Mi vecino el corrupto

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Cualquier persona que culpe al gobierno de los problemas del país debería de primero mirarse al espejo y analizar todo lo que hace o deja de hacer para que esto continúe sexenio a sexenio. Esto no quiere decir que los gobernadores no sean responsables de los problemas que atañen al país, sin embargo, hay mucho por hacer desde nuestras actividades diarias que lamentablemente, omitimos por intereses personales. Pero claro, ¿cómo lo vamos a lograr si nuestros vecinos son unos corruptos e ignorantes que no tienen futuro?

Nosotros los vecinos creemos que sólo nosotros tenemos el derecho y la facultad para decidir que sí está bien y qué no, y que tenemos el conocimiento para juzgar y actuar de una u otra manara. Nosotros los vecinos creemos que construir 10 centímetros más allá de nuestra propiedad no afecta a nadie. Creemos que instalar ventanas en los límites de nuestra propiedad no afectan a nadie, al cabo el vecino es pobre y nunca va a construir en su propiedad. Creemos que tenemos el derecho de colocar botes en la calle para que nadie se estacione en nuestro lugar. Creemos que a nadie molesta si obstruimos la banqueta que está frente a nuestra casa con maceteros o nuestros coches, al cabo nadie tiene porque andar caminando frente a mi casa. Creemos que los vecinos tienen el honor de escucharnos a todo volumen en el karaoke porque nosotros si cantamos bonito, pero que no lo hagan ellos, porque ellos si cantan muy mal.

Nosotros los vecinos siempre tenemos la razón, por eso podemos andar hablando pestes del vecino que es homosexual y vive con su pareja. Creemos que podemos mirar con rechazo a la vecina que es madre soltera, claro, ella se lo ganó. Nosotros los vecinos creemos que podemos hablar de los vecinos religiosos que nunca faltan a misa, pero ahí andan siempre de borrachos. A nosotros los vecinos no nos duele nada. Nosotros tenemos dinero para pagar “por debajo del agua” cada vez que me pase un rojo, o vaya a exceso de velocidad en una zona escolar, o cuando me vean utilizando el celular mientras manejo ¿a quién afecto? es mi coche, mi dinero y mi vida. Nosotros los vecinos somos los “todo poderoso”, por eso podemos ir a la tienda de la esquina en auto, no importa que me haga 5 minutos caminando; que la gente se de cuenta que tengo con qué ir y para gastar la gasolina que yo necesite. Los pobres que vayan caminando y que no sean envidiosos, porque aquí en México es pobre el que quiere. Y es que si todos los vecinos fueran como yo y tuvieran lo que yo tengo, la colonia sería mejor; el estado sería mejor; el país sería mejor. Pero por eso el país está como está, entre la corrupción del gobierno y la ignorancia de mi vecino, ¿así cuándo vamos a ser un mejor país?

Y es que de verdad, cualquiera que culpe al gobierno y a los vecinos de los problemas del país, definitivamente tendría que auto evaluarse objetivamente para saber en qué posición se encuentra y si de verdad “es libre de pecado” para andar siempre “tirando la primera piedra”. El día que como sociedad dejemos de ver al vecino como “mi vecino el corrupto” y nos veamos como una sola sociedad que debe de trabajar en conjunto respetando las leyes mínimas, tal vez ese día podamos empezar a tener mejores gobernantes, y por consecuencia, un mejor país.

Más allá de la paridad

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Alguna vez escuche que “la paridad ayudará a eliminar la exclusión de las mujeres en la política y en la sociedad” pero ¿es esto lo realmente lo que necesitamos para lograr acortar la brecha de género?

A lo largo de varios años, se ha buscado lograr la paridad en nuestro país con diferentes reformas político-electorales que han hecho posible que más mujeres participemos en la vida política y pública, que las mujeres tuviéramos el derecho a votar como lo hacían solo los hombres en su tiempo, que el mismo número de hombres y mujeres se postulen a cargos de elección popular en los congresos locales y federales así como en la integración de los ayuntamientos.

A mi punto de vista, lograr la paridad no es sólo cuestión de un porcentaje igualitario, de una cuota o de un mandato legal. Simplemente es darle el lugar que se merece un hombre o una mujer por sus capacidades, por sus logros, por su inteligencia, por sus cualidades y principalmente por su vocación.

La paridad depende de las oportunidades que tenemos los seres humanos a desarrollarnos en lugares donde se toman decisiones importantes como puede ser la familia, las empresas, los partidos políticos, los gobiernos, televisoras y organizaciones civiles, etcétera.

Pero más allá de la paridad tenemos un reto aún mayor, que es acotar esa brecha de género que pone a México en el lugar 66 de 144 países según el Foro Económico Mundial que evalúa la desigualdad de género.

Tenemos que mejorar la educación, la salud, oportunidades económicas, los salarios y el empoderamiento político; la seguridad y acabar con la corrupción. Tenemos que mejorar nuestras políticas públicas, implementarlas como se debe, evaluarlas e innovar el sector público. Tenemos que tomar decisiones a conciencia porque todas nuestras decisiones tienen impactos positivos y negativos, que directa o indirectamente impactan en la vida política y sobre todo en la sociedad, estemos en el lugar que estemos.

Más allá de la paridad lo que necesitamos es a la persona correcta esté en el lugar correcto para garantizar que México crezca como país.

¿Qué ciudad queremos?

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Transitable, peatonal, limpia, ordenada, justa, con banquetas de primer mundo, segura, con movilidad sustentable, con vialidades pavimentadas, con un desarrollo urbano reglamentado, con leyes que nos protejan, con espacios públicos dignos para la convivencia sana y familiar.




Con índices de contaminación bajos, con empresas socialmente responsables hacia sus empleados y la comunidad, con una policía cada vez más preventiva y menos reactiva, con una democracia palpable, con comunidades participativas, con cultura de la legalidad rigiendo nuestras actitudes diarias, con empleo, educación digna y de calidad.

Con seguro popular donde entren todos, con un sistema judicial que castigue a quien se brinque la ley, con políticas publicas efectivas, no de aquellas que malgastan el dinero (como sí sobrara), con indicadores que nos ayuden a medir el impacto de las decisiones de aquellos quienes hemos elegido como nuestros gobernantes.

Con una ciudadanía activa en el seguimiento a que todo lo que se nos fue prometido en campaña se cumpla, agréguele que también queremos políticos, empresarios, padres de familia, profesores, jóvenes, no tan jóvenes, vecinos, hijos, hermanos, sacerdotes, abogados, y sobre todo, ciudadanos honestos.

¿Tenemos la ciudad que queremos? ¿Trabajamos por la ciudad que buscamos? ¿O estamos esperando a que venga alguien y la construya por nosotros?

Estimado lector, la ciudad la construimos todos. Cada cual desde su trinchera pero unidos en el mismo objetivo, mejorar nuestra comunidad y a México. Mientras más rápido entendamos que nuestra herramienta más poderosa no es Twitter o Facebook, sino las iniciativas y herramientas de participación ciudadana, será que empezaremos a notar los cambios con mayor rapidez.

El político tradicional está pasando por una crisis existencial. No entiende y le cuesta adecuarse al nuevo paradigma que tiene enfrente donde la información es cada vez más rápida y la ciudadanía más crítica. Como tarea principal debería ser la modificación en los esquemas de comunicación e interacción con los electores, porque los cambios en la ciudad de hoy no se imponen, se consensuan con ellos, los ciudadanos.

Participar que no es nuestro derecho, sino una obligación.

Si no nos vemos, pues nos escribimos.




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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”