Descarta AMLO que haya recesión

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El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha rechazado un informe reciente que reportaba que la economía mexicana entró en recesión, el reporte habiendo sido publicado el día de ayer por la correduría Bank of America-Merrill Lynch. Sin embargo, sí afirmó que era probable que no haya crecimiento económico, pero sí más desarrollo.

 

“Aceptando sin conceder que exista una disminución en la tasa de crecimiento, no tengo la menor duda de que puede existir esa tasa de disminución, mejor dicho, esa disminución en la tasa de crecimiento, pero está aumentando el nivel de desarrollo, porque ahora hay una mejor distribución del ingreso. (…) Van a seguir cuestionando el manejo económico porque les molesta mucho el que se haya decidido acabar con la corrupción, ése es el fondo.”

 

(Con información de Reforma)

Advierten Recesión Técnica para México

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El Banco de Estados Unidos (Bank of America), advierte al gobierno mexicano de inminente recesión técnica. Comenta la organización financiera, que se dicha recepción es proyecta para los siguientes tres meses, y así mismo que el Producto Interno Bruto (PIB) del país, caiga un 0.4%. 

No es la primera vez que advierte la firma al gobierno mexicano sobre una recesión, la primera vez siendo el pasado Junio cuando el Presidente estadounidense, Donald Trump, declaró aranceles en las exportaciones mexicanas hacia su país. Sin embargo, comentan que en los últimos meses, las contracción que ha reportado el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), en cuanto al PIB mexicano, son factores para una posible recesión. 

 

No obstante, a pesar de tener dichas proyecciones, reafirman que se necesitan más datos para establecer si este fenómeno va a afectar de manera significativa a la economía de México. 

Con información de “El Universal”

Crecimiento económico o estabilidad macroeconómica

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López Obrador, quien tomará posesión el próximo sábado, ha establecido que su gobierno respetará la estabilidad macroeconómica. Esa no es una promesa menor si revisamos los acontecimientos de la crisis de la deuda de 1982, la crisis de 1987 y el “error de diciembre” de 1994. Aquí nos concentraremos en la primera, la cual sumió al país en una de las peores crisis de su historia reciente. 

Cuando Luis Echeverría asciende a la Presidencia en 1970, el gobierno se enfrenta a dos problemas centrales: la pérdida de legitimidad política por los sucesos de 1968 y a un recesión económica. 

El autoritarismo mostrado en la represión estudiantil representaba el agotamiento del sistema político. Asimismo, la recesión económica de 1971 expresaba el fin del periodo denominado “desarrollo estabilizador”. Periodo en el cual la economía presentó un crecimiento sostenido y una estabilidad macroeconómica, es decir, bajos niveles de déficit y deuda, así como una inflación controlada. 

Sin embargo, los aspectos negativos del modelo de sustitución de importaciones iban agudizándose a medida que terminaba la década de los sesenta: cuellos de botella en la producción, baja productividad y, por ende, baja competitividad, una burguesía conformista y la dependencia estructural de bienes de capital externos. 

Con ello, Echeverría buscó recuperar la legitimidad política a través de un inusitado gasto público dirigido a sectores poco productivos. El entonces presidente pensaba que el “desarrollo estabilizador” había provocado una mayor desigualdad, por lo cual su proyecto, denominado “desarrollo compartido”, debía concentrarse en la redistribución del ingreso nacional. 

Bajo este populismo económico, el aparato burocrático se expandió de forma desmedida, el déficit aumentó y el financiamiento tuvo que hacerse a través de la emisión de dinero por parte del Banco de México y de endeudamiento externo. 

Con la devaluación de 1976, la lucha contra la iniciativa privada y el acuerdo de estabilización pactado con el Fondo Monetario Internacional parecía que el gobierno había aprendido la lección. Sin embargo, ante el descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo en 1977, la dirección de la política económica no sólo continuó por la misma senda, sino que se intensificó. Entre 1977 y 1981, el PIB creció a una tasa promedio anual de 7.8%.

López Portillo buscó redirigir los excedentes provocados por la bonanza petrolera a otros sectores como el campo; sin embargo, los ingresos generados por las exportaciones del petróleo eran usados fundamentalmente para cubrir los gastos de PEMEX. 

Por lo tanto, el gobierno buscó financiarse a partir de deuda externa. En esa época, ante la confianza que generaba el hallazgo de petróleo, existía gran disponibilidad de préstamos para el país. Deuda que era pagada a partir del aumento de riqueza gracias al crudo. De esa manera, lo que hacían los bancos internacionales era simplemente reciclar los petrodólares.

Aunque la inflación había crecido en menor medida que la producción, el tipo de cambio fijo provocó el aumento de la demanda de bienes importados con lo cual el peso se encontraba sobrevalorado y presionaba a la balanza de pagos. Para cubrir el déficit en la balanza de cuenta corriente, el gobierno aumentó su deuda externa, con lo cual la tendencia se reforzaba. 

Ante la caída del precio internacional del petróleo en 1981, la expectativa devaluatoria presionó aún más al tipo de cambio. Al ver que las reservas internacionales del Banco de México se agotaban, el gobierno no tuvo otra opción más que hacer flotar el peso. Sin embargo, el peso se encontraba aún sobrevalorado y, aunado a ello, debido al encarecimiento de las importaciones, López Portillo aumentó los salarios, con lo cual se dispararon los precios. 

Ante la desconfianza de los mercados y con la necesidad de financiar el déficit, el gobierno buscó financiarse a partir del aumento de la masa monetaria en circulación, lo que generó un mayor aumento de los precios. 

La expropiación de la banca en 1982 y el control generalizado de cambios para detener la fuga de dólares solamente empeoraron la desconfianza y agudizaron la crisis. Ante ello, el entonces Secretario de Hacienda, Jesús Silva-Herzog, declaraba impagable la deuda externa y México se hundía en una severa crisis.

A más de treinta años de ese suceso, México ha aprendido su lección. La autonomía del Banco de México, organismo encargado de velar por la estabilidad de precios y mantener el poder adquisitivo de la divisa nacional, evita que el gobierno siga financiándose a través de la impresión de billetes. Por ello, la designación de Gerado Esquivel y Jonathan Heath como subgobernadores del Banco genera confianza. 

Nadie niega la necesidad de la economía mexicana de aumentar las tasas de crecimiento. Para comenzar a revertir la pobreza, la economía debe de crecer por lo menos al 5 % anual, pero ello no implica descuidar la estabilidad macroeconómica.

Como diría Rodrigo Gómez, Director del Banco de México de 1952 a 1970, en ningún momento se debe sacrificar la estabilidad de los precios en aras de un mayor crecimiento económico.