Ni perdono ni olvido: a dos años de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa

México es, probablemente, uno de los países con el mayor número de heridas abiertas infringidas por su propio gobierno; Tlatelolco, Acteal, Aguas Blancas o Atenco, nos demuestran que la brutalidad es y sigue siendo el arma predilecta del estado para mantener bajo control a la población. El caso más reciente de ello es Ayotzinapa, caso que, como todos los previamente mencionados, sigue sin aclararse.

Ya han pasado dos años desde aquella desaparición forzada por parte del estado, la cual llegó a abrir los ojos de los jóvenes más alejados de la realidad social. Mediante marchas, concentraciones, mítines y eventos artísticos, la juventud de México mostró un espíritu de lucha y una solidaridad, que llevaba tiempo de no verse.

Igualmente, no solo estos se movilizaron, pues inclusive, adultos mayores formaron parte de las filas de indignación hacia el estado por tal crimen de lesa humanidad. Tal espíritu de unidad y de lucha soportó el mayor cinismo del gobierno, el cual no hizo más que fortalecer esta unidad al hacer declaraciones exentas de toda consideración, como las hechas por Murillo Karam, con su famoso “ya me cansé”.

Desde el norte hasta tierra caliente, todo mexicano y extranjero que estuviera al tanto de lo que sucedía, podía presenciar cómo iba tomando forma un movimiento similar al de los estudiantes de los 60’. El presenciar a diversas generaciones juntas bajo la consigna de “vivos se los llevaron, vivos los queremos”, llegó a llenar de esperanza a muchísimos que llevaban tiempo en la lucha por un mejor.

Hoy, tras estos dos años cumplidos de la desaparición forzada de los normalistas, no puede negarse que, lamentablemente, el movimiento no tiene la misma cantidad de personas que poseía en el año anterior.

No obstante, a pesar de disminución del número de integrantes de tal movimiento, la fuerza de voluntad se mantiene, y será esa fuerza la que habrá de brindar justicia y que hará relucir la verdad. A su vez, será esta unidad del pueblo, la que traerá una dignidad que tanto le falta a este mismo, para que pueda ser visto como lo que realmente es: la autoridad verdadera, de la cual proviene el poder.

Podrá actualmente, haber una oscuridad que desanima a aquellos que antes marchaban rumbo a la obtención de respuestas y al descubrimiento de la verdad, podrá seguir el gobierno con su nula respuesta respecto al esclarecimiento de lo ocurrido y de su responsabilidad con esto mismo; pero a su vez, seguirán luchando los mexicanos para lograr el México que merecen, y saber de unas vez por todas que les ocurrió a sus hermanos aún desaparecidos.

Este es un camino difícil, pero es el único camino que vale la pena recorrer, sin importar los riesgos que se presenten, pues este camino es el mismo que trazaron nuestros héroes que nos dieron patria, y que ahora nosotros llevamos. Morelos, Victoria y Madero están en nuestra memoria y en nuestras acciones y en nuestra sangre, pues el espíritu de lucha es algo que comparte, todo México.

______________________________
– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

¿Ocupa “dientes” la CNDH?

No es ningún secreto que nuestro país tiene, desde hace varias décadas, una crisis en lo concerniente al respeto de los derechos fundamentales de sus ciudadanos. Eventos como la matanza de Tlatelolco, Acteal, Ayotzinapa, y más recientemente, Nochixtlán, corroboran el latente problema que hoy se vive, el cual es causado en numerosas ocasiones por las mismas autoridades (nótese que, en todos los casos mencionados, existen supuestos de la participación de funcionarios públicos, además de las sospechas de intervención policial y militar).

Por otra parte, ¿qué medidas ha llevado a cabo el gobierno para solucionar esta evidente crisis? Desde hace tiempo, México se ha incorporado a organismos internacionales que velan por la protección a los derechos humanos, tales como la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos), o bien, el CDH (Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas).

Dichos organismos han señalado, en más de una ocasión, la falta de consideración que se tiene en torno al aseguramiento de los derechos fundamentales para con su población; ¿cuáles han sido las repercusiones de la integración de México a estas agrupaciones internacionales?

Si bien cabe destacar que, desde que México comenzó a fungir como miembro de diversos grupos de cooperación para el resguardo y protección de las antes llamadas garantías individuales, este ha tenido que darle una mayor ponderación a las mismas, así como aceptar la intervención de aquellos grupos, en casos que han causado gran difusión mediática, el problema no ha logrado disminuir más que de forma tenue.

A pesar de este supuesto “compromiso” para mejorar la defensa de nuestros derechos por medio de la subscripción antes dictada, los ataques y la represión continúan formando parte de la vida diaria de los mexicanos, sin importar si estos tienen como profesión el periodismo (México es calificado como el país con mayor riesgo para tal empresa), o si son maestros o aspirantes a los mismos (previamente mencionado de Ayotzinapa), o bien si son campesinos (San Quintín).

Ahora bien, ¿qué es lo que falta hacer para mejorar esta situación y garantizarle la dignidad y la existencia a cada miembro de la nación? Lo primero que habría que hacer es, reforzar nuestras instituciones antes de estar firmando acuerdos que sabemos, no vamos a cumplir; actualmente tenemos instituciones como la CNDH, la cual tiene por objeto la defensa de derechos humanos. No obstante, ¿cómo es posible que esta misma pueda defender nuestros derechos si su función se encuentra limitada a la “emisión de recomendaciones”?

Es preocupante observar casos, como lo ocurrido en Veracruz, donde pudimos ser testigos de una abierta represión hacia el periodismo y hacia todo aquel que se opusiera al gobernador, Javier Duarte, en donde las recomendaciones del organismo mencionado no trascendieron, a lo mucho, a un “jalón de orejas”.

Si en verdad queremos mejorar esta deplorable situación por la que pasamos, si en verdad queremos construir una nación más prospera y garantista de derechos, deberíamos empezar por darle “dientes” a nuestras instituciones protectoras de derechos fundamentales.

¿Cómo empezar con dicho cambio? Con algo tan simple como hacer de carácter vinculatorio (obligatorio) aquellas “recomendaciones” de la CNDH, para que así el poder judicial se encuentre obligado a investigar a los servidores públicos que la comisión ha señalado como posibles responsables de violaciones hacía los derechos reconocidos en la carta magna.

______________________________
– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Hoy, mi corazón está en el sur

“Este recuerdo último era el nuestro y ahora yo lo sabía: en mitad de este invierno, venía a saber que en mí, había un verano invencible.”
Albert Camus

Soy del norte, pero hoy mi corazón está en el sur, junto al de los maestros que ejercían sus derechos constitucionales de movilización y expresión de ideas que fueron reprimidos, junto al de las familias de las víctimas de aquellos actos del gobierno contrarios a todo ideal de democracia y libertad. Mi corazón se encuentra también con aquellos heridos, sean manifestantes o policías dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de sobrevivir con unas cuantas monedas. Se encuentra además, con los que toda su vida han presenciado la escasez, con los que nos han dado catedra de cómo hacer la revolución y también con los que sufren el abuso de la clase política. Hoy, al estar en el norte y tener mi corazón en el sur, he decidido, por primera vez, apoyar a los maestros que levantan su voz contra la reforma educativa.

Hoy, al estar en el norte y tener mi corazón en el sur, he decidido, por primera vez, apoyar a los maestros que levantan su voz contra la reforma educativa.

Y sí, yo deseo un cambio en el sistema educativo de las escuelas públicas, por eso mismo es que no puedo tolerar, que se nos engañe con esta reforma que solo busca modificar los derechos laborales de los docentes, y que no modifica los programas educativos en lo absoluto. Quiero un cambio en el que el gobierno cumpla su obligación de dialogar con los ciudadanos (en los que reside la soberanía popular), y en donde no se recurra a la fuerza bruta para legitimar una iniciativa de ley. Sé que dicha empresa no será sencilla, pero si no se actúa ahora, las repercusiones recaerán sobre las generaciones futuras, las cuales sabrán que la imposibilidad de ejercer sus derechos habrá de ser un reflejo de nuestra pasividad ante los problemas que nos aquejaron.

Por otra parte, sobran ejemplos de masacres que han dejado cicatrices en los corazones de cada mexicano: Tlatelolco, Acteal, Atenco, Ayotzinapa, y más recientemente, Oaxaca. Si hay un pueblo que ha sufrido suficiente, es el nuestro. Asimismo, si hay un pueblo que ha sabido plantar cara a la injusticia, es el pueblo de México; sea a través de los campesinos comandados por Zapata, por los liberales encabezados por Juárez o por los movimientos estudiantiles de los 60’, como mexicanos no hemos dejado de poner el ejemplo en lo que valentía se refiere.

Asimismo, si hay un pueblo que ha sabido plantar cara a la injusticia, es el pueblo de México; sea a través de los campesinos comandados por Zapata, por los liberales encabezados por Juárez o por los movimientos estudiantiles de los 60’, como mexicanos no hemos dejado de poner el ejemplo en lo que valentía se refiere.

Estos ejemplos no deberían de verse como hechos aislados, como acciones emprendidas por personas fuera de lo común, sino todo lo contrario: deben verse como acciones llevadas a cabo por gente normal. ¿Por qué? Porque la valentía es algo característico de nuestra gente. Está en la sangre de cada uno aquel coraje, aquel amor por la nación que nos lleva a entregarnos a los ideales más altos. Si muchos no lo hemos puesto en práctica, habrá de ser por el olvido. Sin embargo, sólo basta con recordar quienes somos y mirar un poco a nuestro pasado, para entender el hecho de que hoy contamos con un espíritu invencible que puede llevarnos a tener días mejores, en los cuales se viva un auténtico estado de derecho. Hoy, mi corazón está en el sur, y con ello, habré de llegar hasta él, por medio de mis acciones. Finalmente, cuando llegue hasta él, daré gracias a la gente del sur, por ayudarme a abrir los ojos, por hacerme recordar que soy mexicano.

______________________________
– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”