#ElTalónDeAquiles: “Alvarado Vs. Alvarado: lo bueno, lo malo, y lo feo”

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En vista que el primero de abril se realiza en Costa Rica la segunda vuelta electoral , me tomo la libertad de adelantar mi columna de este mes, para tratar, por cuarta vez, este tema. Para este momento, muchos saben que dos Alvarado, Fabricio y Carlos, se pelean la silla presidencial. Las encuestas señalan que el primero, un pastor evangélico, cantante, y experiodista, sin títulos universitarios, quien fue catapultado como ganador de la primera ronda electoral a raíz de la respuesta a una consulta del gobierno costarricense a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), podría ser electo. El candidato oficialista logró, sin embargo, colarse en la segunda ronda. Defensor de las ideas progresistas, Carlos representa la filosofía moderna (cosmopolitismo, defensa de los derechos humanos, etc.), pero también la continuidad de un gobierno que muchos sienten, quedó debiendo en términos del cambio prometido, la eficiencia, y la transparencia en el manejo de los asuntos políticos.

La opinión consultiva de la CIDH recomendó a varios países de las Américas garantizar a las parejas del mismo sexo todos los derechos existentes. Se levantaron entonces en Costa Rica las voces en contra de la mal llamada, y por cierto inexistente, “ideología de género”.  Lo bueno es que por fin quedó expuesta la intolerancia de muchos ticos, la cual había perennemente sido camuflada bajo el chauvinismo. ¿No me cree? Pregúntele a la comunidad LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales, Intersexuales), víctima de la doble moral y homofobia reinante desde tiempos inmemorables, o a los afrodescendientes, los indígenas, y otras víctimas de racismo. Los miles de nicaragüenses, que ya se acostumbraron a la xenofobia, pueden también atestiguar al respecto. Costa Rica tiene la oportunidad de verse al espejo y corregir un problema que ahora luce evidente.

Lo malo de la presente situación es que, en vez de iniciar la transformación del ethos colectivo, se legitime el racismo y la discriminación. Malo es que se normalice el contubernio religión-política, que se olvide que la democracia sólo funciona cuando el centro ideológico tiene más vigor que los extremos, y pretender que los medios de comunicación privados no tienen responsabilidad social. Malo es que las élites que se recetaron pensiones de lujo cuya inmoralidad mal se disimula en el artilugio legal de los “derechos adquiridos”, sigan viendo cómo sacar provecho. También es malo que flotemos en el caldo de cultivo de otro desencanto colectivo. Porque no tardará la desilusión de quienes voten por Fabricio ante las contradicciones de un “líder” errático desde ahora. Y quienes votaron por Carlos para empoderar la agenda progresista, verán cómo esta se diluye en el pragmatismo de un (necesario) gobierno de unidad. Pactar con 46 diputados de derecha o centro-derecha para generar consensos inevitables amarrará al eventual segundo gobierno del Partido Acción Ciudadana (PAC).

Lo feo es que el Partido Restauración Nacional (PRN) ponga en duda la integridad del Tribunal Supremo de Elecciones, que se instruya, ilegalmente, a pastores evangélicos para mentir y manipular a sus feligreses para llevar votos a sus arcas, y que Fabricio anule sistemáticamente las invitaciones a debatir públicamente. Vergüenza da sus rechazos a las entrevistas nacionales e internacionales. Feo es darse cuenta que el candidato del PRN puede no ser la causa, sino el producto, de algo muy grave, algo que está profundamente mal, en la sociedad costarricense.

Cada momento de cambio abre espacio para lo mejor y lo peor. No seamos ingenuos: feo es entender que gane quien gane, el país quedó partido, y los puentes del diálogo fueron destruidos por la estruendosa sordera del fanatismo. Mi deber como ciudadano es reconstruir esos puentes, escuchar, y entender. Esa es nuestra responsabilidad colectiva. Porque aunque nos salvemos por ahora, y ojalá que así sea, habrá siempre otra elección, y los desencantos del pasado, podrán siempre hipotecar las esperanzas del futuro.

Fernando A. Chinchilla

Montreal (Canadá), marzo de 2018

#ElTalónDeAquiles: “Se abre el telón: Alvarado, entre lo “Macron” y lo “Trudeau”… ¿O todo lo contrario?”

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Para las elecciones de 2018, tres son las opciones de izquierda en Costa Rica. La primera, insignificante, está liderada por Rolando Araya, exlíder del Partido Liberación Nacional (PLN), quien es candidato a diputado por el “Partido Todos”. La segunda es moderadamente minoritaria: el “Frente Amplio” (FA), que postula a Edgardo Araya, es una de las cuatro fracciones legislativas más numerosas en el parlamento actual. Y la tercera, ni siquiera es una opción de izquierda, o al menos no lo es en teoría. Concierne al Partido Acción Ciudadana (PAC), el oficial. En esta tercera (y última) entrega de “El Talón de Aquiles” dedicado al proceso electoral costarricense, argumento que el voto racional y sensato debe ir a Carlos Alvarado, candidato del PAC. Explico mi raciocinio a continuación.

La primera opción de izquierda, que ni siquiera presenta candidato a la presidencia, es el grupo minoritario “Partido Todos”, cuya ideología, el “socialismo cuántico”, es confusa. Según su líder, Rolando Araya, de lo se trata es de buscar alejarse del materialismo y del mecanicismo imperantes, para llevar a una nueva ética social caracterizada por la paz, la felicidad, el amor, y la solidaridad. Que alguien me explique cómo aplica esto a la praxis. La segunda opción es el Frente Amplio (FA), heredero de la izquierda radical costarricense y que, como muchos partidos de izquierda, emplean una retórica confrontativa que incomoda a muchos ticos, acostumbrados al “pura vida” de la “Suiza centroamericana”. Además, su desatinada definición de geopolítica – el FA se puso a defender lo indefendible (a Nicolás Maduro y al Sandinismo del siglo XXI) – muestra pobreza de criterio. Nadie, ni siquiera los que nos reivindicamos de la izquierda democrática, entendemos por qué es mejor defender países en vías de subdesarrollo, que rescatar las peculiaridades del radicalismo de izquierda costarricense y adaptarlo al siglo XXI, para formular así contribuciones innovadoras a los debates de la izquierda contemporánea.

Esto nos deja con el PAC, el cual, aunque fue originalmente ideado como partido de centro, ocupa hoy el lugar que el PLN dejó en 1986. Cierto es que su fundador, Ottón Solís, es un tecnócrata neoliberal dispuesto a degollar al Estado en su cruzada contra la corrupción, pero también lo es que el partido fue complementado en 2013 por intelectuales que le confirieron una agenda más progresiva. Por ello, el PAC está a la izquierda de los partidos tradicionales (incluido del PLN), de varios partidos minoritarios, y a la derecha del FA. Por su herencia centrista, Alvarado recuerda en algo a Macron (candidato de centro en Francia), aunque su liberalismo social lo acerca a Justin Trudeau, quien representa el centro-izquierda canadiense. Bueno, eso es guardando las distancias, y para bien o para mal, pues a Macron y Trudeau tampoco les ha ido tan bien.

Por su charlatanería, Otto Guevara, Juan D. Castro (el Trump-Tico), y Rodolfo Hernández, deberían quedar reprobados. Por su definición camaleónica de la política, Álvarez Desanti (PLN) es nocivo para la salud. Quedan entonces Piza (Partido Unidad Socialcristiana, PUSC) y Alvarado: el primero, a pesar de una campaña política infinitamente insípida y superficial, representa un conservadurismo tradicional, mientras que el segundo, a pesar de representar al partido en el gobierno, encarna una opción progresista sofisticada. Pero Alvarado, además, materializaría la llegada al poder de una nueva generación, que está lista para irrumpir en política, y que lo tiene todo para hacerlo mejor que la que nos ha gobernado en los últimos 30 años.

La izquierda costarricense ha sido prolífica, pero como en otros países, la derecha la ha satanizado. En América Latina, lo que no huele a Fidel es igual a Chávez. Soy hijo de la Costa Rica que invierte en educación porque sabe que su gente es lo que importa. Soy el heredero de un país progresista, generoso, inspirador, que fue, y sigue siendo, ejemplo en América Latina. ¿Cuál candidato defiende este legado? Nuestro cálculo puede fallar, pero no nuestra racionalidad. El elector racional debe salir a votar con confianza y tranquilo, pues opciones sensatas hay, y para ello debe hacerlo por quien crea, tiene mayor potencial para rescatar lo mejor de nosotros mismos. Creo que Alvarado, y el PLAC, representa esa opción, pero también creo que, paradójicamente, en su hartazgo ante la incapacidad política real o percibida del actual gobierno, el votante difícilmente considerará votar por la continuidad. Ojalá me equivoque.

Fernando A. Chinchilla

Cholula (México), enero de 2018