Bartlett: ¿retroceso o beneficio de la duda?

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El anuncio de Manuel Bartlett como próximo director de la Comisión Federal de Electricidad ha estado rodeado de polémica. Lo interesante, es que no solo ha levantado críticas de la oposición, sino de la misma izquierda y de aquellos que fueron simpatizantes de Morena las pasadas elecciones. 

Para la mayoría, la elección de este personaje representa un retroceso democrático. Y es que, resulta irónico que, bajo el lema de una cuarta transformación, se incluya a una de las figuras que representan el pasado oscuro de la “democracia” mexicana. Bartlett ha sido señalado como uno de los responsables del fraude electoral del 88, además de contar con un largo historial priista. En términos coloquiales, vendría siendo lo que se conoce como un dinosaurio. Aquellos del viejo PRI, antidemocrático y tecnócrata. 

Por su parte, López Obrador y otros miembros de Morena han defendido su designación, afirmando que Bartlett es una persona muy capaz, y que sigue con la línea ideológica del partido, por su trayectoria en contra de la Reforma energética. Algunos, presumen que Bartlett ya se rectificó y que los fantasmas de su pasado son solo parte de una mitificación de su personaje por intereses de otros partidos. Los que declaran esto, han pedido el beneficio de la duda para Bartlett, planteando que el tiempo será el que tenga la última palabra, al revelar su desempeño como director de la CFE.

Sin embargo, esto no es algo fácil de pedir a la opinión pública. La entrada de personajes como Manuel Bartlett, Alfonso Durazo, o Manuel Mondragón al proyecto de López Obrador acrecienta el escepticismo que ya existe en cuanto a la llegada de un verdadero “cambio”.

López Obrador tiene una oportunidad fuera de serie, como la tuvo Fox (y la desperdició). Los números de la pasada jornada electoral le dan una legitimidad a nivel nacional e internacional que solo pueden dar las urnas; y la naturaleza ideológica de su movimiento de oposición le brinda también legitimidad democrática. México será gobernado por primera vez en mucho tiempo por la izquierda, bajo la batuta de un partido que -al menos en el discurso- priorizó al cambio y a la transformación.

La gente espera, como parte de este proceso, ver caras nuevas y personalidades frescas. Y al decir esto, no necesariamente me refiero a la edad. El gabinete de López Obrador es, en promedio, de edad avanzada. Pero, el problema no es que Bartlett tenga 82 años, sino su historia, sus conexiones, y todo lo que él representa. Existen otros como Olga Sánchez Cordero, que independientemente de su edad representan ideas nuevas, personas proactivas y algo de esperanza para el país.

El hecho de que se incluyan políticos con trayectoria en otros partidos y sexenios en el próximo equipo de López Obrador no es algo nuevo. Esto se manejó desde la campaña y distintos nombres han resultado polémicos y sorpresivos. Sin embargo, me cuesta trabajo encontrarle el lado positivo a la incorporación de Bartlett. Como muchos otros, lo considero una decisión peligrosa. Creo que compromete los ejes de transparencia, renovación y democracia, que supuestamente son algunos de los pilares del movimiento lopezobradorista. Será cuestión de tiempo saber si valió la pena darle el beneficio de la duda, o si fue una decisión infortunada que causará la decepción de muchos mexicanos.