¿Abrazos, no balazos?

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En una administración que en el discurso ha tenido como prioridad los derechos humanos, hoy tenemos otras (no tan inesperadas) sorpresas que nos llevan a concluir que el gobierno actual podrá ser de todo, pero dudosamente de izquierda.

Hoy, resulta difícil emitir un juicio o encontrar la línea en las decisiones de Morena, tanto en el legislativo como en el ejecutivo. Por una parte, se votó a favor de la ampliación de los delitos meritorios de prisión preventiva oficiosa. Esta última palabra es clave, ya que determina la naturaleza automática y obligatoria. Es decir, cuando un ciudadano sea acusado de cometer alguno de los actos ilícitos establecidos, se le privará de su libertad (aunque aún no se compruebe nada) hasta que finalice su juicio. 

Esta figura representa un retroceso para el sistema penitenciario, y un riesgo para el goce de derechos humanos de los mexicanos. Hay que recordar que los procesos judiciales pueden tomar meses y hasta años; y que en México hay un número muy alto de inocentes inculpados por los famosos “delitos fabricados”. Esta decisión puede inducir a más casos de corrupción, a un sistema de justicia ineficaz y con investigaciones dudosas. Todo esto, se contrapone con el discurso de los derechos humanos, bajo la lógica de “eres culpable hasta que se demuestre lo contrario”.

Esta propuesta del legislativo, específicamente de la bancada de Morena, causó mucha indignación entre los mismos simpatizantes del partido y de López Obrador. Como otras decisiones, va en contra de todo el discurso de la 4T y está a años luz de ser una deliberación de un gobierno que se dice de izquierda.

Sin embargo, por otro lado, hoy en el Senado se vivió un ejemplo de ejercicio democrático. La bancada de Morena supo aceptar que su propuesta sobra la Guardia Nacional tenía áreas de oportunidad, se escuchó a la sociedad civil, se configuró una especie de oposición en la cámara, y los contrapesos fueron reales. Al final, se aprobó una Guardia Nacional de carácter civil, en la que, al contrario de la propuesta inicial, ya no se contará con fuero militar y la operación estará a cargo de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. 

Aunque decisión sobre la Guardia Nacional es una ventana de esperanza, no podemos olvidar los sinsabores y contradicciones en la 4T. Fue hace solo unos días cuando AMLO afirmó que la sociedad civil llevaba la agenda del conservadurismo. Y bajo esta premisa, se puede tachar a todo aquel que tenga una opinión diferente como conservador para invalidar su argumento. 

Un gobierno responsable y de izquierda debe de promover y proveer los espacios para el diálogo sano, para el confrontamiento de ideas, y sobre todo mecanismos en los que se tome en cuenta la voz de las organizaciones de la sociedad civil y de los ciudadanos en general.

Aquella frase de “abrazos, no balazos”, más allá de las bromas, canciones, y memes, representó para muchos un atisbo de esperanza de ver iniciativas de ley y políticas públicas que buscaran conciliar y reconstruir el tejido social, teniendo como base los procesos de paz y el desarrollo. Ante el escenario de un país dañado por la guerra contra el narcotráfico y los niveles de violencia, se prometió un cambio en la perspectiva de seguridad, una apuesta por los derechos humanos, el perdón, y las soluciones basadas en la no-violencia. La 4T aún está a tiempo de legislar y hacer política congruente a su discurso. Esperemos que los acontecimientos de hoy en el Senado sean los primeros de muchos otros espacios democráticos, de pluralidad y contrapesos. Será cuestión de tiempo ver si en la práctica se favorecerán a los abrazos, y no a los balazos.

Reflexiones sobre el trabajo social

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Se ha contado ya miles de veces la misma historia. Llega un extranjero benevolente, y pone su granito de arena para ayudar a una causa social. Este extranjero no necesariamente es una persona física, puede ser una organización, un grupo religioso, un país, una agencia de la ONU, incluso un turista. 

En las dinámicas internacionales, occidente es que tiene la agenda caritativa. Los países europeos o de Norteamérica son los que proveen con fondos y dádivas a aquellos menos afortunados.  

Las diferencias de poder económico y político repercuten directamente en las dinámicas e interacciones entre los Estados. Y afectan principalmente a los que han recibido ya distintos motes: los del Sur global, los subdesarrollados, el tercer mundo, los que están en vías de desarrollo, incluyendo alguno que otro incluso denominado como “Estado fallido”. 

La pregunta para muchos es ¿por qué? ¿por qué la mayoría de los Estados del continente africano no ha podido salir de los ciclos de pobreza, enfermedades, desastres?, ¿por qué Latinoamérica, a pesar de las particularidades regionales, parece compartir un presente y futuro similar, tan distinto al de nuestros prósperos vecinos del Norte? ¿cómo es que en Asia están algunas de las máximas potencias económicas, y a la vez regiones enteras de escasez e incumplimiento de necesidades básicas?

Junto con otros autores que han compartido la postura, lo probó Dambisa Moyo en su libro Dead Aid. Con un ejemplo muy sencillo, explica cómo diversas empresas quiebran después de que una ONG (benevolente, pero sin un diagnóstico preciso) llega y comienza a repartir matamoscas gratuitos. Y este es solo un ejemplo de cómo la caridad internacional en África, a pesar de tener las mejores intenciones, entra con un disfraz de cura, pero actuando en realidad como veneno. Con esta lógica, la misma caridad es la que ha subyugado a África a este estado de pobreza.

A nivel nacional y regional, se genera una dinámica similar. Los altruistas o emprendedores, con buenas intenciones, llegan a comunidades remotas, rurales, a los polígonos de pobreza en las urbes, y aplican actividades cual sacadas de un recetario. Implementan proyectos de snapshot, que funcionaron en algún otro lugar en alguna época en específico, pero que no toman en cuenta la especificidad de la nueva comunidad. 

Hay mucho documentado en este tema, y vale la pena reflexionar con esta información. Se han concebido conceptos como la pornografía de la pobreza, en los que se remarca la asimetría y hasta cinismo con la que se realizan algunas acciones con fines sociales. Esto, no solo en la sociedad civil, pero también en las políticas públicas. Los programas sociales muchas ocasiones carecen de un diagnóstico preciso y de una metodología que los pueda probar efectivos. 

Pero… es importante precisar: no es regla o una generalización absoluta. Se está haciendo mucha consciencia sobre prácticas asistencialistas, y hay muchos proyectos que están aplicando métodos diferentes con resultados que vale la pena voltear a ver. Pero aquí está la clave: la profesionalización. 

Y no es que la filantropía, la caridad, el gobierno o los grupos misioneros, estén equivocados. Pero sí que muchas veces han tenido un enfoque equivocado. Porque en el trabajo social, las buenas intenciones no son suficientes. La profesionalización, traducida en el uso de metodología y de respaldos teóricos, es clave en el éxito de aquellos que quieran identificarse en alguna causa social.

Reflexionar sobre el tema no es un regaño o una mala calificación. Pero es un recordatorio de que no hay que dejarnos llevar por la necesidad de ver resultados inmediatos. En las Relaciones Internacionales, en la política pública, sector privado o sociedad civil. Hay que invitar a cimentar los proyectos sociales en una metodología diseñada cautelosamente, en un proceso participativo y específico para cada proyecto. Fomentemos el diseño de programas analíticos, críticos y de largo plazo. 

México ante Venezuela, ¿Tibieza, mesura o estrategia?

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Para muchos, ha sido sorprendente la postura de México ante los recientes sucesos en Venezuela. Me atrevo a decir que a faltado un análisis sustancial, y que ha habido una especie de psicosis que distorsiona un poco los hechos y el estudio objetivo. La decisión de la Secretaría de Relaciones Exteriores, de actuar conforme al principio de No Intervención, establecido en el art. 89 fracción X de la CPEUM, y retomar algunos elementos de la Doctrina Estrada, nos hablan de una neutralidad que podría significar tres cosas: tibieza, mesura, o estrategia.

 Después de apenas un mes de gobierno, sería irresponsable asegurar con cualquiera de estos calificativos. La política exterior de México se encuentra en etapa de delineación. Claro está, que esto no significa inhibirse o ignorar los eventos internacionales. Al contrario, las decisiones que se tomen ahora nos pueden ilustrar algunos signos del rumbo que tomará la Cancillería por los próximos 6 años (si es que hay continuidad respecto a un diseño y una ejecución congruentes). Hasta ahora, la línea había sido una agenda de derechos humanos. Sin embargo, ayer se optó por la neutralidad. ¿Por qué?

Si bien, la neutralidad no es una carta comodín, que se pueda aplicar ante cualquier evento para deslindarse, sí es una tradición en la historia de la política exterior mexicana. México no ha tenido el alcance político o la relevancia coyuntural para mediar en los conocidos conflictos internacionales como el árabe-israelí, pero sí ha tenido algunos destellos de liderazgo y de tercer partido mediador en sucesos en Latinoamérica, durante el siglo pasado.

Ahora, retomando la crisis de Venezuela. Hay una cantidad importante de factores que se están dejando fuera de las conclusiones de gran parte de la opinión pública:

El rol de Estados Unidos: su papel, y la carga geopolítica. Hay que recordar que sigue siendo Trump el que está a cargo del ejecutivo, y Pompeo como Secretario de Estado. Los mismos que se han caracterizado por una política exterior brusca y hasta imprudente. Los mismos que declararon a Jerusalén como capital de Israel, los mismos que presionan con el muro y sostienen declaraciones agresivas contra México. 

América Latina tiene una historia particular con EUA y sus intervenciones. No es la primera vez que este último apoya a alguna facción política en un asunto doméstico. Aunque en el discurso sea en aras de la democracia, es imposible prescindir de los puntos económicos y políticos. El reciente decremento en la influencia de EUA en Latinoamérica, y el interés en los abundantes recursos en Venezuela (particularmente petróleo), vuelven cuestionable el discurso pro-democracia y pro-derechos humanos de EUA. 

Ahora bien, las intenciones turbias de actores como EUA y Brasil en el reconocimiento de Guaidó no invalidan la urgencia y necesidad de esperanza para el pueblo venezolano. Bajo esta lógica, se podría argumentar de alguna manera que ¿los medios justifican el fin? ¿Si el apoyo de EUA a la oposición contribuye a que Venezuela vea luz en su crisis humanitaria, es válido a pesar de que se haga por los recursos y dominación política, y no realmente con fines democráticos y de DDHH? Tal vez sí. Y aquí es donde recae la complejidad para la toma de las decisiones.

Mantener relaciones diplomáticas con el gobierno de Nicolás Maduro no se traduce en apoyar su régimen, sus acciones ilegítimas, las faltas a los derechos humanos, o las políticas extremistas. La no-intervención, y el discurso en los distintos comunicados emitidos por canales oficiales, explican la naturaleza de mesura de México.

Al aludir a la resolución pacífica de controversias, y a ofrecer -en conjunto con Uruguay- apoyo para procesos de diálogo y una respuesta diplomática, se puede perfilar a México como un posible mediador o tercer partido, que debe de ser neutro. Si se dan otros indicios de esto, se podría estar hablando de una estrategia diplomática que buscaría ayudar genuinamente al pueblo venezolano y a sus valores democráticos.

De no ser así, la mesura y prudencia de retomar el principio de no intervención y la Doctrina Estrada, podrían volverse un ejemplo de tibieza. Si la violencia sigue, México debe de condenar las faltas a los derechos humanos y pronunciarse con una postura más clara. De esto no queda duda.

Que quede claro: Venezuela no se merece a Maduro. El pueblo venezolano amerita el cese al sufrimiento, a la violencia, a la represión y al hambre. América Latina es más que dictadores y gobiernos autoritarios. Pero la desesperación no puede ganar, y se necesita una política exterior congruente y de estrategias. Que México reconozca a Guaidó, fácticamente, no hace la diferencia. Que México sea un partido neutro que pueda mediar, abogando por la solución pacífica de controversias, podría ser una ventana de esperanza. 

 

De tres quedaron dos

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Después de un arduo año de renegociaciones del TLCAN, finalmente se anunció un avance contundente. Ayer por la mañana, se dio a conocer la conclusión exitosa de este proceso, con lo que se materializa el Acuerdo Comercial de Estados Unidos y México. Sin embargo, hay varios puntos que pueden resultar inusuales o hasta sospechosos.

El primero, es la ausencia de Canadá en esta noticia. De haber sido un acuerdo trilateral, hoy se tienen confirmados solo a México y a EEUU. Llama la atención, porque para México, Canadá tiene una importancia monumental. Si bien, no es el 81% que representa EEUU, Canadá es el segundo destino para las exportaciones nacionales. Y, aunque México tiene algunos privilegios comerciales a través del TPP11, este último no brinda los mismos beneficios que una zona de libre comercio, por lo que la inclusión de este tercer país en el acuerdo debió haber sido fundamental en la negociación. Aunque Peña Nieto declaró que estaba en comunicación con Canadá para lograr su incorporación al acuerdo, queda claro que la batuta la tiene Trump, quien anunció que Canadá solo se les unirá si asume las condiciones estadounidenses. 

El segundo punto, es el momento en el que se anuncia el cierre de las negociaciones. Parecería que, para los dos presidentes de los países involucrados, hay otros intereses de por medio. Para Donald Trump, y su partido, vienen las elecciones de medio término, en las que se vota por los 435 asientos en la Cámara de Representantes y por 35 de 100 puestos en el Senado. Para la administración de Trump, mantener la mayoría en ambas cámaras es de vital importancia. Por el otro lado, Peña Nieto tiene el fin de su sexenio persiguiéndolo de cerca. Al quedar pocos meses de su gobierno, podría parecer que las últimas negociaciones fueron aceleradas y bajo presión, para poder contar este acuerdo entre los logros del sexenio de Peña.

Por último, llama la atención que se haya optado por dejar de lado el nombre después de 24 años bajo el título TLCAN. Según palabras del mismo Trump, se decidió cambiarlo porque NAFTA, por sus siglas en inglés, tiene una connotación negativa, al haber sido el peor acuerdo comercial en la historia de los Estados Unidos. A pesar de que puede parecer un detalle pequeño, es un ejemplo de los caprichos a los que México se tuvo que someter. Si bien, el desempeño del equipo encabezado por Guajardo ha sido aplaudible, es innegable lo asimétrico de nuestra relación con el país vecino. No nos pudimos dar muchos lujos con diferencias políticas y económicas tan grandes. 

El acuerdo es preliminar y no hay nada escrito aún, por lo que la jugada podría cambiar. Sin embargo, por la prisa que demuestran tener tanto México como Estados Unidos por cerrar la negociación, hasta este momento todo parece indicar que de tres, quedaron dos, volviendo el TLCAN un acuerdo bilateral.

Ficciones del feminismo moderno

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Eres cantante, compositora, joven, mujer. Tienes 25 años y quieres conocer el mundo. Viajas a Costa Rica, emocionada por las aventuras que podrás vivir. Eliges la fecha de manera estratégica, para poder regresar el 15 de agosto, ya que tienes un concierto programado en México, para cantar el primer álbum que acabas de publicar. Haces amigos, disfrutas el día, y en la noche decides caminar por la costa con tu nueva amiga de Gran Bretaña. Dos hombres llegan y las asaltan. Empiezan a forcejear con ustedes, a amenazarlas. Tu amiga se suelta, se va corriendo y logra escapar. Tú, no corres con la misma suerte. A ti te violan, te matan, y te dejan tirada en el mar. 

Esta es la historia de María Trinidad, la mexicana que el pasado 5 de agosto fue víctima de un feminicidio. Un acontecimiento que nos llena de tristeza, coraje e impotencia. Se podría pensar que, una historia como la de María exigiría hacer algo al respecto, que la sociedad empatizaría con las urgencias de la agenda de género. Idealmente, este triste suceso debió de haber sido especie de ultimátum. Un wake up call, para aquellos escépticos de la ideología feminista.

Sin embargo, no todas las reacciones fueron las esperadas. Se cuestionó la necesidad de viajar sola, surgió la interrogante: ¿por qué exponerse si ya saben cómo es el mundo?, depositando gran parte de la culpa en ella y en sus decisiones “imprudentes”. Y, unos días después, la opinión pública pareció olvidar el tema. Las redes sociales volvieron a sus temáticas habituales, y con ello, reaparecieron las comunes malinterpretaciones de lo que es la ideología feminista. 

Se volvió a tuitear y retuitear sobre el tema de género, desde una perspectiva que pareciera en realidad desconocer las bases teóricas del movimiento. Entre las más comunes, están: Las feministas son intolerantes, violentas, y se la pasan buscando qué criticar, son egoístas porque luchan por los derechos de un solo grupo“. Y, la que considero la peor, no por su gravedad, pero por la ironía de la frase:

No soy ni machista ni feminista. No creo en la superioridad de la mujer. Creo en la igualdad de género“.

Y fue esta oración la que me llevó a escribir esta columna. Hay un malentendido mayúsculo, para una población importante -al menos de los internautas-. El feminismo no es la contraparte del machismo, esta sería el hembrismo. El feminismo no lucha por la superioridad de la mujer, sino por la igualdad básica. Entonces, si crees en la equidad entre hombres y mujeres: igualdad de oportunidades, de calidad de vida, de goce de derechos… ¡Felicidades, eres feminista! O podrías serlo, si comienzas a ejercer este pensamiento. 

No estoy segura en qué momento se distorsionó el significado de la palabra. Creo que esta ficción en torno al concepto nace principalmente de nuestra incomodidad, de nuestra dificultad de hacer las cosas de manera diferente a como las hemos hecho por siglos. Esta tergiversación no es una casualidad. Lo hemos visto con otros temas: nos damos cuenta de que somos parte del problema, y entonces preferimos minimizarlo, ridiculizarlo, darle la vuelta. Porque nos señala y nos exige hacer las cosas diferente, y eso nos cuesta. 

Hombres y mujeres, hoy nos damos cuenta de que muchas de nuestras acciones cotidianas pueden tener poco -o bastante- de sexismo en ellas. Nos damos cuenta de que, aquel famoso patriarcado, es nada más y nada menos que el sistema en el que crecimos. Es lo que generaciones enteras han absorbido, y hoy se refleja en nosotros. Es con lo que millones de mujeres tuvieron que cargar, por un tiempo, silenciosamente.

 Entonces, resulta estas pequeñas acciones que hacemos por inercia, son producto de algo que es perjudicial para ambos sexos. Pero, de nuevo, nos cuesta. Preferimos quitarnos el peso de los hombros. Preferimos inventar el término de “feminazi” y burlarnos de alguien que está luchando por un principio básico: la equidad. Historias como la de María, deben de abrirnos los ojos. No hay espacio para dudas. Hoy existe consciencia sobre el tema, y nos va a seguir empujando, sacándonos de nuestra zona de confort. Pero esta es la única manera en la que podremos conseguir la equidad.

El nuevo debate sobre el porte de armas en EUA: ¿impresión 3D?

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Hoy, nos encontramos de nuevo frente a un reto legislativo que se origina por un avance tecnológico. En los últimos años, el debate por temas de esta naturaleza se ha incrementado y se ha demostrado que en muchas ocasiones la ley no puede competir con la evolución constante y rápida de la tecnología y sus diversas aplicaciones. En este caso, la posibilidad de imprimir armas 3D desde el anonimato tienen a Estados Unidos en una discusión activa. 

Al día de hoy, once estados en EEUU han realizado una demanda a la administración de Trump. Esto porque el gobierno llegó a un acuerdo con la empresa texana Defense Distributed, en el que resolvieron que se podrían hacer públicos los distintos modelos de armas para impresión 3D. Así, con unos clicks y muy pocos dólares cualquier persona con acceso a internet puede hacerse de su propio modelo, imprimirlo, y estrenar su nueva pistola.

Sin embargo, el juez federal Robert Lasnik, afirmando que esto podría conllevar un “daño irreparable” emitió una orden con la que se bloquea temporalmente la publicación de estos archivos. Habrá una audiencia el próximo 10 de agosto, y de ahí podría surgir una resolución de carácter permanente.

Como con otros temas en los que se involucra la tecnología, existe una laguna legal. Y esta laguna, a su vez, acrecienta la discusión y polariza a la opinión pública estadounidense. Los que apoyan la publicación de los modelos, afirman que el temor es exagerado y siguen la línea discursiva que se ha presentado al dialogar sobre el porte de armas. Sin embargo, la diferencia aquí, y lo que preocupa a muchos, es el carácter anónimo que brindarían estos artefactos. A diferencia de las fabricadas por las industrias tradicionales, no contarían con un número de serie y por lo tanto, harían imposible su rastreo o el control sobre su posesión.

A muchos les preocupa, además, que estas caigan en manos de las personas incorrectas. Al estar libres en internet, podrían terminar fácilmente como una adquisición de criminales, menores de edad, o personas que normalmente no obtendrían un permiso de porte de armas.  

Desde hace tiempo que en EUA el porte de armas es un tema delicado y complejo. Con cada tiroteo en lugares públicos, y el incremento de estos sucesos en el ambiente escolar, hay muchos que abogan por una política de uso de armas más estricta, en la que incluso se replantee la necesidad de que un ciudadano común y corriente cargue con un arma. No obstante, la NRA es uno de los lobbies con mayor peso político en Estados Unidos. La importancia de la industria armamentista ha mermado este debate y lo ha inclinado hacia el mantenimiento del statu-quo.

Me parece sorprendente que después de tantas incidencias, tantas víctimas, y tantos inocentes, el porte de armas siga siendo un tema que se toma a la ligera y para muchos amerita políticas laxas. Hoy, al debate se añade el tema del internet y de la tecnología, y lo vuelve más complejo aún. 

La controversia en la regulación del internet, de lo que un individuo puede o no hacer público, hoy se entrelaza con el tema de porte de armas. Entonces, surge de nuevo la pregunta del millón: ¿hasta qué punto se puede involucrar el gobierno? Con una cuestión tan delicada, ¿será válido auxiliarse con la desprestigiada censura? Definitivamente es una discusión acalorada, con muchos intereses económicos y políticos de por medio. Será interesante mantenerse pendiente a la decisión del gobierno estadounidense.

Bartlett: ¿retroceso o beneficio de la duda?

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El anuncio de Manuel Bartlett como próximo director de la Comisión Federal de Electricidad ha estado rodeado de polémica. Lo interesante, es que no solo ha levantado críticas de la oposición, sino de la misma izquierda y de aquellos que fueron simpatizantes de Morena las pasadas elecciones. 

Para la mayoría, la elección de este personaje representa un retroceso democrático. Y es que, resulta irónico que, bajo el lema de una cuarta transformación, se incluya a una de las figuras que representan el pasado oscuro de la “democracia” mexicana. Bartlett ha sido señalado como uno de los responsables del fraude electoral del 88, además de contar con un largo historial priista. En términos coloquiales, vendría siendo lo que se conoce como un dinosaurio. Aquellos del viejo PRI, antidemocrático y tecnócrata. 

Por su parte, López Obrador y otros miembros de Morena han defendido su designación, afirmando que Bartlett es una persona muy capaz, y que sigue con la línea ideológica del partido, por su trayectoria en contra de la Reforma energética. Algunos, presumen que Bartlett ya se rectificó y que los fantasmas de su pasado son solo parte de una mitificación de su personaje por intereses de otros partidos. Los que declaran esto, han pedido el beneficio de la duda para Bartlett, planteando que el tiempo será el que tenga la última palabra, al revelar su desempeño como director de la CFE.

Sin embargo, esto no es algo fácil de pedir a la opinión pública. La entrada de personajes como Manuel Bartlett, Alfonso Durazo, o Manuel Mondragón al proyecto de López Obrador acrecienta el escepticismo que ya existe en cuanto a la llegada de un verdadero “cambio”.

López Obrador tiene una oportunidad fuera de serie, como la tuvo Fox (y la desperdició). Los números de la pasada jornada electoral le dan una legitimidad a nivel nacional e internacional que solo pueden dar las urnas; y la naturaleza ideológica de su movimiento de oposición le brinda también legitimidad democrática. México será gobernado por primera vez en mucho tiempo por la izquierda, bajo la batuta de un partido que -al menos en el discurso- priorizó al cambio y a la transformación.

La gente espera, como parte de este proceso, ver caras nuevas y personalidades frescas. Y al decir esto, no necesariamente me refiero a la edad. El gabinete de López Obrador es, en promedio, de edad avanzada. Pero, el problema no es que Bartlett tenga 82 años, sino su historia, sus conexiones, y todo lo que él representa. Existen otros como Olga Sánchez Cordero, que independientemente de su edad representan ideas nuevas, personas proactivas y algo de esperanza para el país.

El hecho de que se incluyan políticos con trayectoria en otros partidos y sexenios en el próximo equipo de López Obrador no es algo nuevo. Esto se manejó desde la campaña y distintos nombres han resultado polémicos y sorpresivos. Sin embargo, me cuesta trabajo encontrarle el lado positivo a la incorporación de Bartlett. Como muchos otros, lo considero una decisión peligrosa. Creo que compromete los ejes de transparencia, renovación y democracia, que supuestamente son algunos de los pilares del movimiento lopezobradorista. Será cuestión de tiempo saber si valió la pena darle el beneficio de la duda, o si fue una decisión infortunada que causará la decepción de muchos mexicanos. 

Israel: situación grave y silencio internacional

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La semana pasada se aprobó en el parlamento israelí la ley “Estado-Nación”, lo que causó bastante polémica y despertó críticas en la opinión pública nacional e internacional. Sin embargo, a pesar de la controversia y de la alerta que ocasionan distintos puntos de la nueva legislación, los líderes políticos se han mantenido callados e impera un silencio rotundo. A excepción de algunos países árabes, la mayoría de los Estados no lo han criticado ni han emitido una postura, como normalmente pasa con los regímenes que relegan los derechos humanos a segundo plano.

La nueva ley destituye al árabe como idioma oficial, dándole exclusividad al hebreo; declara a Jerusalén como la capital oficial de Israel; reafirma la autodeterminación del pueblo judío y asevera a Israel como su “casa”; y, por lo tanto, promueve los asentamientos judíos (que son ilegales en el derecho internacional, ya que se le da prioridad a un grupo por su naturaleza racial o religiosa).

Y es que, a pesar de seguir la línea derechista de Netanyahu, sorprende porque materializa un discurso discriminatorio y lo vuelve una política pública. Esto refuerza la tensión actual entre grupos judíos y árabes (musulmanes o cristianos) dentro y fuera de Israel. Esto es lo que resulta preocupante, ya que puede traer consigo el incremento de actos violentos al legitimar un discurso de odio y de división.

Israel, durante su nacimiento, se dio a la compleja tarea de conformarse como un Estado judío pero democrático a la vez. Aunque siempre ha existido tensión entre los grupos más radicales, desde su Declaración de Independencia en 1948 afirmaba una “completa igualdad de derechos” para todos sus habitantes, sin importar su raza, religión, sexo o preferencias. 

De esta manera, han coexistido con altibajos los árabes y los judíos en Israel. Muchos viven interactuando de manera amistosa y pacífica, especialmente en ambientes urbanos. Pero, es imposible afirmar que esta es la situación de todos. Es importante tomar en cuenta de que los árabes, si bien son una minoría, conforman alrededor del 20% de la población. Y, desde la ocupación israelí, muchos han sido oprimidos y discriminados, y la violencia se ha desatado por ambos bandos.

Hoy, esa división de origen racial o religiosa ya no es solo una idea abstracta. Después de distintas acusaciones de crímenes de guerra, Israel ha sido observado de cerca por organizaciones no gubernamentales que procuran los derechos humanos. Al incluir este mensaje en el discurso oficial, el gobierno israelí desplaza a los árabes a ciudadanos de segunda categoría, que ahora hablan un idioma de “estatus especial” (previamente oficial) y que se enfrentarán a discriminación en su acceso escolar, residencial y laboral. 

Se institucionaliza el racismo y nos recuerda a un régimen no tan lejano de un apartheid. A pesar de ser una palabra fuerte, que tal vez preferiríamos no recordar, es importante traerla a colación. En un pueblo con una historia triste como el judío, y en un planeta que ha vivido tantas tragedias por la separación, división y violencia, se debe mirar de cerca este tipo de acciones.  

Llama la atención que, a pesar de la gravedad de la situación, y de lo bien que se conoce este conflicto por los líderes políticos de occidente, hoy han decidido hacerse de la vista gorda e ignorar lo que está pasando. Algunos, quizá por intereses económicos. Otros, como México, por la subyugación política ante Estados Unidos. Por la razón que sea, lo cierto es que esto abre la puerta a que se sigan integrando políticas racistas y discriminatorias, que nos hubiera gustado no volver a ver en ningún país.

La Cumbre de Helsinki y la inesperada tibieza de Trump

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Desde el triunfo de Donald Trump en las elecciones del 2016, sus decisiones y acciones han suscitado bastante polémica. En su política exterior, esto no es una excepción. Se ha rodeado de distintos escándalos y posturas que rompen con la línea política que normalmente llevaban los EEUU. La pasada reunión con Vladimir Putin en Helsinki, es un claro ejemplo de cómo Trump sigue estando lleno de sorpresas.

Y es que, esta cumbre tenía expectativas muy altas y era de suma importancia para ambos países. Para Rusia, después de una Copa del Mundo exitosa, con la que se logró mejorar la opinión pública de occidente sobre el país anfitrión, este encuentro representaba un acercamiento y una posible alianza, tal vez algo desesperada, buscando beneficios económicos. Para Estados Unidos, el espacio codiciado desde hace tiempo para hacer frente y cuestionar de manera crítica las acciones de su cuasi-adversario.

Aunque la Copa del Mundo haya brindado una imagen cálida, festiva y amigable del país, esto no permite olvidarse del régimen autoritario y de las faltas a derechos humanos cometidas en el gobierno de Putin. Y, el Presidente de Estados Unidos debería de tener bastante claro esto.

Si bien, era esperado que el evento fuera un diálogo pacífico y constructivo, en el que se podría mejorar la deteriorada relación bilateral, pocos esperaban la tibieza que reflejó Donald Trump. La agenda para la reunión incluía temas como la anexión de Crimea, la situación en Siria, el desarme nuclear, y la injerencia rusa en las pasadas elecciones presidenciales de EEUU. 

Trump se expuso tibio, sin mostrarse crítico, sin cuestionar a Putin y su régimen, sin acusarlo de las acciones anti-democráticas en otros países. No se mencionó Crimea (más que por el mismo Putin, justificando a Rusia); sobre Siria se resolvió trabajar en conjunto para limitar la presencia iraní y “garantizar la seguridad de Israel”; y, en cuanto a la injerencia en las elecciones de 2016, Trump afirmó que confía en la contundente negativa brindada con Putin, al mencionar que Rusia no tendría ningún motivo para realizar tal acusación. 

Especialmente esto último es lo que desconcertó a muchos, incluso de los suyos. Con estas declaraciones, invalida las investigaciones hechas por las agencias de investigación de su propio país, y desalienta la esperanza que muchos tenían de comenzar a ver reconfiguraciones del actual orden mundial. 

Aunque estamos acostumbrados a ver a Trump rodeado de polémica y opiniones encontradas, en esta ocasión su postura causó indignación incluso entre sus seguidores y los mismos Republicanos. Ya distintos líderes de gran importancia en el partido como John McCain, Bob Corker y Paul Ryan han externado su decepción sobre lo declarado en la conferencia de prensa, incluso considerando que el evento marca uno de los puntos más bajos en la historia presidencial del país. 

 Como mencioné, no es que se esperara una actitud belicista del encuentro. La relación bilateral entre Rusia y Estados Unidos definitivamente tenían que tomar otro rumbo en el que se incluyera cooperación y trabajo conjunto. Pero nadie esperaba esto. Fue una oportunidad totalmente desperdiciada para confrontar con un mensaje claro a un régimen autoritario y culpable numerosas faltas a los derechos humanos, bajo el mando de un líder autoritario, ante el que, el pasado martes 16 de julio, se cedió mucho terreno.

Panorama post-elecciones: ¿Qué sigue para los partidos?

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Ya nos dimos cuenta de que las dinámicas y los equilibrios de poder cambiaron drásticamente con los resultados de estas elecciones. Sin embargo, ¿qué implica esta recomposición? Hoy, vemos a los partidos tradicionales, aquellos con mayor antigüedad y presencia en la política mexicana, golpeados, desfigurados y algunos hasta moribundos.

Esto no solo repercute en un cambio en la arquitectura política que había prevalecido, sino que demanda la reestructuración interna de cada actor. El mensaje del electorado fue claro. Todos los partidos, con la excepción de Morena, se vieron afectados. Con esto, ahora les toca voltearse a ver al espejo, y ver cómo, si es que pueden, le harán para sobrevivir.  

Para Acción Nacional, un partido que desde su nacimiento se consolida como oposición, la derrota electoral no es algo nuevo. Sin embargo, el fracaso que vive hoy no es solo el 22.5% que obtuvo en la carrera a la presidencia. El PAN vive un momento crítico y que requiere de un laborioso proceso de reconstrucción. La candidatura de Ricardo Anaya, independientemente de los resultados, ocasionó fracturas internas que tal vez se hubieran reparado solo ante un glorioso triunfo presidencial.

Sin embargo, creo que no se consideró de manera completa el escenario del fracaso y sus riesgos. Ricardo Anaya apostó por un todo o nada. Todo, esperando que ante el triunfo en la presidencia sus compañeros pudieran olvidar sus acciones para llegar a ser candidato. O nada, al perder las elecciones y darse cuenta de las diferencias irreconciliables que ocasionó. Ahora, encontramos a los panistas, además de divididos, enojados. Ya 32 miembros -entre los que se encuentran diputados, gobernadores y otros militantes- exigen de manera formal su renuncia, junto con la de Damián Zepeda (actual presidente del PAN). 

Por ahora, al menos Anaya confirmó que no vuelve a la presidencia del partido, que ocupaba antes de entrar en la contienda. Reincorporarse en la vida política no será un reto solo para Anaya, sino para el partido completo. Les toca reconfigurarse, abrirse al diálogo e intentar conciliar a las distintas voces y grupos que lo conforman. Si lo logra, tiene la oportunidad de consolidarse como un buen partido de oposición. Por la propia naturaleza ideológica, el PAN resulta un excelente contrapeso para el preponderante Morena. Esto sería clave para tener una democracia plural y de contrapesos. 

Por otro lado, el PRI resulta el más herido, con una derrota incluso más grande que la de 2006, y ahora no solo en la presidencia. Su presencia en senadurías, diputaciones -locales y federales-, ayuntamientos, y gubernaturas se vio reducida tremendamente. En su particular caso, no hay mucho que decir. Como ya mencioné, el mensaje es claro, y tiene como principal destinatario al Revolucionario Institucional. El hartazgo quedó claro, se demostró que hay consecuencias y que la ciudadanía responde. Vieron la realidad y el peso del voto de castigo. Es por eso que hoy, el PRI tiene dos opciones: renovarse o morir.

El PRD, por otro lado, un suceso casi triste. Con las elecciones demostró la dependencia en la figura de Andrés Manuel, y la debilidad institucional que lo conforma. El apogeo que tuvo como oposición al régimen, con la Ciudad de México como bastión y una presencia fuerte en 2006 y 2012, que incluso parecía asustar al PAN para destronarlo de segunda fuerza política. Hoy, todo queda atrás con la salida de Andrés Manuel y la creación de Morena. Su alineación con el PAN y MC no resultó la más efectiva, y probablemente sus días están contados.

Finalmente, a todos les queda incorporar nuevas prácticas en su manera de operar. Ya han surgido nuevas agrupaciones y movimientos como Wikipolítica, que muestran una cara fresca y renovada de la política. Si los partidos no logran entender esto y no renuevan sus prácticas, deben de saber que su forma actual pronto será rechazada totalmente por la ciudadanía.