Muestran a gasolineras que venden caro

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La titular de la Secretaría de Energía (Sener), Rocío Nahle, reveló los precios mas altos y mas bajos de las gasolinas Magna, Premium y el diesel por franquicias y por estaciones, cumpliendo de esta manera con el compromiso del presidente Andrés Manuel López Obrador.

De acuerdo a los datos de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) del 6 al 12 de abril, la franquicia Shell fue la que vendió más cara la gasolina Magna, a 20.23 pesos, mientras que PetroSeven fue la mas baja al ofrecerla en 18.74 pesos.

Por otro lado, la gasolina Premium, Shell ofreció en sus estaciones el precio mas alto, a 21.61 pesos, en tanto que PetroSeven la vendió al costo más bajo, 20.35 pesos.

En el diesel, la franquicia Walmart ofreció el precio más elevado, a 21.75 pesos, mientras que Rendichicas fue el menor, a 20.54 pesos.

En tanto, la lista de estaciones que venden más cara la gasolina Magna la encabezó una ubicada en el municipio de La Yesca, en Nayarit, con un precio 22.99 pesos al litro, seguida por estaciones en Guanaceví, Durango, a 22.89 pesos; Rayón, en Sonora, a 22.46 pesos; Peribán, en Michoacán, a 22.04 pesos; y Guadalupe y Calvo, en Chihuahua, a 22 pesos.

Los costos más bajos fueron registrados en cuatro gasolineras ubicadas en Valle Hermoso, Tamaulipas, con precios de 14.28, 14.53, 15.30 y 15.32 pesos, seguidas de otra estación en Puebla con un precio de 15.47.

La lista de la Premium la lideraron cuatro estaciones ubicadas en Péngamo, Guanajuato, con precios de 23.76 pesos, en dos gasolineras, y 23.59 en las restantes, seguida de una ubicada en Sinaloa, a 23.44 pesos.

(Con información de Grupo Reforma)

¡Pemex con pérdidas!… Gasta 198 millones de pesos en coche de Fórmula 1

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A principios de esta semana la paraestatal, Petróleos Mexicanos (Pemex) reporto perdidas por 333 mil millones de pesos en el 2017, lo que representó un 74.4% mayor a las perdidas reportadas en el 2016, pero al parecer esto no evita que la empresa del estado patrocine un coche de Fórmula 1.

El pasado lunes 26 de febrero, el mexicano Sergio “Checo” Pérez y su compañero de equipo, el francés, Estaban Ocon, presentaron el nuevo bólido del equipo Force India para la temporada 2018.

El automóvil que tiene un costo promedio de 6 millones de libras esterlinas, es decir un poco más de 156 millones de pesos, luce en los espejos retrovisores patrocinios de Pemex, mismos que tienen un costo promedio de 3.8 millones de libras esterlinas por automóvil, siendo un total de 7.6 millones de libras, siendo sal tipo de cambio de cuando se realizó esta nota, 198 millones de pesos.

También los pilotos de la escudería lucen logotipos de la petrolera mexicana en sus uniformes y en los cascos.

De acuerdo a Pemex, los resultados negativos fueron derivados principalmente a un mayor endeudamiento, mismo que ascendió a 102 mil millones de dólares, 2.8% mayor al 2016.

Por otro lado, el resultado negativo se dio a pesar del aumento de 30% en los ingresos de la empresa, que alcanzaron los 1.4 mil millones de pesos, esto debido en parte al aumento del precio del barril de petróleo, pero también a la nueva política de precios de los combustibles, mejor conocido como el “gasolinazo”.

El patrocinio de Pemex a un equipo de Fórmula 1 viene como sorpresa, no solamente porque es una empresa con pérdidas y con un futuro oscuro, sino también debido a que a diferencia a otras petroleras como Shell y Exxon Mobil, que patrocinan a Ferrari y al equipo Red Bull Racing, respectivamente, Pemex no tiene realmente una presencia internacional.

#ElTalónDeAquiles: “El Paladín del Medio-Ambiente”

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Lo previsible pasó: el presidente Trump anunció el retiro de su país del Acuerdo de París. Hay todavía tela por cortar, pues el proceso de salida toma al menos cuatro años; 2020 es entonces el umbral para hacer el anuncio efectivo. Pero cierto es también que al proclamar su retiro Washington se une a Damasco y Managua, únicas capitales que no lo han adoptado.

El Acuerdo de París es un tratado universal (147 países, el 82% de las emisiones de gas a efecto invernadero, son parte en junio de 2017) mediante el cual los firmantes se obligan a limitar el calentamiento climático futuro. Los Estados Unidos emite alrededor del 14% de gases a efecto invernadero. El acuerdo considera las peculiaridades de cada país y establece mecanismos recurrentes de revisión para evitar los peores efectos de un aumento desmedido de la temperatura. Si se traspasa la barra de los 20C, la seguridad alimentaria peligraría, los eventos climatológicos extremos se multiplicarían, y el aumento en el nivel del agua se convertiría en una amenaza a los litorales. El “norte” acordó además trasferir USD 100 billones por año (hasta el 2020) al “sur” para ayudar a mitigar los efectos del cambio en curso y acelerar la transformación hacia una economía verde.

Las razones con las que Trump justifica el retiro son inverosímiles. El pacto favorecería los intereses extranjeros en menoscabo del contribuyente estadounidense, quien debe asumir costos como la pérdida de empleos, salarios más bajos, pérdidas del PIB, etc. El fondo verde costaría billones, lo cual implicaría la necesidad más impuestos; crece así la pobreza. Finalmente, y esta es la peor de todas las excusas, como Trump es el “paladín” del medio-ambiente, no puede permitir un pacto que penalice al líder mundial en la materia sin castigar a los verdaderos contaminadores. China e India han hecho lo que han querido desde siempre, y no están hoy en el banquillo de los acusados. Como si de eso se tratara…

En el mundo de Trump, su país gana resucitando la industria del carbón. Poco importan los empleos creados por las tecnologías verdes, que empresas estadounidenses como Shell y Exxon Mobil tengan competitividad en la materia, que líderes de empresas como Disney, Goldman Sachs, SpaceX, Tesla, etc., se declaren inquietos por la falta de liderazgo de Washington, y que muchos de ellos renuncien a sus funciones de asesoría en la capital estadounidense. Eso es secundario. Importa aun menos mantener una voz dentro del Acuerdo, que los aliados critiquen la decisión-“error” para Paris, “hecho lamentable” según Berlín, “decepción” en Ottawa-y que contradigan a Trump al aclarar que el pacto no es renegociable. ¿Y qué decir de los gobiernos sub-nacionales estadounidenses, muchos de los cuales ya se declararon rebeldes? Los gobernadores de New York, California, y Washington anunciaron la “Alianza por el clima”, un foro para reforzar los programas de lucha contra el cambio climático. Los alcaldes de New York, Los Ángeles, y Boston anunciaron un boicot a Washington.

El “Occidente” está fracturado. Trump perdió otra oportunidad de enderezar su presidencia, que se enfrasca en una espiral de sinsentidos. Sus defensores dirán que no hace más que cumplir su palabra. Es cierto: en su aislacionismo, el candidato prometió en 2016 retirarse para proteger la soberanía y el interés nacional. Pero los argumentos arcaicos de la Paz de Westfalia se convierten en una burla anacrónica, inconsciente y egoísta. China y Europa, que ven en este aislacionismo la oportunidad para posicionarse mejor en un mundo en donde las tecnologías verdes ya dan la ventaja, se pronunciaron a favor del acuerdo. Un sistema multipolar se erige ante nosotros, con Europa autónoma, Rusia en apogeo, China acelerando hacia la economía verde, y con una hegemonía estadounidense en franco declive. Trump es una tristeza para su país, un peligro para el planeta, y una vergüenza para su generación.

Fernando A. Chinchilla

Cholula (México), junio de 2017