La Taquería

#ElTalónDeAquiles: “Cambia, todo cambia”

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En el debate sobre los puntos de partida y llegada de las décadas, sigo la matemática, según la cual el conteo inicia en uno y termina en cero. También me ajusto al calendario gregoriano, que cuenta las décadas de la misma forma.  Así, a pesar de algunos precoces que insisten en celebrar el inicio de los nuevos años veinte, debo insistir sobre el hecho que seguimos en la segunda década del siglo XXI, lo cual no nos impide echar un vistazo a los últimos nueve años de historia, a manera de una preparación antecedente a la celebración.

En 2011, sentíamos todavía la resaca de la crisis económica mundial (2008). Tal vez lo peor de los apuros del Euro había ya pasado, pero las secuelas en la arquitectura europea apenas se gestaban (la novela del Brexit era todavía inimaginable). El precio del barril de petróleo superaba los USD 112: era la época de oro de las nomenklaturas de petro-Estados como el angolano y el venezolano, que pudieron continuar endeudándose para alimentar sus redes corporatistas de distribución de rentas. Hoy, el precio del crudo está en USD 67. A pesar de su reciente aumento, producto, entre otros, del nerviosismo generado por el asesinato del general iraní Qassem Soleimani, es difícil imaginar una tendencia sostenible al alza de los combustibles fósiles en medio de una crisis climática como la actual.

A inicios de la década, Snapchat y Google+ son creados, Facebook y Twitter entran en la bolsa de valores, y Facebook compra Instagram. WhatsApp surge y la transmisión por streaming se extiende. Sin la masificación de internet, la generalización de banda ancha y la popularización de los teléfonos inteligentes, el crecimiento en importancia de las redes sociales habría sido imposible. Cierto es que la primavera árabe generó ilusión ante el rol que estas tecnologías podría jugar en la apertura de nuevas rutas de progreso. El desplome de los regímenes autoritarios en Tunes, Egipto, y Libia nutrieron el optimismo. Pero la democratización electrónica instauró un nuevo reino, el de los opinólogos e influencers, que dio paso a las fake news, uno de los peligros más importantes de nuestra época. Hoy, cualquiera puede decir lo que sea, y su opinión vale lo mismo que la de un experto. No existen árbitros en este juego y nadie sabe quien miente, si es que verdad existe.

Un intento de rebelión en Siria nos hizo imaginar la democracia, pero la aventura terminó en un complejo conflicto armado que perdura hoy en día. La muerte de Osama ben Laden permitió tal vez cerrar el trauma abierto una década atrás con el atentado de las Torres Gemelas en New York (2001), pero el Estado Islámico se expandió. La vuelta al poder de los socialistas franceses, la elección de Dilma Rousseff, de Luis Guillermo Solís, y la reciente llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador, fueron hechos esperanzadores, como también lo fueron la reelección de Barack Obama, de Michelle Bachelet, y de Juan Manuel Santos (a quien Colombia le debe la paz que continúa disfrutando). Pero a la vuelta de la esquina esperaba Jair Bolsonaro, al tiempo que irresponsables y demagógicos líderes pentecostales, como Fabricio Alvarado, surgieron por toda América Latina, convirtiéndose en verdaderas amenazas al modernismo como filosofía política. ¿Y qué decir del primer Papa nacido en el continente americano, jesuita además? Francisco inició su pontificado como una auténtica estrella de rock.

Después de 19 meses de guerra comercial, Washington parece dejar de lado su proteccionismo y se apresta a firmar un acuerdo comercial con Pekin. El Papa rebelde ya no electrifica fans; su cotidianeidad es marcada por la gestión burocrática de múltiples escándalos sexuales que no terminan de deslegitimar la institución que representa. Muchos esperamos el milagro que nos salvará de la segunda presidencia de Trump. Y aunque las Greta Thunberg de este mundo han surgido gracias a las redes sociales, hoy son más las preguntas en materia de desinformación social y de deformación política que estas herramientas generan, que las ilusiones que alimentan. Cambia… ¿todo cambia? Tenemos todavía este año para hacer el balance de lo bueno y malo, y para ver qué nos deja esta segunda década del siglo XXI. ¡Feliz 2020!

Fernando A. Chinchilla

Montreal (Canadá), 15 de enero de 2019