Cáncer Sindical

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Lo que en el siglo XIX comenzó como un genuino interés de proteger a los obreros que eran explotados en fábricas y obligados a trabajar en condiciones inhumanas, se convirtió en una poderosa estructura de poder que ejerce presión incluso en las decisiones transcendentales del país.

En los años 20, el sindicalismo obtuvo una enorme fuerza y poder social debido a la dupla formada por el gobierno y las organizaciones obreras a propósito de reconstruir el estado mexicano quebrantado en la década de 1910.

Personajes como Luis Morones fueron clave en el fortalecimiento del movimiento sindical, apoyado en gran medida por Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y otros jefes políticos que encontraron beneficios en el ordenamiento sindical.

“Los líderes actuaban mediatizando las demandas obreras y las decisiones eran tomadas en función de la alianza entre los dirigentes sindicales con los jefes políticos”, cita José Manuel Lastra, en su libro El sindicalismo en México. [1]

Durante todo el siglo XX y en la actualidad, los sindicatos han servido como un arma política y una impresora de votos que difícilmente algún candidato ha rechazado. Y es esta co-dependencia y beneficio mutuo la que ha alimentado su poderío y preservación en perjuicio de la actividad productiva del país.

Tanto la hacienda pública como la iniciativa privada son víctimas del gasto económico que representan los sindicatos. Por ejemplo “entre 2007 y 2015, el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) ha recibido del erario más de 671.8 millones de pesos (mdp) por conceptos de apoyo económico al Comité Ejecutivo; festejos del Desfile del 1 de mayo; festejos de aniversario para la expropiación petrolera y gastos para la revisión del Contrato Colectivo de Trabajo”, escribe Gerardo Villafranco en Forbes México. [2]

La cantidad de recursos públicos que son destinados por concepto de prestaciones laborales al personal sindicalizado representa para los tres niveles de gobierno un importante gasto que impide a las finanzas públicas dirigir ese dinero a inversión o servicios públicos.

 




Para el sector privado, la constante amenaza de que estalle una huelga si no se aceptan las condiciones propuestas por el sindicato en el contrato colectivo de trabajo merma la productividad de las empresas y, por ende, el de nuestro sistema económico.

“La falta de un auténtico liderazgo y representación de las organizaciones obreras no ha respondido a las exigencias de la clase trabajadora, quien ha rebasado en mucho las expectativas de sus líderes, comprometidos, en política, con intereses personales y apetencias de poder y riqueza, no de defensa ni de mejoramiento de la clase que representan”, expone Lastra en el libro anteriormente citado.

En concordancia con la cita anterior, líderes sindicales como Elba Esther Gordillo y Carlos Romero Deschamps, por nombrar algunos, se han enriquecido estrepitosamente producto de la dirigencia del sindicato de maestros y de PEMEX, respectivamente, denotando la incongruencia entre los principios de un sindicato y los resultados reales de liderar uno. El poder político emanado de su cargo les ha permitido influenciar ampliamente en las decisiones transcendentales del país, incluso ejerciendo presión sobre distintos presidentes de la república.

 




Elba Esther Gordillo, quien fungió hasta 2013 como líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, fue arrestada por operación con recursos de procedencia ilícita, lavado de dinero y defraudación fiscal; Carlos Romero Deschamps se presume que participó en un desvío de más de $1,500 millones de pesos para la campaña de Francisco Labastida en 2000; Napoleón Gómez Urrutia, líder minero, se exilió en Canadá tras ser denunciado por un desvío de más de $55 millones de dólares del fideicomiso minero.

En la práctica, la representación de los trabajadores es eclipsada por la corrupción de los líderes sindicales, cuyo poder político y económico contraviene los motivos por los cuales los sindicatos fueron creados en un principio.

El sindicalismo en México representa una obstrucción al avance económico y al desarrollo de los trabajadores, quienes bajo el manto protector del sindicato, pueden llegar a ejercer mediocremente sus labores sin poder ser removidos ni sancionados.

Atendiendo a la primacía de la realidad, el líder sindical se enriquece y empodera con el apoyo de sus agremiados, éstos a su vez reciben prestaciones laborales más allá de las merecidas y ejercen un co-poder contra el patrón; donde, finalmente, este último se encuentra en desventaja ante exigencias económicas que sobrepasan la prudencia. Las características del sistema económico actual requieren empleados mejor capacitados y con mayor apertura a las exigencias de un mundo cada vez más competitivo.

[1] https://revistas-colaboracion.juridicas.unam.mx/index.php/anuario-mexicano-historia der/article/view/29632/26755
[2] http://www.forbes.com.mx/el-enorme-costo-de-los-sindicatos-en-mexico/#gs.gEIbLHI

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