#NidoDelGavilán: “Y Ahora ¿Qué sigue para Brasil?”

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En esta columna, cierre de la cobertura a las elecciones en Brasil, sobra decir quien es el ganador. Jair Bolsonaro ha sido electo como nuevo presidente de las y los brasileños con el 55% de los votos.

Previsible triunfo con muchas aristas por analizar sobre lo que el electorado pensó al realizar su voto. La primera gran lección que nos llevamos es: Muchos votantes eligieron al candidato de extrema derecha porque querían un cambio, no porque están de acuerdo con sus puntos de vista.

En este espacio hace un par de semanas, en una entrevista con 12 brasileños, se hacía hincapié en su necesidad de un cambio radical, de un tipo honesto y patriota, de romper con el PT y sus escándalos de corrupción. Los brasileños votaron a manera de castigo y con un objetivo claro de encontrar en “El Capitán” un nuevo paradigma para el país, un país en crisis de todo tipo en los recientes años. 

Si bien la democracia no se come, si se comía mejor con ella, esto se muestra en el gobierno de Lula. Sin embargo, el pueblo brasileño vive altas tasas de desempleo y crimen que los gobiernos anteriores no pudieron resolver.

Aquí es donde entran figuras de la derecha para aprovechar esos baches para poder cuestionar los valores liberales que les incomodan en la sociedad. Minorías de distintos tipos se vuelven el target perfecto para decir: “No al matrimonio igualitario y pongamos nuestras energías en la seguridad nacional” como si existiese una relación directa y tangible. 

Esta es la lucha que tiene que mantener la izquierda brasileña, reconociendo sus errores, reformándose a si misma y jugando el papel de una oposición seria pero que sabe perder. El pueblo brasileño merece más y mejores propuestas de cualquier ideología para sacar adelante al país.

Bolsonaro encarna un tipo de líderes político que gana carisma y popularidad atacando valores liberales, a las minorías y viviendo la nostalgia de un pasado supuestamente grande.

Brasil tiene dos películas muy famosas llamadas Tropa de Elite donde la idea original de los creadores fue poner de manifiesto, en forma de drama, la vida de un oficial del Batallón de Operaciones Policiacas Especiales (BOPE) y que muestra los abusos de poder que estas fuerzas pueden cometer. Sin embargo, el personaje principal, el Capitán Nascimento, se volvió un ícono popular por su approach directo y a veces violento para acabar con supuestos criminales. Con un mensaje en la mente “Los derechos humanos sirven para proteger delincuentes”. El público se identificó con dicho personaje y entendió así el contenido del programa contraviniendo lo esperado por los realizadores. Ahora en redes sociales, Bolsonaro es objeto de memes haciendo referencia en que él debe ser el nuevo Capitán Nascimento de la vida real.  

Para muchos sectores del pueblo brasileño, se le ha creado a Jair una imagen internacional como de un chacal o un fascista, sin embargo, sus defensores aseguran que es parte de la campaña de desprestigio y descontextualización.

En lo personal, profundizando en la vida de Jair y de su pasado político, es un tipo que pasó de ser el radical que proponía pocas leyes pero que vivía de hacer carrera en tribuna lanzando frases o comentarios polémicos solo por rating. Quizás no es el monstruo que muchos dicen que es, pero parte de su electorado y aliados políticos si quieren ver a ese monstruo colapsando el statu quo y ahí es donde la sociedad civil brasileña debe hacerse valer como contrapeso.

Lo dicho, dicho está.

#HojaDeRuta: “Como hablarle a la pared”

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“Como hablarle a la pared”, solían decir madres y padres cuando se referían a peticiones o instrucciones ignoradas por los hijos. Seguramente la frase seguirá siendo usada en las aulas cuando los docentes desesperan con la clase. “Te sale por un oído y te entra por el otro”, es otra del arsenal de amonestaciones. 

La inhabilidad de comunicarse lleva a la desesperación. No ser escuchado por otros resulta frustrante, pero esta cerrazón se ha vuelto un elemento cada vez más común al momento de entender y transmitir lo político.

Actualmente surgen cada vez más grupos de lo que denomino “audiencias pared”, es decir, aquellas donde los mensajes no pasan, donde las ideas rebotan, donde los hechos se estrellan. El consumo y reproducción de las noticias falsas tiene un importante componente de ignorancia y falta de sentido crítico, pero el apoyo a la “posverdad” y sus personajes podría tener un trasfondo moral.

¿De qué manera puede explicarse que un personaje como Donald Trump, acusado de faltas como fraude fiscal, misoginia, racismo y abuso sexual -por listar algunas- haya ganado la presidencia de la principal economía del globo? ¿Cómo puede ser que Jair Bolsonaro, un político abiertamente misógino, homófobo y partidario de la tortura y el autoritarismo esté a un paso de ganar la presidencia de Brasil?

La respuesta podría encontrarse en parte en la teoría de que la mente funciona a base a encuadres (frames), que son básicamente las ideas con las que entendemos el mundo, y esas ideas son en esencia postulados morales. 

Uno de los principales estudiosos del framing político es George Lakoff, profesor de lingüística de la Universidad de California en Berkeley. Lakoff argumenta que la derecha ha venido ganando la batalla del discurso a la izquierda (entendida en el contexto norteamericano como el pensamiento progresista) porque esta última ha cometido el error de intentar correrse a un centro que realmente no existe, debilitándose en el proceso. 

En contraste, los conservadores son más audaces y duros al expresar su visión, primordialmente debido a que hablan desde una posición moral y apelan a los valores de sus votantes. Los progresistas buscan usar las armas de la razón y los hechos, pero estas no funcionan ante personas que están siendo atraídas e inspiradas por postulados morales.

De esta manera, puede explicarse que haya una audiencia que defienda a capa y espada la Guerra contra el Narco de Felipe de Calderón, ignorando o justificando las muertes y violaciones a derechos humanos: quizá consideraban que las personas que estaban muriendo “se lo buscaron”, “son criminales”, “se lo merecían”. Alguna vez escuché decir a un supuesto líder de la sociedad civil que “los derechos humanos son para las personas derechas” ¿Qué es eso, sino un postulado moral?

Lakoff explica la visión conservadora de la política estadounidense bajo la figura del “padre estricto”, donde la autoridad es vista como vertical, la disciplina como necesaria e incluso parte de una expresión “amorosa”, el mundo como un lugar peligroso que se explica por jerarquías: ricos sobre pobres; adultos sobre niños; occidente sobre el resto del mundo; hombres sobre mujeres; heterosexuales sobre homosexuales. Este tercio de la población que se identifica con esta lógica constituye casi en su totalidad la base Trumpista, volviéndose inmunes a hechos y datos, pues estos se estrellan contra la pared de una visión moral llevada cada vez más al extremo.

¿No habrá una escalofriante similitud con la reacción virulenta de una buena parte de la opinión pública mexicana ante la caravana de migrantes centroamericanos? Resulta vergonzante ver cómo se espetan insultos y agresiones que son casi un espejo de los insultos que en su momento Trump lanzó contra los mexicanos, para nuestra indignación generalizada ¿Cuál es el encuadre político-moral de las personas que consideran que los migrantes son flojos, pobres, morenos, de un país pequeño y quién sabe qué características más que los vuelven, a sus ojos, inferiores?

El Maestro Eric Hobsbawm tituló a su estudio del Siglo XX “la edad de los extremos”, analizando las catástrofes causadas por el socialismo de Estado, los nacionalismos fascistas y el capitalismo. Esos “extremos” parecen despertar de nuevo, pues todo indica, nunca fueron erradicados, sino que entraron a un sueño profundo que esperaba las condiciones oportunas para resurgir. 

La batalla por el pensamiento progresista, por el humanismo, la ciencia, los hechos y la verdad; por la razón misma, pasa en gran medida por el encuadre, es decir, las palabras que elijamos para articular nuestro pensamiento y posturas políticas. 

Tenemos que comunicarnos conectados con nuestros valores, asumiendo sin miedo la defensa de la moralidad progresista, de otro modo, le seguiremos hablando a la pared. Como lo escribió Alfonso Reyes: “Defended, contra las nuevas barbaries, la libertad del espíritu y el derecho a las insobornables disciplinas de la verdad”.

#ElNidoDelGavilán: “Bolsonaro visto desde adentro”

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El próximo 28 de octubre, los brasileños votarán la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Como mencioné en semanas pasadas, la competencia estaba y sigue estando entre dos candidatos, Jair Bolsonaro y Fernando Haddad. 

Bolsonaro, representante del conservadurismo y la derecha contra Haddad, ex alcalde de Sao Paulo, pero que figura como un testaferro de la figura de Lula que sigue en la cárcel.

Para la primera vuelta donde convergieron 13 candidatos de diferentes partidos y posturas, Bolsonaro logró llevarse el 46% frente a un 29% de Haddad, lo cual es un hecho histórico para la derecha brasileña y golpe de autoridad frente al rechazo generalizado al partido en el poder.

A nivel internacional han salido diversos videos, entrevistas, memes y comentarios acerca de que Bolsonaro está muy cerca de convertirse en presidente y del “riesgo” que presenta su elección. 

Sin embargo, poco se ha dicho en la prensa hispana que Ronaldinho, Rivaldo y Cafú, 3 pilares del futbol brasileño campeón del mundo lo apoyan.

Para esta editorial conté con el apoyo de 12 amigos brasileños de una comunidad en línea en donde participo. Son 11 hombres y una mujer entre 32 y 67 años de diversas regiones del país. Por medio de un cuestionario me hicieron saber sus opiniones sobre las elecciones y sobre el fenómeno del “O Capitao” Bolsonaro en la sociedad brasileña. 

Las preguntas fueron: 1 – Bolsonaro ganó la primera vuelta. ¿Qué esperas como resultado para la segunda vuelta? ¿Otro triunfo?; 2 – ¿La votación de Bolsonaro es por región, por clase social, por grupo étnico, por género?;  3- ¿Existe un perfil de un elector típico?; 4- De 1 a 10, ¿qué tan buena es su visión de Bolsonaro?; 5- De estas dos posiciones, ¿qué crees que fue decisivo para ese 48%? ¿Anti-Lula o apoyo a Bolsonaro?; 6- Fortalezas de Bolsonaro; 7- Debilidades de Bolsonaro y 8- ¿Es un peligro para Brasil o una solución?

En general, los 12 entrevistados favorecen a Bolsonaro por diversas razones. Lo ven como ganador el día 28 de octubre y tienen cierta esperanza en él. Por mencionar ejemplo, Fernando en Paraná sostiene que ganará con un 55%.

En la pregunta 2, la mayoría no cree que el voto Bolsonarista es por región, pero bien mencionan un hecho. Bolsonaro perdió en el noreste. André en Río piensa que esas regiones mantuvieron su voto por Haddad del partido PT por los programas sociales donde se vieron favorecidos. Edgar en Río piensa que el voto a Bolsonaro representa un “voto de desesperación”. 

En la pregunta 3, los 12 coinciden en que un “votante típico” por Bolsonaro no existe. Los medios internacionales como La Nación de Argentina y algunos sitios brasileños han documentado que los jóvenes, las clases medias y fundamentalmente hombres apoyan a Bolsonaro. Sin embargo, medios brasileños como IBOPE presentaron resultados de encuestas donde las mujeres y los afrodescendientes apoyaron fuertemente a este candidato. Es interesante, sin embargo, ver que IBOPE presenta que los encuestados de ingreso bajo y de educación universitaria estaban con Haddad.

José en Río resume su postura en “El perfil es de quien no está satisfecho con status-quo”

En la pregunta 4, el promedio se mantuvo en 7, lo cual nos dice que la imagen de Bolsonaro para ellos es buena, lo cual manda el mensaje de esperanza de cambio. André resume el sentimiento en una frase “Él va a revolucionar Brasil. Si no lo consigue, nadie más lo conseguirá”.

La pregunta 5 habla de este juego entre pragmatismo y convicción. No es lo mismo apoyar a Bolsonaro directamente que apoyar a quien sea con tal de que no sea Lula o el PT. 11 de ellos afirmaron ser anti-Lula o anti-PT debido a los escándalos de corrupción y de malos manejos. Solo 1 afirmó ser Bolsonarista por convicción. Lucas de Río define su postura “El PT hizo contratos para robar”. 

Las preguntas 6 y 7 van conectadas en función de la visión de Bolsonaro como el político-candidato. Para la pregunta 6 sobre las fortalezas, las respuestas manejaron las siguientes palabras: No defiende ladrones, es militar, no es corrupto, respeto a los valores, moral, saber hablar de frente, defiende a la familia, patriota. Lucas V en Río sostuvo “Bolsonaro tiene honestidad y coherencia”. Asimismo, Daniel en Brasilia afirma que el candidato “Habla de lo que la mayoría del pueblo quiere escuchar”.

En cuanto a sus debilidades, pregunta 7, contestaron: Exceso de honestidad, que puede ser bravucón y que se ha rodeado de gente que le puede representar un obstáculo después. 

Antonio en Sao Paulo ve mucha seguridad en él, pero puede ser arrogante. Tony en Río sostiene que esa actitud intempestiva le puede jugar en contra a la hora de negociar. Ester lo ve como anti corrupto, pero en una inocencia frente a políticos más experimentados. 

Finalmente, en la pregunta 8, la gran mayoría ve en él una solución para el país ante la debacle económica y la crisis de seguridad pública. Jonathan en Paraná y Daniel creen que puede ser las dos, un arma de doble filo, sin embargo, guardan esperanza en el cambio.

Ester en Río cree que cualquier otra opción que no sea el PT es una solución, André va más allá y afirma “Es nuestra última solución”. Alan en Río con una alegoría manda un contundente mensaje “Él es la quimioterapia para el cáncer de la corrupción”.

Por supuesto, quedan muchas preguntas pendientes, pero al menos en este pequeño grupo, la opción de la derecha representa una salida a los malos manejos de la izquierda en el poder y la expresión de una necesidad de cambio. Asimismo, estas respuestas muestran el sentir real del otro lado de la película que en muchos medios no aparece o se caricaturiza.

La transformación que puede traer Bolsonaro a Brasil seguramente impactará América Latina en muchos aspectos. De momento, los brasileños como André, Lucas, Fernando, Jonathan, Daniel, José, Ester, Tony, Edgar, Lucas V, Antonio y Alan quieren salir del bache en que se encuentran, veremos si resulta la apuesta.

Lo dicho, dicho está. Obrigado!

De cuchillos y mesías: Bolsonaro el puntero

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Las y los brasileños están llamados a votar el día 7 de octubre del presente. De momento, el panorama electoral está en crisis dado que los dos candidatos punteros de las encuestas están en circunstancias adversas, Lula, en la cárcel y Jair Bolsonaro, en un hospital. 

El atentado a Bolsonaro, de acuerdo a las últimas encuestas, está fortaleciendo al candidato de la ultraderecha de cara a la primera vuelta. El exmilitar Jair Bolsonaro, de ser un candidato minoritario se está volviendo popular entre la gente. 

Por otro lado, el candidato del “establishment” Geraldo Alckmin se mantiene relegado en un tercer lugar, casi fuera de las posibilidades de meterse a la segunda vuelta electoral.

A todo esto, Lula sigue en la cárcel y aunque se sigue intentando en los juzgados buscar su liberación, la realidad sigue adversa y el Partido de los Trabajadores muy posiblemente tendrá que elegir a otro candidato. Lo cual es una gran desventaja pues será un candidato estilo Delfina Gómez en el Estado de México, una candidata que depende de la luz e imagen de Andrés Manuel, en este caso, de Lula.

Sujetos como Bolsonaro que pueden parecer deleznables para algunos sectores liberales de la población, es en estos momentos cuando capitalizan apoyo para sí a costa de sectores menos acomodados de la población.

Los comentarios de Jair Bolsonaro en materia de género, interrupción legal del embarazo, tortura, dictadura, etc son polémicos, y se pensaría que es impensable un candidato así con apoyo popular; sin embargo, los sectores conservadores de toda clase social apoyan en cierto modo dichas ideas, lo cual es un signo de atavismos aun presente en la sociedad brasileña.

Sea verdad o no el atentado, Brasil se perfila para decidir entre un “Juanito” designado por Lula desde la cárcel y Jair Messias Bolsonaro que en el nombre lleva el eslogan de la ultraderecha pseudo-religiosa brasileña.

Lo dicho, dicho está.