#Kleroterion: Reforma Fiscal de los Estados Unidos

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Un hecho que nadie ha puesto atención tiene que ver con que el gobierno de los Estados Unidos aprobó la reforma fiscal denominada Tax Cuts and Jobs Act, que impulsó Mr. Donald Trump, cuyos efectos inmediatos radican en la reducción significativa de la carga fiscal de las corporaciones y los individuos; esta reforma que se aprobó en diciembre de 2017 unificó la tasa de impuestos. Antes las obligaciones fiscales se encontraban en un rango que iba del 15 por ciento al 35 por ciento y ahora, con la reforma se estandariza en 21 por ciento, en otros términos, se redujo la carga fiscal de las corporaciones de forma significativa lo que es incentivo para invertir en el país vecino del norte.
Esta reforma parte de la concepción de que los beneficios agregados de la inversión en su propio país es mayor a los dividendos que arroja la recaudación fiscal, toda vez que la inversión genera empleo, ingresos y con ello el aumento de la demanda agregada; de forma simple significa hacer más competitivo a los E.U. para las inversionistas, en especial para aquellos que buscan nichos donde puedan pagar menos impuestos.
La reforma también ayuda a los individuos puesto que redujo las tasas que gravan la renta personal. El máximo que antes se pagaba tuvo una reducción al pasar del 39.6 por ciento al 37 por ciento, tal medida es aplicable para personas cuyos ingresos anuales son superiores a los $500 mil dólares. Tal vez este porcentaje no se considere significativo para algunos, sin embargo pensar cuánto dinero es el 2.6 por ciento de un millón de dólares, muestra que se trata de un incentivo real.
Los críticos señalan que es una reforma para los sectores más ricos; es decir para las empresas y corporaciones que se ubican en los niveles más altos de ingresos de los E.U. Lo cierto es que alienta a que grandes empresas inviertan en ese país, hecho que constituye una razón suficiente para en que México se analice cómo responder ante tal escenario. La reforma fiscal en E.U. probablemente tenga efectos negativos en nuestra economía y se necesitan alternativas.
Las respuestas van más allá de que también se bajen o no los impuestos en México porque la competitividad tiene distintos aspectos que van del cumplimiento del Estado de derecho a la seguridad pública, pasando por la estabilidad política y los costos agregados por unidad de producción, además de las cadenas de valor, comercialización y fortaleza de los mercados de consumo por tipo de bienes.
Hoy que los precandidatos a la Presidencia de la República estructuran y exponen planes en búsqueda de las preferencias electorales, habrían de pronunciarse sobre el tema; más aún cuando esta medida podría suponer que los capitales vayan hacia ese país. El escenario es oportuno para que expongan que podrían hacer ante esta situación que repercutirá en nuestra economía. Si bien las campañas apenas inician, sería deseable se propongan alternativas ante estas y otras interrogantes para enfrentar la incertidumbre y enviar mensajes que generen confianza a los mercados internacionales así como a los planeadores de inversión de las grandes empresas.