De tres quedaron dos

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Después de un arduo año de renegociaciones del TLCAN, finalmente se anunció un avance contundente. Ayer por la mañana, se dio a conocer la conclusión exitosa de este proceso, con lo que se materializa el Acuerdo Comercial de Estados Unidos y México. Sin embargo, hay varios puntos que pueden resultar inusuales o hasta sospechosos.

El primero, es la ausencia de Canadá en esta noticia. De haber sido un acuerdo trilateral, hoy se tienen confirmados solo a México y a EEUU. Llama la atención, porque para México, Canadá tiene una importancia monumental. Si bien, no es el 81% que representa EEUU, Canadá es el segundo destino para las exportaciones nacionales. Y, aunque México tiene algunos privilegios comerciales a través del TPP11, este último no brinda los mismos beneficios que una zona de libre comercio, por lo que la inclusión de este tercer país en el acuerdo debió haber sido fundamental en la negociación. Aunque Peña Nieto declaró que estaba en comunicación con Canadá para lograr su incorporación al acuerdo, queda claro que la batuta la tiene Trump, quien anunció que Canadá solo se les unirá si asume las condiciones estadounidenses. 

El segundo punto, es el momento en el que se anuncia el cierre de las negociaciones. Parecería que, para los dos presidentes de los países involucrados, hay otros intereses de por medio. Para Donald Trump, y su partido, vienen las elecciones de medio término, en las que se vota por los 435 asientos en la Cámara de Representantes y por 35 de 100 puestos en el Senado. Para la administración de Trump, mantener la mayoría en ambas cámaras es de vital importancia. Por el otro lado, Peña Nieto tiene el fin de su sexenio persiguiéndolo de cerca. Al quedar pocos meses de su gobierno, podría parecer que las últimas negociaciones fueron aceleradas y bajo presión, para poder contar este acuerdo entre los logros del sexenio de Peña.

Por último, llama la atención que se haya optado por dejar de lado el nombre después de 24 años bajo el título TLCAN. Según palabras del mismo Trump, se decidió cambiarlo porque NAFTA, por sus siglas en inglés, tiene una connotación negativa, al haber sido el peor acuerdo comercial en la historia de los Estados Unidos. A pesar de que puede parecer un detalle pequeño, es un ejemplo de los caprichos a los que México se tuvo que someter. Si bien, el desempeño del equipo encabezado por Guajardo ha sido aplaudible, es innegable lo asimétrico de nuestra relación con el país vecino. No nos pudimos dar muchos lujos con diferencias políticas y económicas tan grandes. 

El acuerdo es preliminar y no hay nada escrito aún, por lo que la jugada podría cambiar. Sin embargo, por la prisa que demuestran tener tanto México como Estados Unidos por cerrar la negociación, hasta este momento todo parece indicar que de tres, quedaron dos, volviendo el TLCAN un acuerdo bilateral.

Ficciones del feminismo moderno

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Eres cantante, compositora, joven, mujer. Tienes 25 años y quieres conocer el mundo. Viajas a Costa Rica, emocionada por las aventuras que podrás vivir. Eliges la fecha de manera estratégica, para poder regresar el 15 de agosto, ya que tienes un concierto programado en México, para cantar el primer álbum que acabas de publicar. Haces amigos, disfrutas el día, y en la noche decides caminar por la costa con tu nueva amiga de Gran Bretaña. Dos hombres llegan y las asaltan. Empiezan a forcejear con ustedes, a amenazarlas. Tu amiga se suelta, se va corriendo y logra escapar. Tú, no corres con la misma suerte. A ti te violan, te matan, y te dejan tirada en el mar. 

Esta es la historia de María Trinidad, la mexicana que el pasado 5 de agosto fue víctima de un feminicidio. Un acontecimiento que nos llena de tristeza, coraje e impotencia. Se podría pensar que, una historia como la de María exigiría hacer algo al respecto, que la sociedad empatizaría con las urgencias de la agenda de género. Idealmente, este triste suceso debió de haber sido especie de ultimátum. Un wake up call, para aquellos escépticos de la ideología feminista.

Sin embargo, no todas las reacciones fueron las esperadas. Se cuestionó la necesidad de viajar sola, surgió la interrogante: ¿por qué exponerse si ya saben cómo es el mundo?, depositando gran parte de la culpa en ella y en sus decisiones “imprudentes”. Y, unos días después, la opinión pública pareció olvidar el tema. Las redes sociales volvieron a sus temáticas habituales, y con ello, reaparecieron las comunes malinterpretaciones de lo que es la ideología feminista. 

Se volvió a tuitear y retuitear sobre el tema de género, desde una perspectiva que pareciera en realidad desconocer las bases teóricas del movimiento. Entre las más comunes, están: Las feministas son intolerantes, violentas, y se la pasan buscando qué criticar, son egoístas porque luchan por los derechos de un solo grupo“. Y, la que considero la peor, no por su gravedad, pero por la ironía de la frase:

No soy ni machista ni feminista. No creo en la superioridad de la mujer. Creo en la igualdad de género“.

Y fue esta oración la que me llevó a escribir esta columna. Hay un malentendido mayúsculo, para una población importante -al menos de los internautas-. El feminismo no es la contraparte del machismo, esta sería el hembrismo. El feminismo no lucha por la superioridad de la mujer, sino por la igualdad básica. Entonces, si crees en la equidad entre hombres y mujeres: igualdad de oportunidades, de calidad de vida, de goce de derechos… ¡Felicidades, eres feminista! O podrías serlo, si comienzas a ejercer este pensamiento. 

No estoy segura en qué momento se distorsionó el significado de la palabra. Creo que esta ficción en torno al concepto nace principalmente de nuestra incomodidad, de nuestra dificultad de hacer las cosas de manera diferente a como las hemos hecho por siglos. Esta tergiversación no es una casualidad. Lo hemos visto con otros temas: nos damos cuenta de que somos parte del problema, y entonces preferimos minimizarlo, ridiculizarlo, darle la vuelta. Porque nos señala y nos exige hacer las cosas diferente, y eso nos cuesta. 

Hombres y mujeres, hoy nos damos cuenta de que muchas de nuestras acciones cotidianas pueden tener poco -o bastante- de sexismo en ellas. Nos damos cuenta de que, aquel famoso patriarcado, es nada más y nada menos que el sistema en el que crecimos. Es lo que generaciones enteras han absorbido, y hoy se refleja en nosotros. Es con lo que millones de mujeres tuvieron que cargar, por un tiempo, silenciosamente.

 Entonces, resulta estas pequeñas acciones que hacemos por inercia, son producto de algo que es perjudicial para ambos sexos. Pero, de nuevo, nos cuesta. Preferimos quitarnos el peso de los hombros. Preferimos inventar el término de “feminazi” y burlarnos de alguien que está luchando por un principio básico: la equidad. Historias como la de María, deben de abrirnos los ojos. No hay espacio para dudas. Hoy existe consciencia sobre el tema, y nos va a seguir empujando, sacándonos de nuestra zona de confort. Pero esta es la única manera en la que podremos conseguir la equidad.

El nuevo debate sobre el porte de armas en EUA: ¿impresión 3D?

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Hoy, nos encontramos de nuevo frente a un reto legislativo que se origina por un avance tecnológico. En los últimos años, el debate por temas de esta naturaleza se ha incrementado y se ha demostrado que en muchas ocasiones la ley no puede competir con la evolución constante y rápida de la tecnología y sus diversas aplicaciones. En este caso, la posibilidad de imprimir armas 3D desde el anonimato tienen a Estados Unidos en una discusión activa. 

Al día de hoy, once estados en EEUU han realizado una demanda a la administración de Trump. Esto porque el gobierno llegó a un acuerdo con la empresa texana Defense Distributed, en el que resolvieron que se podrían hacer públicos los distintos modelos de armas para impresión 3D. Así, con unos clicks y muy pocos dólares cualquier persona con acceso a internet puede hacerse de su propio modelo, imprimirlo, y estrenar su nueva pistola.

Sin embargo, el juez federal Robert Lasnik, afirmando que esto podría conllevar un “daño irreparable” emitió una orden con la que se bloquea temporalmente la publicación de estos archivos. Habrá una audiencia el próximo 10 de agosto, y de ahí podría surgir una resolución de carácter permanente.

Como con otros temas en los que se involucra la tecnología, existe una laguna legal. Y esta laguna, a su vez, acrecienta la discusión y polariza a la opinión pública estadounidense. Los que apoyan la publicación de los modelos, afirman que el temor es exagerado y siguen la línea discursiva que se ha presentado al dialogar sobre el porte de armas. Sin embargo, la diferencia aquí, y lo que preocupa a muchos, es el carácter anónimo que brindarían estos artefactos. A diferencia de las fabricadas por las industrias tradicionales, no contarían con un número de serie y por lo tanto, harían imposible su rastreo o el control sobre su posesión.

A muchos les preocupa, además, que estas caigan en manos de las personas incorrectas. Al estar libres en internet, podrían terminar fácilmente como una adquisición de criminales, menores de edad, o personas que normalmente no obtendrían un permiso de porte de armas.  

Desde hace tiempo que en EUA el porte de armas es un tema delicado y complejo. Con cada tiroteo en lugares públicos, y el incremento de estos sucesos en el ambiente escolar, hay muchos que abogan por una política de uso de armas más estricta, en la que incluso se replantee la necesidad de que un ciudadano común y corriente cargue con un arma. No obstante, la NRA es uno de los lobbies con mayor peso político en Estados Unidos. La importancia de la industria armamentista ha mermado este debate y lo ha inclinado hacia el mantenimiento del statu-quo.

Me parece sorprendente que después de tantas incidencias, tantas víctimas, y tantos inocentes, el porte de armas siga siendo un tema que se toma a la ligera y para muchos amerita políticas laxas. Hoy, al debate se añade el tema del internet y de la tecnología, y lo vuelve más complejo aún. 

La controversia en la regulación del internet, de lo que un individuo puede o no hacer público, hoy se entrelaza con el tema de porte de armas. Entonces, surge de nuevo la pregunta del millón: ¿hasta qué punto se puede involucrar el gobierno? Con una cuestión tan delicada, ¿será válido auxiliarse con la desprestigiada censura? Definitivamente es una discusión acalorada, con muchos intereses económicos y políticos de por medio. Será interesante mantenerse pendiente a la decisión del gobierno estadounidense.

Bartlett: ¿retroceso o beneficio de la duda?

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El anuncio de Manuel Bartlett como próximo director de la Comisión Federal de Electricidad ha estado rodeado de polémica. Lo interesante, es que no solo ha levantado críticas de la oposición, sino de la misma izquierda y de aquellos que fueron simpatizantes de Morena las pasadas elecciones. 

Para la mayoría, la elección de este personaje representa un retroceso democrático. Y es que, resulta irónico que, bajo el lema de una cuarta transformación, se incluya a una de las figuras que representan el pasado oscuro de la “democracia” mexicana. Bartlett ha sido señalado como uno de los responsables del fraude electoral del 88, además de contar con un largo historial priista. En términos coloquiales, vendría siendo lo que se conoce como un dinosaurio. Aquellos del viejo PRI, antidemocrático y tecnócrata. 

Por su parte, López Obrador y otros miembros de Morena han defendido su designación, afirmando que Bartlett es una persona muy capaz, y que sigue con la línea ideológica del partido, por su trayectoria en contra de la Reforma energética. Algunos, presumen que Bartlett ya se rectificó y que los fantasmas de su pasado son solo parte de una mitificación de su personaje por intereses de otros partidos. Los que declaran esto, han pedido el beneficio de la duda para Bartlett, planteando que el tiempo será el que tenga la última palabra, al revelar su desempeño como director de la CFE.

Sin embargo, esto no es algo fácil de pedir a la opinión pública. La entrada de personajes como Manuel Bartlett, Alfonso Durazo, o Manuel Mondragón al proyecto de López Obrador acrecienta el escepticismo que ya existe en cuanto a la llegada de un verdadero “cambio”.

López Obrador tiene una oportunidad fuera de serie, como la tuvo Fox (y la desperdició). Los números de la pasada jornada electoral le dan una legitimidad a nivel nacional e internacional que solo pueden dar las urnas; y la naturaleza ideológica de su movimiento de oposición le brinda también legitimidad democrática. México será gobernado por primera vez en mucho tiempo por la izquierda, bajo la batuta de un partido que -al menos en el discurso- priorizó al cambio y a la transformación.

La gente espera, como parte de este proceso, ver caras nuevas y personalidades frescas. Y al decir esto, no necesariamente me refiero a la edad. El gabinete de López Obrador es, en promedio, de edad avanzada. Pero, el problema no es que Bartlett tenga 82 años, sino su historia, sus conexiones, y todo lo que él representa. Existen otros como Olga Sánchez Cordero, que independientemente de su edad representan ideas nuevas, personas proactivas y algo de esperanza para el país.

El hecho de que se incluyan políticos con trayectoria en otros partidos y sexenios en el próximo equipo de López Obrador no es algo nuevo. Esto se manejó desde la campaña y distintos nombres han resultado polémicos y sorpresivos. Sin embargo, me cuesta trabajo encontrarle el lado positivo a la incorporación de Bartlett. Como muchos otros, lo considero una decisión peligrosa. Creo que compromete los ejes de transparencia, renovación y democracia, que supuestamente son algunos de los pilares del movimiento lopezobradorista. Será cuestión de tiempo saber si valió la pena darle el beneficio de la duda, o si fue una decisión infortunada que causará la decepción de muchos mexicanos. 

Israel: situación grave y silencio internacional

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La semana pasada se aprobó en el parlamento israelí la ley “Estado-Nación”, lo que causó bastante polémica y despertó críticas en la opinión pública nacional e internacional. Sin embargo, a pesar de la controversia y de la alerta que ocasionan distintos puntos de la nueva legislación, los líderes políticos se han mantenido callados e impera un silencio rotundo. A excepción de algunos países árabes, la mayoría de los Estados no lo han criticado ni han emitido una postura, como normalmente pasa con los regímenes que relegan los derechos humanos a segundo plano.

La nueva ley destituye al árabe como idioma oficial, dándole exclusividad al hebreo; declara a Jerusalén como la capital oficial de Israel; reafirma la autodeterminación del pueblo judío y asevera a Israel como su “casa”; y, por lo tanto, promueve los asentamientos judíos (que son ilegales en el derecho internacional, ya que se le da prioridad a un grupo por su naturaleza racial o religiosa).

Y es que, a pesar de seguir la línea derechista de Netanyahu, sorprende porque materializa un discurso discriminatorio y lo vuelve una política pública. Esto refuerza la tensión actual entre grupos judíos y árabes (musulmanes o cristianos) dentro y fuera de Israel. Esto es lo que resulta preocupante, ya que puede traer consigo el incremento de actos violentos al legitimar un discurso de odio y de división.

Israel, durante su nacimiento, se dio a la compleja tarea de conformarse como un Estado judío pero democrático a la vez. Aunque siempre ha existido tensión entre los grupos más radicales, desde su Declaración de Independencia en 1948 afirmaba una “completa igualdad de derechos” para todos sus habitantes, sin importar su raza, religión, sexo o preferencias. 

De esta manera, han coexistido con altibajos los árabes y los judíos en Israel. Muchos viven interactuando de manera amistosa y pacífica, especialmente en ambientes urbanos. Pero, es imposible afirmar que esta es la situación de todos. Es importante tomar en cuenta de que los árabes, si bien son una minoría, conforman alrededor del 20% de la población. Y, desde la ocupación israelí, muchos han sido oprimidos y discriminados, y la violencia se ha desatado por ambos bandos.

Hoy, esa división de origen racial o religiosa ya no es solo una idea abstracta. Después de distintas acusaciones de crímenes de guerra, Israel ha sido observado de cerca por organizaciones no gubernamentales que procuran los derechos humanos. Al incluir este mensaje en el discurso oficial, el gobierno israelí desplaza a los árabes a ciudadanos de segunda categoría, que ahora hablan un idioma de “estatus especial” (previamente oficial) y que se enfrentarán a discriminación en su acceso escolar, residencial y laboral. 

Se institucionaliza el racismo y nos recuerda a un régimen no tan lejano de un apartheid. A pesar de ser una palabra fuerte, que tal vez preferiríamos no recordar, es importante traerla a colación. En un pueblo con una historia triste como el judío, y en un planeta que ha vivido tantas tragedias por la separación, división y violencia, se debe mirar de cerca este tipo de acciones.  

Llama la atención que, a pesar de la gravedad de la situación, y de lo bien que se conoce este conflicto por los líderes políticos de occidente, hoy han decidido hacerse de la vista gorda e ignorar lo que está pasando. Algunos, quizá por intereses económicos. Otros, como México, por la subyugación política ante Estados Unidos. Por la razón que sea, lo cierto es que esto abre la puerta a que se sigan integrando políticas racistas y discriminatorias, que nos hubiera gustado no volver a ver en ningún país.

La Cumbre de Helsinki y la inesperada tibieza de Trump

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Desde el triunfo de Donald Trump en las elecciones del 2016, sus decisiones y acciones han suscitado bastante polémica. En su política exterior, esto no es una excepción. Se ha rodeado de distintos escándalos y posturas que rompen con la línea política que normalmente llevaban los EEUU. La pasada reunión con Vladimir Putin en Helsinki, es un claro ejemplo de cómo Trump sigue estando lleno de sorpresas.

Y es que, esta cumbre tenía expectativas muy altas y era de suma importancia para ambos países. Para Rusia, después de una Copa del Mundo exitosa, con la que se logró mejorar la opinión pública de occidente sobre el país anfitrión, este encuentro representaba un acercamiento y una posible alianza, tal vez algo desesperada, buscando beneficios económicos. Para Estados Unidos, el espacio codiciado desde hace tiempo para hacer frente y cuestionar de manera crítica las acciones de su cuasi-adversario.

Aunque la Copa del Mundo haya brindado una imagen cálida, festiva y amigable del país, esto no permite olvidarse del régimen autoritario y de las faltas a derechos humanos cometidas en el gobierno de Putin. Y, el Presidente de Estados Unidos debería de tener bastante claro esto.

Si bien, era esperado que el evento fuera un diálogo pacífico y constructivo, en el que se podría mejorar la deteriorada relación bilateral, pocos esperaban la tibieza que reflejó Donald Trump. La agenda para la reunión incluía temas como la anexión de Crimea, la situación en Siria, el desarme nuclear, y la injerencia rusa en las pasadas elecciones presidenciales de EEUU. 

Trump se expuso tibio, sin mostrarse crítico, sin cuestionar a Putin y su régimen, sin acusarlo de las acciones anti-democráticas en otros países. No se mencionó Crimea (más que por el mismo Putin, justificando a Rusia); sobre Siria se resolvió trabajar en conjunto para limitar la presencia iraní y “garantizar la seguridad de Israel”; y, en cuanto a la injerencia en las elecciones de 2016, Trump afirmó que confía en la contundente negativa brindada con Putin, al mencionar que Rusia no tendría ningún motivo para realizar tal acusación. 

Especialmente esto último es lo que desconcertó a muchos, incluso de los suyos. Con estas declaraciones, invalida las investigaciones hechas por las agencias de investigación de su propio país, y desalienta la esperanza que muchos tenían de comenzar a ver reconfiguraciones del actual orden mundial. 

Aunque estamos acostumbrados a ver a Trump rodeado de polémica y opiniones encontradas, en esta ocasión su postura causó indignación incluso entre sus seguidores y los mismos Republicanos. Ya distintos líderes de gran importancia en el partido como John McCain, Bob Corker y Paul Ryan han externado su decepción sobre lo declarado en la conferencia de prensa, incluso considerando que el evento marca uno de los puntos más bajos en la historia presidencial del país. 

 Como mencioné, no es que se esperara una actitud belicista del encuentro. La relación bilateral entre Rusia y Estados Unidos definitivamente tenían que tomar otro rumbo en el que se incluyera cooperación y trabajo conjunto. Pero nadie esperaba esto. Fue una oportunidad totalmente desperdiciada para confrontar con un mensaje claro a un régimen autoritario y culpable numerosas faltas a los derechos humanos, bajo el mando de un líder autoritario, ante el que, el pasado martes 16 de julio, se cedió mucho terreno.

Panorama post-elecciones: ¿Qué sigue para los partidos?

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Ya nos dimos cuenta de que las dinámicas y los equilibrios de poder cambiaron drásticamente con los resultados de estas elecciones. Sin embargo, ¿qué implica esta recomposición? Hoy, vemos a los partidos tradicionales, aquellos con mayor antigüedad y presencia en la política mexicana, golpeados, desfigurados y algunos hasta moribundos.

Esto no solo repercute en un cambio en la arquitectura política que había prevalecido, sino que demanda la reestructuración interna de cada actor. El mensaje del electorado fue claro. Todos los partidos, con la excepción de Morena, se vieron afectados. Con esto, ahora les toca voltearse a ver al espejo, y ver cómo, si es que pueden, le harán para sobrevivir.  

Para Acción Nacional, un partido que desde su nacimiento se consolida como oposición, la derrota electoral no es algo nuevo. Sin embargo, el fracaso que vive hoy no es solo el 22.5% que obtuvo en la carrera a la presidencia. El PAN vive un momento crítico y que requiere de un laborioso proceso de reconstrucción. La candidatura de Ricardo Anaya, independientemente de los resultados, ocasionó fracturas internas que tal vez se hubieran reparado solo ante un glorioso triunfo presidencial.

Sin embargo, creo que no se consideró de manera completa el escenario del fracaso y sus riesgos. Ricardo Anaya apostó por un todo o nada. Todo, esperando que ante el triunfo en la presidencia sus compañeros pudieran olvidar sus acciones para llegar a ser candidato. O nada, al perder las elecciones y darse cuenta de las diferencias irreconciliables que ocasionó. Ahora, encontramos a los panistas, además de divididos, enojados. Ya 32 miembros -entre los que se encuentran diputados, gobernadores y otros militantes- exigen de manera formal su renuncia, junto con la de Damián Zepeda (actual presidente del PAN). 

Por ahora, al menos Anaya confirmó que no vuelve a la presidencia del partido, que ocupaba antes de entrar en la contienda. Reincorporarse en la vida política no será un reto solo para Anaya, sino para el partido completo. Les toca reconfigurarse, abrirse al diálogo e intentar conciliar a las distintas voces y grupos que lo conforman. Si lo logra, tiene la oportunidad de consolidarse como un buen partido de oposición. Por la propia naturaleza ideológica, el PAN resulta un excelente contrapeso para el preponderante Morena. Esto sería clave para tener una democracia plural y de contrapesos. 

Por otro lado, el PRI resulta el más herido, con una derrota incluso más grande que la de 2006, y ahora no solo en la presidencia. Su presencia en senadurías, diputaciones -locales y federales-, ayuntamientos, y gubernaturas se vio reducida tremendamente. En su particular caso, no hay mucho que decir. Como ya mencioné, el mensaje es claro, y tiene como principal destinatario al Revolucionario Institucional. El hartazgo quedó claro, se demostró que hay consecuencias y que la ciudadanía responde. Vieron la realidad y el peso del voto de castigo. Es por eso que hoy, el PRI tiene dos opciones: renovarse o morir.

El PRD, por otro lado, un suceso casi triste. Con las elecciones demostró la dependencia en la figura de Andrés Manuel, y la debilidad institucional que lo conforma. El apogeo que tuvo como oposición al régimen, con la Ciudad de México como bastión y una presencia fuerte en 2006 y 2012, que incluso parecía asustar al PAN para destronarlo de segunda fuerza política. Hoy, todo queda atrás con la salida de Andrés Manuel y la creación de Morena. Su alineación con el PAN y MC no resultó la más efectiva, y probablemente sus días están contados.

Finalmente, a todos les queda incorporar nuevas prácticas en su manera de operar. Ya han surgido nuevas agrupaciones y movimientos como Wikipolítica, que muestran una cara fresca y renovada de la política. Si los partidos no logran entender esto y no renuevan sus prácticas, deben de saber que su forma actual pronto será rechazada totalmente por la ciudadanía.

Ayer sacamos el cobre

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Así, sin más. Lo que para muchos ayer fue una victoria sin precedentes, para otro tanto fue una derrota absoluta. Muchos se sorprendieron y se preguntaron: ¿cómo es que se dice que ganó la democracia, si yo no me siento representado? Y este es el problema. Lo bonito que consideramos el proceso democrático cuando los resultados son los que yo quería. Democracia cuando queda el candidato que yo quería, y si no, no me interesa.

Me sorprendió profundamente la reacción de muchas personas el día de ayer. Sobre todo, porque considero que no fue una sorpresa. Cualquiera que hubiera seguido hasta superficialmente las campañas electorales, sabía de la tendencia innegable que favoreció -por mucho- durante todo el proceso a López Obrador.

Por lo tanto, fueron meses que tuvimos para meditar, para prepararnos si es que no coincidíamos con los ideales o las formas del candidato, que tenía una clara mayoría en la preferencia electoral. Hubo tiempo y, sin embargo, muchos, aferrados a un cambio drástico en la intención de voto que fuera a revertir el inminente resultado, se enteraron del desenlace y maldijeron a todos aquellos que votaron de esa manera. 

Ayer sacamos el cobre. Muchos tacharon de ignorantes, incultos, flojos y vendidos al 53% del país (o a más). En redes sociales, se le llamó indios al centro y sur del país. Como si ser indio fuera un insulto; como si en el norte del país no existiera población indígena, como si los indígenas fueran una masa homogénea que no pudo razonar su voto y por lo tanto se lo concedió a Morena. Se hicieron bromas de un Nuevo León que se independizaría (o incluso anexaría a EUA). Memes de un México del Norte y México del Sur. ¿Qué nos lleva a esto? ¿Por qué resulta tan fácil reaccionar con insultos, maldiciones, y desprecio hacia todo aquel que no piense igual que yo?

 Es imposible no darse cuenta del factor clasista y racista en estos insultos. En zonas urbanas, sobre todo en el Norte del país, prevalece esta percepción en la clase media de que los que votan por la izquierda, son aquellos que tienden la mano al gobierno para que les mantenga y les regale comida o trabajo. Por lo tanto, en una cultura orientada al trabajo y a la competencia económica, muchos se auto-otorgaron el permiso de sentirse superiores. Superiores por ser del Norte, superiores por ser de ascendencia europea, superiores por ser urbanos, por haber tenido acceso a educación, por haber nacido con privilegios y tener un medio cómodo de vida. Superiores por haber votado por la derecha. 

Y creo que, en momentos como este, es cuando te das cuenta de qué tan dividida está nuestra sociedad. Doscientos años después, como si nos hubiéramos quedado estancados ahí, divididos no por preferencias políticas, pero por clase y por raza. La reacción de intolerancia que vimos ayer no es exclusiva para el debate político. Al contrario, es un síntoma superficial del problema muy grave que tenemos y que no queremos aceptar.

Nos falta muchísima cultura democrática. Nos falta aceptar la derrota. Ser buenos perdedores si la mayoría no eligió al candidato que uno quería. Y, sobre todo, respetar a aquellos que no piensan como yo. La democracia se trata de eso: aceptar que hay muchos que no comulgan con mis ideales, pero puedo tener un diálogo sano y constructivo, porque tenemos una meta en común: el bienestar de México.

Ayer los contendientes fueron un ejemplo claro de democracia y cultura cívica. Aceptar que las tendencias no te favorecen, agradecer por la competencia respetuosa y desear éxito al candidato electo por la mayoría. Me llevo un buen sabor de boca, pero me hubiera gustado ver un poco más de esta civilidad durante todo el proceso. Al final, la democracia se trata de esto: de celebrar las diferencias en diálogos amistosos y constructivos.

Niños en la frontera y…¿Peña Nieto?

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A todos nos queda claro que en esta ecuación EPN debería de estar incluido. Se está hablando de niños migrantes, de imágenes de crueldad en la frontera, de faltas y abusos en el discurso de Donald Trump. Naturalmente, se esperaría una respuesta por la figura presidencial mexicana. 

Y debo de precisar dos cuestiones. La primera: no todos los niños separados de sus familias son mexicanos. Muchos son hondureños, guatemaltecos, salvadoreños, etc. La segunda: el presidencialismo mexicano quedó atrás y sabemos que el presidente ya no es la máxima autoridad en el país y hay muchísimos actores involucrados en el tema. 

Sin embargo, es imposible no reconocer el papel que sigue representando. México, es el país más grande, no solo territorial y económicamente, pero en su posicionamiento en la lucha por los derechos de sus migrantes. Por lo tanto, es imprescindible que lleve la batuta en la defensa de sus ciudadanos frente a EU. En términos políticos, una declaración del presidente de México podría pesar más que la del presidente del Salvador, por la historia y el camino recorrido en este tema. 

Y por otro lado, es innegable también que el presidente sigue siendo la principal figura en el imaginario mexicano, y de muchos otros países. Su figura tiene una carga simbólica. Lo que diga, y lo que no diga, sigue siendo determinante para el país. Junto con el canciller, representa a México en el mundo, y por lo tanto es crucial que sus declaraciones sean pertinentes en los momentos necesarios.

Y ahora, frente al escándalo de lo que está sucediendo a la frontera, tenemos -de nuevo- un presidente tibio. Las fotografías están recorriendo el mundo, la opinión pública mexicana está indignada, artistas estadounidenses han condenado estas políticas, y a esta lista se suman ex primeras damas de EU, candidatos a la presidencia, chefs de renombre, e incluso políticos del Partido Republicano.

Y entre todo este revuelo y polémica alrededor de Trump, Peña Nieto siguió callado. Su respuesta fue tardía e insuficiente. En un evento en la Concanaco, declaró que condena estas acciones, y afirmó que los agentes en la red consular mexicana continuarán con las acciones que llevan haciendo desde el inicio de su administración. Esto fue todo. Bastó con 47 segundos en su discurso para tranquilizarnos, sabiendo ahora que la respuesta de México será simplemente: continuar. Como si la crisis fronteriza no demandara una respuesta contundente. Como si los derechos de las niñas y niños separados de sus familias quedaran en segundo plano. ¿Cómo se puede esperar resultados diferentes con estrategias diseñadas hace 6 años, cuando ni siquiera estaba Trump?

No es la primera vez que Peña Nieto reacciona tarde y de manera vaga. Con el equipo de staff y de asesores, resulta sorprendente que no se haya pensado ni siquiera en un tuit. Twitter, hoy, no es solo una red social más utilizada por millennials. Con Trump como presidente de EUA, se ha vuelto un canal casi diplomático y un conducto directo con la opinión pública.

Desde que se agudizó esta crisis, Trump ha puesto más de una decena de tuits sobre esto, mientras que Peña (o su equipo) se expresa sobre el mundial, sobre los restaurantes mexicanos, sobre deportistas mexicanos, pero no hay rastro de alguna declaración en torno a la situación en la frontera. Con excepción del breve discurso en la Concanaco, Peña Nieto actúa como si nada estuviera sucediendo.

Clientelismo: vicio costoso

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La basura electoral no es un concepto nuevo. Desde que tenemos memoria, hemos presenciado el derroche de propaganda al menos cada tres años. Lonas, pendones, volantes, pulseras, camisetas, y la lista sigue. Cada artículo personalizable que se te pudiera ocurrir. En las calles, en la puerta de tu casa, en tu celular, está en todas partes a donde vayas.

Todos estamos hartos. Y, sin embargo, se ha definido previamente como un “mal necesario”. ¿Y por qué necesario? Porque visibiliza a las y los candidatos. Porque, aunque no tengas idea de su trayectoria, sus propuestas, o sus aptitudes, mínimo reconocerás el nombre del contendiente en la boleta electoral. Recordarás: aquella señora que dijo algo sobre los maestros antes de que empezara mi video en youtube; aquel joven con la sonrisa amable que estaba en mi parabrisas; aquella mujer que tengo en la camiseta que ahora uso de pijama.

Y esto, a pesar de funcionar en términos de rentabilidad electoral, ¿tiene fines democráticos? Esta ráfaga publicitaria banal, superficial y hasta cínica ¿contribuye en realidad al debate electoral? 

Claro. Algunos podrán decir que es nuestra responsabilidad investigar la información relevante para ejercer nuestro voto, y no conformarnos con el papel que nos repartieron. Sin embargo, se ha hecho así por tantos años, que nuestra democracia se encuentra viciada. Nuestras elecciones, periodo tras periodo, deforman el ejercicio democrático a un vil clientelismo. 

Afirmo que este es costoso, por tres razones principales: la democrática, la ambiental, y la económica. La democrática, porque nos lleva a un ciclo de paternalismo y de desinformación. Porque nos conformamos con que cada tres años, los y las candidatas visiten nuestras colonias y nos regalen su mercancía, que nada tiene que ver con propiciar un voto argumentado y sustentado.

Esto, además, se ve agravado por el contexto social mexicano. La presencia del clasismo en el clientelismo electoral es evidente. Los típicos recorridos vecinales tienen dinámicas distintas dependiendo de qué lugar está visitando el candidato. Si se visita alguna colonia popular, se limita al uso de canciones populares (cumbias, rap, reggaetón ¿qué más?), se organizan actividades populares (bailables, concursos de grafiti para los jóvenes, partidos de futbol) se mencionan propuestas populares (o más bien populistas) con poco o nada de sustento.

El problema con esto es que se reduce a alguien de cierto nivel socioeconómico a generalizaciones burdas. Se engloba en esta población un conjunto de características entre las que no se incluye el interés genuino y democrático de ejercer su voto. Así, se menosprecia a muchos de los votantes mexicanos y se concluye que se está haciendo lo suficiente al entregarles artículos promocionales.

En cuanto a la ambiental, por la enorme cantidad de artículos que terminan inmediatamente en la basura. Y, basándome en información de Benjamín Ruíz Lozoya, maestro en Ciencias Químicas de la UNAM, se utiliza material biodegradable en afán de complacer a la opinión pública. Sin embargo, esto termina siendo contraproducente y es aún más dañino para el medio ambiente, ya que al descomponerse se transforma en gases de efecto invernadero. 

Por último, el costo económico es el más sencillo de detectar. Estas elecciones el INE destinó un presupuesto de más de dos mil millones de pesos para gastos de campaña de partidos.

Lo mencionado y otros datos más, nos deberían de estar empujando a reflexionar sobre nuestra manera de hacer política. Creo que es momento de pensar en replantear las dinámicas de campaña y educarnos en el ejercicio democrático. Es difícil romper con este círculo vicioso, pero creo que vale la pena el esfuerzo.