A jalar, que se ocupa

Como bien dijo la Lic. Irma Martínez en su columna de anteayer: “cuidado con los humos del poder”. Este es un mensaje que espero lea, comprenda y haga suyo el Gobernador del Estado de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón.

Yo fui de las más entusiastas de su gobierno. Lo apoyé en campaña, lo defendí de toda crítica, le di mi voto y convencí a otros de dárselo. Ahora, sólo me queda decepción y escepticismo de si habré sido engañada por la facilidad de verbo que tiene. Cada día me inclino más por la idea de que así fue.

Mi escepticismo y decepción son alimentados por su forma de “gobernar”.

Y antes de que me salten a la yugular los defensores del Gob. Rodríguez Calderón, quiero aclarar que no me refiero a la falta de resultados (la cual es evidente), puesto que estoy consciente de que ciento cuarenta días[1] de administración es un tiempo (relativamente)[2] corto para juzgarlo por ella. Mi escepticismo y decepción son alimentados por su forma de “gobernar”:

1. Arrogancia, prepotencia, procacidad y soberbia que lo caracterizan, incapacidad para aceptar errores y críticas fundamentadas.
2. Descalificación continua a los medios de comunicación, tanto que ya la mayoría de sus seguidores ven a “los medios” como un target enemy, y actitud autoritaria con algunos de ellos, al grado de decirle a un periodista que sólo hacía su trabajo: “tu periódico no es la procuraduría”.
3. Pésima conducta ante la tragedia ocurrida en el penal del Topo Chico, tanto insensibilidad con los familiares como tiempo de respuesta[3] a la ciudadanía.
4. Nula voluntad de explicar a la ciudadanía cómo fue que pasó el #cobijagate (compra de cobijas a un precio inflado a casi el triple), el cual es un evidente acto de corrupción, y la falta de exigencia de su parte al Lic. Rogelio Benavides Pintos, quien dio una explicación ridícula[4], a quien él designó como Subsecretario de Administración, para que presente su renuncia (como mínimo) [5].
5. Represión indirecta: ha declarado que no requiere del Congreso del estado para gobernar, ataca directamente a televisoras y periódicos, censura las parodias artísticas a su gobierno y manipula a la ciudadanía mediante presuntas mentiras en torno a tragedias en su familia.

Estas cinco razones que hacen dudar de su voluntad y de su capacidad, ciertamente no son cosas que requieren de tiempo... son cosas que lo revelan tal y cómo es tras la máscara de defensor del pueblo.

Me uno a la exigencia de muchos neoleoneses de que nuestro gobernador se ponga a trabajar, en lugar de estar pensando en las elecciones de 2018.

Me uno a la exigencia de muchos neoleoneses de que nuestro gobernador se ponga a trabajar, en lugar de estar pensando en las elecciones de 2018. Espero que con los humos del poder no se le haya olvidado que lo que lo hizo gobernador fueron las promesas de justicia contra quienes llevaron a nuestro estado a la debacle. Que no se le olvide, también, su promesa de someterse a la revocación de su mandato ese mismo año.

Ojalá y el Gob. Rodríguez Calderón cese de sus descalificaciones falaces en contra de todo aquel que le hace una crítica. Ya cansó su cantaleta de que quienes criticamos estamos cegados por “los medios” (refiriéndose particularmente a Televisa, Multimedios y TV Azteca) cuando muchos de los que lo criticamos no hemos visto nunca alguno de sus “noticieros” o programas.

Ojalá y el Gob. Rodríguez Calderón cese de sus descalificaciones falaces en contra de todo aquel que le hace una crítica. Ya cansó su cantaleta de que quienes criticamos estamos cegados por “los medios”.

Ya basta de echarle la culpa de todo a “los medios”. En lugar de descalificar a quien critica, ya si esa persona es malintencionada ya, sobre todo, si bien no lo es, que contraargumente lo que se le critica... si es que puede. Limitándose a descalificar solamente se muestra ante la ciudadanía como parece ser que es en realidad: intolerante, autoritario e incapaz.

Espero que no se le suban (más) los humos al gobernador. Y no estoy vendida, ni cegada por “los medios”, ni soy priísta ni panista. Soy una simple ciudadana inconforme.

Gob. Rodríguez Calderón: póngase a jalar, que se ocupa.

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[1] Ciento cuarenta días, considerando desde su toma de protesta hasta el día de ayer.
[2] Por ejemplo: si, según el gobernador, bastaron cuatro días para frenar la corrupción en Topo Chico (cosa que dudo bastante), ¿por qué no lo hizo en seis meses?
[3] Tardó alrededor de nueve horas en salir a dar una explicación (no tan clara) de lo que había sucedido.
[4] a. No prueba lo que afirma de que las diferencias corresponden a un remanente de cobijas adquirido por el gobierno anterior. b. La empresa (fantasma, por cierto) que ganó la licitación es la que siempre gana las licitaciones desde el gobierno pasado. c. Es oscuro al decir que las cobijas adquiridas fueron de medidas “estándar” en el mercado, puesto que no publica el debido estudio de mercado ni especifica a qué se refiere o qué entiende él con “estándar”, entre otras razones.
[5] Al momento de escribir este texto aún no anunciaba su renuncia el Lic. Benavides Pintos, lo cual sucedió una hora después. Si bien aplaudo su renuncia, no es suficiente. Eso era lo mínimo que debía suceder. Esperamos los resultados de las investigaciones y que se castigue con mano firme al que resulte culpable.

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El poder de la información y la necesidad de ser consumidores más reflexivos

La tecnología se ha desarrollado en estos últimos años a niveles vertiginosos abriendo un espectro de posibilidades jamás imaginadas. La "vorágine tecnológica" puede hacerse más palpable si se tiene en cuenta que un niño nacido en 2010 es un nativo digital y ha vivido sus primeros años de desarrollo en contacto con celulares, tablets y notebooks. Este mismo niño, para la edad de 5 años ya es capaz de manejarlos con total naturalidad. De hecho, este importante salto puede verse en las diferencias que hay mismo dentro de los millenials, generación nacida entre 1980 y 2000. Los nacidos hasta fines de los '80 probablemente no hayan tenido un celular hasta los 17 o 18 años, en cambio, los nacidos a partir del '95 para los 11 o 12 años ya eran dueños de celulares y la conexión a internet vía banda ancha ya era una cotidianidad.

Los cambios y avances son extremadamente veloces, y la filosofía que rige parece ser "adaptarse o desaparecer". Al punto que hoy ser un joven adulto sin conocimientos en computación o internet puede llegar a ser una gran limitante para conseguir un buen trabajo. Y hasta los adultos mayores se esfuerzan para ponerse al día con los avances.

La humanidad está más conectada que nunca, y los tiempos de espera se han acortado. Además de volvernos cada vez menos pacientes, nos hemos acostumbrado al fácil acceso a la información. Hoy basta con poner en Google una palabra para encontrar su significado en pocas milésimas de segundos. El acceso a medios de comunicación y redes sociales es tan simple como prender la televisión, tocar un ícono en una pantalla o dar un click con el mouse. Este aumento de contacto y accesibilidad ha vuelto cada vez más influyentes a los medios de comunicación pero, a pesar de que nuclean un nicho de influencia tremendamente poderoso, no son inmunes a los "frenos y contrapesos" que pueda ponerles la sociedad.

Hoy no hay bien más preciado que la información, y quien la maneje tendrá al resto de las fuerzas a sus pies.

Antiguamente no había bien más preciado que la tierra. Luego fueron los ejércitos, el oro, el poder político, etcétera. Si lo pensamos bien vivimos en un mundo en el que casi absolutamente todo tiene un precio, pero hay algo que es muy difícil de cuantificar en dinero y, sin embargo, se ha llegado a pagar millones y millones por ello. Hoy no hay bien más preciado que la información, y quien la maneje tendrá al resto de las fuerzas a sus pies.

Es bien sabido que los medios de comunicación son un negocio, así como la información que circula a través de ellos hacia los receptores. ¡Pero cuidado! No hay que caer en el enorme y común error de creer que la sociedad es totalmente pasiva y, cual objeto carente de voluntad, internalizará todo sin cuestionamientos. Cada vez más las sociedades reaccionan contra informaciones que difunden los medios, campañas publicitarias, dichos de figuras o políticos. Sin ir más lejos, luego de los atentados en Paris el pasado 13 de noviembre, se difundieron por las redes sociales muchas reflexiones sobre porque los medios de comunicación le dedicaron al tema horas y horas de coberturas especiales, cuando días atrás el Líbano había sufrido un atentado y poco se había difundido. Esto vale para los innumerables horrores que ocurren en el resto del mundo cotidianamente, ya sea el avión ruso que explotó en Egipto producto de una bomba, o los más de 310.000 muertos que, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, ya se ha cobrado la guerra en Siria.

¿Cuál es el rol de estos medios en la formación de la llamada y discutida opinión pública?

Ahora, ¿cuál es el rol de estos medios en la formación de la llamada y discutida opinión pública? Antes que nada, vale aclarar que a pesar de que no existe consenso sobre una definición particular de que es la opinión pública, podría sostenerse que se trata de una toma de posición, o juicio, de un grupo social sobre algún tema en particular que se encuentra en la agenda pública y que se difunde por algún canal de comunicación. Volviendo a la pregunta, hay distintos estudios que dan cuenta sobre la poca correlación entre lo que los medios difunden sobre algún asunto particular y lo que los espectadores opinarán del mismo. McCombs y Shaw, a través de su teoría del agenda setting, fueron los responsables de arribar a la difundida premisa que reza: "Los medios no son exitosos, la mayor parte del tiempo, en decirle al público que pensar, pero si sobre que pensar".

Los consumidores de medios de comunicación cuentan con el poder de la reflexión y es preciso que lo utilicen.

Los consumidores de medios de comunicación cuentan con el poder de la reflexión y es preciso que lo utilicen. Es lógico que tras ser machacados días enteros con determinados temas, sólo podamos referirnos a ellos. Pero esto no justifica que no le dediquemos tiempo a buscar, leer e informarnos por nuestros propios medios. Es momento de ocupar un rol más activo en la cadena de circulación de la información. No se debe caer en el lugar común de creer que la opinión pública es única y extrapolable a toda la sociedad, como sostuvo Pierre Bourdieu: "La opinión pública no existe, en el sentido de suma de opiniones individuales; que constituyen una opinión de la media, unánime."

En definitiva, todo esto nos lleva a cuestionarnos, ¿cuál es el futuro de la comunicación? Aparentemente hay dos posibilidades. Por un lado, puede que esta faceta de una sociedad reflexiva y contestataria siga desarrollándose, obligando a los medios de comunicación a ser más transparentes, serios y claros con respecto a sus posiciones políticas y líneas editoriales. Y por el otro, es probable que terminen de migrar por completo hacia la oferta de entretenimiento "24/7", estupidizando y distrayendo de los asuntos importantes. Eso todavía está por verse.

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El mayor peligro de la prensa es que puede destapar la verdad

Altavoz es un medio independiente. Que da eco a las voces de ciudadanos y ciudadanas que tenemos algo que decir. Y más allá de servir como mensaje de publicidad para este nuevo proyecto, quiero destacar que este medio de opinión cubre una NECESIDAD actual. Y con esto me refiero a la falta de medios de comunicación que nos transmitan ideas IMPARCIALES (por si no nos quedó claro en la cobertura de la prensa local en el reciente periodo electoral).

Altavoz es un medio independiente. Que da eco a las voces de ciudadanos y ciudadanas que tenemos algo que decir.

Y para esto quiero empezar mis columnas resaltando lo obvio: los medios de comunicación y la política están entrelazadas. Bien lo podemos ver en el alza de presupuesto dirigido hacia comunicación e imagen gastado en el último y controversial sexenio medinista.

También vemos medios de comunicación manejados por las riendas de algunos partidos y algunos otros entrelazados en escándalos que buscaron pasar desapercibidos.

Para esto, todos conocemos (quiero pensar) el caso de la Casa Blanca, reportaje llevado a cabo por Carmen Aristegui y su equipo de investigación. Ahora la periodista presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) una demanda contra el Estado mexicano por denegación de justicia, censura y presiones atentatorias contra la libertad de expresión, al detallar las presiones que recibió por parte de la empresa para la que laboraba (MVS Radio) en relación al reportaje presidencial.

Independientemente de si creemos que la publicación del caso le costó el trabajo, o si la terminación de su contrato laboral fue ajeno a ello (y de todas las opiniones que nos podamos formar al respecto), miembros varios del Consejo Rector de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, por ejemplo, resaltaron que la presentación del caso representa un importante paso en la lucha contra la CENSURA mediática en busca de la libertad de expresión como derecho humano.

Y aunque muchos no concuerdan con la línea periodística, la ideología o corriente política de Aristegui, es de reconocer que el impulso de casos como este ante instancias internacionales (independientemente de su resolución) marca un precedente para el alcance de libertades, en este caso, de la libertad de expresión que tanto se ha visto lastimada en nuestro país:

La expresión en cifras: El Índice Mundial de la Libertad de Prensa realizado año con año por la Organización Internacional Reporteros Sin Fronteras, sitúa a México en 2015 en la posición 148 de 180 países, clasificando al país en “situación difícil” ante la multiplicación de asesinatos, secuestros, agresiones y amenazas en un clima de impunidad casi total. Lo anterior, refleja un retroceso desde la primera medición en 2002, cuando México se encontraba en el lugar 75.

El foco rojo del país: Desde 2010 hasta la fecha, se han registrado 13 periodistas asesinados en Veracruz: 11 dentro del territorio y 2 después de abandonarlo.

Y así, las dos caras de la moneda: tenemos medios de comunicación que censuran contenidos por intereses particulares diversos y un gobierno que dejó de preocuparse por la seguridad de sus periodistas desde hace mucho tiempo.

En palabras de Frank La Rue, ex Relator Especial de la ONU sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de expresión: “La impunidad promueve un clima de incertidumbre y desconfianza, y constituye uno de los mayores obstáculos para el ejercicio de la libertad de expresión en México”.

El México de la actualidad pide a gritos un gobierno enfocado en el respeto a la libertad de expresión y al combate de la impunidad en la materia.

El cambio que se requiere engloba cada parte de la ecuación: necesitamos medios de comunicación capaces de funcionar con INDEPENDENCIA de las autoridades, políticas públicas que redoblen la PROTECCIÓN de los periodistas y consoliden un ambiente de SEGURIDAD que acabe con la necesidad de la AUTOCENSURA.
Necesitamos CALIDAD y PLURALIDAD en la información que se nos presenta y para esto se requiere de instituciones transparentes.

Necesitamos medios de comunicación capaces de funcionar con INDEPENDENCIA de las autoridades, políticas públicas que redoblen la PROTECCIÓN de los periodistas y consoliden un ambiente de SEGURIDAD que acabe con la necesidad de la AUTOCENSURA.

A nosotros también nos toca tarea: informémonos, participemos, alcemos nuestra voz.

“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”

Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

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