La Taquería

¿Proyecto alternativo u oposición alternativa?

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Frente a la ausencia de los partidos políticos tradicionales en el escenario nacional, parece bastante lógico que alguien pretenda ocupar el vacío resultante. Fuera de los partidos destrozados en la elección del 1º de julio del 2018, se está reagrupando el sector empresarial, o parte del sector, y una parte de la academia privada que existe en el país. 

A pesar de los esfuerzos de la cuarta transformación para atraer grandes y medianos empresarios y convencerlos de invertir, existe un liderazgo que actúa para no permitirlo. En vista de los eventos de los últimos días, todo indica que los intentos de estructurar un proyecto alternativo están patrocinado desde la cabeza de Femsa, ya que no creo que la libertad de maniobra del Tec de Monterrey y de Alejandro Poiré, sea tan grande cómo para respaldar un proyecto de Coparmex, abiertamente retador para el nuevo régimen, sin el visto bueno de José Antonio Fernández. 

Las apuestas son enormes y el desenlace de pronóstico reservado. El presidente repite a quien lo quiere escuchar que la política predomina sobre la economía.  Sin embargo, viste su puño de acero de un guante de terciopelo para seducir a los empresarios. No todos caen en la seducción. 

Los empresarios que sí creen que la economía debe prevalecer sobre la política se organizan para sustituir a la oposición política nominal, la cual se desvaneció y se ahogó en el tsunami morenista, paralizada por el pánico generado por la probable cacería contra algunos corruptos notorios,  patrocinadores y autores de los despilfarros del sexenio pasado. 

No bastará un proyecto alternativo sólido, creativo y constructivo, ni con sus buenas dosis de concesiones sociales, para derrotar el régimen actual. Si sigue prevaleciendo la regla democrática (lo que no se puede asegurar con los eventos recientes) esta nueva oposición deberá, a parte de su proyecto alternativo, estar respaldada por una fuerte estructura electoral y por presencia en todos los sectores sociales del país. 

¿De dónde saldrá esta estructura? ¿Se echará mano de estructuras partidistas existentes? ¿A qué precio y después de cuantas cesiones y “concertacesiones”? ¿Existirá en las dos partes por enfrentarse, el deseo de salvar la democracia antes que de hacer prevalecer un proyecto, que sea alternativo o de cuarta transformación?