Decía mi abuelo…

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Decía mi abuelo que “lo más sagrado que tiene un hombre es su palabra.”

Lo conocí poco, pero me cuentan que era una persona de carácter fuerte, de convicciones férreas y con sus prioridades bien definidas, la primera de ellas, la familia.

Hoy en día, es difícil encontrar a esos hombres de “antes”, aquellos a quiénes no les hacía falta la firma de un papel para cumplir las cosas, sino la palabra misma.

Actualmente, vivimos una crisis de credibilidad en la política mexicana, vemos a candidatos que prometen cosas, muchas de ellas firmadas ante notario público, y aún así, no las cumplen.

A nivel nacional, fuimos testigos de una campaña de contrastes; lo que es, contra lo que debiera ser, frases cortas que cumplían objetivos meramente electorales, la mayoría de ellas sin viabilidad económica o política. Hoy, a unos meses después del 1 de julio las cosas son diferentes, aquellas propuestas revolucionarias y de transformación -ya se nos está avisando-, no se podrán cumplir porque lo que se dijo, no es tan sencillo.

Quizá, la clase política ha encontrado en las propuestas una opción para “encantar” a sus electores y utilizarlos a su gusto ó quizá nosotros como ciudadanos, no hemos sido capaces de exigir que las promesas se cumplan. O tal vez, debemos de revalorar nuestra palabra ya que esto nos fortalecía como sociedad.

Mi abuelo fue maestro rural y me cuentan que caminaba largas distancias para llegar a dar clases, no le importaba nada más que cumplir.

Él decía: “la responsabilidad, es la responsabilidad.”

Se vale debatir…