#ContraPortada: “Una Luz al Final del Túnel: El Sistema Nacional Anticorrupción”

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La corrupción es el problema más grande que tiene México, según la percepción de los ciudadanos. El INEGI afirma que en el país se realiza un acto de corrupción cada 3.5 segundos, vaya rapidez.

A pesar de haber aumentado el presupuesto asignado para combatir la corrupción en el país, la realidad es que año con año ocupamos los primeros puestos del ‘corruptómetro’ en comparación con otros países de la OCDE.

Sí, es la época donde Javier Duarte se ríe de las autoridades mexicanas mientras desfalcó a Veracruz y lo convirtió en un cementerio de periodistas. Sí, es la época donde Rodrigo Medina hundió las finanzas de Nuevo León y se pasea por el mundo sin un gramo de preocupación. Sí, es la época de las casas blancas, de los yates de los junior de la política, la época donde la riqueza se muestra en redes sociales sin importar el origen donde provenga.

Hay una relación directa entre los resultados que se obtienen en la prueba PISA sobre matemáticas, lectura y ciencias entre los países con las peores calificaciones en la percepción de corrupción. En ambas, México ocupa las peores calificaciones.

Entre el 2014 y 2016 aumentó un 94% el presupuesto asignado al combate a la corrupción para las instituciones públicas, mientras el INE pierde estrepitosamente su credibilidad con las acusaciones de fraude en las elecciones de Coahuila y el Estado de México.

Lo cierto es que como nunca antes hemos integrado esfuerzos de diversos elementos sociales que, luego de un hartazgo profundo y de una conciencia cada vez más activa, que ahora se traduce en un cúmulo de exigencias capaces de articular el Sistema Nacional Anticorrupción.

Un Sistema Nacional Anticorrupción que es aún demasiado perfectible, pero que nos genera una luz, aunque todavía opaca, al final del túnel. Una luz que hemos creado sociedad, IP, gobiernos con voluntad o por necesidad y un inevitable ajuste a las exigencias ciudadanas por derrumbar, piedra por piedra, el monstruo de mil cabezas llamado corrupción.

#ContraPortada: “Ricardo Anaya: El Caballo “azul” de la Silla Presidencial”

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Desde que tomó funciones como presidente del Partido Acción Nacional, Ricardo Anaya tenía una cosa muy clara: quiere ser presidente de la república.

A pesar de no arrancar como el candidato natural para abanderar la oferta azul, ni mucho menos inmiscuirse en polémicas entre los presidenciables, hoy, a paso lento pero seguro, parecer ser el mejor librado de sus competidores al interior del PAN.

Y es que la campaña en caída constante de Margarita Zavala parece estar muy lejana de las preferencias al interior del partido, y al exterior, no termina por generar el arrastre que le gustaría. Además, el no haber sido electa nunca por el voto y confianza de los ciudadanos, pareciera ser una loza que la mantiene alejada de la simpatía de la gente en las calles.

Mientras, Rafael Moreno Valle, sigue sumando a su causa, abonando a un candidato fuerte, dispuesto a ir con las alianzas que vislumbra el Frente Amplio Opositor. Deja una gestión en Puebla que se vislumbra en desarrollo e infraestructura, su destacada preparación académica y su colmillo político le posicionan como otra opción fuerte para ocupar la candidatura presidencial panista.

Pero Anaya es un caso especial, refrescó al Partido Acción Nacional y por si fuera poco, los resultados le han acompañado. Hoy el PAN posee el mayor número de gubernaturas que ha logrado en su historia, pugnaron por la elección de Coahuila y al parecer la ganará, mientras en Nayarit su triunfo fue impecable. Aunado a los resultados que lo avalan, cada que aparece en televisión nacional aprovecha la oportunidad para dejar claro que es un político joven, pero que la juventud para nada está peleada con la capacidad y el coraje para llevar las riendas de un país. Sus debates con Beltrones y Ochoa le han valido ganarse la preferencia al interior de su partido y la atención al exterior, los constantes ataques que le han referido  por su vida privada y específicamente por su riqueza, le han hecho lo que el viento a Juárez.

Ricardo Anaya logró triunfar ante la exigencia de Margarita Zavala por definir, cuanto antes, a un candidato presidencial panista, cuestión que evidentemente no le beneficiaba en tiempos. Ha resistido embates de sus contrincantes que le acusan de ser juez y parte en el proceso de designación y además hoy encabeza las negociaciones por el Frente Amplio Opositor, mismo que podría ser la plataforma que termine por catapultarlo como el presidenciable elegido por la corriente azul.

La paciencia y su visión de estratega le han bastado para ‘batear’ a las figuras de Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle. Su capacidad y una pizca de suerte le han ayudado a obtener los resultados que lo respaldan como dirigente nacional.

Caballo que alcanza siempre gana y a poco menos de un año para la contienda presidencial, las encuestas ya le favorecen al político joven que llegó al PAN para quedarse.

Como diría un’ ilustre’ y cínico político, Ricardo Anaya ha logrado “paciencia, prudencia, verbal contingencia. Dominio de ciencia. ¿Presencia o ausencia? según conveniencia.

#ContraPortada: La Generación que lo cambió todo

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Durante las últimas décadas nos hemos acostumbrado a llamar a los jóvenes como “la última oportunidad de cambiarlo todo” o “el futuro del mundo”, la realidad para muchos dista mucho de lo que han esperado de nosotros.

Recientemente, uno de los pensadores de los que más respeto les guardo, se refirió a mi generación como “los grandes ausentes”, aunque hacía referencia a la ausencia en el escenario político, no dejó de causarme “shock” que nos vean como una generación más que fracasó en el intento de cambiarlo todo.

Frecuentemente escucho a personas mayores referirse a nosotros como “la juventud pérdida”, haciendo eco en la era digital donde, dicen, hemos quedado atrapados en la apatía, el conformismo y en un mundo virtual que se encuentra muy lejos de la realidad laboral y social a la que nos enfrentamos. Nos han tildado de “zombies tecnológicos” o “ciudadanos de Facebook” sin el menor grado de trascendencia en el rodar del mundo al que pertenecemos.

Es evidente que no concuerdo-en la mayor parte- con los argumentos presentados por los protagonistas antes mencionados, definitivamente estamos viendo a dos o tres Méxicos, muy distintos y radicalmente opuestos.

Yo veo a la generación que lo cambiará todo, la que a pasos gigantes ya lo está haciendo. Esa generación que lucha por la libertad y la no discriminación, que pugna por la equidad de género y los derechos de la diversidad, mientras generaciones anteriores menospreciaban a las mujeres y querían-literalmente- linchar a personas por su preferencia sexual.

Veo a una generación que no le dio miedo probar nuevos esquemas laborales, que exige flexibilidad y que pretende darle sentido a cada una de las actividades que realiza en su vida. Aplaudo a la generación atrevida a la que pertenezco, que sí ejerce presión en su escenario más usado como lo son las redes sociales, pero que no tiene empacho en salir a las calles a exigir y tomar lo que creemos que es nuestro.

Krauze habla de jóvenes dormidos, que viven una vida de excesos cargados a la American Express de sus papás, de una generación desechable que tira todo a la borda, de jóvenes que no se sienten capaces de tomar un rol protagónico en la transformación de sus países. Seguro que existen jóvenes como los que menciona Krauze, seguro que también en su generación existieron.

Pero yo quiero dedicar mi pluma a escribir sobre los millones de jóvenes en el mundo que estamos conectando soluciones a problemas que la generación de Krauze y anteriores han creado. Al cambio climático que nos dejan, a gobiernos autoritarios que ellos eligieron, a esquemas laborales que jamás funcionaron pero que siguieron por esa apatía de la que ahora nos acusan.

Siempre será muy fácil señalar a los jóvenes como la esperanza del cambio, también es muy fácil nombrarlos culpables cuando las cosas no van bien.

Pero yo jamás me he creído el cuento de que los jóvenes somos los únicos responsables de la transformación del mundo, más bien creo que es un trabajo en equipo de generaciones anteriores que cometieron grandes errores pero que de ellos adquirieron experiencia junto al dinamismo y locura que representamos los jóvenes millennials y de la generación Z.

Diría Steve Jobs que los puntos solo se conectan hacía atrás, por eso sin temor a equivocarme, estoy convencido de que ésta generación- cuando esos puntos se conecten 50 años atrás- será nombrada como la generación que lo cambió todo.

#ContraPortada: México Necesita Menos Jóvenes Políticos

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No, no me mal entienda. México necesita que muchos más jóvenes se involucren, preocupen y participen en política y en todo asunto que trate de país. Lo que jamás ha funcionado son los jóvenes políticos, esos que visten de traje y corbata, que absorben las mañas de los políticos de siempre y que aspiran llegar a puestos de poder para repetir- ridículamente- lo que históricamente no ha funcionado.

México necesita menos jóvenes políticos, de verdad. Menos jóvenes dispuestos a tragarse sus valores e ideas con tal de agradar al jefe inmediato o al padrino político. Menos jóvenes capaces de prostituir sus ideas a cambio de una candidatura o un puesto de poder en el gobierno.

Necesitamos menos saludos de “mi estimado”, “mi líder” o cuestiones que hablan de un institucionalismo añejo, débil y de tono militar. Vaya, necesitamos menos zombies adoctrinados y muchos más jóvenes críticos y preparados.

Los jóvenes hemos sido- en voz de Enrique Krauze– los grandes ausentes de la política mexicana. Estamos dejando pasar una oportunidad única e inigualable, la estamos cambiando por pertenecer a eso que tanto criticamos y nos hacía hervir la sangre.

Esto no es un llamado a  una revolución contra el PRI, ni contra el PAN ni contra ningún partido. Es más, creo en el sistema de partidos en México. Esto es un llamado a dejar de “adoctrinarnos” si me permiten el término, los partidos y la política hoy están muy lejos de sus ideologías, los jóvenes no podemos servir como ejercito de procesos fallidos, inútiles e ineficientes.

Al país le urgen jóvenes rebeldes, pero no de los que toman las calles e incendian camiones; necesitamos jóvenes preparados, decididos, críticos dentro y fuera de la partidocracia. Necesitamos jóvenes participativos, que el ardor que provocan nuestros gobernantes se traduzca en involucrarnos en las causas.

Nos urgen muchos más jóvenes apartidistas, que busquen el beneficio del país entendiendo que mediante su avance las oportunidades crecerán diametralmente para todos. También necesitamos jóvenes dentro de los partidos, que los reformen, que hablen y debatan en busca de mejorar sus prácticas.

Es nuestro momento, jóvenes mexicanos. Nuestro momento de organizarnos y dejar de vivir al día. Dejar de cargar a nuestras tarjetas una vida de excesos e irresponsabilidad, dejar de querer tirar todo a la basura y creer que todo es desechable. En cambio comenzar a construir, ladrillo por ladrillo, lo que muy pronto será nuestra casa de acero que nada destruya, o nuestra casa de cartón que cualquier político y gobernante pueda pisotear. Ya no queremos más jóvenes políticos, no han hecho nada.

#ContraPortada: “México: El País en donde hacer las Cosas Bien es más Peligroso que ser un Criminal a Sueldo

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Hace algunos días leía con frustración que en México del año 2000 al presente 2017 han asesinado a más de 105 periodistas y que, además, han castigado a menos del 10% de sus asesinos. Que los feminicidios ocurren al menos 5 veces al día en el país. Que al fin hemos logrado un nuevo record en México, el de más homicidios de los últimos 10 años.

Hace un mes durante mi lapso de vacaciones en Baja California Sur asesinaron al periodista Max Rodríguez apenas a unos kilómetros del hotel donde me hospedaba, también en este mes asesinaron a una madre que buscaba con desesperación justicia para su hija que le fue arrebatada a manos de delincuentes, delincuentes que se fugaron de nuestro “magnífico” sistema carcelario para callar a balazos a ésta mujer.

¿Nos estamos acostumbrando a la muerte? Ya parece rutina el leer los principales diarios de México y encontrar al menos una historia de homicidio, de muerte por drogas, de ajuste de cuentas o de riñas campales entre bandas rivales.

Ya no nos conmociona el niño de Nuevo León que a sangre fría disparó contra su maestra y sus compañeros para después suicidarse en una secundaria causando la muerte de todos los desafortunados semanas después.

En México decir la verdad y hacer las cosas bien se paga con sangre, buscar justicia por cuenta propia es un boleto de ida a la tumba, no tranzar y no corromperse es señal de que difícilmente avanzaremos a la velocidad que otros lo hacen a base de billetes y favores.

¿Por qué hacer las cosas bien es más peligroso que ser un criminal a sueldo? La respuesta es muy sencilla. Ser criminal es pertenecer a una clase de poder casi mesiánico que te permite decidir quién vive y quién no, quién avanza y quién se queda.

Las cuantiosas sumas de dinero que manejan los criminales aunado a la corrupción a la que se prestan cientos de funcionarios, les entrega el poder total para hacer y deshacer a su conveniencia. Para comprar a la justicia que debería perseguirlos o, si no acceden, para callarlos a balazos en manos de matones que encontraron en la delincuencia la forma de salir de la pobreza y la falta de oportunidades.

Ya basta de pensar que un presidente vendrá a salvarnos mágicamente de la miseria de país en la que nos han envuelto, ocupémonos nosotros mismos de hacer comunidad, de crear nuestras propias oportunidades y de actuar en colectivo. Que si nos callan, tengan que callarnos a todos y, si nos matan, tengan que hacernos la guerra a todos primero. Involucrémonos ya en las soluciones de esta peste social.

¡YA BASTA, MÉXICO!

Los Rivales Que Hacen a Andrés Manuel López Obrador Futuro Presidente de México

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En las últimas semanas la exposición de Andrés Manuel López Obrador en medios nacionales e internacionales ha sido notoria. Hoy es la figura pública que mayor noticia ofrece, puntero claro en la intención del voto a presidente de México en el 2018 y, a ojos de gran parte de los mexicanos, es la última opción para salvar un barco que en manos de Enrique Peña Nieto va en camino directo a hundirse.

Su popularidad tiene varias vertientes, la izquierda lo ve como el personaje protagónico y la representación fidedigna de sus ideales; las nuevas generaciones lo vislumbran como todo lo contrario a esos partidos que aborrecen y la vieja guardia siempre lo ha tenido como un candidato congruente y capaz.

Atrás quedaron las frases de “peligro para México”, “es un dictador como Chávez y Castro” o la más recurrente “jamás dejen llegar a ese loco”.

Pero, ¿de quién se alimenta López Obrador? Aquí les describo y analizo sus principales fuentes de popularidad que son las mismas que le permiten ser hoy el virtual ganador de una contienda a la que todavía le queda un año.

1. Pésimas gestiones presidenciales del PRI y del PAN: Para mí ésta es la fuente del voto principal de Obrador. Los simpatizantes de AMLO votarán y son muchos, pero hay una corriente mayor que planea entregarle su voto y es justo el mexicano que ya está harto de los partidos que los han gobernado. Que no le creyeron a Fox, que vivieron un país en sangre con Calderón y que hoy están furiosos de vivir una de los peores sexenios de la historia de México con Peña Nieto.

2. Voto antisistema: López Obrador se ha convertido en la opción que queda, en la representación de lo contrario a la ‘mafia del poder’. Capta a la perfección el voto antisistema que pretende simplemente probar algo distinto, dejar de vivir gestiones del bipartidismo y que, sin saber si Andrés Manuel y MORENA sean la opción correcta, creen que ya no hay nada peor que lo que les ha tocado vivir.

3. Fractura de grupos en el PAN: Cuando éste partido debiera estar consolidado como la principal opción para recuperar la presidencia en el 2018 luego de la pésima gestión del partido en el poder, el no tener un candidato definido, la pugna constante entre tres candidatos y específicamente la pelea frontal entre Moreno Valle y Margarita Zavala debilitan las posibilidades de Acción Nacional para competirle al monstruo mediático que hoy representa Andrés Manuel López Obrador.

4. Enrique Peña Nieto: La figura del hoy presidente de la república que causa repudio, odio, risa y hartazgo en el mexicano promedio es una de las principales fuentes de alimentación a la preferencia del voto para Obrador, quien además siempre fue un crítico constante de las acciones que ha tomado el presidente. Es Peña Nieto uno de los principales aliados en la consecución de la presidencia para la izquierda de Obrador, indirectamente, gracias a sus constantes errores al frente del ejecutivo federal.

5. Felipe Calderón: La fiesta que se trae el ex presidente de México en twitter ya de risa. El poco nivel de credibilidad del que gozaba hasta hace unos meses se ha perdido en unos cuantos tweets; desde burlarse del nombre de Delfina Gómez (candidata a la gubernatura del Estado de México) hasta insultar infinidad de veces a López Obrador al punto de llamarlo “pejelagarto”, cuestión que lejos de debilitarlo lo alimentan y fortalecen, bajo el odio profundo de un ex presidente que ha perdido su investidura y personalidad.

6. Elecciones del Estado de México: Desde hace un año vislumbrábamos al Estado de México como la posible derrota histórica para el PRI que lo ha gobernado toda su vida. Lo que NADIE vislumbró es que sea MORENA y su candidata Delfina Gómez la principal opción para echar al revolucionario institucional de su bastión más fuerte y donde, además, reside el Grupo Atlacomulco que ha colocado al último presidente de México. De consumarse la derrota de Alfredo del Mazo y la llegada de MORENA al poder, la figura de Andrés Manuel López Obrador será prácticamente inquebrantable.

¿Quién alimenta a López Obrador? indiscutiblemente, el pésimo trabajo de gobierno, de estrategia electoral y de manejo de crisis de los que debieron ser sus principales rivales y “obstáculos” a la presidencia de México en el 2018.

¿De qué se ríe Duarte?

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Hace apenas un par de días- en pleno sábado de gloria- la captura de Javier Duarte en Guatemala era celebrada en cientos de miles de hogares en el país. Rápidamente la noticia se hizo viral y el júbilo por su detención llego al éxtasis en cuestión de minutos.

Uno de los políticos más cínicos, inhumanos, corruptos y despiadados de la política reciente fue atrapado luego de seis meses en donde- increíblemente- la justicia no tenía ni el mínimo rastro de él.

Infinidad de dudas y teorías se generaron alrededor de éste hecho. Se le acusa de peculado, posibles nexos con la delincuencia organizada, enriquecimiento ilícito y de ser responsable de una de las crisis de inseguridad más graves de México en los últimos años.

Aun así hay quienes aseguraran que, después de las elecciones, saldrá libre porque ´no se encontraron elementos suficientes para su detención’ y porque en México la justicia es una línea tan delgada entre quien paga por ella y quienes la dirigen, que muchas veces terminan siendo del mismo clan.

¿De qué se ríe Duarte? Difícilmente alguien acusado con los delitos que él, podría si quiera esbozar una ligera mueca cercana a la sonrisa. ¿Se ríe de la justicia mexicana? Lamentablemente tienen antecedentes poco honrosos en casos donde asesinos y delincuentes salen libres y tranquilos a seguir delinquiendo con placer. ¿Se ríe porque sabe que es una estrategia? No es tan descabellado pensar que se dejó atrapar para atender a un favor electoral.




A menos de 60 días de las elecciones más reñidas en los últimos 50 años en el Estado de México y Coahuila (bastiones del PRI), viviendo una de las crisis de legitimidad más graves de la historia en la presidencia de la república y con una baraja de gobernadores corruptos prófugos de la justicia, parece ser que los sacrificados para subsanar el costo político y el golpeteo electoral serán Duarte y Yarrington quienes-posiblemente- formen parte de una estrategia política que busca recuperar todas las aristas pérdidas.

Todos aquellos que lo llamaron “amigo” y lo felicitaban por ser “la nueva generación de la política” hoy lo señalan, lo acusan e incluso piden ´mano dura´ para su sentencia, prácticas de la vieja usanza. ¿Alguno de ustedes les cree? Porque yo no, ni tantito.

Pero mientras siguen jugando a los policías y ladrones, que un hombre tan cínico y despiadado-del partido que sea- esté tras las rejas es algo que debemos de disfrutar, aunque sea por mera estrategia electoral.

¿De qué se ríe Duarte? Ahora decretemos en nuestros cuadernos con la frase “sí merecemos justicia, sí merecemos justicia, sí merecemos justicia”.




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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

En la crisis, nace la mejor oportunidad: Innovar y emprender para la Sociedad

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En un país plagado de crisis, entre ciudadanos hartos de los mismos procesos cargados de ambición desmedida y con empresarios que han hecho de la “responsabilidad social” un sello de espejismos, nace una nueva camada de personas queriendo hacer las cosas bien: los emprendedores sociales.

El Emprendimiento Social, a diferencia del convencional, prevé una alternativa a la necesidad de los jóvenes del México actual que buscan que su trabajo diario tenga un impacto positivo y tome un sentido real. Donde el entorno empresarial es importante, sí, pero siempre privilegiando y priorizando la razón social del proyecto, producto o servicio que se pretende comercializar.

Los emprendedores de la vieja escuela buscaban satisfacer una necesidad y comercializarla. De ahí lograr maximizar sus procesos hasta el grado de escalar el negocio. Lo que a la postre les permitiría vivir bien y obtener una condición económica estable.

El emprendedor social viene integrado con un chip distinto, le interesa impactar la vida de miles de personas antes de acrecentar su cuenta bancaria. Definitivamente, como todos alguna vez, busca crecer profesionalmente y obtener el éxito en la forma que mejor les represente, pero no están dispuestos a llegar a él mediante la banalización del dinero en manos de unos cuantos y sin parar la monstruosa desigualdad social.

Hace un par de años, cuando recién me graduaba de la carrera, todos mis cercanos me preguntaban “¿Dónde vas a trabajar?”, “¿Vas a iniciar tu propio negocio?” o “Hay que echarle ganas para asegurar un puesto e ir creciendo hasta jubilarte”. Nadie me preguntó ”¿A cuántos vas a impactar con lo que sabes ahora?”.

Quiero aclarar, porque es necesario hacerlo, que ser un emprendedor social no necesariamente significa ser un “alma de Dios” o un “ente de la caridad”. Ser emprendedor social significa ser empático con lo que sucede a mi alrededor, sensible ante las necesidades sociales y estar dispuesto a privilegiarlas mientras nos apoyamos en un modelo de negocio rentable, un proceso escalable y una forma innovadora de introducirlo a las comunidades.




En México debemos entender que hacer las cosas bien es un gran negocio, que se puede vivir de hacer lo que más amas en la vida y que los negocios pueden ser tan redondos que alcancen a beneficiar a toda una comunidad, no solo a mi familia.

Ya hemos dado ese gran primer paso, pero necesitamos impulsar la esencia y el alma de cientos de miles de emprendedores sociales que están dispuestos a darle sentido a su trabajo pero que viven con el miedo de perder su “seguridad laboral” (que de seguridad no tiene nada).

Centramos el emprendimiento en las personas. Una vez que le atiendes la necesidad social de una persona, estarás atendiendo la de cientos de miles en el país con esa misma carencia.

Creemos que las empresas que atienden el entorno local, generan mejores comunidades y con ello mejores posibilidades de negocio. Lo hacemos de una manera innovadora, el mexicano lo es de nacimiento. Impulsamos a los emprendedores sociales que, de verdad, están moviendo al país.

En tiempos donde algunos de los millennials se identifican con “Lady wuu”, “Los XV años de Rubí” o recientemente con “La Mars”, donde la cultura del esfuerzo se está sustituyendo por todo lo desechable, necesitamos hacerles frente con ideas y proyectos que le den rumbo- de verdad- a una generación que no ha podido encontrarlo.

Ésta revolución ya está en marcha, ¿te nos unes o sigues el tren de los millennials perdidos?




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Todos quieren con Andrés Manuel

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La disputa electoral rumbo a la presidencia de México en el 2018 parece tomar sus mejores panoramas. Por un lado se encuentra un Andrés Manuel López Obrador renovado, mediador y dispuesto a cambiar todo aquello que crítico pero que terminó por sepultar sus aspiraciones en contiendas pasadas. Por el otro lado, su competencia parece aún no definir rumbo.

Las pretensiones del Partido Revolucionario Institucional siguen estando muy lejanas de refrendar a su partido en la silla presidencial, luego de una pésima gestión de Enrique Peña Nieto y una contundente derrota en Estados clave para su militancia. Su rol se muestra secundario y podría funcionar más como una moneda de cambio que como un serio aspirante a competir.

Mientras que el Partido Acción Nacional– quien en teoría es el candidato natural a ocupar la silla presidencial- no ha logrado definir su figura estandarte para las elecciones presidenciales. En una esquina se encuentra Rafael Moreno Valle que representa un desarrollo en infraestructura muy notable para Puebla, acompañado de una incansable promoción en las diversas plataformas que no le ha logrado negar la ley, aun cuando se encuentra claramente en actos anticipados de campaña. Mientras que la lucha de Margarita Zavala y Felipe Calderón por obtener la preferencia al interior de su partido parece compleja y así lo muestra su caída en la preferencia electoral de diversas casas encuestadoras.




Militantes y funcionarios de diversos partidos, empresarios, apáticos del sistema político e incluso algunos ciudadanos están despejando de su mente la etapa del “peligro para México” al grado de expresar abiertamente su afinidad con el proyecto de nación que AMLO propone para México, dirigido- ahora sí- por un grupo de empresarios con gran peso en diversas industrias del país.

¿Cuál es el principal obstáculo de Andrés Manuel para ser presidente de México? La respuesta es muy sencilla: él mismo.

Durante los siguientes 15 meses será objeto de un sinfín de bombardeos publicitarios negativos, de una ola de descalificaciones y de adjetivos que alimenten la posibilidad de que su gobierno sea un martirio casi similar al de Hugo Chávez, Fidel Castro e incluso al de Nicolás Maduro, cuestiones que solemos achacar a candidatos de la izquierda mexicana aun cuando las proporciones y el contexto estén muy alejados de dichas comparaciones.

Hoy todos quieren con Andrés Manuel, es casi el yerno que todos los suegros quieren y su camino a la presidencia parece estar remarcado en líneas blancas en un camino recto. La forma de conducir y enfrentar al Andrés Manuel explosivo y radical- mismo que no creo que haya desaparecido- definirá si se convierte o no en el futuro presidente de México.

Todos quieren con Andrés Manuel, pero ¿Andrés Manuel sabrá lidiar con su ego radical y explosivo? He ahí la clave.




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Carta Abierta al Futuro Presidente de México

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Señor Presidente:

No tengo la capacidad para imaginarme cuál es su edad, a pesar de que me especializo en el análisis político, tampoco me atrevo a adivinar a qué partido pertenece o incluso si no proviene de partidos políticos.

Me alegraría mucho saber que usted es joven, preparado, sensible y experimentado; de esos que hoy en pleno 2017 no tenemos suficientes.

Hoy, como antes y seguramente en el futuro vivimos tiempos difíciles, tiempos que al parecer el mexicano nació para superar.

El cambio es la única constante en nuestra sociedad y justo cuando creemos haber encontrado la respuesta al problema, nos cambian el problema y volvemos a la crisis al no tener respuestas.

Usted mismo será la persona que comandará la búsqueda de esas respuestas, comprendo que no es tarea fácil tomar decisiones que afectan- positiva o negativamente- a más de 120 millones de personas. Pero, caray, uno es presidente porque le gustan los grandes retos ¿no es así?

Mis hijos y yo estaremos esperando que usted construya un país con oportunidades para todos, en donde los jóvenes no solo tengan una buena capacitación si no que estén tan involucrados en transformar al país que sean sus primeros aliados en la consecución de los sueños de México.

No recuerdo, futuro presidente, a un líder político que haya sido capaz de inspirarnos a todos. Hace mucho que no creemos totalmente en un gobernante, y es que la política en México es como el amor, siempre es un dilema sin respuesta. Deseo que usted sea ese líder que tanto hemos esperado, que provoque empatía, que nos impulse a trabajar hombro con hombro, que nos anime a creer que juntos realmente podremos ser potencia.




Conocemos a los gobernantes por lo que nos venden en sus campañas, por lo que nos dicen los noticieros y por los escándalos que de vez en cuando sacan los periódicos. Comienzan como los héroes que todos esperamos y salen por la puerta trasera como los asaltantes de todo lo que construimos por años.  Yo jamás he creído que sean malas personas, pero tampoco les ha interesado acercarse a nosotros para demostrarnos lo contrario.

Deseo que su corazón sea tan grande y generoso que le permitan escuchar las necesidades de su gente y proyectar a México como un país que sin duda vale la pena conocer y en el que vivir es un verdadero placer.

Seguramente hoy estará usted sentado en la silla presidencial buscando la manera de tomar las decisiones que signifiquen el mayor beneficio para México y también, por qué no, el mayor beneficio para su imagen presidencial. Si usted hace bien su trabajo, aunque sea por conveniencia, nos irá bien a todos. Vaya, lo que quiero dejar claro es que hacer el bien es un negocio redondo.

Tendrá a su lado un consejo de asesores con los doctorados de mayor prestigio en Europa, con un gran conocimiento técnico y con un curriculum suficiente para manejar ellos mismos al país. Escúchelos, de la misma manera que escuche a la gente, ser presidente no es tan difícil cuando entendemos que al país lo construimos todos y que nadie lo conoce más que aquellos que lo transitan todos los días.

He estado fuera de México algunas veces, en la mayoría de ellas me entristeció la imagen que tienen de mi país. Nos definen como tacos, tequila y fiesta; pero también el país de corrupción, delincuencia y flojera. Tenemos muchas cosas más buenas que proyectar que éstas que hoy tienen los ojos del mundo sobre nuestra tierra, estoy seguro que usted también lo cree así.

Hoy tengo 24 años, cuando usted lea esto seguro tendré 50 o un poco más. Toda mi vida he tenido un sueño y quiero compartírselo. Sueño con que este país se preocupa tanto por la educación como lo hace por los partidos de fútbol de México.

Sueño con que mi madre y todas las madres de los mexicanos se sientan seguras cuando sus hijos salen a divertirse. Sueño con que mis hermanas y todas las mujeres sean vistas como algo más que un par de senos y un elemento al servicio de la casa, que tengas las oportunidades que los hombres tenemos.




Sueño con un país que se alimente de la diversidad, que deje la doble moral y que no necesite de tránsitos o policías que les señalen lo que ya sabemos que no se debe hacer. Sueño con que haya menos niños trabajando y más sonriendo en los parques.

Sueño el día en que los ciudadanos aceptemos los errores de nuestros gobernantes y no lo relacionemos rápidamente con robo, negocio armado o corrupción.

Siempre he creído que merecemos mucho más de lo que tenemos y usted, en su figura presidencial, tiene la posibilidad de hacer historia. ¿No sería increíble que sus hijos y su familia estén orgullosos de que usted haya transformado al país? Sueño con que le importe tanto su familia que usted así quiera que pase.

Y mientras usted se sigue preparando yo también lo haré, mientras usted siga trabajando para escalar, yo también lo haré. Mientras usted se preocupe por mejorar al país yo también lo haré. Porque tanto usted, futuro presidente, como yo en mi figura de ciudadano, somos tan necesarios para lograr este sueño.

Con esperanza, le espero en el futuro, presidente.

César Ulloa

Un ciudadano.

Inspirada en “El poder de la imagen pública

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