#Kleroterion: “Justicia para nuestros policías”

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En este cierre de periodo y apunto de terminar los trabajos para esta legislatura, la Cámara de Diputados avaló con 320 votos a favor y uno en contra, el Dictamen que permite la reincorporación de agentes del ministerio público, peritos y miembros de las instituciones policiales de la federación, estados y municipios, separados de sus cargos y demuestren en un juicio su inocencia o despido injustificado, lo anterior se logró modificando la fracción XIII del apartado B, del artículo 132 Constitucional.

Entendamos que esto no significa la permanencia de policías que infrinjan la ley, sino únicamente velar por el fortalecimiento de las corporaciones, otorgando estabilidad en el empleo a elementos que cumplan con su cargo.

El principal motivo de esta iniciativa es la dignificación de todos los servidores públicos que pertenecen a instituciones de seguridad pública y de procuración de justicia, destacando que la mayoría de los integrantes de estas instituciones se manejan con los principios constitucionales de legalidad, objetividad, eficiencia, profesionalismo, honradez, interdependencia, indivisibilidad y progresividad.

Recordemos que la reforma de 1999 impidió la reinstalación del policía cuando no cumplieran los requisitos que las leyes en ese entonces señalaran para permanecer en tales instituciones, después, en 2008, se estableció la prohibición a la reincorporación aún cuando la autoridad judicial determinara que la separación fuera injustificada.

Antes de esta reforma, la no reinstalación del policía luego de obtener resultado a favor en el juicio o medio de defensa promovido, lo único que reflejaba era el deterioro de la familia del servidor público, perjudicando su núcleo social pasando a un estado desprovisto de los medios para solventar las necesidades básicas, además de no ser bien visto ante la sociedad por tratarlo como una persona sin respeto y valores y por supuesto no hablemos cuando se presentan a solicitar empleo, ya que por la misma circunstancia se ven imposibilitados de obtener otro.

Sin embargo, es importante señalar que durante varios meses e incluso años, en todos los sectores de la población se habló acerca del asunto de la militarización en el país, aunado a los debates arduos de la Ley de Seguridad Interior, es por esto que dentro de mi agenda legislativa me propuse adoptar este tema tan sensible e importante y por el que nadie se preocupaba, los agentes del ministerio público, los cuerpos policiacos de cualquier índole o rango, así como cualquier individuo que tenga labores relativas a la seguridad en el país. Considerando la premisa de que el sustento de sus familias lo obtienen como producto de su actividad de servicio público, con esfuerzo, dedicación y en ocasiones cubriendo horarios extremos.

Todos hablaron de temas de seguridad, pero nadie entendía que para poder lograrlos era necesario apoyar a los trabajadores con estas labores, ya que son los principales actores para que cualquier ley relativa pueda ejecutarse, nadie los tomó en cuenta, nadie habló de mejorar o formar policías, pero sobre todo nadie habló de brindarles certeza y protección laboral, porque hasta la propia Constitución los tenía en el olvido, así como los Partidos Políticos sin excepción, Gobernadores y Fiscal General o Procurador, por lo que existía un notorio y preocupante abandono hacia ellos.

Es así que, con esta iniciativa, se les da dignidad, logrando que en caso de que sean despedidos injustificadamente pueden ser reinstalados en su empleo. Estoy convencido que con esto se logra pagar una deuda histórica que tenemos con nuestros policías y cuerpos de seguridad, se dio un gran paso para recuperar la seguridad a nuestras familias y un avance fundamental para que en México por primera vez, se fortalezcan las instituciones públicas, entendamos que estas personas se juegan la vida diariamente, con una sola finalidad, cuidarnos a todos nosotros, por lo que es nuestra obligación protegerlos en todos los aspectos.

En conclusión, en una sociedad como la nuestra es imperativo fortalecer a nuestras instituciones, no podemos hablar de seguridad y justicia, si tenemos desprotegidos a nuestros cuerpos policiacos, una ciudad segura debe tener una policía segura, pero esto sólo se logra, no con buena voluntad, sino con reformas como éstas que protegen al servidor público, al policía honesto, valiente e incorruptible, al ministerio público justo y equitativo, al perito virtuoso y capaz de su labor, así como aquel trabajador en el ámbito de seguridad pública comprometido con su país y con respeto hacia su sociedad.

Cabe mencionar que con esta iniciativa cumplo al 100% mi agenda legislativa que me propuse al comienzo de la legislatura, por lo que me quedo sin ningún pendiente en la cámara de diputados, esperando que esto abra la brecha para un sin fin de reformas que beneficien a los buenos servidores públicos, ya que estoy convencido, que son más los honestos, por eso puedo decir que como legislador de la LXIII Legislatura, “los miembros de las instituciones policiales no son, ni fueron olvidados”.

LA POLICÍA EN MÉXICO YA NO EXISTE

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¿Quién le cree a los policías? En esta época causan temor a la población en lugar de brindar tranquilidad, son tachados de corruptos y algunos les llaman “los títeres sangrientos” del gobierno federal.

Ya es una cuestión cultural el relacionarlos con moches, el creer que los robos a casa habitación son estratégicamente planeados por ellos y que forman parte no-oficial de las bandas delictivas.

¿Habrá alguien que considerando esto, elija ser policía? Aunque se han realizado esfuerzos para mejorar la calidad de vida profesional de nuestros cuerpos policiacos, la realidad es que reciben un sueldo poco competitivo comparado con un trabajo que en teoría demanda arriesgar la vida cada día.

La sociedad los repudia sin importar quiénes son, si han actuado de buena fe o no en su profesión; la etiqueta de policía esta denigrada en esta época y esto va directamente ligado con la seguridad endeble que existe en México.

En un año caracterizado por la violencia y el descontento social, a los policías les ha tocado combatir buenos y malos. Aparecen portando armas, utilizando escudos y sometiendo a cientos de personas que atentan contra la civilidad y la moral social. En ninguna de ellas se ha mencionado un “gracias policías por proteger nuestra seguridad” o “héroes que salvaguardan la tranquilidad del país” y tampoco digo que todos lo sean. Pero soy de la idea que, como en toda profesión, existen elementos buenos y malos.

No tengo duda que existen policías que efectivamente arriesgan su vida día con día, que protegen a los desfavorecidos, que buscan resguardar la seguridad de niños y mujeres, que aman y ejercen su profesión con pasión. Pero, ¿les respondemos a su esfuerzo? La respuesta es no. Y el problema radica en que nosotros como sociedad tampoco les ayudamos a hacer su trabajo. Nos es más fácil ceder a los moches e incluso tomar la batuta para ofrecerlos, nos parece divertido romper la ley aunque sea “un poquito” y adoptamos malas prácticas bajo el lema “todos lo hacen”.

Los policías combaten lo mal que educamos a nuestros hijos, el vómito social ofreciendo los peores ciudadanos que delinquen, combaten la ignorancia y el repudio de un país que no tiene calidad moral para exigir casi nada.

El problema de la inseguridad, de la corrupción, de los malos gobiernos, de la contaminación y de los miles de problemas que causan una de las peores crisis que hemos vivido en nuestro país es causado por todos nosotros. Policías, gobernantes, delincuentes y maestros: todos somos respuesta a una sociedad que se está destruyendo sola.

¿Quién le cree a los policías? Yo decido comenzar a creerles.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”