La desigualdad nuestra de cada día

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Vivimos en la decimoquinta economía del mundo y tenemos al hombre más rico de América Latina, pero la mitad de nosotros vive en la pobreza.

Les voy a platicar la historia de María Basilio y Matilde Arriba. Ambas nacieron el 4 de abril de 1970. María nació en una comunidad rural mixe de Oaxaca, donde no había escuela. Su padre pensaba que no era necesario que estudiara, sino que realizara las actividades propias de su sexo: las de casa y cuidado. María es analfabeta, se casó con un trabajador de la construcción y tiene cuatro hijos que no terminaron la preparatoria. Se mudó a la Ciudad de México en 1985, es una empleada ejemplar y dedicada. Tiene 20 años realizando 10 horas de trabajo doméstico con un sueldo de 300 pesos diarios, no tiene seguro médico y no tendrá derecho a recibir una pensión.  

Matilde nació en Ensenada, Baja California. Sus padres, un médico y una enfermera siempre enfatizaron la importancia del estudio y la motivaron a aprender inglés. Matilde estudió derecho en la universidad estatal, se casó con un abogado y tiene dos hijas que se educaron en escuelas bilingües. Trabaja en el Poder Judicial de la Federación desde hace más de 20 años y percibe un salario de 1500 pesos diarios con todas las prestaciones de ley, además de un seguro de gastos médicos mayores. 

María y Matilde son mexicanas y tienen los mismos derechos de acuerdo con la Constitución: a la educación, al trabajo digno, a la protección social en salud, entre otros. Sin embargo, el azar favoreció a Matilde desde su nacimiento y las brechas entre ellas se han ensanchado a lo largo de sus vidas. Esta comparación revela la profunda desigualdad de oportunidades que presenciamos en México todos los días. (Informe Desigualdades 2018 de El Colmex). 

El Informe Desigualdades 2018 de el Colegio de México desnuda una realidad que todos conocemos: somos un país de desigualdades. El hecho es que quien nace pobre está destinado a morir pobre y a que tus hijos y sus hijos corran con la misma suerte. Por el otro lado, si naciste rico, tú y tus descendientes vivirán y morirán en la riqueza. 

67% de los funcionarios y directivos como Matilde tiene prestaciones laborales amplias en salud, vivienda, maternidad y ahorro para el retiro; en contraste, sólo 40% de los trabajadores en servicios personales, que incluye al trabajo del hogar, cuenta con prestaciones.

El Global Wealth Report 2014 de Credit Suisse (2014), por ejemplo, señala que el 10% más rico de México concentra el 64.4% del total de la riqueza del país. Durante los últimos 30 años ha habido un crecimiento paulatino de la participación del capital en el ingreso nacional, al tiempo que ha habido una consecuente disminución de la participación del factor trabajo (Oxfam). 

Un dato para exhibir la desigualdad que impera en el país: mientras que nuestro país es la décimo quinta economía del mundo y tiene al hombre más rico de América Latina, la mitad de la población vive en pobreza por ingresos (Revista Nexos, 2018).

Somos desiguales, lo hemos sido desde hace décadas y no se ve un camino en el que en los próximos 15 o 20 años las cosas cambien. El nuevo gobierno dice que por el bien de todos, primero los pobres. Veremos si esa frase se vuelve realidad y se hace algo no solamente para combatir la pobreza, sino para disminuir la brecha desigual que nos separa como mexicanos. Esa brecha que aquí en Monterrey se puede apreciar al cruzar la avenida Lázaro Cárdenas.

#HojaDeRuta: “Golpes a la Sociedad Civil Organizada”

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Durante el último mes la sociedad civil organizada de Monterrey ha recibido un par de duros golpes por parte de las autoridades: el desaguisado y distanciamiento de los ediles metropolitanos a la plataforma Alcalde Cómo Vamos, y el rechazo del gobernador Jaime Rodríguez al Sistema Estatal Anticorrupción que diversas agrupaciones ciudadanas trabajaron junto al congreso. Aunque han abundado señalamientos e intentos de justificaciones por todas las partes involucradas, se ha debatido poco la lógica y cálculo de estas maniobras políticas. Aventuremos una explicación.

En el caso de la plataforma Alcalde Cómo Vamos, las señales de tensión y desgaste no son nuevas. La inconformidad de los alcaldes había sido expresada en anteriores ocasiones, la verdadera pregunta es: ¿por qué los alcaldes pueden con tal ligereza amenazar con abandonar la plataforma o condicionar su permanencia? La respuesta es simple: porque tienen el capital político de su lado, y por tanto, el costo político de poner en entredicho, o incluso abandonar la plataforma, es relativamente bajo. Esto es debido a que las múltiples organizaciones que la conforman tienen larga trayectoria y defienden causas loables, pero en términos de real politik, cuentan con una muy limitada base social.

En este sentido, la sociedad civil organizada se conforma como una élite que está más cerca de la clase política que de la ciudadanía en general. Su arma principal es la vocería con resonancia mediática, la cual ejerce presión, pero como cualquier otro recurso, su efecto es limitado. Los esquemas tradicionales de consejos o conjunción de organizaciones suelen surtir efectos positivos, pero mantienen la participación limitada a las instituciones (sociales y privadas) tradicionales, por lo tanto limitando la representación. Por supuesto que la labor que estas organizaciones realizan es fundamental y de alto valor, el tema es que sus plataformas no se socializan lo suficiente.

Tomemos como ejemplo el Informe País para la Calidad de la Ciudadanía en México, realizado por el INE y el Colmex. Al medir el índice de confianza, el estudio encontró que solo el 30% de los mexicanos confía en los gobiernos municipales, y en las organizaciones de la sociedad civil, la cifra sube apenas a 40%. Esto da una idea de la distancia que existe entre la ciudadanía general tanto con las autoridades como con las organizaciones de la sociedad civil.

También podríamos tomar como ejemplo la elección de gobernador de 2015: se dio un fenómeno social hacia una opción alternativa que consiguió una votación inusitada, pero fue un tsunami, una gran ola que rompió rápido. Esto es lógico, la enorme mayoría de la ciudadanía está desorganizada. El citado estudio del INE aventura una hipótesis con tres elementos para explicar la debilidad ciudadana:

1. La desconfianza que existe entre la ciudadanía, y de la ciudadanía hacia la autoridad.

2. La desvinculación en redes que vayan más allá de la familia, amistades o religión.

3. La decepción ante los resultados de la democracia.

Una de las respuestas podría estar en impulsar una mayor organización y politización ciudadana, por ejemplo, mediante los Comités Ciudadanos contemplados en la Ley de Participación Ciudadana estatal, cuestión que organizaciones como Alianza Cívica han visualizado e impulsado.

La clase política tienen recursos, herramientas, espacios y estructuras para generar cuadros, mantener organización y empujar su agenda. La sociedad civil flaquea en este aspecto, a pesar de ser mayoría. Ahí radica hoy su debilidad, y al mismo tiempo, el enorme poder por desarrollar.