mientras no se cambien las prácticas discrecionales de siempre y se sigan protegiendo a grupos y dejando a su suerte a otros, las cosas no cambiarán.

Lo dicho, dicho está.




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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

¿Qué ciudad queremos?

Transitable, peatonal, limpia, ordenada, justa, con banquetas de primer mundo, segura, con movilidad sustentable, con vialidades pavimentadas, con un desarrollo urbano reglamentado, con leyes que nos protejan, con espacios públicos dignos para la convivencia sana y familiar.




Con índices de contaminación bajos, con empresas socialmente responsables hacia sus empleados y la comunidad, con una policía cada vez más preventiva y menos reactiva, con una democracia palpable, con comunidades participativas, con cultura de la legalidad rigiendo nuestras actitudes diarias, con empleo, educación digna y de calidad.

Con seguro popular donde entren todos, con un sistema judicial que castigue a quien se brinque la ley, con políticas publicas efectivas, no de aquellas que malgastan el dinero (como sí sobrara), con indicadores que nos ayuden a medir el impacto de las decisiones de aquellos quienes hemos elegido como nuestros gobernantes.

Con una ciudadanía activa en el seguimiento a que todo lo que se nos fue prometido en campaña se cumpla, agréguele que también queremos políticos, empresarios, padres de familia, profesores, jóvenes, no tan jóvenes, vecinos, hijos, hermanos, sacerdotes, abogados, y sobre todo, ciudadanos honestos.

¿Tenemos la ciudad que queremos? ¿Trabajamos por la ciudad que buscamos? ¿O estamos esperando a que venga alguien y la construya por nosotros?

Estimado lector, la ciudad la construimos todos. Cada cual desde su trinchera pero unidos en el mismo objetivo, mejorar nuestra comunidad y a México. Mientras más rápido entendamos que nuestra herramienta más poderosa no es Twitter o Facebook, sino las iniciativas y herramientas de participación ciudadana, será que empezaremos a notar los cambios con mayor rapidez.

El político tradicional está pasando por una crisis existencial. No entiende y le cuesta adecuarse al nuevo paradigma que tiene enfrente donde la información es cada vez más rápida y la ciudadanía más crítica. Como tarea principal debería ser la modificación en los esquemas de comunicación e interacción con los electores, porque los cambios en la ciudad de hoy no se imponen, se consensuan con ellos, los ciudadanos.

Participar que no es nuestro derecho, sino una obligación.

Si no nos vemos, pues nos escribimos.




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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”