AMLO y las dadivas

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En forma discreta pero muy visible, AMLO sigue su recorrido por la República, visitando sistemáticamente a todos y cada uno de los 32 gobernadores, siempre en presencia de su futuro delegado personal en el estado visitado, muchas veces, un candidato derrotado en las pasadas elecciones del 1º de julio. 

El mensaje que transmite el futuro presidente es transparente pero no por esto aceptable. Su mensaje es una amenaza para el federalismo, y una advertencia acerca del futuro reparto de las prebendas que la política asistencialista que se avecina estará sembrando en todo el país.  El presidente electo informa a sus anfitriones que los fondos para repartir serán vigilados por su delegado especial, no dejando lugar a que los gobiernos estatales los puedan dispersar ni menos desviar a través de empresas fantasmas, de las que tanto le gustaban a Rosario Robles y a Enrique Peña Nieto. 

AMLO cree realmente que regalando dadivas a los más amolados rescatará el país de la pobreza extrema. Esperamos que no tarde seis años antes de darse cuenta que con esto, solamente sigue contribuyendo a hacer de México un pueblo dependiente e irresponsable. Luis Echeverría lo intentó hace 45 años y lo que logró fue un país de limosneros que solamente aprendieron a tender la mano y no a ofrecer trabajo responsable. 

La construcción de un nuevo orden social y económico no puede depender de dadivas. Las dadivas incrementan la irresponsabilidad de quienes las reciben. El nuevo orden social y económico debe respaldarse en la formalización de la economía, en un sistema fiscal que permita la incorporación de todos y al mismo tiempo la fiscalización justa y equitativa de los grandes contribuyentes que ya no pueden seguir escondiendo su responsabilidad tras una consolidación fiscal amañada, criminal y que constituye un engaño y un fraude fatal para el país. 

Si AMLO logra esto, cambiará un México injusto y lleno de desigualdad por un México progresista y capaz de ocupar el lugar que le corresponde dentro de las grandes economías  del planeta. Si no lo logra, solamente prolongará un sociedad desbalanceada, susceptible de reventar con cualquier provocación social.