La Taquería

¡Escuchar para cambiar!

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El problema de AMLO es que ni ronco deja de hablar. El problema de los empresarios es que ni en desacuerdo profundo con la cuarta transformación y sus manifestaciones legales, dejan de ir a la foto en Palacio Nacional. 

Ni ronco deja de hablar, por temor al vacío que podría crear, después de casi un año de perorata diaria. Pienso, luego existo, decía Descartes. Hablo luego soy el presidente expresa AMLO a diario. ¿Si deja de hablar, deja de ser el presidente? 

Los empresarios no concuerdan con las reformas que transforman el sistema fiscal en un sistema de terror y de presión. Pero siguen asistiendo a las fotos, sonrientes, en Palacio Nacional. ¿A qué horas se atreverán a decir al caudillo que así no se puede dialogar? Estamos regresando a los años del besamanos y de la sumisión. Falta poco para que se acuse a los nuevos encapuchados de Chipinque de querer sabotear a la cuarta transformación. Y de tomar represalias contra ellos. 

Existen algunas reglas no escritas, de autoritarismo y de sumisión, difíciles de entender. Más difícil, no dar patadas para sacudirse una irracionalidad que no tiene nada que ver con el siglo XXI. ¿Les encanta a Carlos Salazar y a Armando Garza Sada someterse a un dialogo (¿o más bien será monólogo?) del siglo XIX? ¿Así es cómo se maneja Grupo Alfa? 

Vale el beneficio de la duda y la expectativa de una estrategia más propositiva y menos sumisa. ¿Hasta que intensidad de laringitis podemos esperar el silencio oratorio de AMLO?  ¿Tendremos una mañana de descanso y de silencio? ¿Porqué no aprovecha para escuchar? Para cambiar.