La Taquería

#EspacioPúblico: “Accesibilidad ¿universal?”

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¿Es útil una rampa para personas con discapacidad que topa con una escalera? 

En días recientes a través de la cuenta de Twitter de La banqueta se respeta nos compartieron el reporte de la construcción de una rampa con esas características. Una rampa mal construida que da “acceso” al camellón con andador de una colonia residencial de Monterrey.  Los comentarios fueron desde la burla hasta la incredulidad y el enojo. No era para menos, a simple vista era notorio que el trabajo realizado era inútil y si los usuarios lo tuviéramos que evaluar, definitivamente el municipio saldría reprobado. Respondiendo al reporte, a los pocos días estaban corrigiendo la rampa. Doble trabajo inútil. Seguía siendo una rampa sin ningún estándar de calidad que asegurara su funcionamiento.

No es la primera vez que nos comparten fotos con estas características, ni tampoco la primera en que vemos soluciones que tampoco sirven. Cruces peatonales que se topan a medio camino con una barrera que protege un semáforo, guías táctiles que llevan a zonas de riesgo a invidentes, rampas que no cumplen con la pendiente establecida por manuales de accesibilidad o puentes peatonales con escaleras o rampas interminables en calles semaforizadas y de tráfico moderado que no justifican su instalación más que para fines publicitarios, son algunos de los ejemplos más comunes. 

Aquí hay un serio problema. Los responsables de la obra pública en la ciudad están haciendo lo mínimo indispensable para pasar su clase de urbanismo sin haber estudiado para el examen y simplemente aplican recursos económicos e intelectuales muy limitados a conceptos que alguna vez leyeron o escucharon que eran necesarios incluir, poniendo a consideración de la suerte la aprobación de sus jefes que, al parecer, tampoco tienen claros los elementos de evaluación. 

Es preocupante escuchar a diario discursos sobre accesibilidad, inclusión, calles completas y ciudades para todas las personas cuando la manera de construir sigue siendo la misma o se va adecuando de una manera limitada. 

¿Por qué suceden estas cosas? En primer lugar, por la cadena de responsabilidades: de lo que se conceptualiza en un plano arquitectónico a lo que se ejecuta hay un abismo de diferencia y la capacitación necesaria en todos los niveles para detectar problemas y poder corregir errores es prácticamente nula. 

En segundo lugar, en el mismo diseño. Diseñar de manera universal parece ser todavía algo complicado y se prefiere corregir los errores realizados en el trabajo terminado a evitarlos desde el origen. 

Y si me pusiera estricto, existe un tercer error, más grave que los anteriores, que me parece que quienes construyen la ciudad no lo tienen claro: No entienden quién evaluará el trabajo.
Sienten que al tener un visto bueno de sus superiores en el gobierno ya lograron aprobar cuando al final del día el evaluado final será su jefe de más alto nivel y será evaluado por los usuarios del espacio público. Si reprueba el alcalde ante la ciudadanía reprueban todos sus funcionarios. 

Es posible mejorar calificaciones. Como todo examen, si se quiere hacer con méritos, es necesario buscar bibliografía adicional a lo que se recibe en clase; por ejemplo, ya existe un Manual de calles mexicanas con un estudio amplio y conceptos precisos de cómo construir una ciudad, pero al no ser lectura obligatoria, pocas veces se consulta y se aplica.  Es una lástima, si se usara se evitaría muchos errores. 

Para pasar el examen de urbanismo se necesita algo más que conocer conceptos, se necesita un taller práctico para lograr la correcta aplicación de la teoría basándose en la empatía con los usuarios.  No sería mala idea que para el examen final un alcalde acompañado de usuarios con distintas necesidades de ayudas técnicas, recorriera en silla de ruedas o con los ojos vendados una obra pública nueva. Quizás con eso se motiven a estudiar un poco más para el examen o cambien su manera de evaluar el trabajo e incluyan verdaderamente a las y los usuarios.