#HojaDeRuta: “El bodrio”

Comparte este artículo:

“O ya no entiendo lo que está pasando, o ya pasó lo que estaba entendiendo” – Carlos Monsiváis.

Es tal la francachela que se trae la clase política que resulta difícil digerirla, ya no digamos explicarla. La mezcolanza de perfiles y colores es tal que si la política nacional fuera un óleo, sería autoría de Jackson Pollock.

Llama la atención que tal cantidad de movimientos y cambios de estandarte no obedezca a nuevas corrientes ideológicas, grandes agendas o rupturas de raíz programática. Todo lo contrario, cual documental de National Geographic o BBC Earth, asistimos al espectáculo que brinda el instinto más primal de todos: la supervivencia.

¿No me quiere melón? Me voy con sandía ¿Sandía se cansó de mí? Me hago fruta independiente. Si no fuera porque vivimos sus estragos a flor de piel, de pronto parecería que sistema político vive y opera desde una realidad alterna a la del resto de los tripulantes del navío mexicano.

Las fuerzas políticas tienen como prioridad máxima la supervivencia, sí, pero no a secas. Lo que se busca es el mantenimiento del control y privilegios por largo tiempo amasados. Es lógico que todo poder establecido busque perpetuarse, pero se supone que en las repúblicas democráticas esto se hace asumiendo que la soberanía popular es la fuente del poder público y que el juego se da con base en leyes y reglas definidas e instituciones funcionales.

El curioso caso mexicano, como lo ha explicado Lorenzo Meyer, amalgama dos conceptos que son por naturaleza contradictorios: vivimos en una democracia autoritaria. Existen leyes, pero reina la impunidad. Existen instituciones, pero obedecen más a los poderes establecidos que al interés público. Existen elecciones, pero carecen de confianza.

Este escenario lleva a una doctrina política -si es que así pudiera llamársele- a imperar sobre el resto: el pragmatismo. O por el contrario, pudiera ser que el pragmatismo al que asistimos significa precisamente el fin de las doctrinas: como lo importante es sobrevivir, sale sobrando cómo se logre.

Cuando el genial Groucho Marx se presentaba decía: “Estos son mis principios, y si no le gustan…pues tengo otros”. Solo así puede entenderse que conservadores lleguen sin mayor reparo a un partido (en el papel) socialdemócrata que supuestamente enarbola las ideas que principio repudian. Solo así puede explicarse que militantes de toda una vida brinquen con soltura a la independencia. Solo así puede concebirse una alianza entre izquierdas y derecha sin un atisbo programático, sin mayor debate de por medio.

Tampoco descubrimos el hilo negro. En la ciencia política se habla desde hace tiempo de la teoría del gremio: en sus horas bajas, la clase política tiene más en común entre sí que con la ciudadanía a la que supuestamente representa.

Contaba Elena Poniatowska que cada que el Monsi terminaba un libro, le decía jugando que le iba a mandar su “bodrio”, a ver qué le parecía. Un bodrio, además de significar una cosa mal hecha, desordenada o de mal gusto, es “un caldo con algunas sobras de sopa, mendrugos, verduras y legumbres que de ordinario se daba a los pobres en las porterías de algunos conventos…un guiso mal aderezado”. Eso explicaría el por qué varios de los recientes sucesos de la vida nacional provocan malestar estomacal.

gilberto@altiusconsultores.com

LA ÉPOCA DEL EXTREMISMO

Comparte este artículo:

En el mundo actual el pensamiento de distintas culturas, creencias e ideologías radica en el extremismo de una posición que cree tener, a costa de todo y de todos, la verdad absoluta.

Estás con Estados Unidos y la popularidad de Obama o te inclinas por la Rusia de Vladimir Putin; apoyas a la religión aún con sus arcaicas leyes divinas o eres un inhumano que ha caído en el pecado mortal. Eres heterosexual “sano y normal” o eres de los “open mind” con problemas de género.

Lo cierto es que esta cultura ha causado división, confrontación y eventualmente guerras inútiles en donde lo único que se pone en juego es la condición de quién pierde más.

Lo cierto es que esta cultura ha causado división, confrontación y eventualmente guerras inútiles en donde lo único que se pone en juego es la condición de quién pierde más.

Los intelectuales quieren dictar cómo y para qué vive el ser humano, están convencidos de tener la verdad total ignorando que el ser humano no entra en generalidades, que justamente es su espontaneidad la que lo hace único y que las leyes del “buen vivir” hace años que dejaron de funcionar.

En la era de los Millennials asociados a los emprendedores están quienes los acusan de “flojos” o faltos de seriedad, y estos a su vez, criminalizan la antigua cultura laboral en donde la oficina, 8-10 horas y un jefe era la mejor manera de obtener un mejor futuro basado en la seguridad. ¿Quién tiene razón? A ciencia cierta todos y ninguno.

Quieren que tomemos una postura sobre el aborto, sobre la pena de muerte, sobre los matrimonios igualitarios; quieren que apoyemos o ataquemos a la política, que llamemos corruptos a los servidores públicos a menos de que trabaje con ellos. Quieren obligarnos a elegir entre dos opciones totalmente opuestas, niegan la existencia de grises porque todo aquí es blanco y negro.

Ya no se premia la elocuencia, el equilibrio o la ecuanimidad. ¿Por qué tengo que estar en contra o a favor de la pena de muerte?, ¿por qué debo elegir apoyar o criticar a los matrimonios igualitarios?

Estas posiciones hacen más grandes las brechas sociales, marcan y delimitan las divisiones en una sociedad que necesita encontrar cohesión y unión. El mundo está urgido de encontrar grises, de lograr acuerdos en dos posiciones totalmente opuestas y de lograr la supervivencia humana en base a la tolerancia y la libertad.

Ya no se premia la elocuencia, el equilibrio o la ecuanimidad. ¿Por qué tengo que estar en contra o a favor de la pena de muerte?, ¿por qué debo elegir apoyar o criticar a los matrimonios igualitarios? Estas posiciones hacen más grandes las brechas sociales, marcan y delimitan las divisiones en una sociedad que necesita encontrar cohesión y unión.

No confundamos la apatía con la libertad, la tolerancia con el desinterés y mucho menos sigamos permitiendo que un grupo minoritario de personas en el mundo decidan la manera en la que “tienen que vivir” el resto de los seres humanos.

Permitamos que los grises nos ayuden a eliminar el extremismo, encontremos alianzas y acuerdos, toleremos al que le vale madre una u otra posición y solo quiere vivir en paz.

¿Quién dicta la belleza sino los ojos que la miran de diferentes perspectivas?, así mismo para el mundo.

______________________________
– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”