El Talón de Aquiles: “El Manifiesto de Paz Sostenible (Segunda Parte)”

El martes 14 de marzo de 2017, el Laboratorio Transnacional Paz Sostenible A.C. (LTPS), cumplió su primer año de existencia. Esta ocasión amerita retomar la reflexión que inicié en abril del 2016, en el Talón de Aquiles # 8, titulado “El manifiesto de paz sostenible (primera parte)”. Procedo entonces en dos vertientes. Por un lado, es central recordar por qué es importante reflexionar sobre la paz, y su sostenibilidad. No pretendo desarrollar aquí una cátedra al respecto y tampoco estoy seguro de poder hacerlo.

Sí puedo afirmar que este es uno de los temas centrales de nuestro tiempo, si bien existen dos elementos que convierten esta reflexión, como explicaré a continuación, en una aventura abstracta y difusa. A pesar de ello, quisiera enumerar, en un segundo momento, algunos de los desafíos que debemos enfrentar los que deseamos trabajar a favor de la paz.

 

¿Por qué es importante reflexionar sobre la paz sostenible?

La paz ha preocupado a filósofos por milenios, si bien el carácter abstracto y difuso hace de esta, una ardua aventura. Por un lado, existe la crítica del idealismo: el pacifismo es un movimiento ingenuo, que no toma en cuenta el hecho que los protagonistas sociopolíticos son racionales y egoístas.

La guerra ha existido desde que el ser humano puso los pies sobre el planeta; el mundo en el que vivimos hoy es el resultado de esa realidad. Desde esta perspectiva, los intereses, tanto en política interna como internacional, explican nuestra tendencia a la violencia. Múltiples ejemplos, sin embargo, en diversas áreas del quehacer humano, muestran que esta afirmación no es tan certera, y que sí es posible pensar en un mundo articulado alrededor de la cooperación internacional.

El hecho que el “egoísmo racional” guíe mucho del comportamiento humano, no implica que el mismo se guíe exclusivamente por el egoísmo.

Si nos hubiéramos rendido ante esta supuesta “cruda realidad”, no existiría hoy una Organización de Naciones Unidas (ONU) la cual, a pesar de sus múltiples debilidades, sigue presentándose como un baluarte de los que pensamos que un mundo mejor es posible.

Son 97,000 Cascos Azules, provenientes de 110 países grandes, pequeños, ricos y pobres, los que en 2017 se encuentran desplegados en 16 operaciones de paz alrededor del mundo. Hoy, si bien los conflictos armados internos siguen cobrando muchas vidas, demasiadas, la guerra entre Estados ha prácticamente desaparecido. Esta cooperación no se limita al nivel político.

En el ámbito científico, uno de los mayores logros en ingeniería, la Estación Espacial Internacional, y que es el fruto de la cooperación entre la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), la Agencia Espacial Rusa (FKA), la Agencia Japonesa de Exploración Espacial (JAXA), la Agencia Espacial Canadiense (CSA), y la Agencia Espacial Europea (ESA), pasa por encima de nuestras cabezas más de 15 veces por día, a una velocidad de 27,743 kilómetros por hora.

Si esto no ejemplifica cooperación internacional a favor del progreso humano, entonces que alguien me explique de qué se trata. Es decir, no es fácil cooperar, pero se puede, y ejemplos reales y concretos existen para sustentar esta posición.




Por otro lado, hablar de construcción paz es difuso, pues existen múltiples formas de violencia que se erigen como obstáculo. Si se focaliza exclusivamente en violencia letal, es decir en las muertes, es fácil perderse en los análisis de las dinámicas de la violencia colectiva en cualquiera de sus formas.

Ya sea violencia política (que enfrenta Estados represores a guerrillas y otros grupos armados), violencia social (que puede tomar la forma de genocidios, limpieza ética, etc.), o violencia económica (principalmente causada por el crimen transnacional organizado), el análisis no es fácil.

Pero si, además, incluimos otros tipos de violencia – la de género (contra las mujeres y poblaciones sexualmente diversas), la simbólica (discriminación y otras exclusiones basadas en características étnicas o socioeconómicas), el maltrato a personas de la tercera edad, a los animales, etc. – entonces nunca terminamos.

Alcanzar la paz significa entonces luchar contra esos comportamientos. Es decir, la “paz sostenible” implica una revolución que debe abarcar al ser humano en todas sus dimensiones. La opción contraria, es decir no hacer nada porque es iluso pensar que se puede cambiar, no es éticamente factible.

No solo implica aceptar tanta injustica y maltrato, sino que además incurrimos en una contradicción ética: vivimos, y muchos de nosotros defendemos, un mundo en donde el universalismo de nuestra moralidad nos enseña que todos los seres humanos somos iguales. Habría entonces que actuar consecuentemente.

 

¿Por dónde comenzar?

En la abstracción de lo general, es posible argumentar que es vital extender los valores del cosmopolitismo, los cuales se nutren del pensamiento estoico greco-romano, y que encontraron en Kant a un aliado importante. Debemos ser prudentes y adherir a valores propios de la humanidad. Debemos alejarnos de los nacionalismos insensatos. Para ello, debemos comenzar aceptando el precepto publicado en 1762 por Jean-Jacques Rousseau, en su novela “Emilio o de la educación”, según el cual el ser humano es “bueno por naturaleza”.




Argumenta Rousseau que, si no fuéramos oprimidos por la educación tradicional y corrompidos por la sociedad, estaríamos todos orientados a hacer el bien. ¿Idealismo? Tal vez ese sea el caso, pero tal vez no. En su libro “Camino hacia la Libertad”, Rolihlahla, llamado cariñosamente en Sudáfrica Madiba, pero quien es mejor conocido a nivel internacional por el nombre que adoptó para poder asistir a la escuela – Nelson Mandela – señalaba: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión.La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario”. Sudáfrica sigue siendo, a pesar de todo, un modelo de transición pacífica hacia la democracia. ¿Amor y Paz? Tal vez, pero con resultados concretos.

¿Cuál es el punto? Cuando el planeta explote, ya sea por el cambio climático, porque alguna de las armas nucleares detone por abandono o por haber caído en manos de un grupo/red transnacional radical, o porque las desigualdades sociales han llegado a un punto insostenible, poco importará si somos japoneses, marroquíes, o turcos.

Todos estamos en el mismo barco, y aunque vivamos creyendo que solo en el comercio nos liga, la verdad es que somos más interdependientes de lo que pensamos: nuestro futuro, y el de las especies que nos acompañan, depende de las acciones que, como colectividad, tomemos hoy.

Pensar en términos de “paz sostenible” es entonces importante al menos en tres sentidos.

Primero, es un acto político, pues al hacerlo, estamos indicando que, a pesar de los intereses particulares de múltiples actores, se debe ir más allá. Se trata un necesario e impostergable acto de rebeldía, de juventud e ingenuidad, ante el cinismo que nos ahoga.

Segundo, es un acto de humanidad y humildad. Se trata de reconocer que nuestro interés racional y egoísta nos llama a vivir en ambientes que garanticen la seguridad. Desarrollar arquitecturas segregacionistas que esconden lo feo, es decir la pobreza, para mostrar solo lo bonito (esto aplica a nivel local e internacional) no implica seguridad. La paz sostenible incluye también proteger el medio ambiente y las especies animales, pues no hay economía que aguante un planeta desarreglado.




Pero todo esto es abstracto. ¿Por dónde comenzar en lo concreto? Cuatro son los principales retos del LTPS en lo inmediato. Primero, es fundamental conseguir financiamiento estable que permita desarrollar proyectos concretos en aspectos específicos del quehacer humano ligados de forma directa o indirecta a la generación de espacios de paz.

El reto es de talla, pues la cooperación usualmente privilegia la generación de logros el corto plazo, en una lógica de eficiencia en la gestión financiera. De lo que se trata es de circunscribir estas iniciativas “fragmentadas” en una visión holística que permita cumplir con el cortoplacismo sin perder de vista el largo plazo. Segundo, hay que quebrar la lógica de competencia entre las entidades gubernamentales, no-gubernamentales, y la academia. Hay que generar genuinos espacios de convergencia interinstitucional.

El LTPS es una iniciativa independiente, interinstitucional y multidisciplinaria, y por ello requerimos de la cooperación para crecer. Debemos actuar en esta dirección sin caer en líneas partidarias o políticas que a veces, por no decir a menudo, impregnan el quehacer de las entidades públicas y privadas.

Tercero, el elemento transnacional, que implica la adopción de una perspectiva “glocal” (intersección entre lo global y lo local) es central, pues en el mundo contemporáneo, lo global tiene incidencia local, y viceversa. Cuarto, debemos pasar de la teoría a la práctica. Lo afirmaba el año pasado y lo vuelvo a afirmar hoy: uno de los retos de nuestra generación es ejecutar ideas que cambien el mundo en el que vivimos: diagnósticos tenemos de sobra; lo que hace falta es actuar, y hacerlo asertivamente.

 

Epílogo (un poco menos preliminar que el del año pasado)

Ser “cosmopolita” o considerarse “ciudadano del mundo” no significa viajar mucho, ser “internacionalista” o tener diferentes nacionalidades. Ni siquiera implica ser multicultural. El cosmopolitismo es despojarse del nacionalismo que tanto daño ha hecho, dejar de cantar himnos y de envolverse en banderas, y priorizar la adhesión a la humanidad. Primero soy humano; luego puedo ser costarricense, francés, gay, norcoreano, rico, pobre, latino, asiático, bisexual, conservador, mujer, o revoltoso.

Implica también reconocer que los intereses individuales no se pueden alcanzar si no existe una garantía de supervivencia en paz, la cual, como especie, debería ser considerada nuestro más importante interés colectivo. Invito a todos los que se deseen sumar a esta iniciativa, a acercarse a nosotros. Las necesidades son múltiples, los recursos escasos, pero la acción colectiva organizada es necesaria.

Por algún lugar se empieza, y este puede ser un buen inicio. Termino esta segunda parte del manifiesto de paz sostenible igual que el año pasado: hago un llamado para que seamos, más que expertos en construcción de paz, verdaderos constructores de paz. Mayor información sobre el LTPS es accesible en nuestro sitio web, el cual debería entrar en funcionamiento muy pronto, por la página Facebook (@pazsostenible.org), la cual está en actividad desde febrero de 2017. También nos pueden escribir a: info@pazsostenible.org

Fernando A. Chinchilla

Cholula (México), marzo de 2016

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

 

CAER PARA CRECER

Education is the most powerful weapon which you
can use to change the world…

Nelson Mandela

Acabo de concluir una etapa muy importante en mi vida. La semana pasada participé en el Inter-American Human Rights Moot Court Competition, para lo cual fueron meses intensivos de preparación, esfuerzo, dedicación, estrés y felicidad.

Siempre había escuchado la frase: “nadie vuelve igual de un Moot Court”, y creo que hasta este momento, cuando estoy sola, pensando en todo lo que pasé, realmente puedo decir que no hay frase más verdadera.

Es importante mencionar que no logramos pasar a la semifinal, ocurrieron cosas que a veces por más que quieras no puedes controlar. Sin embargo, me di cuenta de algo que me hizo poner los pies en la tierra: el saber que realmente no sé nada; algunas personas me dirán que estoy exagerando, pero no es así. Desde los más profundo de mi corazón, estoy consciente y feliz de lo mucho que me falta por aprender y comprender sobre mi carrera, y sobre todo en el ámbito de derechos humanos.

Siempre había escuchado la frase: “nadie vuelve igual de un Moot Court”, y creo que hasta este momento, cuando estoy sola, pensando en todo lo que pasé, realmente puedo decir que no hay frase más verdadera.

En algunas ocasiones creo que nos endiosamos creyendo que conocemos todo, a veces nos dejamos de cuestionar las cosas y pasamos sólo a afirmar. No sé si en esta etapa del proceso eso me pasó a mi, pero sí sé lo mucho que me marcó perder. Sí hay una María antes y después del Moot Court. Ayer recordé “El libro salvaje” de Juan Villoro y al Tío Títo diciendo la frase: “hay gente que cree que entiende un libro porque sabe leer. Ya te dije que los libros son como espejos: cada quien encuentra ahí lo que tiene en su cabeza. El problema es que solo descubres que tienes eso dentro de ti cuando lees el libro correcto.” Eso quiero que me pasé a mí, que cada libro que lea sea mi espejo. Leer para conocer y conocerme.

Y caigo en cuenta que, si realmente queremos cambiar el mundo donde vivimos debemos empezar por nosotros mismos, a ser más humildes y reconocer que nos falta mucho por aprender, la educación es fundamental para seguir creciendo, las derrotas necesarias para seguir luchando. A veces lo que más habla sobre nosotros es recordar todas las veces que hemos fallado y decir: “lo estoy volviendo a intentar”.

Vivimos en un país que atraviesa un sinfín de problemas, entre los que se pueden encontrar violaciones a derechos humanos, desigualdad e injusticias sociales, falta de educación, entre otros. Sin embargo les quisiera recordar que nosotros somos el presente de un México nuevo, no es por escucharme utópica (como la mayoría me dice), es por escucharme real, como decía el Ché: “seamos realistas y hagamos lo imposible”.

Para todas las personas que me han dicho, “las cosas no cambian”, “qué bonito es en la teoría pero en la vida real no es así”, “una cosa es el deber ser y otra el ser”, “no seas ingenua”. Sé que no tienen razón, no soy ingenua, ustedes lo son por no creerse lo suficientemente capaces para cambiar, por no querer fallar y preferir la comodidad, optar por la indiferencia (el asesino que nos ha matado como país) y dejar las cosas en su lugar.

Vivimos en un país que atraviesa un sinfín de problemas, entre los que se pueden encontrar violaciones a derechos humanos, desigualdad e injusticias sociales, falta de educación, entre otros. Sin embargo les quisiera recordar que nosotros somos el presente de un México nuevo…

Las y los invito a unirse a una lucha que no es mía, sino de millones de mexicanos (as), que busca la justicia social, la igualdad de condiciones y oportunidades, y la no violencia, para poder vivir en un mundo ideal como alguna vez manifesto Rosa Luxemburgo: “ un mundo en donde todos seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.

Tenemos un área inmensa de oportunidades para que cada quien aporte su granito de arena, desde nuestra trinchera podemos decidir, cambiar y vivir en el país que queremos, no del que nos quejamos.

Estoy agradecida con todas las personas que me topé en el camino, con Gaby mi compañera y amiga, pues sin ella no hubiera podido enriquecerme de esta experiencia de la forma en que lo hice, Ale, María José, Daniela, Eduardo, Samuel, Karla, Karen, Diego, y sobre todo Miguel.

He aprendido que con cada victoria vienen tres derrotas anticipadas, y cada batalla perdida, será después una guerra ganada.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”