La Taquería

¿Un día para recordar?

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Este 5 septiembre se celebró el día internacional de las mujeres indígenas, pero yo me pregunto ¿qué hay que celebrar? ¿El maltrato? ¿La discriminación que sufren? Ellas lo viven diariamente. 

Estudios realizados por la UNAM, han mostrado la percepción que se tiene de las personas indígenas. En sus resultados se puede concluir que el mexicano promedio reconoce y se enorgullece de la cultura indígena que vivió antes de la llegada de los españoles. Pero cuando se habla de los indígenas en la actualidad siempre se les relaciona con marginación, pobreza, analfabetismos y exclusión; como si fueran esa parte incómoda y olvidada de nuestra sociedad. Las mujeres indígenas, en México, se encuentran en una especial situación de vulneración social, porque si bien se les discrimina por su origen, también sufren de una discriminación acentuada por su condición económica, su idioma, y el solo hecho de ser mujer las pone en una situación de desventaja, tanto dentro como fuera de su comunidad.

Este fue el caso de Valentina Rosendo Cantú, mujer indígena de Acatepec, Guerrero que fue un día a lavar su ropa en un río cercano a su comunidad.  Ese día 8 soldados abusaron de ella sexualmente y la torturaron. Valentina, después de pasar por esta terrible y humillante experiencia fue a presentar su denuncia al Ministerio Público, la primera barrera con la que se encontró fue que no podían recibir su denuncia porque no se contaba con intérpretes. Tiempo después, la respuesta que obtuvo fue que el Tribunal Militar, al que se le turnó el caso, no había “acreditado” la comisión de algún delito por lo que el expediente regresó al fuero común. 

Valentina lo tenía todo en contra. No sabía hablar español, venía de una comunidad que se podría decir que era minúscula para el Estado y, por si fuera poco, el mismo gobierno que debía estar ahí para proteger sus derechos humanos, le ponía trabas para que su denuncia no pudiera proceder. No fue hasta 16 años después de su traumática experiencia que pudo tener un poco de justicia. Llevó su caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en donde demandó al Estado Mexicano por la violación de sus derechos en cuestiones de acceso a la justicia.  México reconoció su “parcial” responsabilidad en el incumplimiento de su deber y fue sentenciado en consecuencia, la resolución aún se encuentra en vías de cumplimiento.

Valentina en una conferencia de prensa dijo: “Yo caminé ocho horas para ir a buscar justicia. Yo tuve que salir de mi pueblo. Yo tuve que aprender español hace 16 años y ahora entiendo mi expediente”. Así como Valentina, existen muchas otras mujeres indígenas que sufren diariamente de agresiones sexuales y torturas por parte del brazo militarizado y civil de México sin poder defenderse por la barrera del idioma. Este caso tiene una trascendencia grandísima ya que se demostraron dos cosas: la denigrante y cruel situación que tienen que pasar muchas mujeres que viven en zonas rurales, y el poco interés que tiene muchas veces el gobierno por atender y proteger a estas mujeres. Es triste ver como una comunidad es fragmentada y excluida por aspectos tan superficiales como son su origen y el sexo. 

¿Hasta cuándo actuaremos todos con coherencia? Porque, ¿cómo podemos presumir la gran variedad de cultura mexicana que se debe a los pueblos indígenas y a la vez los dejamos de lado? Les volteamos la cara y los ignoramos, ya que es más fácil fingir que no están. Es increíble ver cómo nosotros mismos nos enojamos e indignamos de la discriminación que sufren las y los mexicanos en otros países, pero cuando se presenta la situación para demostrar que podemos actuar mejor que eso, terminamos haciendo exactamente lo mismo con nuestro propio pueblo.  

Este día debería de ponernos a reflexionar para tomar acción y defender muchos casos como los de Valentina, ya que ella fue una voz que se alzó y luchó. Pero no todas conocen sus derechos, los instrumentos con los que pueden defenderse y aun sabiéndolos, vimos cómo se les impide acceder a la justicia bajo un gobierno que las ignora. Ya basta de pretender que son personas ajenas a nosotros. Basta de hacerlas menos y no hablar de ellas. Ellas existen, y no solo el 5 septiembre. Ellas son personas que merecen el mismo respeto, dignificación y seguridad como cualquier mexicano.