ENRIQUE PEÑA NIETO: A SALVAR EL TITANIC

A punto de vivir el último tercio de la gestión presidencial más gris de los últimos años, la incertidumbre entre los actores políticos de México es tanta, que no se sabe a ciencia cierta que le depara al país en materia económica, política y social. El que sí sabe perfectamente que papel jugará en sus últimos suspiros es Enrique Peña Nieto.

Decidió olvidar su jefatura de Estado, se resignó a aceptar que es el presidente con peor nivel de aprobación entre los mexicanos, que sus reformas estructurales han quedado estancadas y que, sin temor a afirmarlo, ya no tiene nada más qué hacer para el país.

A cambio, ha decidido jugar su última carta. Esa carta que representa utilizar toda la estructura presidencial en favor del partido que lo impulsó a ser presidente de México, vaya descaro, en plena función de máximo jefe de Estado ha decidido pronunciarse abiertamente en favor del Partido Revolucionario Institucional.




Lo hace por dos factores principales:

  1. La lejana posibilidad del PRI de conservar la presidencia de México en el 2018, gracias a su inestable gestión y a su cúpula de gobernadores corruptos.
  2. Ser ex presidente de México sin la protección de su partido y con tantos escándalos de corrupción sin explicar, sería un suicidio político.

Se está haciendo costumbre el buscar protegerse un par de años antes de culminar las administraciones repletas de escándalos, casos de corrupción y poca gobernabilidad. Lo hacen a la vieja usanza, utilizando todos los recursos de México a fin de posicionar un candidato a modo, de esos que lejos de esclarecer los saqueos al país, optan por dar carpetazo final y dejar a sus jefes absueltos de todo.

Del “Saving México” al “necesitamos al PRI unido”, si esto pasara en otros países sería un escándalo nacional, pero pasa en México, el único lugar donde los políticos y los medios de comunicación parten el pan en la misma mesa, lo comen juntos y después se “separan” para mantener el protocolo.

El juego ya está definido, el PRI comienza a entender su rol en las elecciones del 2018 y el presidente plantea utilizar su último tercio de gestión para abonar a esos fines.

La elección está prácticamente perdida para ellos, y no tengo duda que buscarán negociar con el posible ganador; ayudarles a ganarla fácil a cambio de protección a los descarados casos de corrupción, de esos casos que son más comunes de lo que pensamos.




La pregunta es: ¿con quién buscarán negociar? La respuesta comienza a ser muy clara. Salvar el Titanic, la última y única meta del presidente.

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LOS JUEGOS DEL HAMBRE EN ESTADOS UNIDOS

Hoy se define una de las contiendas más feroces y frontales en las elecciones de Estados Unidos, quizá también la que más pareja se ha mantenido en la percepción del voto. ¿La razón? Ninguno ha logrado construir un proyecto que satisfaga las exigencias de los poco más de 58 millones de indecisos.

Como analista, me resulta necesario realizar un estudio objetivo sobre el posible resultado que se concrete al final del día, pero como nunca antes, me es imposible nombrar a un ganador ante el punto porcentual que ubica- sin gran claridad- a Donald Trump en la delantera. Les comparto los 3 “distritos” que deberán conquistar para ganar la elección:

1. Las minorías

Las minorías han definido el rumbo de los debates y spots en los que han participado ambos candidatos. Por un lado, Trump decidió iniciar su discurso rumbo a la presidencia atacando a la minoría con mayor representación en Estados Unidos: los latinos.

Por el otro, Hillary ha navegado entre mesura y apoyo intenso al mismo sector de la población. Lo interesante es que California (55), Texas (38), Florida (29) y Nueva York (29) son los Estados con mayor presencia de minorías dando un total de 151 electores y a su vez los que más aportan a la contienda, de ahí que la relevancia de éste sector sea por demás trascendental. Además, Illinois, el Estado con gran presencia de latinos, aporta otros 20 electores.

2.Los indecisos

El poco más de 18% de indecisos en Estados Unidos, con una representación poblacional de más de 58 millones de estadounidenses, juega un rol clave en la carga de la balanza. Para ello tengo dos vertientes que conforman este sector de electores:

 




A) Los indecisos tenderían a inclinarse por las ideas nacionalistas de Trump, pero no estarían dispuestos a expresarlas antes de la votación, razón por la que éste porcentaje se inclinaría en favor del magnate neoyorquino.

B) El porcentaje se inclinará por las personas que decidan salir a votar, es decir, la balanza será en favor de uno u otro dependiendo de qué sectores salgan a votar. Si salen a votar los latinos ganará Hillary Clinton, si salen a votar zonas rurales se inclinará en favor de Trump.

3.Factor Obama

A pesar de la indiscutible popularidad de Barack Obama y a la fascinación que causa su esposa Michelle cada que aparece en público, la realidad es que los Obama dejan la Casa Blanca con un nivel de aprobación muy por debajo de las expectativas creadas alrededor de su reelección.

Sin embargo, han sido utilizados constantemente en los mensajes que Hillary Clinton emite en su campaña. ¿El motivo principal? Barack Obama obtuvo la reelección ganando los Estados que mayor cantidad de electores tenían en el país.

Al decidir no deslindarse del factor Obama, Hillary se arriesga a que el presidente más popular del mundo tenga un voto decisivo en las elecciones de hoy, habrá que esperar para saber si fue un arma con la que mató o con la que fue sepultada.

Sin duda alguna estamos presenciando un choque de titanes, por un lado, la posibilidad de tener a la primera presidenta en la historia de la nación más poderosa del mundo y por el otro, a un showman que fue capaz de transitar del loco que se llenaba la boca de disparates, al candidato con serias posibilidades de ganar y construir una nueva posición global para Estados Unidos.

 




 

¿A quién deberíamos preferir en México? A ninguno y al que sea. Aún no tenemos- y no sé si algún día sucederá- la influencia suficiente para definir las elecciones del país vecino, lo que sí tenemos es la obligación total de asumir el trabajo que nos toca para hacer de México un país que año tras año dependa cada vez menos de Estados Unidos y cada vez más de sí mismo.

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EL PAÍS DE NUNCA JAMÁS

Recientemente hemos vivido en México todo tipo de sucesos para identificar el tipo de sociedad en la que habitamos. En un país colorido, de fiesta y donde aguantamos bastante, todo pasa y nada cambia.

Hace una semana fuimos testigos de un clavo más al ataúd ya muy enterrado del presidente de la república: Don Enrique Peña Nieto. Ahora resulta que plagio casi un tercio de su tesis para graduarse de la licenciatura en la Universidad Panamericana, copió y pegó textos completos de libros y autores que olvidó- o no quiso citar- ni en el desarrollo de su tesis ni en la bibliografía.

Esto en contraste de su insistencia por impulsar una “educación de calidad” mediante la tan discutida reforma educativa, donde por cierto miles de maestros continúan en paro y millones de alumnos se encuentran sin tomar clases, como si no tuviéramos suficiente analfabetismo.

Pero, ¿qué respondió la Universidad Panamericana? Sorprendentemente mediante sus líderes estudiantiles y un comunicado de prensa oficial- que tardó varios días- prácticamente dejó en claro que no haría nada y que su ética no era aplicable a ex alumnos. Vaya, me queda claro que en México no existe institución con los suficientes pantalones para castigar y hacer justicia a un presidente de la república.

¿Cómo reaccionó la sociedad? Algunos indignados, otros muertos de risa. Lo cierto es que al día siguiente de la investigación- no tan bomba- que presentó Carmen Aristegui, millones de jóvenes mexicanos acudían a sus aulas con trabajos y tareas no muy bien citadas, vaya, es un reflejo cultural el que vivimos en el espejo del presidente.

Por otro lado, el país entero llora la repentina muerte del cantautor más aclamado en Latinoamérica: Juan Gabriel. Le lloran sus canciones, su talento y su capacidad para sobreponerse a situaciones de pobreza e injusticia, de esas que vive el mexicano promedio día con día.

Lo sorprendente- no tan sorprendente- es que semanas antes en varios Estados del país miles de personas marchaban contra los derechos de las comunidades LGBT, decían que esos “jotos” solo dañaban la moral (¿cúal moral?) de su sociedad, que no tenían derecho a reproducirse y amarse- ni ser humanos pues- y que eran casi casi la espuria y el opio de este país.

Así de incongruentes somos, así de persinados vivimos, así intentamos avanzar mientras no avance el vecino.

¡Bravo, Juanga! Porque con tu talento demostraste que eres por el alma y no por tu sexo, te impusiste en un país conservador y racista, un país al que amaste hasta el final. Bravo, porque jamás te avergonzaste de ser lo que eras y dejaste un legado que muchos deberíamos seguir: hacer lo que te apasiona con honestidad y para los demás.

El país de nunca jamás se persina en casa y sale a comer carne. Ha adoptado las redes sociales como el nuevo mundo para descargar su ira y su dolor. Critica el plagio y lo hace a diario, acusa a los “jotos” y escucha sus canciones, critica a los políticos y se queda en casa mirando. Así es la vida, en el país de nunca jamás.

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EL MEXICANO QUE NUNCA SERÁ DE ORO




Tras la crítica situación del deporte mexicano evidenciada en la justa olímpica de Río de Janeiro 2016, salió a relucir el mexicano que nunca ganará el oro- ni lo intenta- y que representa a la población más despreciable y cínica del país.

El mexicano promedio tiene una cultura malinchista, no soporta ver a otro mexicano triunfar; es más, para ser mucho más claro, disfruta la derrota de los otros, aunque esos otros pertenezcamos a la misma región.

Esta parte horripilante de la población mexicana se ha hecho presente, lamentablemente, en la era digital. Critican a Alexa, la gimnasta que nos representó en Río, y aseguran que está “gorda”; lo hacen sentados en un sofá, antes de continuar con su gorda, frustrada y muy común vida en donde cumplen patrones repetidos que no ocupan del más mínimo raciocinio. Le dicen ‘gorda’ de forma despectiva, en un país campeón en sobrepeso y obesidad, ahí seguro que sí ganamos medalla.

Pero, ¿en realidad piensan lo que dicen? Mi conclusión es que definitivamente NO. La capacidad de pensar, razonar y digerir lo que vamos a decir antes de soltar el vómito verbal es un talento que muy pocos mexicanos poseen. Vaya, como diría Facundo Cabral, estamos llenos de “pendejos” y son muy peligrosos porque son la mayoría.




El mexicano demuestra en cada oportunidad que tiene su posición de hombre-masa, ignorante e incapaz de pensar. Es esa ausencia de pensamiento- como diría Hannah Arendt– la que no le permite desarrollarse en un país de grandes posibilidades. El mexicano no es malo, es ignorante y no sé si eso sea más peligroso.

Dentro de todo lo malo que ha vivido el país en la última gestión presidencial, representar a México es un acto de valentía total. Los deportistas mexicanos no solo tuvieron que prepararse durante años para poder competir contra los mejores del mundo, muchos de ellos se vieron en la necesidad de salir a las calles a pedir dinero, de practicar en las peores condiciones, de solventar su viaje, hospedaje e incluso sus propios uniformes.

Me da vergüenza, mucha. Porque llevan la bandera de México, porque nos representan ante el mundo y porque hacen visible que somos un país en donde no creemos ni nos apoyamos entre nosotros.

Un ex Procurador de Justicia es el titular de la Comisión Nacional del Deporte, un inexperto en el tema, él piensa que la CONADE es una “agencia de viajes“ y como tal la aprovecha para vacacionar con su mujer en las exóticas playas de Brasil.

El hombre-masa es cínico, apático y descarado, ellos eligen a otros hombre-masa para que los dirijan y representen. El mexicano que nunca será de oro no piensa y no razona, son sus características principales.

Este mexicano nunca será de oro, no lo merece y no tiene la capacidad. Es el que nos tiene sumergidos en la crisis y el principal causante de que nuestro país ni crezca ni avance. Existimos otra parte de la población mexicana dispuesta a transformar las cosas, a trabajar el doble y a hacer de México un país grande. Mexicano que nunca serás de oro, ¿nos dejas de estorbar?

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¿DÓNDE QUEDÓ EL “MEXICAN MOMENT”?




Al inicio de la gestión del actual presidente de México, era “inminente” la llegada de una época mexicana repleta de gloria económica, mejores condiciones sociales y un paquete de reformas estructurales que transformarían al país.

Hoy, a cuatro años, el ‘mexican moment’ se ha pulverizado.

Y, como siempre, los ciudadanos- que de ciudadanos solo tienen el nombre- han decidido cargarle la totalidad de la culpa a Enrique Peña Nieto y su gabinete. Y seguramente tienen parte de razón, las reformas han entregado pocos o nulos resultados, la economía ha sufrido un fuerte golpe y la violencia no para.

Pero ¿quiénes son los otros culpables de la desaparición del mexican moment? Los más de 120 millones de mexicanos que habitamos un país necesitado de nuevos y mejores líderes sociales. No nos hemos detenido a pensar que le estamos entregando al país a los peores ciudadanos; esos que ven a sus papás darle mordida al tránsito, que se metan a la fila del banco, los que te ven comprando cerveza en depósitos clandestinos, pasarte un semáforo en rojo o quejarte todos los días de “tener que trabajar”, como si todos tuvieran ese privilegio.

Sin embargo, hoy más que nunca estoy convencido de la calidad de líderes jóvenes con los que contamos y las redes sociales nos han permitido conectarlos poco a poco para trabajar en conjunto. Hoy la mujer se refleja en “lady matemáticas” y no en las actrices de telenovelas, los jóvenes apuestan por emprender e innovar y no les da miedo enfrentarse a retos. ¿Qué más podemos perder?

El mexican moment no se ha ido solo porque un grupo de analistas haya dictado que la volatilidad económica, la caída del petróleo, el bajo desempeño de la reforma fiscal o el poco impulso del gobierno a la innovación sepulten las esperanzas de un país tan grande como sus ciudadanos lo crean.




Ya no nos quejamos del empleo o de la mano de obra más barata de la OCDE, ahora emprendemos y generamos nuestros propios empleos. Las mujeres autodenominadas “chingonas” que pretendían ser la mejor versión de cenicienta y que las mantuvieran sin ningún esfuerzo han quedado atrás y en su lugar estamos rodeados de una generación de mujeres talentosas que se preparan para dirigir el rumbo de México.

Hoy más que nunca, veo la posibilidad de cambiar la conversación y encumbrar un verdadero “momento mexicano”, los Mario Molina y Alejandro Gónzalez Iñarritu nos han dejado claro que el límite no es más que una barrera mental que nosotros nos ponemos.

Estamos siendo testigos de un grupo de rebeldes y aventureros descarados que no le temen al riesgo y que disfrutan la adrenalina del todo por el nada. Que venga el momento mexicano, porque como buenos mexicanos lo queremos ahora y lo queremos a nuestra manera.

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ES ELLA





Lo he pensado tantas veces. Desde hace algunos meses en los que Donald Trump tenía las mismas posibilidades que yo de ser doctor- yo no soy capaz ni de ver sangre- hasta convertirse en un candidato serio y peligroso rumbo a la presidencia de los Estados Unidos.

Debo confesar que, después de la derrota con Barack Obama, no pensé que Hillary Clinton repensará la posibilidad de contender de nuevo por la silla presidencial de mayor poder en el mundo.

En mi estancia en Nueva York el año pasado, tuve la oportunidad de visitar varias veces la sede de las Naciones Unidas. Dentro del recinto se respiran verdaderos esfuerzos por impulsar las relaciones entre países, por encontrar soluciones a los grandes problemas del mundo y sobre todo por mantener la paz, no como la ausencia de guerra, sino como la capacidad de ser ciudadano del mundo sin distinguir razas, colores de piel, estatus social, preferencias sexuales o religiosas.

Caminando por las calles de Nueva York- bajo la magnitud de sus edificios y la multiculturalidad que lo distingue- entendí que un candidato que pretendía construir muros y disfrazar su nacionalismo extremo por violencia no era en lo absoluto parte de la esencia del ciudadano estadounidense.

Desde ese momento comencé a seguir la propuesta de Hillary Clinton. Una persona que, a sabiendas de lo que representa para una mujer ser candidata a la presidencia, tomó el reto con la mayor entereza posible. Quisiera decir que es la antítesis del candidato showman que incita violencia y repudio, pero sería ofender a una mujer que lo tiene todo menos ser radicalista.

Hillary Rodham Clinton, la mujer que transmite elocuencia.

La sencillez de su personalidad y la elegancia para ofrecer sus discursos. La mujer preparada para hacer historia y lograr comandar a un país urgido de empleo. La política con convicciones de hierro y estrategia coercitiva en las reformas migratorias.




La madre de familia sensible y amorosa, la esposa fiel y tenaz. Hillary resulta la opción, así sin más, la opción.

Por todos los motivos anteriores, por las continuas guerras e invasiones, por la demagogia radical del oponente y porque ser presidente es cosa muy seria, votar por Hillary Clinton debería ser hasta un acto de lógica y un llamado de paz.

Los estadounidenses tienen la oportunidad de entregar los problemas de su país a una persona seria, preparada y con valores; o repetir el morboso episodio del Reino Unido que, abusando del nacionalismo extremo, votó en favor del brexit bajo la nula consciencia del impacto negativo que éste tendría en su economía, educación y calidad de vida.

Votar no es emitir una opinión escrita basada en la sensación de odio que me produzcan los musulmanes, latinos o cualquier otra raza. Votar es elegir el futuro que quiero para mis hijos, mis padres, vecinos, amigos y sobre todo para mi propio destino. ¿En manos de quién dejarías a tus hijos?, es ella, solo ella.

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HILLARY CLINTON: LA OPORTUNIDAD DE DERRUMBAR LOS MUROS

Durante los últimos meses hemos sido testigos del odio y la discriminación de grupos radicales que paulatinamente han causado miles de muertes, caos y terror en el mundo.

La humanidad está preocupada porque la nación más poderosa del universo tiene entre sus filas la posibilidad de proclamar, en vida real, lo que anteriormente solo veíamos en las películas de “The Purge“; muros y puertas cerradas para los que menos tienen y más lo necesitan.

Pero paralelo a esto, estamos siendo testigos de una convención democrática que brinda esperanza a millones de personas no sólo en Estados Unidos sino alrededor de toda Latinoamérica. Barack y Michelle Obama respaldaron absolutamente el proyecto de nación que Hillary Clinton, candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos, impulsa mediante los siguientes ejes:

1.- Una economía para todos: El éxito económico se medirá conforme aumenten los salarios de las familias trabajadoras, mientras más niños salgan de la pobreza y cuando la clase media aumente exponencialmente en Estados Unidos.

2.- Empleos: Se promoverán la investigación y la tecnología como la fuente generadora de los ‘empleos del futuro’. Una economía de empleo completo que alcance su máximo potencial para que el crecimiento, los trabajos y la prosperidad que sea compartida en todas las comunidades en Estados Unidos.

3.- Educación: Se modernizará y profesionalizará el rol del profesor. La sociedad actual demanda profesionales de la enseñanza actualizados, de calidad y con la tarea de formar niños capaces de crear el futuro ideal para los Estados Unidos. A la par de esto, los profesores recibirán un mejor salario que les permita tener una vida digna y cómoda.

Pero sobretodo, Hillary Clinton es la opción para otorgar el valor a las reformas migratorias que tanto hemos impulsado los latinoamericanos. Con ella, será posible introducir la reforma migratoria integral que les entregue dignidad y abra paso a millones de inmigrantes en la economía formal.

Hillary pretende defender a las acciones ejecutivas del presidente Obama—conocidas como DACA y DAPA—en contra de los ataques partidistas. La decisión dividida de la Corte Suprema sobre DAPA es un desgarrador recordatorio de la importancia de esta elección.

Las estimadas 5 millones de personas elegibles para DAPA, incluyendo a los padres de estadounidenses y residentes legales, deberían ser protegidas bajo estas acciones ejecutivas. Hillary cree que DAPA está bajo la autoridad del presidente y promete no dejar de luchar hasta que se cumpla.

Busca expandir el acceso a la cobertura médica para todas las familias. Las familias que quieran adquirir seguro médico deberían tener el derecho de hacerlo. Lo que permitirá que, sin importar su estatus migratorio, puedan comprar seguro médico en los mercados de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA, en inglés).

Esta es una elección vital e histórica para los ciudadanos de Estados Unidos, pero tiene un énfasis muy especial para todos los latinoamericanos. Significa la oportunidad de obtener, como Barack Obama lo inició, un país dispuesto a construir puentes en lugar de muros, para seguir siendo una nación grande de la mano de ciudadanos provenientes de todo el mundo y permitir el encuentro de la paz en la capital de los sueños.

Hoy, un grupo de jóvenes destacados en toda Latinoamérica, está dispuesto a tomar acción y ejercer un rol importante en las elecciones de este año. Mediante el impulso de la campaña #LatAmWhitHer en redes sociales de distintas ciudades en el continente, alzaremos la voz para apoyar en unidad total a Hillary Clinton.

Como diría Michelle Obama en su inspirador discurso dentro de la convención demócrata: “Gracias a Hillary, mis hijas dan por hecho que una mujer puede ser la próxima presidenta de EE UU”.

A ti que lees esto y que no quieres muros entre nuestros países, es momento de alzar la voz y unirse a este gran movimiento. Como delegado de Monterrey en #LatAmWhitHer te invito a que logremos juntos, un triunfo histórico para todos.

http://www.latamwithher.org/

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EL MARKETING DE LOS OBAMA

En pocos meses la familia Obama terminará uno de los mandatos presidenciales más populares en la historia política no solo de Estados Unidos, sino del mundo entero.

A pesar de algunos sin sabores durante su gestión, decisiones un tanto intransigentes y varias crisis de todo tipo en el país norteamericano, Barack Obama se convirtió en el presidente favorito de millones de personas alrededor del globo.

Como mercadologo político, me gustaría analizar la magnífica campaña mercadológica de los Obama al frente de la nación más poderosa del mundo en 5 puntos:

Capacidad de conciliar: En un país con enfrentamientos constantes, invasiones y guerras, Barack logró conciliar con enemigos políticos históricos. Su más grande logro lo realizó en su visita a Cuba después de casi sesenta años de una relación congelada y hostil entre ambas naciones. Su discurso en La Habana, le dio la vuelta al globo.

Humildad: En un perfecto aprovechamiento de la era digital, Obama apareció incansablemente chocando el puño con algún jardinero, saludando a los trabajadores en plena Casa Blanca e incluso sirviendo la cena en la noche de Navidad; esto le valió ser el presidente de la “sencillez”.

Sentido del humor: Ser presidente es una tarea estresante, una vida muy ocupada y un trabajo bastante serio, pero Barack no perdió jamás la oportunidad de contar sus mejores chistes durante las conferencias de prensa presidenciales, situación que lo colocó en la preferencia de millones de personas en Estados Unidos y cientos de millones más en el mundo.

Sensibilidad: Estados Unidos suele ser considerado como un país increíblemente poderoso, pero sobretodo repleto de personas frías e indiferentes. Barack dio su cara más sensible en las masacres, crisis, asesinatos, hambruna y discriminaciones hasta el grado de soltar lágrimas en repetidas ocasiones. Y claro, jamás faltó una cámara para capturar el momento y compartirlo en sus redes sociales.

Michelle Obama: El punto clave más importante de la gestión presidencial, Michelle Obama se ganó los corazones del mundo entero. Bailando en programas de televisión, haciendo bromas, vistiendo ropa barata como cualquier ciudadano común e incluso entregando premios en festivales importantes aunado a una capacidad oral increíble, un portafolio académico y profesional destacado, así como la realización perfecta del papel de primera dama, lograron colocarla como la mejor primera dama de los últimos 100 años en encuestas realizadas por diarios estadounidenses.

La pareja Obama que aparece en una foto viral viviendo de manera humilde y que años después se convertirían en los líderes de la nación más poderosa del mundo, lograron transformar su popularidad en votos para reelegirse.

El que hoy sean la pareja presidencial más popular del mundo se debe a un elemento vital para los políticos actuales: la mercadotecnia política.

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DE LA CASA BLANCA AL PERDÓN

En las últimas elecciones fuimos testigos de una jornada histórica para el sistema electoral y político mexicano. Una sociedad enardecida votó en contra de la corrupción, el despilfarro, la violencia y el narco-gobierno. Los ganadores formaron coaliciones para derrumbar al partido que por muchos años había gobernado en Estados como Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo y Durango.

La derrota fue tan dura que el presidente nacional del PRI no tuvo mas que renunciar y hacerse a un lado para permitirle a su partido buscar, de manera desesperada, componer el barco rumbo a una virtual derrota en el 2018.

En Nuevo León, por ejemplo, la sociedad le dio una paliza a los dos partidos que habían alternado el poder y que son denominadas las dos grandes fuerzas políticas de México. Jaime Rodríguez Calderón logró lo que jamás se pensó: un ’independiente’ sin estructura partidista llegaba a gobernar el Estado.

Todo esto sucedió como reacción a una de las peores gestiones presidenciales en la historia de México. Repleta de sinsabores que directa o indirectamente causaron las decisiones de Enrique Peña Nieto y sus asesores. Comenzó con un error tras otro, hasta que se convirtió en la burla favorita de los mexicanos en las redes sociales.

Que no sabía inglés, que no había leído libros, que se equivocaba al saludar militares y que era una broma a lado de los presidentes de Estados Unidos y Canadá. Pasó de la risa a la frustración profunda.

Jamás dio una respuesta contundente a los 43 normalistas desaparecidos y presuntamente asesinados por el narcotráfico, sus reformas no han terminado de ser lo que se presumía en una portada de revista como “Saving México” y estamos muy lejos de ser la potencia económica que Luis Videgaray Caso (Secretario de Hacienda) mencionaba al inicio de la gestión en el 2012.

Hoy tenemos a un presidente con los niveles más bajos de popularidad y credibilidad entre la población mexicana, quien ha estado inmerso entre la corrupción y la ostentación de riqueza sin tener la claridad perfecta de dónde se originó.

La Casa Blanca logró lo que quizá ninguna asociación pro participación ciudadana o política había logrado; causó que los mexicanos salieran a las calles a votar en contra del partido que lo postuló y que hoy sufre una profunda crisis de identidad.

Nuestro presidente ha optado por pedir ‘perdón’ como si eso devolviera esperanza a los familiares de los normalistas de Ayotzinapa, como si las disculpas fueran el plato lleno de alimentos con los que hoy millones de mexicanos en extrema pobreza pudieran comer y como si con esto la seguridad volviera a las calles. Acciones como ésta verán muchas de en dos años, no crean que es porque el presidente y su partido están arrepentidos, NO, es porque están realmente asustados por perder la presidencia en el 2018.

Sigamos despiertos mexicanos y recordemos que un “perdón” no soluciona en nada el país en llamas en el que hoy vivimos.

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LA POLICÍA EN MÉXICO YA NO EXISTE

¿Quién le cree a los policías? En esta época causan temor a la población en lugar de brindar tranquilidad, son tachados de corruptos y algunos les llaman “los títeres sangrientos” del gobierno federal.

Ya es una cuestión cultural el relacionarlos con moches, el creer que los robos a casa habitación son estratégicamente planeados por ellos y que forman parte no-oficial de las bandas delictivas.

¿Habrá alguien que considerando esto, elija ser policía? Aunque se han realizado esfuerzos para mejorar la calidad de vida profesional de nuestros cuerpos policiacos, la realidad es que reciben un sueldo poco competitivo comparado con un trabajo que en teoría demanda arriesgar la vida cada día.

La sociedad los repudia sin importar quiénes son, si han actuado de buena fe o no en su profesión; la etiqueta de policía esta denigrada en esta época y esto va directamente ligado con la seguridad endeble que existe en México.

En un año caracterizado por la violencia y el descontento social, a los policías les ha tocado combatir buenos y malos. Aparecen portando armas, utilizando escudos y sometiendo a cientos de personas que atentan contra la civilidad y la moral social. En ninguna de ellas se ha mencionado un “gracias policías por proteger nuestra seguridad” o “héroes que salvaguardan la tranquilidad del país” y tampoco digo que todos lo sean. Pero soy de la idea que, como en toda profesión, existen elementos buenos y malos.

No tengo duda que existen policías que efectivamente arriesgan su vida día con día, que protegen a los desfavorecidos, que buscan resguardar la seguridad de niños y mujeres, que aman y ejercen su profesión con pasión. Pero, ¿les respondemos a su esfuerzo? La respuesta es no. Y el problema radica en que nosotros como sociedad tampoco les ayudamos a hacer su trabajo. Nos es más fácil ceder a los moches e incluso tomar la batuta para ofrecerlos, nos parece divertido romper la ley aunque sea “un poquito” y adoptamos malas prácticas bajo el lema “todos lo hacen”.

Los policías combaten lo mal que educamos a nuestros hijos, el vómito social ofreciendo los peores ciudadanos que delinquen, combaten la ignorancia y el repudio de un país que no tiene calidad moral para exigir casi nada.

El problema de la inseguridad, de la corrupción, de los malos gobiernos, de la contaminación y de los miles de problemas que causan una de las peores crisis que hemos vivido en nuestro país es causado por todos nosotros. Policías, gobernantes, delincuentes y maestros: todos somos respuesta a una sociedad que se está destruyendo sola.

¿Quién le cree a los policías? Yo decido comenzar a creerles.

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