#EspacioWiki: Volver a creer

La crisis política global que se manifestó en 2016 y que continúa causando estragos ha devuelto las palabras a la arena política. Las estadísticas y demás “datos duros” se muestran incapaces de frenar los discursos incendiarios que la mayor parte de los analistas ha catalogado llanamente como populistas.

Esta clasificación ramplona es peligrosa porque erradica del campo político la labor de construir esperanza. Ignora que el que quizá el incentivo más importante para trabajar por lo público y organizarse es la existencia de un sueño compartido.




No es que se defienda el populismo, tragarse historias de buenos contra malos cercenan a la sociedad y la inmovilizan porque terminan por atacar un principio democrático esencial: la pluralidad. El reto entonces bajo el desencanto imperante es, en primera instancia, volver a alertar a la sociedad para que se vuelque a participar, pero hacerlo no movida por la venganza o el revanchismo, sino por la convicción de que es necesario ver hacia el futuro.

La entrada de las candidaturas independientes trajo consigo una posibilidad de futuro, pero su integración a la ecuación electoral vino acompañado de un discurso al que hay que aproximarse con cautela y es el de partidos vs pueblo.

El problema con esta simplificación del momento que estamos viviendo en nuestra democracia es que pareciera que con sacar a los partidos de la jugada se resuelven todos los problemas públicos, se erradica la corrupción, se vuelve a creer en la política. Es en ese sentido que lo que representó la victoria de Kumamoto en Jalisco, y lo que sigue representando Wikipolítica, es más valioso: es una invitación a la unidad en tiempos de rabia.

El malestar en la democracia es sistémico y resolverlo exige que los ciudadanos rompamos el muro divisorio que tanto políticos y ciudadanos hemos construido entre nosotros. Los primeros para proteger sus intereses personales, los segundos por asco y desilusión hacia las acciones de los primeros.

Por eso es importante ver con detenimiento la campaña de Kumamoto y el discurso que han erigido los nodos de Wikipolítica en la promoción de #SinVotoNoHayDinero.

No se buscó quitarle el poder a los políticos, sino devolver espacios a la ciudadanía que siempre debieron ser de ellos; no se pretende a través de la propuesta de ley castigar a los partidos políticos quitándoles dinero, sino brindar mecanismos para que la desilusión pueda canalizarse a través de la democracia para así volverla más efectiva, más cercana a las personas y más alejadas de los vicios que hoy la lastiman.

Volver a pensar la política desde las personas tiene que ver forzosamente con atrevernos a reconocernos como ciudadanía y organizarnos para crear las nuevas instituciones con las que reemplazaremos las que hoy se encuentran podridas y endebles.

El colapso de un modelo de gobernanza que se basa en los unos–que sólo pagan impuestos– y los otros –que los gastan como se les viene en gana– está agotado. Llegó el momento de hacer una política del “nosotros”, de ofrecer una visión de lo público en la que quepamos todos y, más aún, nadie se quede sin participar.

Nuevamente estamos encarrilándonos frente a unas elecciones presidenciales y la particularidad histórica de éstas no puede limitarse a la aparición de un posible candidato independiente. El reto es más grande y el llamado histórico es más fuerte: debemos recuperar la esperanza y tomarla con nuestras manos, debemos atrevernos a pensar la política como algo que nos pertenece a todos y que por lo mismo no puede seguir siendo responsabilidad de “alguien”, sino de todos y cada uno de nosotros.




Sólo en la suma de esfuerzos, sólo desde lo cotidiano, sólo pensando que el verdadero poder radica en las personas y en su capacidad para encontrarse y actuar en consecuencia hallaremos una salida. Únicamente unidos y sin soltarnos de un sueño común seremos capaces de volver a creer en el futuro.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Espacio Wiki: “Devolver los Partidos a las Personas”

Max Weber decía que “la dirección de un Estado o de un Partido debe ser por personas que, en el sentido económico, viven para la política y no de la política”. Para Weber, los partidos políticos existirían solamente cuando una comunidad ha alcanzado un nivel organizativo o de socialización de alta complejidad. Dada esta condición, se origina un sistema que mantiene el orden social y permite a los partidos tener influencia en el mismo, participando en su conducción.

En México, los partidos políticos tienen su origen en los grupos masónicos que se disputaron el poder político desde los primeros años de vida independiente, hasta la época de la Reforma, en la que empiezan a tomar forma como clubes de debate.  Es con la expedición de la Ley Electoral de 1918 que se empiezan a tomar la forma que conocemos actualmente, hasta que en 1929 nace el Partido Nacional Revolucionario.

Durante los 88 años de existencia que tiene el actual sistema mexicano de partidos, hemos visto cómo la fuerza del ideal se ha ido comprometiendo cada vez más por la presencia de intereses de carácter privado, en su mayoría económicos, desplazando así a la búsqueda del mayor bien para todas y todos.

Fue la reforma político-electoral del año 1996, de cara a las elecciones federales del año siguiente, la que otorgó el financiamiento a los partidos bajo el esquema que actualmente nos rige. Es decir que desde hace veinte años, cada mexicana o mexicano con credencial de elector vigente, otorga a los partidos políticos la cantidad de $47.50 pesos por el simple hecho de aparecer en el padrón electoral, sin importar si acude a votar o no; sumando un monto total de 4 mil millones de pesos que son destinados al financiamiento de sus actividades.

Ante la severa crisis que vive nuestro país, derivada de diversos factores internos y externos en los terrenos de lo político, económico y social; y frente una clase política incapaz de poner un freno a sus excesos y que prefiere revirarnos un “¿Y Ustedes qué hubieran hecho?”, en Wikipolítica hemos decidido cambiar resignación por esperanza.

Pedro Kumamoto, diputado independiente en el Congreso de Jalisco, y miembro de esta red nacional llamada Wikipolítica, es quien ha llevado ante el Congreso de la Unión la iniciativa denominada #SinVotoNoHayDinero, la cual busca cambiar la fórmula con la que se calcula el dinero que se le otorga a los partidos políticos; pues actualmente se calcula con base al número de credenciales para votar existentes y no con el número de personas que votaron válidamente en las últimas elecciones, como sí sucede en varios países.

Lo que nosotras y nosotros planteamos, en voz de Kumamoto, es que ese monto se calcule con base en los votos emitidos válidamente en la elección, lo cual representa un ahorro de más de 2 mil 200 millones de pesos (tomando en cuenta la votación emitida en el año 2015).

Esto es importante, porque los partidos políticos hoy en día ni nos representan ni nos rinden cuentas. Necesitamos devolverles los partidos a las personas y reconstruir el vínculo entre partidos y ciudadanía. #SinVotoNoHayDinero permite a las personas evaluar el desempeño de los partidos y determinar su financiamiento a través del voto en un mecanismo de participación ciudadana directa, más allá de las elecciones como tal. Esto significaría que los partidos deben mejorar, pues el voto duro no basta para que sigan sosteniendo el financiamiento que poseen hoy en día.

Eliminar por completo el financiamiento público dejaría a la política y a la democracia en manos de sólo unas cuantas personas, provocando que los puestos públicos se llenen de Trumps, Macris o Piñeras que puedan comprar cada cargo público.

Aunque hoy el financiamiento público de los partidos político es exagerado y no responde a ninguna rendición de cuentas para la población, ni se maneja con transparencia ni equivale a la representatividad que tienen los partidos; sería muy riesgoso dejar nuestra democracia sin subsidio y en manos del capital.

Los partidos son un gran negocio que en épocas electorales buscan el voto suficiente para que sus candidatos sean elegidos. Es urgente cambiar esto y convertir a los partidos en herramientas de participación ciudadana, de fortalecimiento de la democracia y en espacios públicos y políticos para que las personas sean representadas.

El abstencionismo siempre será el argumento de quienes no apoyen nuestra iniciativa. El miedo al voto nulo o a la no participación electoral es un riesgo que deben de dejar de asumir las y los ciudadanos y que debe preocupar a los partidos.

Hoy por hoy, los partidos no hacen nada para que la gente no abstenga su voto porque ellos recibirán exactamente el mismo dinero votemos por quien votemos. Con #SinVotoNoHayDinero si no se esfuerzan y mejoran, los partidos sólo recibirán el dinero del 40% de las personas, es decir que el abstencionismo y el voto nulo les pegaría directamente en los bolsillos lo que significa que esta iniciativa es un incentivo para que los partidos se ganen los votos de la ciudadanía.

Llegó la hora de estar unidos y no soltarse. #SinVotoNoHayDinero será una realidad en la medida que nos movilicemos y demostremos al Congreso de la Unión que estamos juntos y que tenemos muy claro lo que queremos: si ellos buscan nuestro dinero, que se ganen nuestro voto.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

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Acerca del autor: José Antonio Hernández Griego es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es Presidente y fundador de Monterrey Ciudad Olímpica A.C. con la cual ha encabezado las candidaturas de la ciudad de Monterrey por los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2014, 2018 y 2023.

También se ha desempeñado como asesor durante la LXXII Y LXXIII Legislatura Local. Participó como Diputado Juvenil en el 2do. Parlamento de la Juventud organizado por el H. Congreso del Estado en 2008, y ha trabajado como activista en los temas de juventud, deporte, cultura de la legalidad, rescate de espacios, entre otros. 

En 2012 participó como Precandidato a Diputado Local, y en 2015 fue Precandidato a Diputado Federal. Ha coordinado diversas áreas en campañas políticas a la Presidencia de la República, Gubernatura, Alcaldía y Diputación Federal. En 2015 renunció a su militancia en un partido político, y desde entonces hace labor desde las organizaciones de la sociedad civil de forma independiente.

Ha impartido cátedra en la Universidad José Martí de Latinoamérica y tiene estudios en Gestión Urbana, Cultura de la Legalidad, y fomento de Organizaciones No Gubernamentales.

También se ha desempeñado como Conferencista, Articulista, Observador Legislativo y ha realizado diversas publicaciones sobre Política y Deporte Olímpico en algunos medios de comunicación.

En la actualidad se encuentra consolidando la plataforma de participación y confluencia ciudadana denominada “Ganemos Monterrey” y es miembro fundador de Wikipolítica Nuevo León.

 

En el 2017, la democracia nos costará más

En los recientes meses el tema del presupuesto asignado a los partidos políticos ha estado en la boca de muchos líderes de opinión, representantes y ciudadanos. Yo mismo en este mismo espacio he hablado sobre el tema y propuesto que sea eliminado en su totalidad.

Hasta el momento las cosas no han cambiado. A pesar de que el diputado federal, Agustín Basave y el legislador local de Jalisco, Pedro Kumamoto, han hecho dos propuestas diferentes para reducir el gasto en partidos políticos.




Este año electoral habrá un gasto de $29,525 mdp. Esta cifra no incluye las aportaciones privadas ni financiamiento ilegal que los partidos no reportan. Simplemente el costo para las elecciones de cuatro entidades siendo estas, Nayarit, Estado de México, Coahuila y Veracruz, será de $4,028 mdp. En promedio los ciudadanos de estos estados estarán pagando $203.00 pesos. Nayarit tiene el costo más alto por habitante, puesto que es de $222.00 pesos.

Mientras tanto, en otros rubros también el gasto es excesivo. En el caso de las 28 entidades que no tienen elecciones este año, se les ha asignado 7 mil millones de pesos. También se dio un presupuesto de 18 mil millones de pesos a todo el sistema electoral mexicano.

Por otro lado, $1,383 mdp van a ser asignados a partidos políticos. El PRI es el que más dinero recibirá $369.90 millones, le sigue el PAN con $264.76 millones de pesos y luego Morena, con $171.94 millones de pesos.

Los montos son exorbitantes. Con el dinero que se invierte en mantener a partidos políticos, se podrían hacer mejores escuelas, o mejorar el sistema de salud pública (algo muy necesario en nuestro país). Hasta hoy en día existen dos propuestas, atoradas en la Cámara de Diputados, que buscan precisamente reducir el presupuesto de los partidos políticos.

La primera de ellas es la del Diputado Federal Agustín Basave, del PRD. Su propuesta es conocida como “Voto Blanco” y consiste en que los electores que no están conformes con ningún candidato, puedan en lugar de anular su voto, algo que no tiene efecto jurídico, voten en blanco, y esto se traduzca en un verdadero castigo a los partidos, puesto que se les reduciría el presupuesto que se les asigna.




Otra propuesta para reducir el presupuesto de los partidos, es la del legislador local de Jalisco, Pedro Kumamoto. Su propuesta llamada en redes sociales como #SinVotoNoHayDinero, es muy parecida a la de Basave. Kumamoto propone que el presupuesto de los partidos sea proporcional a los votos válidos, es decir, si hay votos nulos, estos puedan afectar la cantidad de dinero que reciben los partidos políticos.

Ambas propuestas son buenas, el problema es el sistema. Hasta el momento las iniciativas de ley están atoradas en la Cámara de Diputados, ya que existe obviamente una falta de interés por parte de los partidos políticos de reducirse el presupuesto.

Como lo he dicho en varias ocasiones, los partidos en muchos casos son negocios familiares. Uno tan solo tiene que voltear a ver al PT con Alberto Anaya y el Partido Verde Ecologista de México, con la familia González. En ambos casos llevan años viviendo a costas de los impuestos de los mexicanos y con tan solo tener el 2% de los votos, logran seguir con vida y recibiendo dinero.

Por último, las propuestas de ley de Basave y Kumamoto, ayudan a incrementarla participación en las elecciones, ya que los ciudadanos y las ciudadanas podrán castigar, literalmente, a los partidos políticos, mismo que llevará a que en el futuro haya mejores candidatos y mejores propuestas.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

 

 

No te hace independiente renunciar a tu partido

En la política, como ya se sabe, es costumbre presenciar toda una serie de artilugios que los funcionarios utilizan para no perder o recuperar su credibilidad o bien, conservar su poder; sean por medio de falsas acusaciones hacia los adversarios, de apoyos hacia iniciativas de ley que buscan romper con la forma tradicional de hacer política (como el caso de Margarita Zavala colgándose del estandarte de Kumamoto de “sin voto no hay dinero”), o de “candidaturas independientes”, la clase política busca, y encuentra, el triunfo de la empresa ya estipulada.




Ahora bien, resaltando la última estratagema, las candidaturas independientes si bien representan el triunfo (a pesar de los requisitos que lo complican) de la lucha por el derecho a ser votado, no se escapan de ser utilizadas para fines contrarios al bienestar del pueblo y a la lucha por un país mejor; tal es el caso de diversas situaciones que hemos presenciado en nuestra entidad federativa.

Tras el auge por las candidaturas independientes que resultó del triunfo de Jaime Rodríguez Calderón, no se hicieron esperar los intentos por proyectar, más que un movimiento, una imagen de político sin partido; fue así como los nuevoleoneses pudimos atestiguar una serie de actos desesperados y carentes de congruencia.

Dicho conjunto de acciones comenzó con la diputada Karina Marlen Barrón Perales, y el diputado Marco Antonio Martínez Díaz los cuales, tras haber contendido y ganado la diputación local, fungiendo como candidatos por el Partido Acción Nacional, optan por renunciar a su militancia; tras la renuncia, se abre una nueva bancada bajo el seudónimo de “Bancada independiente”; es ahí donde inicia el show y los baños de pueblo a que ya estamos acostumbrados a ver.

Igualmente, un tiempo después la bancada “independiente” consiguió un nuevo adepto: Jorge Alan Blanco Durán, diputado cuya candidatura por la diputación fue por medio del partido Movimiento Ciudadano.




Al igual que los diputados albiazules, el funcionario Blanco no esperó para sumarse al estandarte de no tener partido (una vez ya habiendo ganado la candidatura por la agrupación política, claro), y eligió el camino de renunciar a su militancia política, fungiendo como el tercer funcionario de la bancada independiente.

Finalmente, hace poco se ha repetido la estratagema, esta vez por parte de un diputado integrante del partido con mayor antigüedad del país: Eugenio Montiel Amoroso.

Al igual que los pioneros que inauguraron dicha práctica, Montiel procedió a ejecutar la misma estrategia: citar diferencias irreconciliables entre él y su bancada, y proceder a su renuncia.

Al ver esta serie acciones, que no parecen más que un circo como cualquier otro en esta tragicomedia que es la política mexicana, yo me pregunto ¿qué tanta desesperación y que tanta hambre de poder se debe tener, como para aplicar estrategias tan carentes de inteligencia? ¿Cómo va a ser independiente aquel que ganó representando a un partido, y posterior a la victoria renuncia a la militancia, y se corona como si desde campaña hubiera contendido sin el respaldo de agrupación política alguna?

Del lado del que lo queramos ver, eso no es ser independiente, eso es ser oportunista y cómplice de lo rancia que está nuestra política; asimismo, esa no es una bancada Independiente, es una bancada mixta en todo caso, pues alberga todo una mescolanza de colores de personas que se les ocurrió dejar su militancia después de haber ganado las elecciones con respaldo de tales colores.

A las cosas hay que llamarlas por su nombre, y ese cuarteto definitivamente no es “independiente”.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”