México: el país donde nada pasa

El 21 de diciembre de 2010 la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 65/209 declaró el 30 de agosto como el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas.

Para la Asamblea General en su resolución 47/133, son víctimas de desaparición forzada, las personas que sean arrestadas, detenidas o trasladadas contra su voluntad, o que estas resulten privadas de su libertad de alguna otra manera por agentes estatales, por grupos organizados o por particulares que actúan en nombre del Gobierno, ya sea con su apoyo directo o indirecto, autorización o asentimiento, y que después se niegan a revelar la suerte o el paradero de estas personas o niegan reconocer que están privadas de la libertad.

Las desapariciones forzadas comenzaron siendo una práctica común de las dictaduras militares con el propósito de infundir terror en la sociedad y como método de represión política. En la actualidad se considera un problema mundial, es decir no solamente le afecta a una región o país; es una enfermedad que la padecen o padecieron países, entre los que se encuentran Siria, Egipto, España, Guatemala, Colombia, Chile, Argentina, Camerún, Ruanda y muchos más.

En nuestro país ha sido una realidad constante, una práctica por parte de las autoridades que se fue haciendo más frecuente, hasta el punto de convertirse en costumbre. Si eres sospechoso de estar involucrado en actividades políticas, sociales, o delictivas, método de solución es la desaparición.

La CIDH señaló en su último informe, que México atraviesa una preocupante crisis de derechos humanos, existe una brecha abismal entre el marco jurídico y su situación social. Mencionó que en los años de la guerra sucia, las autoridades gubernamentales, utilizaban la desaparición forzada para reprimir a los activistas políticos y en la actualidad se extendió a cualquier persona.

De acuerdo al Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas para el año del 2015 se reportaban 26.789 no localizadas. La Secretaría de Gobernación determinó que el número eran de 16, 000 y la CNDH estableció que hasta el momento no existe certeza ni cifras claras, o estadísticas claras de personas desaparecidas.

El Estado mexicano solo ha demostrado su incapacidad para realizar investigaciones concretas, sancionar, y garantizar justicia a las víctimas y sus familiares. En vez de realizar y activar mecanismos efectivos para realizar búsquedas serias, imparciales y expeditas a las víctimas, el gobierno se ha enfocado en intentar “desmentir” a todos los organismos protectores de derechos humanos, internacionales como nacionales.

Cuando el relator para la tortura de la ONU Juan Méndez, manifestó que en México la tortura es una práctica generalizada, la SRE solo se limitó a contestar: “eso es incongruente, esto no corresponde con la realidad”.

En la última recomendación que emitió la CNDH respecto a las graves violaciones a derechos humanos ocurridas el 22 de mayo de 2015 en Tanhuato, Michoacán respecto a las 22 ejecuciones extrajudiciales, casos de tortura y manipulación de evidencia, el comisionado Nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia, señaló de “radical” el informe, estableció que los policías se encontraban actuando en legítima defensa. Respuestas como estas ocurren cada vez que alguien cuestiona a la autoridad, vivimos en un país donde cuestionar y pedir justicia se traduce en exageraciones por parte de la sociedad.

Para el gobierno mexicano, aquí nada pasa. ¿Desapariciones? No, ¿tortura? No es generalizada, ¿muertes extrajudiciales? No existe el tipo penal. Desconocer y justificarse ha sido el único método de solución para la autoridad. ¿Hasta cuándo tanta impunidad?

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Tiempos de Cambio y un Nuevo Secretario General de la ONU

El intento de golpe de Estado en Turquía, el posible cambio político/social radical de Estados Unidos con Donald Trump, los ataques recientes en Niza y el próximo nombramiento del nuevo Secretario General de las Naciones Unidas, son algunos de los eventos que están haciendo historia y de los cuales hemos sido parte.

Aunque podrían parecer eventos que no tienen relación alguna en la actualidad, realmente podrían ser vistas como piezas de un todo; un sistema internacional cambiante y con nuevas narrativas. La religión, grupos étnicos, derechos civiles, democracia y nuevas formas de liderar son los temas actuales que más importancia han recibido.

Lo cual me hace recordar algunas de las ideas de Samuel Huntington, en su obra “El choque de las civilizaciones”. Las cuales afirman que los próximos conflictos internacionales serán conflictos con bases étnicas, religiosas, y de ideologías; es decir de relación con identidades político/sociales individuales y de Estados enteros.

Si bien, se puede sugerir que es el caso en nuestros días, tampoco podemos tratar de predecir que todos los cambios que están pasando en el mundo tendrán efectos negativos en dado momento. Es decir, el hecho de que estemos presenciando un número de –posibles- cambios importantes en el sistema internacional no sugiere –exclusivamente- un impacto negativo en las sociedades del mundo.

En esta ocasión, me gustaría articular más sobre el cambio de Secretario General de la ONU, un poco del proceso de elección, y un poco de lo que supone este nuevo cambio al sistema internacional.

El cambio de Secretario General de las Naciones Unidas, próximamente al final del segundo semestre de este año, ha sido –en mi parecer- el suceso, de los mencionados arriba, que menos atención ha recibido. Y si bien, el Secretario General de la ONU no pretende tener un rol tan importante como lo es el del Consejo de Seguridad, este puesto sí podría proponer un cambio de agenda política y atención de la ONU. Cambio climático, migración, derechos civiles y humanos, conflictos en Medio Oriente y hambruna, son algunas de las principales problemáticas que podrían ser promovidas por el próximo Secretario General.

El Consejo de Seguridad se encarga de “recomendar” a unos de los -12, en este caso- candidatos, para que después la Asamblea General ratifique la recomendación y nombre al nuevo Secretario General. Este proceso ha sido muy criticado por la manera en la que se propone a ser un proceso muy cerrado y no tan democrático. Sin embargo, este año la ONU ha decidido realizar un debate en el cual se dé a conocer a cada candidato públicamente.

Aunque lo anterior no supone que el proceso de elección de Secretario General sea más democrático o abierto a votación fuera del Consejo de Seguridad, sí se podría argumentar que es un comienzo a una apertura más pública en dicho proceso.

Todos estos cambios, sumados a nuevas generaciones –milenials- y nuevas maneras de pensar y hacer las cosas, prometen hacer grandes cambios en el mundo a futuro. Sin embargo, hoy en día podemos sólo imaginar dichos cambios e impactos de los eventos que vemos hoy en día, y esperar que sean tan benéficos para nuestras futuras sociedades como sea posible.

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