#ElTalónDeAquiles: “Cosmopolitismo rosa”

Comparte este artículo:

En 1998 participé por primera vez a una marcha del orgullo gay. Montreal era ya desde entonces una ciudad abierta e inclusiva: todos, negros, blancos, quebequenses y extranjeros, hombres y mujeres, se reunieron en la calle Saint Denis, para ver el desfile, el cual desdembocaba en el “Village”, el gueto gay de la ciudad. La asistencia familiar me impresionó. Nada de voyerismos ni de lecciones de puritanismo: padre, madre, e hijos se unieron a una fiesta inclusiva para celebrar la diversidad. 

Dieciocho años después, la marcha del orgullo de CDMX me produjo el mismo sentimiento, y me hizo comprendrer por qué la capital mexicana tiene un lugar merecido en el orbe cosmopolita. 

En 2013, cuando asistí por la primera vez a la marcha en Monterrey, me sentí como si hubiese entrado en la maquina del tiempo. En las tierras norteñas mexicanas, el elemento carnavalezco todavía no había aflorado, pues el irrespeto de derechos empujaba a la comunidad LGBTIQ+ (lesbiana, gay, bisexual, transgénero, “queer” o en cuestionamiento) a privilegiar el aspecto reivindicatico de la actividad. Recuérdese que los ancestros estadounidenses iniciaron las marchas para exigir el respeto de derechos básicos a nuestra comunidad, luego de la violenta redada en el bar de Stonewall, en New York (1969). 

La comunidad LGBTQ+ norteña mexicana seguía entonces luchando en 2013, como lo hacen tantas otras hoy, por su derecho a ser visibles sin ser agredida. Convivir sin juzgar no es aceptar o tolerar. Yo fui y marché, con dignidad, pues eso era lo que se necesitaba.

Hoy, de regreso en Montreal, entré en otra una máquina del tiempo, que me proyectó hacia el futuro. A veces parece que los gays aquí lo tienen todo: acceso al matrimonio y a la adopción. La muestra pública de afecto es correspondida, como debe ser, con indiferencia. Incluso el VIH se convirtió en una enfermedad generacional, pues muchos utilizan la “PrEP” (Profilaxia pre-exposición), una pastilla costeada en parte por el sistema de salud público quebequense, para prevenir la infección. 

Y así, el Village perdió su razón de ser. 

El milenial LGBTIQ+, no entiende por qué hay que vivir en un gueto para expresarse libremente, porque hoy lo puede hacer en cualquier lado. Tampoco concibe que haya que limitarse a los bares de un sector para divertirse, porque hoy se puede ser abiertamente diverso en un bar heterosexual. Mientras tanto, el Village se cubrió con las canas de los que treinta años atrás osaron imaginar y reivindicar el mundo en el que vivimos hoy. Al pulular en las calles peatonales, consumir en las terrazas y divertirse en sus balcones, esa generación se convirtió en un anacronismo provocado por su propio éxito. La próxima lucha será por albergues adaptados a las necesidades de los ancianos diversos. No es broma: la soledad gay es un tema poco estudiado y de complejas consecuencias.

Pero eso es cosmopolitismo rosa. Porque durante mis años en Monterrey, nunca asistí a una de las tradicionales carnes asadas sin que alguien hiciera al menos una broma sobre “putos” (epíteto peyorativo mexicano para referirse a los homosexuales). Y cuando asistí a una marcha de la diversidad en mi ciudad de origen (San José de Costa Rica), no faltó quien me explicara por qué dos personas del mismo sexo no se pueden amar. Triste ironía: quienes osaron recertarme dicha explicación bíblica eran personas discapacitadas.

Este agosto, veinte años después de mi bautismo, iré a marchar, de nuevo en Montreal, para celebrar la diversidad. Lo haré recordando que los derechos de la comunidad LGBTIQ+ siguen siendo pisoteados en muchos países, y lo haré sin olvidar que hoy puedo celebrar porque otros ganaron batallas reivindicativas en el pasado. El privilegio de celebrar debería estar ligado a la obligación de no esquivar la solidaridad internacional tan necesaria para nuestros pares en otras latitudes. Porque por ser gay, todavía muere gente en este mundo.

Fernando A. Chinchilla 

Montreal (Canadá), julio de 2018

Agrede a manifestantes en Nuevo León, Juan Dabdoub, el ex presidente del Frente Nacional Por La Familia.

Comparte este artículo:

Monterrey (2 de noviembre de 2017).- Juan Dabdoub, ex-presidente del Frente Nacional Por La Familia, agredió a una persona que se protesto durante la presentación de “El libro negro de la Nueva Izquierda, Ideología de Género o Subversión Cultural”, en el Deportivo San Agustín en Nuevo León.

Dabdoub arremetió contra la joven que se encontraba en el recinto, tirando de la manta que esta portaba en el momento de su protesta, haciendo que por la fuerza del arrebato, fuera a dar al piso donde la activista siguió forcejeando con Dabdoub en intento se de cubrir la cámara con la que estaban grabando el incidente.

Mientras Nicolas Marquez y Aguistin Laje se encontraban en plena conferencia de prensa sobre su nuevo libro se le escucha decir a uno de los escritores; “La ideología de genero es una imposición”, justo en el momento que los activistas del colectivo LGBTQ se levantaron exhibiendo las mantas.

No es la primera vez que Dabdoub se ve involucrado en una agresión contra quien cuestiona sus ideas, pues en pasados meses una joven también  lo interrumpió en una entrevista para preguntarle sobre su postura acerca de los matrimonios igualitarios, a lo que Dabdoub reacciono tapándole la boca.