#PulsoUrbano: “La alergia nuestra de cada día”

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La escena se repite. Una “nata” gris divide entre el cielo que emerge del imaginario más poético y esa parte “baja” de la ciudad en donde ni se pierde incluso la visibilidad.

El problema de la contaminación del aire es que el aire no se ve. Así que la vida cotidiana pasa mientras respiramos “quiénsabequécosa” sin darle demasiada importancia. Sin embargo, eso no quiere decir que no exista.

La mala calidad del aire es y cada vez más se presenta en la alteración de la salud pública de los habitantes. Si preguntamos a nuestros conocidos sobre los síntomas que no les permiten “vivir en paz” en la ciudad, nos daremos cuenta que la mayoría apunta a ligeros y no menos graves señales de que algo no está bien: dolores de cabeza, alergias, nariz tapada o dificultad para respirar.

Es esto último, respirar, uno de los verbos de los que depende la vida humana. Por eso es tan importante, hablar del problema lacerante para la calidad de ida colectiva que representa la contaminación del aire.

Lamentablemente, su medición como regulación, dependen de las instituciones públicas competentes. Las mismas que “brillan por su ausencia” una vez que lo único que hoy tenemos en el Estado de Nuevo León es una irrisoria medición que ni siquiera alcanza los estándares tecnológicos para hacerla de forma oportuna y correcta.

A lo más que ha llegado la acción gubernamental ha sido a difundir esa medición imprecisa, emitir recomendaciones para que nosotros hagamos algo en términos de prevención y conferencias o talleres para que sepamos de qué se trata.

Dos que tres batallas legales contra las famosas “pedreras”, pero hasta ahí.

¿Se puede hacer más? Por supuesto que sí. Sobre todo, porque Nuevo León tiene una gran posibilidad de involucrar a una sociedad civil cada vez más preocupada por solucionar este problema y cuyo conocimiento y propuestas deberían estar como prioridad en estos momentos de crisis ambiental en la que todos los días estamos con el semáforo en rojo.

Lo cual se traduce en enfermedades y, por tanto, en altos costos en salud que se termina pagando con dinero privado y también con dinero público.

Debemos hacer la gran apuesta que no sólo considere a los baches como el problema de Nuevo León, sino… ¿Qué estamos respirando? Preguntemos una y otra vez para darnos cuenta que esa nata nuestra de cada día debe desaparecer si queremos garantizar nuestra calidad de vida.