Los altos y bajos de lo que va en la Presidencia de AMLO

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“La Cuarta transformación” acaba de comenzar desde el primer día del mes pasado. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tomó protesta frente a funcionarios públicos mexicanos, la prensa mexicana e inclusive frente a jefes de Estado de diferentes naciones. 

Una de las razones principales, por las cuales, la mayoría de los votantes emitieron sufragio a favor de AMLO fue por propuestas que se volvieron populares, debido a que incluyen muchas de las inconformidades reclamadas por la mayoría de los mexicanos. Andrés Manuel, al menos en las últimas elecciones presidenciales de 2018, supo escuchar las inconformidades del mexicano promedio, lo cual llevó a su victoria en dichas elecciones (entre otras cosas). 

Andrés Manuel se presentó, en esta coyuntura específica, como el candidato ideal para castigar a los partidos tradicionales, hizo ver a la mayoría en él a un candidato fuera del “sistema” política mexicano -aunque no es el caso-. Llamado por muchos “un populista”, AMLO hizo promesas con la sociedad mexicana que probablemente no sean tan fáciles de cumplir. 

Propuestas relacionadas a la ayuda a los sectores más vulnerables de la sociedad mexicana, acabar con la violencia y acabar con la corrupción, son algunas de las propuestas más importantes que AMLO hizo durante su campaña. El problema con las propuestas de AMLO no es el fin de estas, no hay ningún problema con querer ayudar a los sectores más vulnerables de la sociedad, ni de soñar con un gobierno mexicano cada vez menos corrupto, no. 

El problema de dichas promesas es su falta de cuerpo y medios para llegar a ellas. Tomando como ejemplo su combate a la corrupción, AMLO critica a la “mafia del poder” por ser un grupo élite de la política mexicana que se caracteriza por ser corrupto. La crítica hacia los partidos tradicionales y hacia los funcionarios públicos de alto nivel, son compartidos por la mayor parte de la población mexicana, todos queremos que la corrupción dentro del sistema político mexicano se extinga. Sin embargo, AMLO no ha presentado un plan detallado para la lucha contra la corrupción en las instituciones mexicanas. 

“La corrupción se combatirá por medio de mi ejemplo…”, afirmaba AMLO durante los debates presidenciales de las elecciones pasadas. Las instituciones nacionales son entes políticos a los cuales se les debe de prestar mucha atención al momento de querer realizar un cambio a nivel macro en el sistema político de cualquier país democrático. Por lo anterior, no dudo que el equipo del nuevo gobierno cuente con funcionarios honestos, pero considero que es muy ingenuo pensar que la corrupción se limpiará -al menos en un país como el nuestro- con tan solo ver el ejemplo del presidente. 

Antes de que el nuevo gobierno entrará en funciones, Andrés Manuel ya estaba orquestando consultas “populares” sobre temas como el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el tren Maya, entre otros. 

A como lo veo, hay 2 problemas fundamentales con la realización de dichas consultas populares. El primero es la compresión limitada de los temas en cuestión por parte de los participantes en la consulta. Y no es extraño que la mayor parte de la ciudadanía no entienda por completo temas tan técnicos como el NAICM o el tren Maya, al contrario, es para eso que funciona la democracia representativa. Y no lo digo como crítica a los ciudadanos, sino al equipo de Andrés Manuel, en ningún momento se informó -de manera objetiva- a los ciudadanos antes de que emitieran su voto. 

El segundo problema con dichas consultas es la falta de representatividad. Con alrededor de 1 millón de personas habiendo votado en la consulta, la decisión -según equipo del gobierno entrante y las organizaciones colaboradoras- fue a favor de cancelar el NAIM de Texcoco. Las consultas no son legalmente vinculantes, sin embargo, fueron suficientemente populares para legitimar las acciones del gobierno entrante. 

Con mayoría en el congreso, AMLO -y Morena- cuenta[n] con poder suficiente para pasar políticas públicas de gran importancia para el país. Morena posee un poder político que deberá de ser equilibrado por parte de los partidos tradicionales (PAN, PRI, PRD) -en el congreso-, y por la Suprema Corte de Justicia (dependiendo del caso). 

Sin embargo, no todo ha sido negativo en lo que va del nuevo sexenio. El nuevo gobierno ha demostrado más transparencia -o al menos así lo han hecho sentir- que gobiernos pasados. Temas como el del desabasto de la gasolina (el cual es material para próximas columnas), el robo de esta (llamado huachicoleo por muchos), entre otros, han sido abordados por parte del mismo Andrés Manuel durante sus conferencias de prensa matutinas. 

Si bien no propongo que todo lo relacionado al nuevo gobierno de AMLO esté incorrecto, es importante recordar que, como ciudadanos, es nuestro deber no caer en fanatismos, ni mezclar la fé ciega con la política. Aún y cuando hayamos votado -o no- por Morena en las pasadas elecciones, es necesario estar vigilantes hacia las propuestas de ley y los movimientos políticos por parte del nuevo gobierno.