AMLO, presidente y vocero

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El presidente acapara tanto la opinión pública que omite una regla general de comunicación: el vocero no puede ser el CEO

Ya comenzaron a circular los spots correspondientes al primer informe de gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Dejaré el análisis de logros y desaciertos para las siguientes columnas, ya que en esta ocasión me voy a centrar en cómo ha sido la comunicación de todo el gobierno en el primer año de la 4T. 

Si algo ha resaltado en la comunicación de AMLO y el gobierno federal, han sido las mañaneras. Un espacio que se convirtió en el repertorio de notas para los medios de comunicación. Y es que en esos 90 minutos que duran en promedio, el presidente ofrece una cantidad de quotes sobre temas tan diversos y en ocasiones irrisorios, que prácticamente se vuelven la nota del día. 

Esto capitalizado al vacío que existe en la oposición de los partidos políticos, quienes no tienen de otra más que bailar al son que les tocan en palacio nacional. 

Pero si algo han exhibido las mañaneras es la falta a una regla general de comunicación: el vocero no puede ser el CEO de una corporación. Para este ejemplo en particular, la corporación es el gobierno de México y la posición de vocero la tiene acaparada López Obrador. ¿O alguien puede decir el nombre del director de comunicación de la presidencia?

Tradicionalmente la vocería en una corporación la ejerce el director de prensa o un puesto directivo que no es el director general. Para efectos del gobierno de México, la vocería le tendría que corresponder a Jesús Ramírez Cuevas (que de manera oficial así es), Director de Comunicación, o a alguno de los secretarios del gabinete. Así lo han intentado en algunas ocasiones, pero es tal el peso de las palabras de López Obrador, que toda figura que no sea el presidente, pasa desapercibida. 

En estos meses son pocos los funcionarios que han destacado en términos de comunicación. Podemos nombrar solamente a Marcelo Ebrard y por circunstancias extraordinarias, como la crisis de los aranceles y el tema migratorio. Fuera del canciller, el resto de los miembros del gabinete brillan por su ausencia, al menos como vocería del gobierno federal. 

Lo mismo se puede decir de la comunicación que se genera desde el gobierno federal, los spots y las campañas que se generan desde cada secretaría no logran permear en la audiencia, ya sea por su falta de solidez o porque se ven opacadas ante los efectos de las mañaneras y el presidente. 

La pregunta que queda es si esta nueva forma de comunicación mañaneras/AMLO funciona o si la ausencia de voceros más allá del presidente le terminarán cobrando factura en un futuro a corto plazo. 

Lo sabremos al tiempo, más pronto que tarde.

La renuncia inesperada de German Martínez, ¿a dónde nos lleva?

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La renuncia inesperada de German Martínez ex director general del IMSS hizo revuelo como noticia esta  semana, es la primer renuncia en el sexenio. Ante esto hay muchos factores que analizar como:

1. La “ética de la dimisión” escondida en coherencia partidaria de Germán Martínez, pues viene de ser militante de muchos años del Partido Acción Nacional.

2. La corrupción burocrática del sistema de seguridad social mexicano que en cualquier momento va a explotar y por supuesto Germán Martínez no quería que la bolita le explotará en las manos, humildemente prefirió regresar al Senado.

3. Y me parece el tema más importante a analizar que es el ahorro excesivo como eje rector en las políticas públicas presupuestarias en SHCP.

La famosa “Cuarta T” que hoy se ostenta como la primera fuerza de izquierda en México pero de ideología izquierdista no tiene nada, simplemente  porque ha demostrado que no es progresiva, a pesar de que ha decidido no aumentar las tasas de impuestos, deja a un lado la salud pública que es una de las temáticas más importantes de las izquierdas en otros países.

No quieren cobrar más impuestos pero quieren construir proyectos de locura a través de la austeridad republicana (léase los programas clientelares que ni pies ni cabeza tienen), generando un ahorro presupuestal inimaginable. Prefiere “sanear y refinanciar instituciones” que han demostrado ser insalvables (léase PEMEX) que promover y salvaguardar el derecho a la salud de los mexicanos.

El presidente emitió un mandato que hace mención a un ajuste en materia de egresos para generar un sub ejercicio presupuestal en distintos organismos públicos, ocasionando que las instituciones se queden hasta los huesos en tema de presupuesto y no tengan con qué sobrevivir, eso sí teniendo como resultado un ahorro para el presidente, la pregunta es: ¿para qué quiere guardar tanto dinero público y qué es más importante que invertir en seguridad social?

#ElNidoDelGavilán: “Fifí: ser o no ser, parte 2”

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Hace un par de semanas abordaba el concepto de “fifí”, una de las palabras favoritas del presidente. Como resaltaba, en la lógica política de Andrés Manuel, ellos representan el -mal- y enemigos del pueblo -y de él., en específico al Periódico Reforma, actual némesis del Presidente.

En la columna pasada me concentré en los fifís de clase alta, la élite. Sin embargo, tras comentarios en este espacio, es importante señalar que los fifís también incluyen a las clases media aspiraciones, buena parte de la permanencia de las élites se fundamenta en que hacen creer que tienen un modo de vida deseable a los que no pertenecen a su entorno. Dicho así, se puede ser fifí sin ser rico, es parte de un aspiracionismo burgués.

También cuando Andrés Manuel habla de los explotadores del pueblo, inteligentemente ataca a los políticos por su nombre y no así a los empresarios. Ya alguna vez ha dicho que Marx se equivocó al no incluir a la corrupción como variable en sus análisis y es que da a entender que al parecer existen explotadores buenos, olvidando de tajo conceptos básicos de la izquierda.

Un ejemplo de esto es tener a uno de los hombres más ricos del país como Alfonso Romo en su oficina de Presidencia. Una persona que pudiera tener todos los agravantes para tener la etiqueta de fifí y de machuchón, nombre que da AMLO a los poderosos políticos y empresarios de la “Mafia del poder”.

Hace un par de días, la palabra regresó debido a la marcha del domingo pasado catalogada como “marcha fifí” por algunos sectores cercanos al Presidente y su partido dado que algunos líderes de Chalecos México y aliados están alineados a movimientos de derecha. No obstante, simplificar la marcha como una acción de “reaccionarios” es subestimar y minimizar el derecho a la manifestación pública. La marcha es señal de una oposición que quiere reconstruirse.

Por increíble que parezca, una paradoja del discurso andresmanuelista es que uno de los programas insignias de la 4T “Jóvenes Construyendo el Futuro” es una política abiertamente de derecha pues subsidia con mano de obra barata a los empleadores, lo cuales pueden ser abiertamente fifís.

La narrativa que en poco menos de 6 meses de gobierno que lleva AMLO se ha construido con los años y sin duda su persona está atada a ese personaje que ha construido para sí. 

A algunos molesta el que el Presidente ponga etiquetas y señale, sin duda es cuestionable, pero es bueno quitarse las máscaras de “independencia” y “ciudadano” y reconocer las posturas ideológicas.

Lo dicho, dicho está.

La historia al servicio de AMLO

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El día de ayer se conmemoró el cien aniversario luctuoso Emiliano Zapata. Desde principios de año, el presidente declaró que 2019 sería el año homenaje al caudillo durante una de sus mañaneras, que muchas veces han sido auténticas clases de historia. La presente administración es la que más se ha empeñado en revivir la historia nacional, incluso más que durante el año 2010. Una estrategia de comunicación política que está siendo llevada a cabo con sumo cuidado.

La conmemoración de Zapata supone adueñarse a nivel institucional de lo que el general representa: alguien que estuvo a favor de cambiar el rumbo del país, que defiende los derechos de los más débiles, pero que nunca estuvo de acuerdo con las formas en las que se hizo, negándose incluso a ser la cabeza del poder. AMLO quiere proyectar esa imagen: es el que manda y es el titular del Ejecutivo, sí, pero siempre dejando una distancia para la autoridad del pueblo; distancia que en el ejercicio diario del poder le da margen de maniobra para no asumir todo el coste político de las decisiones.

El presidente ha decidido explotar este relato. Llamar a su partido “Morena”, tener como eslogan de campaña “Juntos Haremos Historia”, hacer el encuadre con el fin de una etapa (la neoliberal que él llama) y su llegada al poder, nombrar su gestión como la “Cuarta Transformación” y poner en el logotipo oficial del gobierno a personajes notables de la historia; por cierto, siempre manteniendo a Juárez como el centro de todo (hasta lo puso en el billete de $500), le ha permitido a AMLO hacer de la historia nacional una herramienta más para legitimarse.

No es el primero que apostó por una estrategia así en la historia reciente del país. Si recordamos el año 2000, Vicente Fox ya había intentado hacer algo similar al compararse con Francisco I. Madero. Intentó hacer un símil entre su llegada a Los Pinos y el fin de los gobiernos del PRI con la caída del porfiriato. Pero ¿por qué cuando Fox hizo esta comparación recibió muchas críticas? ¿Por qué con Andrés Manuel parecería ser que sí cuadra? Muy sencillo: hablar de la historia en pleno año del jubileo y cambio de siglo, después de la caída de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría; a nivel mundial, el marco mental era de mirar hacia el futuro y dejar al pasado descansar.

Y lo mismo aplicaba para México, que ya desde 1988 se volcó hacia el mundo globalizado en aras de convertirse en la siguiente economía emergente. Sin embargo, después de la crisis económica de 2008 y con los niveles de desconfianza para con los partidos políticos por los cielos, en el ideario colectivo de los mexicanos se instaló la idea del anhelo por tiempos pasados en contraste con la incertidumbre del futuro. Fuimos golpeados de tal manera que se abrieron las heridas de nuestro pasado y, ante esto, qué mejor que venga alguien y sane. Pues este quiere ser AMLO.

La gente se siente orgullosa de su historia y Andrés Manuel lo sabe. Las personas difícilmente van a cuestionarle que quiera conmemorar a personajes como a Juárez o Zapata y eso le es mucho más útil para seguir asociando la idea de que la manera de gobernar de Morena puede asemejarse a las antiguas glorias de la política nacional. Pedir disculpas al Rey de España y al Vaticano no fue un acto de megalomanía. Al contrario, sirvió para probar los límites y alcances del relato que sigue construyendo. “Zapata no murió. Zapata vive”. “¡Y qué bueno!”, dice Andrés Manuel.

¿Abrazos, no balazos?

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En una administración que en el discurso ha tenido como prioridad los derechos humanos, hoy tenemos otras (no tan inesperadas) sorpresas que nos llevan a concluir que el gobierno actual podrá ser de todo, pero dudosamente de izquierda.

Hoy, resulta difícil emitir un juicio o encontrar la línea en las decisiones de Morena, tanto en el legislativo como en el ejecutivo. Por una parte, se votó a favor de la ampliación de los delitos meritorios de prisión preventiva oficiosa. Esta última palabra es clave, ya que determina la naturaleza automática y obligatoria. Es decir, cuando un ciudadano sea acusado de cometer alguno de los actos ilícitos establecidos, se le privará de su libertad (aunque aún no se compruebe nada) hasta que finalice su juicio. 

Esta figura representa un retroceso para el sistema penitenciario, y un riesgo para el goce de derechos humanos de los mexicanos. Hay que recordar que los procesos judiciales pueden tomar meses y hasta años; y que en México hay un número muy alto de inocentes inculpados por los famosos “delitos fabricados”. Esta decisión puede inducir a más casos de corrupción, a un sistema de justicia ineficaz y con investigaciones dudosas. Todo esto, se contrapone con el discurso de los derechos humanos, bajo la lógica de “eres culpable hasta que se demuestre lo contrario”.

Esta propuesta del legislativo, específicamente de la bancada de Morena, causó mucha indignación entre los mismos simpatizantes del partido y de López Obrador. Como otras decisiones, va en contra de todo el discurso de la 4T y está a años luz de ser una deliberación de un gobierno que se dice de izquierda.

Sin embargo, por otro lado, hoy en el Senado se vivió un ejemplo de ejercicio democrático. La bancada de Morena supo aceptar que su propuesta sobra la Guardia Nacional tenía áreas de oportunidad, se escuchó a la sociedad civil, se configuró una especie de oposición en la cámara, y los contrapesos fueron reales. Al final, se aprobó una Guardia Nacional de carácter civil, en la que, al contrario de la propuesta inicial, ya no se contará con fuero militar y la operación estará a cargo de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. 

Aunque decisión sobre la Guardia Nacional es una ventana de esperanza, no podemos olvidar los sinsabores y contradicciones en la 4T. Fue hace solo unos días cuando AMLO afirmó que la sociedad civil llevaba la agenda del conservadurismo. Y bajo esta premisa, se puede tachar a todo aquel que tenga una opinión diferente como conservador para invalidar su argumento. 

Un gobierno responsable y de izquierda debe de promover y proveer los espacios para el diálogo sano, para el confrontamiento de ideas, y sobre todo mecanismos en los que se tome en cuenta la voz de las organizaciones de la sociedad civil y de los ciudadanos en general.

Aquella frase de “abrazos, no balazos”, más allá de las bromas, canciones, y memes, representó para muchos un atisbo de esperanza de ver iniciativas de ley y políticas públicas que buscaran conciliar y reconstruir el tejido social, teniendo como base los procesos de paz y el desarrollo. Ante el escenario de un país dañado por la guerra contra el narcotráfico y los niveles de violencia, se prometió un cambio en la perspectiva de seguridad, una apuesta por los derechos humanos, el perdón, y las soluciones basadas en la no-violencia. La 4T aún está a tiempo de legislar y hacer política congruente a su discurso. Esperemos que los acontecimientos de hoy en el Senado sean los primeros de muchos otros espacios democráticos, de pluralidad y contrapesos. Será cuestión de tiempo ver si en la práctica se favorecerán a los abrazos, y no a los balazos.