El héroe de los desprotegidos

“Sucedió que una mañana, después de ayudar a unos peones de la hacienda a reconstruir el techo de una casa, regresé de improviso con mi ama. Ah, que escena tan cabrona la de ver a mi madre muerta de miedo, dando explicaciones a Don Agustín de por qué no podía llevarse a mi hermana, él por supuesto exigía el derecho a desvirgarla, con el permiso de su madre o a la fuerza o por la mala. Como venía de fueras corrí a la parte trasera de nuestra casa tan pobre, donde colgaba junto a las palas, el fusil, nomás porque mi mamacita no podía ver las armas en el mismo lugar donde dormía. Sin pensarlo, corté cartucho y entré como alma que lleva el diablo a apuntarle a Don Agustín en el meritito pie. Al momento se desplomó con la mano sobre la hebilla del cinturón; Martina se quedó salpicada de sangre, petrificada y sin poder emitir una palabra” Según el libro de Pedro Ángel Palou, No me dejen morir así, de esa manera empezó la vida de fugitivo de José Doroteo Arango Arámbula mejor conocido como Pancho Villa.

Casi a todos, alguna vez nos vistieron con sombrero, botas negras, pistola de juguete y carrilleras en el pecho, representando lo que ha sido una de las narrativas políticas más grandes, duraderas, interesantes y universales del siglo XX.

El héroe de los desprotegidos, el hombre que encabezó la mayor fuerza revolucionaria en América Latina, Pancho Villa representó el sueño de la lucha contra el más fuerte, del que se levanta en armas contra el invasor y contra el rico en defensa de sus hermanos más pobres.

Hoy, a poco más de 94 años de su muerte (20 de Julio del 1923), ya no encontramos a hombres o mujeres con convicciones tan arraigadas capaces de cambiar el rumbo de una nación, o si los hay, poco se sabe de ellos.

Durante los años que el General Villa estuvo al frente, se escuchaban historias y leyendas de sus hazañas; los pueblos estaban ansiosos de pelear al lado del “Centauro del Norte” hombre que luchaba por la libertad de los mexicanos, fue protagonista en una revolución que dejó un ordenamiento público y sentó las bases de lo que hoy es la democracia en nuestro país.

Hoy en día, nuestra sociedad necesita hombres y mujeres capaces de sentir empatía y buscar el bienestar común, tenemos que dejar a un lado el individualismo que tanto daño nos ha hecho, hay que reconocernos como parte de una sociedad y entender que no somos los únicos en la tierra, hay que dimensionar el impacto de nuestras acciones u omisiones.

Cada vez es más frecuente escuchar que la clase política toma decisiones por su beneficio propio, sin pensar en la ciudadanía que los eligió, quizá, ya llegó el momento en que las convicciones, los valores y las fortalezas de las buenas personas lleguen a los puestos de decisión pública.

No queremos a un nuevo Pancho Villa sino a muchos; a personas convencidas de transformar su entorno, cada quién, desde su trinchera. No es levantarnos en armas para buscar la paz sino vivir la paz para guardar las armas.

En la navidad de 1913, la revista Leslie´s, una de las más populares de la época en Estados Unidos, dedicó su portada al “audaz líder” Pancho Villa, en ese entonces se imprimieron 400,000 ejemplares promoviendo al feroz mexicano.

Quizá, ya es momento que los ojos del mundo volteen a ver a México por las hazañas que podemos lograr.

Somos más los buenos, pero quizá, no hemos hecho tanto ruido.

Se vale debatir.

Dimes y Diretes: “EPN desconoce al PRI”

Cada que tiene oportunidad el presidente de todos, Enrique “Henry Monster” Peña Nieto, hace referencia sobre los peligros del “populismo” para México y claro para el sistema neoliberal que tiene nuestro país. No hay otra forma de ver esto más que por el lado de que, el mismo Peña Nieto, esta desconociendo a su partido y junto con ello la historia del mismo.

El presidente del copete de oro parece no conocer la historia del partido del que forma parte desde hace muchos años. El PRI, originalmente conocido como Partido de la Revolución Mexicana y antes de esto como el Partido Nacional Revolucionario, es y fueron partidos populistas.

Uno no debe de olvidar que fue el mismo PRM con Lázaro Cárdenas, el que expropio el petróleo mexicano, una acción 100% populista y socialista. Este mismo partido, el PRM, estuvo formado por diferentes sindicatos mineros, campesinos, profesionales, industriales, artesanos y comerciantes.




Tampoco olvidemos que incluso hoy en día el PRI, tiene una de las maquinarias sindicalistas más importantes a nivel nacional. La CTM, CROC, CNC, Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, y el Sindicato Mexicano de Electricistas, son gremios creados por el mismo PRI y que claro representan mucho de su voto duro en época electoral.

Peña Nieto sigue insistiendo en hablar de populismo y sus peligros, cuando el partido al que pertenece lleva ejerciendo políticas populistas desde hace 88 años. El PRI no es un partido liberal, es un partido que en su momento fue creado para atender las necesidades del pueblo, después de la Revolución Mexicana. Incluso, me arriesgo a decir, que el PRI tiende a escoger candidatos “populacheros” puesto que está en su naturaleza hacerlo.

Tratar de satanizar el populismo, que ha ejercido por años el PNR, PRM y ahora PRI, para dañar la imagen de Andrés Manuel López Obrador “el Peje, no funciona, no va a funcionar, no va a lograr su objetivo.

¿Qué acaso nuestros personajes políticos creen que la frase “es un peligro para México” sigue funcionando?

¡Ahí Se Leen!




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PRI: Entre ilusiones y simulaciones

El pasado fin de semana se celebraron 88 años desde la creación del Partido Revolucionario Institucional. “88 años contigo” fue el eslogan que uso el partido para sus festividades.

Los altos dirigentes y mayores representantes del partido que ha gobernado México por más de 70 años, se reunieron en una de las épocas más oscuras y difíciles que tenga memoria el PRI. Con las elecciones en el Edomex, Nayarit y Coahuila en juego este año y la Presidencial en el 2018, los priistas tuvieron que mostrar una cara de unidad y de esperanza de que puedan derrotar a la oposición este y el año que viene.




En un acto que demuestra la simulación dentro del partido, el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, le hizo entrega de la medalla “Luis Donaldo Colosio” al ex dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones. Desde hace tiempo se habla sobre los desacuerdos y la rivalidad entre Beltrones y el presidente Peña Nieto. Pero para los festejos del 88 aniversario estas rencillas parecen haberse eliminado de momento.

El PRI, debe demostrar que está más unido que nunca, debe de demostrar fortaleza, pero al hacer esto cae en la simulación, en la mentira.

El PRI es el dinosaurio de ochenta y ocho años que tiene la esperanza de vivir otros ochenta y ocho. Tal es la prueba de los discursos de Enrique Ochoa Reza y del Presidente. Ambos personajes tienen la esperanza, o por lo menos quieren transmitir esa fe, de que este año arrasarán en el Edomex, Nayarit y en Coahuila, y que los triunfos también los llevará a ganar en el 2018.

Lejos están de la realidad los dirigentes del PRI Nacional. No se dan o no se quieren dar cuenta que la sociedad mexicana está harta del partido oficial. Este hartazgo se está traduciendo apoyo para la oposición, en específico, para Andrés Manuel López Obrador, al que ellos catalogan como “un peligro para México” y un “retroceso”.

El dinosaurio que nació después de la Revolución Mexicana y dio forma a las instituciones que hoy rigen a México, ciertamente, no morirá, pero tendrá que reformarse. Tendrá que entregar a sus Duartes, Moreiras, Borges, Medinas, si quiere en algún momento volver a Los Pinos.

Tendrá que pedir perdón por sus errores y por todos los muertos que han dejado administraciones como la de Díaz Ordaz, Echeverría y por qué no, Peña Nieto.

La regla es: reformarse o morir.




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¿Fuero mal entendido?

Era una noche de octubre de 1913 y el Senador Belisario Domínguez se encontraba en su habitación de su hotel cuando fue sacado y llevado al cementerio de Xoco en Coyoacán en la Ciudad de México donde fue asesinado a punta de balazos, no sin antes que le cortara la lengua su enemigo profesional, el Dr. Aureliano Urrutia, con el fin de enviársela al entonces presidente, Victoriano Huerta. Tras darse a conocer los hechos y que Huerta había estado detrás del asesinato del Dr. Domínguez, Victoriano disolvió el Congreso y mando encarcelar a 90 diputados.

Con ese oscuro capítulo de la historia posrevolucionaria de México, en 1917 nació la figura de la inmunidad procesal o mejor conocido como “fuero”. Lo que entendemos con esto es que realmente este artículo de nuestra Constitución, nace no para darle privilegios infinitos a los Diputados y Senadores de la República, al contrario la idea original era protegerlos del Presidencialismo que existía en la época, ¿qué fue lo que pasó?

Lo que nació como una ley que protegía a los Diputados y Senadores de cualquier acusación en su contra por sus declaraciones y que adicionalmente garantizaba un balance entre poderes, puesto que de ésta manera se salvaguardan de eventuales acusaciones sin fundamento, es hoy por hoy el máximo símbolo de impunidad y corrupción en nuestro país.

La inmunidad procesal o fuero se ha ido viciando con el tiempo hasta llegar a lo que es, una cobija de protección para funcionarios públicos que han hecho algún delito, como el robo al erario, desvío de recursos, tráfico de influencias, entre otras cosas. Hoy para iniciar un proceso penal contra un funcionario público tiene que realizarse un juicio de desafuero, que solamente el Poder Legislativo puede proponer, tal y como fue el caso de Andrés Manuel López Obrador en el 2006. En el caso de Diputados y Senadores es de la misma forma, sus propios compañeros tanto de Cámara como de Partido.

La inmunidad procesal o fuero se ha ido viciando con el tiempo hasta llegar a lo que es, una cobija de protección para funcionarios públicos que han hecho algún delito, como el robo al erario, desvío de recursos, tráfico de influencias, entre otras cosas.

Durante las recientes semanas se ha propuesto y discutido, tanto en el Congreso Local de Nuevo León, como a nivel federal eliminar el fuero que tienen alrededor de mil 854 servidores públicos, entre los que figuran desde Diputados Locales, hasta el Presidente de la República. El fin de eliminar el fuero, para los que lo han propuesto, es que los servidores públicos no puedan seguir escudándose con esta norma.

Tal y como lo dijo esta semana por este portal Jorge Rodríguez, el chapulineo es uno de los males de la política mexicana, y yo consideró que otro de los males es el “fuero” que hoy gozan todas nuestras autoridades. Por otro lado, como Mauricio López lo mencionó, la #Ley3de3 no es lo único que se debe de hacer para combatir la corrupción, algo con lo que concuerdo, pues de igual manera tenemos a la inmunidad procesal impidiendo en más de una ocasión los ejercicios de transparencia y rendición de cuentas.

Durante las recientes semanas se ha propuesto y discutido, tanto en el Congreso Local de Nuevo León, como a nivel federal eliminar el fuero que tienen alrededor de mil 854 servidores públicos, entre los que figuran desde Diputados Locales, hasta el Presidente de la República.

Coincido con los puntos de vista de que se debe de eliminar el fuero de todos los funcionarios públicos, puesto que ya en nuestros tiempos no existe más el presidencialismo que había antes y después de la Revolución Mexicana. Al contrario, hoy en día el Poder Legislativo tiene en ocasiones más poder que el mismo Poder Ejecutivo. De igual forma, el fuero ha entorpecido en más de una ocasión las investigaciones contra funcionarios corruptos. Los que han cometido algún delito de una u otra manera consiguen la forma de “chapulinear” a otro puesto con el fin de seguir con el fuero, esto lo hemos visto en casos como el del ex edil de Monterrey, Fernando Larrazábal, quien en su momento saltó de alcalde a Diputado Plurinominal, con el fin de protegerse de una potencial investigación en su contra.

El fuero es en sí uno de los males del sistema político mexicano. Sin su eliminación completa no habrá Sistema Nacional Anticorrupción o leyes que puedan procesar de manera correcta a servidores públicos que han delinquido durante sus funciones. Por lo tanto, me uno a las voces ciudadanas que han pedido que se elimine por completo el fuero, ya que, desde mi punto de vista, ha sobrevivido a su propósito original.

La nueva era político-electoral de México

Estamos viviendo el inicio de una nueva era político-electoral, las modificaciones efectuadas a la constitución y a las leyes y reglamentos complementarios en esta materia hacen que nuestro país atraviese por grandes cambios que dan inicio a una nueva forma de gobernar. La reforma constitucional que ahora permite que los alcaldes y diputados locales extiendan su periodo en el gobierno pretende crear mayores incentivos para tener mejores gobiernos.

La reelección es un tema sensible en nuestro país, desde la época de Francisco I. Madero cuando surge el movimiento revolucionario con el lema “sufragio efectivo y no reelección” nuestra cultura ha rechazado la alternativa de permitir que los gobernantes extiendan en más de un periodo su gestión. Sin embargo, para muchas naciones ha resultado benéfico permitir la reelección bajo condiciones reguladas. Algunos países han optado por poner un tope al número de años o periodos que una persona puede gobernar, así como implementar un tiempo de separación del cargo durante la época de campaña electoral. Tomando esto como referencia fue que nuestro país modificó la constitución y emitió reglamentos complementarios para permitir la reelección.

A pesar de que ya se llevó a cabo la reforma a la constitución en materia político-electoral, lo cierto es que aún no hemos tenido las primeras elecciones con candidatos que estén buscando la reelección.

No todos los puestos de elección popular son sujetos a reelección. Con la nueva legislación, los diputados locales podrán permanecer hasta 4 periodos consecutivos en su cargo, lo que equivale a 12 años. Por su parte, los presidentes municipales podrán extender 3 años más sus gobiernos. Uno de los aspectos positivos de esta reforma político-electoral es que permite dar continuidad a los proyectos, y que la ciudadanía pueda extender el periodo de los gobernantes que se hayan desempeñado de forma más satisfactoria.

La reelección es un tema sensible en nuestro país, desde la época de Francisco I. Madero cuando surge el movimiento revolucionario con el lema “sufragio efectivo y no reelección” nuestra cultura ha rechazado la alternativa de permitir que los gobernantes extiendan en más de un periodo su gestión.

A pesar de que ya se llevó a cabo la reforma a la constitución en materia político-electoral, lo cierto es que aún no hemos tenido las primeras elecciones con candidatos que estén buscando la reelección. En el caso de Nuevo León, los diputados locales y alcaldes que asumieron sus puestos el año pasado son los primeros en tener la opción de reelegirse. En caso de optar por buscar la reelección, la forma en que lleven a cabo su gobierno en los próximos dos años y medio es lo que evaluará la sociedad para decidir si los mantiene en su cargo u opta por otra opción.

Más allá del rechazo histórico que nuestro país ha tenido hacia el tema de la reelección, es importante evaluar los casos de éxito en otras naciones como Estados Unidos y analizar la falta de controles que ha llevado a otros países a tener gobernantes que permanecen en el poder más tiempo que el deseado por su sociedad. Es una buena decisión esperar a ver qué pasa con los gobiernos municipales y con el Congreso Local antes de llevar el tema de la reelección a una presidencia nacional o una gubernatura. Los próximos años serán muy importantes para México, sin duda alguna la reforma político-electoral es un parteaguas en el gobierno de nuestro país.

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Intimidades Públicas: Nosotros los mexicanos y nuestra moral

“En México hay quienes critican para construir y rara vez terminan criticando sin destruir”.- Esolam

La relación entre el gobierno y la sociedad en México es particularmente diferente a la del resto de los países del mundo. Su sistema político –y por ende su cultura política- se encuentra cimentada sobre incontables luchas sociales que sucedieron a lo largo de su etapa como Estado independiente. No basta sólo con recordar nuestra independencia y revolución para entender estos importantes cimientos. Entre estos episodios existen un sinfín de capítulos de prácticas políticas –unos más largos que otros- que influyeron determinantemente en la consolidación del sistema político mexicano, pero sobretodo, de la relación entre gobierno y gobernados. 200 años después y en pleno siglo XXI pareciera que estos cimientos están por colapsar. Quien no acepte que nuestro sistema político sufre una grave decadencia, es un iluso; pero quien no acepte que los partidos políticos lo estén, es un ignorante.

Aún y cuando los partidos políticos han sido actores fundamentales para la construcción del sistema político que impera en nuestro país, el abrumador desgaste del ejercicio público ha logrado castigarlos y ponerlos –a unos más que a otros- en peligro de extinción. Pero lo más grave, no es aceptar que esta posibilidad existe, sino dejar a un lado el hecho de que más allá de la “decadencia” de los partidos políticos, la clase política y la sociedad civil no han entendido que existe un concepto que ambos comparten: el hecho de que todos son ciudadanos.

Ante esto, resulta redundante abordar el tema respecto a la doble moral de la sociedad mexicana; quien no coincida en su existencia simplemente no vive en el México que yo conozco. En México, el pan de todos los días ya no es sólo la crítica desenfrenada contra las instituciones públicas –algunas veces con razón y muchas otras simplemente por ignorancia- y la práctica incoherente de algunas personas que termina por justificar acciones propias fuera del marco de la legalidad; a esto se suma una preocupante apatía en la participación de la sociedad en general en lo público.

Quien no acepte que nuestro sistema político sufre una grave decadencia, es un iluso; pero quien no acepte que los partidos políticos lo estén, es un ignorante.

La triple moral en México es precisamente eso. No basta sólo con criticar a los demás cuando yo también lo hago mal, sino que también hay que agregar a la ecuación el hecho de no participar en lo absoluto en los asuntos públicos, dejando a un lado cualquier concepto de ciudadanía a la que pudiera hacerse referencia. Generalizar que todos los mexicanos somos así sería irresponsable de mi parte, pero dejar de mencionar que existe esta moral sería aún más. Todos en algún punto de nuestras vidas lo hemos hecho, por ignorancia o con conocimiento, pero lo importante no es sólo evitarlo sino erradicarlo.

Habrá quienes piensen que no existe relación directa en entre la moral del mexicano en los asuntos públicos y forma en la que se desenvuelven el gobierno y la sociedad. Pero a mi parecer dicha relación es determinante para fortalecer un concepto de ciudadanía agonizante en nuestros días.

La triple moral en México es precisamente eso. No basta sólo con criticar a los demás cuando yo también lo hago mal, sino que también hay que agregar a la ecuación el hecho de no participar en lo absoluto en los asuntos públicos, dejando a un lado cualquier concepto de ciudadanía a la que pudiera hacerse referencia.

Considero fundamental que la marcada diferencia entre lo público y lo privado se acorte lo suficiente para entender que primero que todo, la ciudadanía es nuestro común denominador. Ningún servidor público es vitalicio ni mucho menos un ciudadano estará ajeno a lo público; mucho menos ahora en nuestro incipiente sistema político que permite que ya no sólo los partidos políticos puedan gobernar.

Critiquemos para construir pero sobretodo construyamos para ya no criticar.

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¿Democracia en riesgo? Crítica a la reforma del artículo 59 constitucional

Las anécdotas, relatos e historias que nos contaban cuando niños sobre aquella lucha revolucionaria, en la que el pueblo mexicano derrocó a Díaz y cuyos resultados fueron, entre muchas cosas, el establecimiento del principio “No reelección” en las bases democráticas, parecen ir camino al olvido; esto debido a que, a partir del 2018, los diputados federales y locales, senadores y alcaldes podrán ser reelectos en forma consecutiva.

De acuerdo a la reforma del artículo 59 constitucional, realizada en el 2014, se establece que “Los Senadores podrán ser electos hasta por dos periodos consecutivos y los Diputados al Congreso de la Unión hasta por cuatro periodos consecutivos. La postulación sólo podrá ser realizada por el mismo partido o por cualquiera de los partidos integrantes de la coalición que los hubieren postulado, salvo que hayan renunciado o perdido su militancia antes de la mitad de su mandato.”

Asimismo, en cuanto a los presidentes municipales, regidores y síndicos, cada constitución local adecuó la reelección dentro de la misma; en el caso de la constitución de Nuevo León se estipuló en el numeral 124 lo siguiente: “Los Presidentes Municipales, Regidores y Síndicos de los Ayuntamientos, podrán ser electos consecutivamente hasta por un periodo adicional. La postulación solo podrá ser realizada por el mismo partido o por cualquiera de los partidos integrantes de la coalición que lo hubieren postulado, salvo que hayan renunciado o perdido su militancia antes de la mitad de su mandato. Los presidentes municipales de los ayuntamientos no podrán ser electos para el periodo inmediato, en municipio diverso al cual se desempeñaron como tales.”

…es altamente posible que los partidos políticos no postulen nuevamente a aquellos que prefieran los ciudadanos, sino a aquellos que más acoplados se encuentren a sus intereses; dejando así la gran probabilidad de hacer a un lado a los diputados o senadores que hicieron una buena labor pero que no supieron alinearse a los intereses de sus respectivos partidos.

Ahora bien, en virtud de mantener la fidelidad con el encabezado del artículo, y tomando en cuenta que todo juicio de valor debe encontrarse dotado de un análisis objetivo con el fin de fortalecer una postura determinada, se procederá a dictar los puntos que explican el motivo por el cual se considera a las reformas actuales de reelección inmediata como un problema para instituir una democracia progresiva.

En primer lugar, cabe destacar el sometimiento al que se encuentran los servidores públicos ante el partido del que forman parte, ya que, de acuerdo con la reforma, serán los partidos políticos a los que pertenecen los que se encargarán de postular nuevamente a los mismos como candidatos de la agrupación política. Dicho esto, surgen dos interrogantes. La primera ¿Qué pasaría en el supuesto donde la ciudadanía desee reelegir a un funcionario público mas, sin embargo, su partido debido a cuestiones internas, opte por no otorgarle la reelección consecutiva? ¿Ahí donde quedó aquel poder del pueblo que se supone, estas reformas a la constitución iban a fortalecer?

No debemos olvidar que actualmente, en los partidos políticos existen intereses particulares que bien podrían considerarse por encima de la voz del pueblo. Es por esto mismo que me mantengo escéptico en el hecho de que los partidos vayan a otorgar nuevamente la postulación al funcionario que los ciudadanos acepten, y en su lugar, sean guiados en primera instancia por aspectos ajenos a la aprobación del pueblo. Resumiendo lo anterior, es altamente posible que los partidos políticos no postulen nuevamente a aquellos que prefieran los ciudadanos, sino a aquellos que más acoplados se encuentren a sus intereses; dejando así la gran probabilidad de hacer a un lado a los diputados o senadores que hicieron una buena labor pero que no supieron alinearse a los intereses de sus respectivos partidos.

Considero que un grupo considerable de jóvenes… no tendrían oportunidad frente a una persona que lleva mayor número de años y sobretodo, mayor número de contactos en su partido los cuales opten por postularlo nuevamente como candidato.

Por otra parte, la segunda cuestión habría de ser la siguiente: ¿Qué hay de los funcionarios públicos independientes? En base al mecanismo de requerir un partido político, o coalición, para que un servidor pueda recurrir a la reelección consecutiva, se pone en tela de juicio el destino que les deparará a aquellos diputados, senadores y alcaldes que ganaron en un inicio las votaciones de forma independiente. Tal cuestión debería ser replanteada lo más pronto posible, pues de no ser así, aquellos afectados no tendrían más opción que recurrir a mecanismos como el juicio de amparo.

Asimismo, otra cuestión que vale la pena destacar es la opacidad total en cuanto al distrito por el cual podrán volver a fungir como candidatos aquellos ciudadanos que laboran en el congreso. Prácticamente, no existe especificación alguna en la constitución federal que comprometa a que los partidos postulen nuevamente para el mismo distrito a sus militantes, sino que, al contrario, pareciera que estos podrían ocupar algún otro distrito diferente al que representaron en primer lugar. Este supuesto habrá de aplicar, en el escenario donde un diputado o senador hayan cambiado de domicilio, con el objetivo tal vez, de volver a comenzar en un espacio geográfico donde no se sepa de su ineficiencia.

…actualmente, en los partidos políticos existen intereses particulares que bien podrían considerarse por encima de la voz del pueblo. Es por esto mismo que me mantengo escéptico en el hecho de que los partidos vayan a otorgar nuevamente la postulación al funcionario que los ciudadanos acepten…

Finalmente, un argumento de carácter ajeno a lo estipulado de forma ortográfica en la reforma, es el asunto de la alternancia y de las oportunidades robadas a los que desean incursionar por primera vez en la vida política. ¿Qué pasará con aquellos jóvenes militantes de algún partido, que aspiran iniciar como diputados de su distrito, pero que, lamentablemente se encuentran con que es postulado nuevamente el mismo funcionario de la legislatura pasada? Considero que un grupo considerable de jóvenes pertenecientes a una agrupación política no tendrían oportunidad frente a una persona que lleva mayor número de años y sobretodo, mayor número de contactos en su partido los cuales opten por postularlo nuevamente como candidato.

Son por estos motivos, que antes de optar por esta reforma, sería conveniente defender la no reelección con el mismo ahínco y el mismo amor hacia lo justo y hacia lo que es democrático, tal como lo hizo Madero en su momento.

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Nacionalizar es descolonizar

Esta gran frase de Vicente Lombardo Toledano, secretario de la Confederación de Trabajadores de México en los años 30s, engloba en tres palabras el sentimiento y las motivaciones que llevaron al General Lázaro Cárdenas a expropiar el petróleo en 1938.

En una época actual donde la privatización de algunas industrias es vista como algo favorable para la economía nacional, es difícil visualizar cómo fue posible la creación de PEMEX ante la presión diplomática.

Nacionalizar es descolonizar porque la nacionalización del petróleo conllevó a romper las ataduras imperialistas que tantos siglos nos habían agobiado y porque se demostró que un país latinoamericano tenía la dignidad y la capacidad suficiente para imponer su soberanía.

La expropiación petrolera trajo al país una importante transformación en cuestión de infraestructura y de orden político tras venir de décadas de caos después de la Revolución. Fue una más de esas políticas socialistas que tanto bien le hicieron al país como el reparto agrario, la creación de escuelas, la invención del ejido, el asilo español y Pemex, el gran baluarte del Estado Mexicano.

Si bien es cierto, la nacionalización conllevó una devaluación del peso en esa época, cimentó los primeros pasos del Milagro Económico Mexicano que tiempo después ocurriría en tiempos de López Mateos y Ruiz Cortines.

Nacionalizar es descolonizar porque la nacionalización del petróleo conllevó a romper las ataduras imperialistas que tantos siglos nos habían agobiado y porque se demostró que un país latinoamericano tenía la dignidad y la capacidad suficiente para imponer su soberanía.

No importó echarse encima al gobierno “yankee”, a los ingleses, al dictador Franco o incluso a la misma Unión Soviética, las políticas sociales que si favorecen al pueblo no deben ser cortesías a las potencias sino demostraciones de libertad.

El gobierno de Cárdenas demostró que se podía hacer política ayudando al campesinado y al sector obrero, al empresarial e incluso un singular apoyo a las minorías golpeadas como los refugiados españoles o el recibir a comunistas como León Trotski. No importó echarse encima al gobierno “yankee”, a los ingleses, al dictador Franco o incluso a la misma Unión Soviética, las políticas sociales que si favorecen al pueblo no deben ser cortesías a las potencias sino demostraciones de libertad.

Es iluso pensar que los políticos actuales deban copiar a Cárdenas o que el cardenismo fue perfecto y debemos regresar a las ideas de 1938. Sin embargo, la pasión y el dinamismo por el progreso nacional que se tuvo en esa época cuando se compara a los últimos 20 años de gobiernos nacionales dista mucho de tener siquiera algo de eso.

Nacionalizar es descolonizar porque fue justo y es justo cuando las potencias extranjeras no quieren hacer negocios con México sino a costa de México y aún más justo porque ocurrió cuando se dieron las circunstancias que en otro momento nos costaría otra invasión.

Lo dicho, dicho está.

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